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Sección: Bitblioteca
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PoetizacionesCarolina EspadaJueves, 9 de noviembre de 2000
![]() Puta. «Mujer de muchas lunas con olor a soledades...»
Celos. «Mordisco de hiena que desgarra mis entrañas...»
Risa. «Remolino de cascabeles en un revolotear de colibrí...»
¿Qué están haciendo?
Estamos jugando a poesía. ¿Cómo?
Tú nos dices una palabra y nosotros la vericuetiamos y te hacemos un poema. Están locos. Loco... «Lluvia de mandarinas, cascada de serpientes en flor, reloj al revés, eclipse de girasol...»
Están locos de metra. Metra... ¡Ay, no, ya está! ¿Ustedes no saben lo que es la poesía?
Nosotros, sí... ¿y tú?
Yo más. Yo dejé de escribir poesía cuando comencé a leer poesía. A los 7 años escribía poemas terminados en «ción» y, a los 15, me disparé esta ridiculez: «Y entonces, nívea, serena, transparente, remontaré mi vuelo hacia el azul infinito de tu silencio...»
Ah, sí es verdad que en aquel entonces estaba de moda el azul... Tú ponías «azul» en un poema y te quedaba redondito. Pues yo escribí eso y juré que estaba «coronada de laureles cristalinos, envuelta en un manto de pétalos de coral»... (porque lo mío sonaba mucho más lírico e inspirado que: «Treinta días tiene noviembre/ con abril, junio y septiembre»), pero entonces empecé a leer, en total desorden e hidropesía literaria, a Baudelaire, Safo, Góngora, Rilke, Tzu-yeh, Pérez Bonalde, Mistral, Virgilio, Tennyson, San Juan de la Cruz, Apollinaire, Lorca, Maiakovski, Huidobro, Quevedo, Ginsberg, Machado, Aquiles Nazoa y a mi favorito: Jacques Prévert (que cada vez que me leo su «Barbara» —en français, bien sûr— me deshago en lágrimas). Entonces entendí que mejor era que buscara otro oficio. La poesía no es cosa de mortales, sino de seres tocados por lo divino. Ya no. Ahora en vez «beso» tú dices: «el juramento descalcificado de unos labios» o, «amistad», «palma de mi mano, estrella en la frente», y te paras en una placita con un cuaderno Alpes y un lápiz Móngol, y la gente pasa y te saluda: «¡Epa!, ¿Quihubo, Poeta?». Practica y dale para que veas... «Infidelidad»... «ratas voraces que se sacian con tu amor». Eso es poesía. Eso es tamaña mamarrachada. Aterriza, porque los poetas están de moda por todas partes. ¿No viste que hasta al vicepresidente le publicaron un poemarito?
¿Y ustedes no se leyeron lo que escribió Ibsen Martínez en El Nacional? «Al leer una muestra del volumen de Isaías Rodríguez que ofreció el vespertino Tal Cual, francamente, uno solo se anima a suspender la compra del librito.»
Ah, pero Ibsen —nuestro oxímoron favorito— está equivocado. ¡Ahora es que se va a vender ese poemario! A ti Prévert te hace llorar, pues a nosotros, la miniobra poética de Isaías también hace que se nos salten las lágrimas, pero de la risa. Emoción es emoción y lo que es igual no es tramposería. En lo que salgan a la venta los versitos vicepresidenciales nos los vamos a comprar. Igualito a como hicimos con el pan caliente del Oráculo del Guerrero. Boris Izaguirre afirmó que ese era un manifiesto gay. ¿¡Y qué!? Walt Whitman era pargo y era un tronco de poeta. ¿Tienes algo que agregar?
Sí, que me gustan cuando callan porque están como ausentes.
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