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Sección: Bitblioteca
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Filosofía del botín El Nacional, domingo 4 de abril de 1999 1Según relata el cirujano de los piratas Alexander Exmelin, San Pedro enfrenta dos filisbusteros que reclaman entrada esgrimiendo sendas patentes de corso. Agotados los argumentos, el celeste portero grita: «¡Nave a la vista!» «¿Cuál rumbo?», claman los aspirantes. «¡Suroeste cuarta al este!», responde el recepcionista. Y antes de que termine de decirlo ya zarpan los amigos de lo ajeno, sin mediar que por la codicia de un reparto de despojos pierden el paraíso. 2El fanático puritano Jacques Sore asalta Margarita, Borburata, Santa Marta. Mientras el exaltado reformador religioso incendia iglesias, desgarra misales y profana imágenes, su lugarteniente el renegado Diego Pérez se apropia de objetos sagrados de valor y pertenencias de los saqueados. En Santa Marta abandona a su jefe con la esperanza de obtener el perdón del ladrón que roba al ladrón. En cuanto el justicia Francisco de Lerma lo atrapa agobiado de obras de artes y galas ajenas, según testimonia Juan de Castellanos, «éste, por la traición y alevosía/ mandólo colgar luego de un madero/ aunque más cruel muerte merecía». La firma con la que el pillo apropia la obra material o intelectual ajena, se vuelve sello de infamia sobre su frente. 3El piromaníaco corsario Amyas Preston trata de invadir Caracas, se desalienta ante los vecinos que lo esperan atrincherados en el Camino de los Españoles, y consigue que el traidor Villalpando le enseñe el atajo desviado por Caraballeda. En cuanto los pillos avistan la indefensa ciudad y Villalpando reclama su recompensa, Preston le pone una soga al cuello y, según Oviedo y Baños «lo dejó ahorcado de un árbol, para que supiese el mundo que aún han quedado saúcos en los montes para castigo digno del iscariotismo». No hay peor cuña que la del mismo pillo. 4El fastuoso sir Walter Ralegh disculpa su ilegal invasión de Guayana alegando su título de sir, su elegancia, su antigua condición de favorito de la reina, su lanzamiento de la moda de zapatos enjoyados de 500 libras por unidad, sus fórmulas alquímicas, su pierna coja, sus versos cojitrancos, sus relaciones entre las altas esferas. Al verificar que no trae botín, el desinteresado Jacobo I manda que le corten la cabeza. Aunque el pirata se vista de seda, pirata se queda. 5Nombrado por el rey Sol para el importante cargo de lieutenant du Roi, el filibustero Francois Grammont cede al instinto del saqueador que a tantos impide pasar a mejor destino, leva anclas para una última correría de pillaje, y jamás se vuelve a saber de él. El botín, cielo en la tierra del pillo, le veta hacer de su tierra un cielo. La avaricia rompe el cofre. 6El principista fraile Thomas Gage abandona a sus educadores jesuítas para meterse a dominico y abjura de los dominicos para convertirse al protestantismo, tras lo cual redacta un voluminoso libro exhortando a los ingleses a saquear un Nuevo Mundo que representa como enteramente indefenso y repleto de riquezas. Con tal vividez describe calles inundadas de lingotes de plata en Portobelo e iglesias atestadas de oro en Petapa, que el lord protector Oliverio Cromwell lo designa capellán de una expedición de conquista de América que es derrotada en Santo Domingo y diezmada en Jamaica, donde el codicioso Thomas Gage muere de la peste. No hay que contar el botín antes de romper el arcón. 7El pirata y naturalista William Dampier calcula las porciones legales de reparto del pillaje de acuerdo con la carta de marca que se ha jurado respetar mano sobre la Biblia y labios sobre la botella de ron. Reglamentariamente se separan la media parte del grumete, la parte entera del marino, la parte y cuarta para los oficiales y los músicos, la parte y media para el cirujano y el segundo contramaestre y el artillero y las dos partes para el capitán y contramaestre. El desprejuiciado Alexander Selkirk exige pasar por encima de legalismos y echar garfio de una vez al botín. De acuerdo con los rigurosos estatutos del capitán Roberts, es abandonado durante cuatro años en la desierta isla de Juan Fernández con una pistola, una botella de pólvora y otra de agua, a fin de que aprenda que, por lo mismo que el pillaje se obtiene fuera de la ley, nada requiere más legalidad que su reparto. Mientras más dudoso el origen del guiso, más escrupuloso el formalismo para legitimarlo. 8Henry Morgan invita a los oficiales de la fragata Cerf Volant a un banquete, los secuestra durante el aperitivo y disminuye el número de aspirantes al reparto de la nave capturada gracias a una misteriosa explosión que antes de los postres hace volar por los aires 350 captores junto con sus prisioneros. A fin de contentar a los sobrevivientes, les permite pescar a sus fragmentados colegas para arrancarles anillos, zarcillos, alhajas. Quien va por reparto, sale repartido. 9Henry Morgan, primer y último filibustero que se atreve a exigir la quinta parte del botín como si fuera un rey, arregla el problema de distribuir las prestaciones sociales de pillaje de Panamá robándoselas a sus compinches, como si fuera un dirigente sindical. Después de tal descrédito, no le queda más recurso que meterse a funcionario público en Jamaica. 10El reverendo padre Labat, capellán de los filibusteros, les trueca tajadas de la rebatiña a cambio de bendiciones que abrirán los arcones del paraíso. A los africanos secuestrados por los esclavistas les predica que si se matan trabajando se convertirán en blancos. El mismo había sido negro, les jura, y gracias a su intensivo trabajo se le había blanqueado todo, salvo el alma. La principal industria del poder es cambiar el botín actual por el diferido. 11Francis Drake reparte el pillaje de su correría alrededor del globo. Para los marinos, miserables pagas. Para él, título de sir. Para su cómplice la reina Isabel I, una mordida que le permite pagar la deuda externa y es el comienzo de la inversión extranjera británica o sea, del Imperio. A menor parte en la producción, mayor tajada. 12Pizarro roba a Atahualpa 5 toneladas de oro: Earl Hamilton calcula que entre 1503 y 1660 desembarcan en Sanlúcar de Barrameda 185.000 kilos de oro y 16 millones de kilos de plata. Con esas riquezas se hubiera podido construir un mundo, una utopía, un paraíso terrenal. A cambio de un siglo de oro España sufre 3 centurias de decadencia. 5 años de Gran Venezuela nos cuestan 50 años de esclavitud financiera. El botín, única industria del estéril, esteriliza económica y culturalmente.
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