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Sección: Bitblioteca
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De Cipriano a Hugo Gustavo Coronel El Universal, lunes 19 de enero de 1999 «La locura es la incesante repetición del mismo proceso con expectativas de un resultado diferente». En las últimas semanas se ha instalado en el país un atropellante modo de cambio, no necesariamente para mejorar. De guatemala pudiéramos estar viajando a guatepeor. Mucho de este modo está basado en el lenguaje y el estilo de Chávez. El lenguaje es francamente inaceptable en boca de un Presidente electo. Es un lenguaje ofensivo, chabacano, en especial cuando se refiere a quienes no comparten su opinión. Por su parte, el estilo y los manerismos de Chávez nos recuerdan a Fidel Castro en lo exageradamente largo de sus discursos, en el egocentrismo (Chávez esto, Chávez aquello), en su mesianismo (la paja arrastrada por el huracán) y en su intento frecuentemente fallido de transmitir profundidad. No es un estilo eficiente sino dispendioso del tiempo propio y del ajeno, gerencialmente pobre. Como los Castro en su momento (Cipriano y Fidel), Chávez habla, de manera compulsiva, de «la inevitable revolución». Algunos componentes de esa «revolución» ya se conocen. El primero es una Asamblea Nacional Constituyente a ser convocada «a como dé lugar» y sin «exquisiteces jurídicas». Esta Constituyente será la séptima u octava que hayamos tenido en el país, sin que la sociedad venezolana haya mejorado un ápice. Por eso, la cita de Einstein es especialmente apropiada: «La locura es la incesante repetición del mismo proceso con expectativas de un resultado diferente». Convocar una Constituyente de espaldas a la Constitución será un alocado intento de cambiar el fondo mediante el simple cambio de la forma. La solución al problema venezolano no es una nueva Constituyente, sino un proceso educativo de alta calidad el cual produzca un venezolano más participativo y más honesto. Otro componente de la «revolución» chavista es la educación gratuita, la cual ya tenemos desde hace décadas. Esta figura ha ayudado a convertir a la sociedad venezolana en una de las más atrasadas del planeta. En su nombre se han cometido y se cometen las más grandes inmoralidades en las universidades del Estado. La gratuidad como religión ha asesinado la calidad de la educación. Un tercer componente declarado de la «revolución» chavista es el derecho al empleo, también consagrado en las leyes vigentes. Pero ese derecho al empleo nos conduce a la pobreza si no es complementado por el deber de trabajar con dedicación, productividad y honestidad. Consagrar derechos sin exigir deberes es una de las peores formas de populismo y contribuye a prostituir al pueblo. Estamos entrando (o nos están llevando a empujones) en un tiempo de locura. Personalmente resistiremos el contagiarnos de este modo malsano que ha capturado ya a un buen número de personas, unas de buena fe (tontos útiles), otras motivadas por el más grotesco oportunismo. Los unos y los otros están condenados a rellenar las páginas de la nueva historia picaresca venezolana que ya se ha comenzado a escribir. Estamos terminando este siglo de la misma manera como terminamos el anterior. Parecería que cien años es demasiado tiempo para sólo ir de Cipriano a Hugo.
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