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Entre nalgas

Carolina Espada

Viernes, 14 de febrero de 2003

Carolina Espada

Es superior a mí. No me puedo vestir de bandera. Sí, lo asumo, pertenezco a otra generación. En la mía los símbolos patrios eran sagrados. Uno cantaba el himno nacional de pie, derechito y con la mano sobre el corazón. Y al terminar no aplaudía, ni silbaba, ni chiflaba como lo hacen los gringos (en los partidos de béisbol) al concluir su in-the-hooome-of-theee-braaave. No, nada que ver. Se guardaba respetuosísimo silencio.

En el colegio, los lunes, se izaba el tricolor. Los cuatro alumnos más destacados de la semana precedente eran los que tenían el honor de realizar este acto. ¡Y dígame cuando a Germán se le cayó una de las punticas de la bandera y esta rozó el piso! A todos nos azotó el viento helado del deshonor. Hubo pérdida de la respiración colectiva y un mutismo de cemento armado en el patio. La señora Carmen de Bonilla, maestra de primer grado, resolvió tal afrenta pública: levantó el trocito de tela y abrazó amorosa a Germán (que estaba blanco y petrificado). Pobrecito, él jamás se recuperó de esa gravísima falta. Y, pese a sus 20s en línea, nunca más quiso formar parte de tan honorífica ceremonia.

Entonces yo no me puedo vestir de bandera. No puedo. Me niego. Paso por la Plaza Altamira —convertida en tenderete y bazar y feria— y me convulsiono. Amarillo, azul y rojo. Siete estrellas desperdigadas por el suelo. Gorras, pañuelos, franelas, pantalones, shorts, zapatos de goma, bolsos, morrales, cartucheras, cintas, ganchitos para el pelo, collares, pulseras, prendedores. ¡Bikinis y tangas! ¡Y hasta un «Shakira»!, que así es como yo le digo es ese mandil lleno de brillos y guindalejitos con el cual las danzarinas árabes se forran las caderas y el trasero (para seducir mejor durante la danza del vientre y zarandeo del pompis). Findemundo. Fin-De-Mun-Do. Me conmociono, agito, disturbo y altero. Y me sublevo: ¡me niego a ver a mi bandera, que me duele tanto, de hilo dental! Es demasiado fuerte. Es too much. «Demasiado de mucho», como dicen en Puerto Rico.

Por otra parte, también me niego a ir para la autopista como quien va para Higuerote. Odio las carpitas, las cavas, los sanguchitos húmedos, el dominó, la rochela, el meneíto y el solazo tan lejos del mar. Sin olas no quiero bailar Aserejé ni La pollera colorá. Sin gaviotas y sin atardecer marino me resisto a celebrar con una novia (blanca y radiante) y su recién estrenado esposo, que ellos hayan ido a pasear por el distribuidor de La Carlota, como quien va para el malecón a decirse cosas de amor.

Sí estoy dispuesta a participar activamente en la Gran Marcha de las Escobas, y de los pañitos Yes, y de la Brocha con Pintura. Me encantaría salir con un milloncete de ciudadanos —tobo, coleto, desinfectante y panela de jabón en mano— a limpiar este basurero en que han convertido a Caracas. Y no digo «hemos convertido», porque yo, no. Anhelo ver a unos cuantos millares de personas pintando, puliendo, reparando, poniendo bombillos y sembrando maticas. La Gran Marcha de la Construcción y de Todo Prolijito. Ya he visto dos «tomas» de la ciudad en donde los marchantes, al bajarse del autobús con cara de odio y de «¿pa-dónde-es-que-hay-qué-cogé?», lo primerito que hacen es pupú sobre la acera. Y arrancan a caminar; y como la langosta (1. f. Insecto ortóptero de la familia de los acrídidos, de color gris amarillento, de cuatro a seis centímetros de largo, cabeza gruesa, ojos prominentes, antenas finas y alas membranosas; el tercer par de patas es muy robusto y a propósito para saltar. Es fitófago, y en ciertas circunstancias se multiplica extraordinariamente, formando espesas nubes que arrasan comarcas enteras) o la marabunta (Voz de la Guayana ing. 1. f. Nombre indígena de las migraciones masivas de hormigas legionarias, que devoran a su paso todo lo comestible que encuentran. Son peligrosas por el carácter imprevisible de su aparición y de su itinerario. 2. [f.] fig. Conjunto de gente alborotada y tumultuosa) van destruyendo lo que se les ponga por delante. ¡Vamos a rayar esta pared! ¡A arrancar esta alcantarilla! ¡A partir este vidrio! ¡A machacar esta papelera! ¡Vamos a romperlo tooodooo!).

Muy difícil esto de estar entre bandos. Tremendamente desagradable. Yo sigo sin fanatismos ni ceguera. Al pan, pan; y a la oposición y al MVR lo suyo. Yo no soy incondicional.


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