//2 level Horizontal Tab Menu- by JavaScript Kit (www.javascriptkit.com), This notice must stay intact for usage, Visit JavaScript Kit at http://www.javascriptkit.com/ for full source code
|
|
|
|
|
Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR
Óleo sobre tela Millonario conspirando en bermudas El Nacional, sábado 23 de octubre de 1999 Conservo, pese a todo aunque no imagino cómo se tomará esta crónica, un amigo chavista que estuvo a un tris de ser electo delegado a la Asamblea Nacional Constituyente. A veces sale en televisión, en calidad de vocero del MVR, pedagogizando a los reporteros. En el liceo era famoso por su radicalismo de cartelera. Miento, en realidad era célebre por lo exacerbadamente ignorante y bocón. Y por lo increíblemente fácil que resultaba, en el trascurso de cualquier discusión, hacerlo pisar el cebo de una trampa dialéctica y convertirlo en el hazmerreír de aquella cáfila de adolescentes desalmados que éramos. Ignorante en extremo, compensaba sus insuficiencias con ese voluntarismo desdeñoso, ese machismo predestinado que es el mejor patrimonio de la izquierda heroica. Se aferraba a sus máximas guevaristas, tramolaba, esgrimía sus dogmas, rendía culto a sus mártires. Repartía, como cotillón, eslogans y diatribas que él tomaba por concepciones del mundo. Corrían los últimos años sesenta y él sufría como una vergüenza inextinguible, como un baldón, el hecho de que cronológicamente a ninguno de la promoción del 4° año de Ciencias la edad le hubiese alcanzado para ser guerrillero, no digas tú siquiera recogebates de algún subcomandante. Mi amigo encontraba cosa de tercera categoría eso de acogerse a la legalidad democrática para apoyar un candidato presentado por un desprendimiento mayoritariamente sindical de AD. Eso era, ni más ni menos, lo que hacía la Juventud Comunista del Fermín Toro en aquel remoto año de 1968: promover las bondades de Prieto Figueroa, pegar afiches que no llamaban a la general insurrección ni a tomar el Cielo por asalto, sino que proponían una especie de «reingeniería», más modesta y burocrática, en absoluto soñadora : «Milita y cotiza en tu célula». En el mundo están pasando vainas arrechísimas: la Revolución Cultural China, la Segunda Declaración de La Habana, la ruta de Ho Chi Minh, la ofensiva del 'Tet, Nguyen Giap y el asedio a la embajada americana en Saigón ¡y Uds. haciéndole propaganda a un adeco margariteño! nos increpaba, exasperado e incrédulo. Le indignaba que Teodoro, Pompeyo y el catire García Ponce se hubiesen fugado tan espectacularmente del cuartel San Carlos sólo para ponerse al frente de un repliegue que, llegado el momento, habría de resolverse en campaña electoral. Su imaginario era épico, hazañoso y apocalíptico, estaba hecho de Lenin saltando de un tren sellado nada más llegar a la Estación Finlandia en Petrogrado y declarando que ese manguareo de la revolución pasando por etapas no era con él. Hecho también de todos los tópicos de la Revolución Cubana, y en general, de toda trasmutación tercermundista que pudiese imprimírsele a la mitología del 89 francés: Desmoulins, la turba parisina, «¡audacia, audacia y otra vez audacia!». Los tres años de la Unidad Popular chilena terminaron de enajenarlo de la idea de andar haciendo «revoluciones en democracia». Allende era para él, si no un pelele, seguramente un timorato, un rehén de la «superestructura ideológica del sistema». Pero a él que no le fueran con gradualismos ni miramientos para con el adversario, con juegos posicionales ni tacticismos parlamentarios: ¡la revolución se hace o no se hace, carajo!, ¡a desalambrar! Luego del sacrificio de Allende, mi amigo anduvo un tiempo con el recorte de un artículo de Pedro Duno, dobladito en la cartera, de donde lo sacaba para mostrárselo a los masistas que encontraba al paso. El artículo se titulaba, característicamente, «Ha muerto Allende, ¡viva Lenin!». La cosa electoral estaba bien para «avanzar», pero ¿dónde se había visto una revolución con elecciones parlamentarias a mitad de período? II. Pensando en gente como él, cuyo pensar es indistinguible del que puede animar a uno cualquiera de los constituyentes del MVR, llegué a imaginar una serie de entregas periodísticas, de talante filantrópico y divulgativo. El primero iba a ser una reseña del libro de Trino Márquez, El estado social de derecho en Venezuela. Su lectura le habría ahorrado a más de uno de estos paladines el esfuerzo, por lo que han dejado ver superior a sus capacidades, de inventar algo que, a lo largo de sesenta años, ha sido uno de los rasgos de la democracia venezolana: consagrar constitucionalmente la calidad solidaria y el sustento jurídico del estado venezolano. Bien o mal, es un rasgo del siglo XX venezolano. Quizá luzca un poco tarde proponer su lectura, toda vez que la Constitución debe estar lista para cuando regrese el Máximo Líder, así sea a trancas y barrancas. Pero acaso no llegue tarde para quien, despojado tan abruptamente de su imaginario «revolucionarista», haya tenido que desechar el sueño justiciero de un « amanecer rojo de venganza», de paredones y expropiaciones, de rupturas con el Imperio y «alineación no-alienada» con Libia e Irak. Sin duda no debe ser fácil apechugar con tanta decepción en apenas nueve meses. Y, mucho menos, con el hecho desconsolador de que la contención haya sido orden impartida por el mismísimo Chávez y su eje de transmisión, Luis Miquilena. III. De allí, quizá, estos chisporroteos retóricos que encubren la incuria y la carencia, del cual es más peregrino y divertido es ese de atribuirle al Grupo Santa Lucía ser el cuarto de control de un Brewer Carías, trapisondista que presuntamente habría recurrido al expediente chambón de colar un articulado digno de haber sido elaborado en el Cedice. Anduve este año, en calidad de consorte de una distinguida ponente invitada, en la reunión anual del Grupo Santa Lucía. Mueve a risa pensar que alguien escoja un sitio tan conspicuo como es un hotel en El Morro para conspirar contra la soberana Asamblea. Mucho menos para conspirar en presencia del inspector General del Ejército, Vicealmirante Gonzalo Gómez Jaén, a quien se le invitó a coordinar la mesa de Seguridad y Defensa. Yo, a decir verdad, no integré ningún grupo de trabajo, porque soy huraño y escéptico y porque en la que me tocó estaba Janet Kelly, quien alguna vez me llamó «cagatintas» sin motivo aparente, y como el IESA tampoco me parece que sea el «Jet Propulsion Laboratory» de Palo Alto, preferí colarme en otra mesa, una donde estaban Teodoro Petkoff, Alberto Quirós Corradi y Agustín Berríos, y dediqué el resto del tiempo a deambular y departir, aquí o allá, con quien me iba provocando. No voy a incurrir en la pavosidad de decir que se trata de una «fracción de las élites»: dejémonos de vainas: se trata de una reunión promovida por gente rica, very particular, como suele ser la gente rica, a todas luces preocupada por el curso de los asuntos públicos. Y al menos por el tiempo que dura el encuentro, prevalece un espíritu sumamente cordial, respetuoso y pluralista, de eso no me cabe duda. Al respecto resulta divertido constatar que los jefes de quien denuncia al grupo Santa Lucía como cerebro de una proterva conspiración, de la que Brewer sería el brazo ejecutor, suelen ser invitados de las reuniones anuales. Este año, sin ir más lejos, lo fueron Pablo Medina y Aristóbulo Istúriz. La denuncia del Grupo Santa Lucía puede convertirse en una hábito estacional y, con suerte, en una tradición. A Caldera también le dio por pensar que estaban conspirando y el doctor Andueza hizo arrestar a un astrólogo errático que amenizaba un almuerzo. El espacio catártico que compone esa figuración de unos ricos siniestros conspirando todos los años en fechas previstas con un año de anticipación, desde un resort y en bermudas, so pretexto de escuchar a unos expertos al borde de un buffet frío, muestra cuán empecinada puede todavía ser esa imaginería «revolucionaria» que obnubila a buena parte del chavismo asambleísta originario. A despecho de los regaños de Miquilena y las cruzadas mundiales de tranquilización del presidente Chávez.
|
Buscador Bitblioteca
|
|
| ||||||||||||||||||||
|
Copyright © 1996 - 2011 por
Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado
de fuentes externas. |