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Introducción al libro Chávez, mago de las emociones

Luis José Uzcátegui

Hubo un tiempo en que Venezuela era el país de la insatisfacción y el desencanto, los días pasaban entre la monotonía de la queja y la crítica por lo mal que andaban las cosas en los servicios públicos, la educación, la salud y la vida en general. La política estaba concebida para participar del festín gobierno o partido, la economía andaba entre tiempo para la inflación y el gasto dispendioso, y tiempo para planes y cursis historias monetarias, cambiarías, fiscales. Las leyes y sus aplicaciones eran sentidas como diversiones goliárdicas y distantes al hombre sencillo y trabajador.

Aún hoy todo sigue igual, nada ha cambiado, lo novedoso son las ideas y emociones que entran y salen en la mente de los pobladores de esta tierra.

Desde que el candidato Hugo Chávez Frías punteó las encuestas electorales, el mundo emocional de Juan, María, Fernando y Verónica, es removido y activado con ideas y emociones muy particulares. Todo es diferente, ya no son las emociones que generan los comicios electorales y la presencia de candidatos, partidos, colores, ambiente festivo, o la mísera prebenda que recibe el hombre humilde por asistir a la actividad política. Desde la primera aparición pública del Comandante, el 4 de febrero de 1992, el mensaje Chávez generó un discurso particular que llegó en un particular momento del país: El encuentro de estas dos situaciones es una coincidencia de la cual todavía no se puede escribir la última palabra.

Lo que se percibe en los días posteriores al triunfo electoral de Chávez es un país colmando de emociones y un nuevo líder: joven, activo, enérgico, lleno de planes para el futuro y generador de caudalosas emociones. El ambiente social, especie de temperatura que agrada o molesta y se contagia con la comunicación e información mediática, está lleno de expectativa, ilusión, dudas, alegría, preocupación, miedos. El Presidente también sigue lleno de emociones, que en parte abrieron el camino a su triunfo; y en la actualidad se percibe como su mayor fortaleza. El triunfo de Chávez no rompe un récord numérico, en cifras absolutas o relativas, en el pasado reciente, otros gobernantes han logrado votaciones mayores. Tampoco una abstención de 36,24% es tan baja, comparada con la de otras elecciones 1. Lo que sí es sobresaliente y real es la congestión y explosión emocional que generó, genera y va a generar. Chávez movió emocionalmente a todo un pueblo, se convirtió en generador de todo tipo de emociones: con unas logró sacar el 56% de la votación a su favor, con otras, logró que se votara, cerca de 40%, en su contra.

Esta realidad construida por emociones es lo que hace que se escriba este libro. Hoy el mundo de las emociones es conocido con amplitud y solidez científica, ya no es tan complejo interpretar y proyectar los comportamientos individuales y sociales si se tiene en las manos el conocimiento del Cerebro Emocional. Este cerebro es algo más que una caja de sorpresas, pues, si bien generan lo llamado «ángel o carisma», las emociones conforman una parte muy importante de la personalidad, son los vehículos o ropaje que usan las ideas y la comunicación. Mueven individuos, grupos, masas, naciones y silentemente conducen al humano a geniales o a torpes decisiones.

Los trabajos sobre el cerebro y la mente precisan cómo la función de estos sistemas es determinada por el efecto social. Eisenberg 2, investigador de la Universidad de Harvard, por el año 1995, publicaba un interesante artículo donde enfatizaba cómo la mente humana día a día era «construida» por el ambiente social. Las evidencias de posteriores investigaciones confirman que todos los días, bajo el efecto social, estamos creando nuevas conexiones en el cerebro que le dan soporte a la función llamada mente. En la mente no se cumple ese principio económico de los rendimientos decrecientes3, aquí a mayor información y estímulos, a pesar de que se mantenga el mismo número de neuronas, más activación y resultados.

La calidad de los resultados, en buenos o malos, va a depender del tipo de activación social y de lo que se trae en los genes.

Este es un libro de análisis e interpretación del fenómeno Chávez que desarrolla planteamientos que se mueven entre la psicología, sociología, visiones humanísticas y reflexiones políticas. Tiene como fundamento de trabajo los conocimientos existentes sobre las emociones y la interacción de ésta con la inteligencia. Participan como invitados varios profesionales de diferentes campos, quienes permiten dar una visión conceptual más heterogénea sobre el foco de análisis y ayudan a integrar un mensaje claro y sólido del porqué y cuáles son los posibles horizontes de esta nueva etapa del país.

El fenómeno Chávez se inicia como un torbellino Psicosocial que sacude la estructura de la nación. En los primeros días ha habido una remoción de los cimientos de la fantasía e ilusión; no sabemos si con el correr del tiempo este mismo efecto lo tendrá en las dimensiones políticas, económicas, educativas, en las realidades que competen a la salud, al universo legal y judicial, etc.

Tampoco sabemos qué pasará con el propio mundo emocional del mandatario cuando empiecen a moverse a su alrededor tropeles de situaciones emocionales como adulaciones, invitaciones, realidades económicas, nuevos amigos, compromisos, viajes, lugares, circunstancias, cambios, presiones, y el «peligroso» Poder.

Sí sabemos que la única manera de evaluar el efecto y acierto de las emociones e ideas es con los hechos. La evidencia que el actual presidente es diestro y talentoso en emociones no está en duda, su mensaje da cabida a todo tipo de emociones: desde las más temerosas, pasando por las más reales, hasta las más ilusionistas. Es un mago de emociones en el sentido de que genera con su mensaje reacciones emocionales, ideáticas y conductuales de una forma inmediata e intensa.

La historia de los magos se remonta a una casta de sacerdotes de la antigua Persia; en el siglo I d.C., los magos eran reconocidos como hombres sabios y adivinos. Por eso, los magos mencionados en la Biblia, que vinieron de Oriente a adorar al Niño Jesús (Mat. 2,1-12), eran considerados unos hombres sabios. En la actualidad se llama mago al que conoce el arte de entretener mediante trucos que aparentemente suponen una violación de las leyes de la naturaleza.

Con este libro pretendemos dejar una información que le permita al lector entender cómo «hace la magia» el «sabio», y cómo el que hace «trucos». En los próximos días cualquiera de los dos resultados inexorablemente, estará presente en Venezuela, donde ya se empezó a escribir y escenificar el fenómeno Chávez.

Contraportada

¿Por qué el país dio ese salto emocional vertiginoso y en pocas horas se pasa del miedo, terror y satanización a la alegría, esperanza e ilusión? ¿Porqué cada día son más los interrogantes sobre si todo será verdad o será mentira? ¿ Realmente el Presidente Chávez es un líder sincero, o es el sentido mágico de un pueblo que busca en él un salvador social? ¿La época Chávez enrumbará definitivamente al país a la modernidad y desarrollo? ¿O, simplemente el cambio del Presidente son manejos emocionales y comunicaciones que en pocos días fenecerán?

¿ Chávez al mover las emociones se dio y se quitó votos: fortaleza, debilidad y riesgo? Estas y muchas preguntas más son analizadas y se le dan respuestas en este libro, escrito por la pluma del psiquiatra y antropólogo Dr. Luis José Uzcátegui, autor e investigador de obras y temas en el campo de Inteligencia Emocional. Es un libro lleno de vigencia y solidez, bajo el enfoque psicosocial, de una forma sencilla lleva a entender los acontecimientos y la sociedad de la última década en Venezuela, nos evidencia que somos seres dependientes de las emociones y que conocerlas es determinante para comprender el comportamiento social e individual. El personaje central, el Comandante Chávez, los personajes políticos y el comportamiento social de la época son estudiados bajo enfoques de antropología, psicología, psicolingüística y psiquiatría, sumándosele la colaboración, entre otros, de prestigiosos profesionales del periodismo y el mercadeo: Eleonora Bruzual y Macarena Uzcátegui, quienes desarrollan temas tan impactantes como: «Chávez Encantador de Masas» y «Chávez el gran producto que se vendió».

Al final del libro, descubrimos que esta obra es una ventana para aprender sobre la conducta humana, además, deja en el espíritu ese mágico sabor que se produce al poder ver el futuro con emociones inteligentes y reales. Plantea varios escenarios que dependen de cómo Chávez maneje sus emociones y las emociones que encontró en un pueblo cansado, confundido, rabioso, con esperanzas, y por destinos azarosos va a ser gobernado por Chávez, quien es indiscutiblemente «Por ahora: Mago de las Emociones»

¡El gran Mensaje!

El origen de la época Chávez se precisa en el 4 de febrero de 1992 cuando emerge al ámbito social con una sublevación militar e intento fallido de golpe de Estado. Se inserta en el mundo emocional de los venezolanos con un mensaje, que por sus efectos comunicacionales bien se podría especular que fue un formato técnico diseñado por una de las empresas más prestigiosas en la creación de mensajes; o más aún, la frase «Por ahora», dado el potencial comunicativo que generó, se convierte en el sueño publicitario más ansiado para cualquier ser que quisiera, a través de la TV, con un comercial que dure menos de 2 minutos y se pase una sola vez, llegar a producir tal venta de emociones, que a los 6 años, sus ingresos emotivos a través del voto lo llevan a Presidente de la República.

Hijos de Durkheim

Es así como se inicia la historia, un comandante del ejército, en una mañana tropical, reconoce ante la nación su derrota, asume responsabilidades y anuncia su futuro. Todo esto sucede en un país gobernado por Carlos Andrés Pérez, líder señalado como carismático y populista, al cual sólo a tres semanas de haber iniciado su mandato en el año 1989, se le presenta una rebelión popular que exige un tropel de promesas, todas de alto contenido instintivo y emocional como alimentación, vivienda, mínima seguridad de la propiedad, la vida; y retornar a la Venezuela rica y despilfarradora. Para este momento, no sólo se tenía el efecto emocional de una realidad social presente incierta e inestable, en la memoria comunitaria, esa que se elabora en la familia y las relaciones de amigos era muy frecuente encontrar de vieja data, la mortal emoción colectiva llamada anomia, descrita en el siglo XIX por el sociólogo francés Durkheim, fundador de la primera escuela de pensamiento sociológico. Anomia es un estado compuesto, entre otras emociones, por desencanto, incredulidad, apatía, tristeza y negación a la participación social.

 

En una madrugada, en que el pueblo sólo podía saborear este cocktail de emociones negativas, emerge el comandante Chávez, convirtiendo en una sorpresa el acto golpista pero sin ser una molestia la acción insurreccional. No podía ser incómodo algo que se esperaba, la expectativa de cosas y tiempos mejores son formas ideáticas cargadas con fantasía y alta intensidad emocional que protegen a los pensantes de que la realidad se haga tan dura o molesta. La sociedad, en pleno, sin diferencia de clases sociales, sintió un grato «cosquilleo» de aventura, ilusión, sorpresa, alegría, temor. Esta madrugada da inicio, sin ninguna intención colectiva, a la preparación de un ambiente psicológico excitante, todo, generado como un acto automático y básicamente siguiendo las leyes del cerebro emocional; es así, que cuando en la mañana llega el mensaje de «Por ahora», se disparan emociones individuales y colectivas con tal carga energética que se mantienen y graban en el inconsciente, y a los pocos años sirven de sustento para crear el ambiente psicológico del año 1998, que en el mes de diciembre le da el triunfo electoral.

Una vez que la intentona golpista fracasa, Chávez va preso, en menos de 24 horas el país es sometido a otro golpeteo emocional, de la sorpresa, exaltación y «escalofrío», se pasa a un ambiente de temores, interrogantes, incertidumbre. En este momento emerge otro líder, Rafael Caldera, señalado como demagogo y populista, se encumbra en el podio de la oportunidad con un discurso en la Cámara del Senado, bastante más largo que el del comandante y compuesto de diferentes significados emocionales: esperanza, verdad, equidad, autoridad y moral. Sin saberlo aún, ya este Chávez del 4F, es portaaviones inminente de cercanos triunfos: Caldera, acertivo, experimentado y hábil, cual Ave Fénix trastoca ese día cenizas por alas que le posarán en Miraflores; Aristóbulo Istúriz, con el claro aprovechamiento de la oportunidad, igualmente se afianza en el momento emocional y allí da el primer paso hacia la Alcaldía de Caracas.

Actores de reparto

En la campaña electoral, de la cual Chávez fue el protagonista, participaron otros políticos como actores, en un escenario que sirvió para escenificar el último acto político del siglo XX. Pues independientemente, si éste no lo fuera, la función se dio, el acto terminó, la actuación de los personajes nunca será igual; y si es necesario se escenificaría otra obra, que para unos será un drama y para otros una comedia. Son varios los integrantes principales de la función, algunos como candidatos presidenciales; otros ex-candidatos, pero todavía candidatos a seguir siendo marcados en la historia como ganadores o perdedores. Y como grupos que se «peleaban» los curules y votos de supervivencia de los partidos políticos.

La Revolución Joven

De los candidatos con más repercusión en el escenario político de 1998, cuatro de ellos (Irene Sáez, Claudio Fermín, Miguel Rodríguez y el presidente actual) no llegan a la cincuentena. Otros, si bien no candidatos, pero pertenecientes también a generaciones más jóvenes, como Antonio Ledezma, Arias Cárdenas, El Cura Calderón, Ramón Guillermo Aveledo, polarizaron un cúmulo de emociones, y sin duda, en un futuro cercano, saldrán nuevamente a la palestra política.

Fue la avalancha de una generación, que se podría llamar de «Negociadores con el futuro». La inminencia de un nuevo milenio y la realidad de una sociedad portadora de ciencia y tecnología en una proporción nunca imaginable hace que cualquier líder que aspire a participar en la vida política, sea un conocedor de la materia más difícil de aprobar: El Futuro.

Claudio Fermín, de esta generación, es el líder que incitó más emociones de lamento ante su pérdida de posibilidades de triunfo. Su imagen tiene más peso que las circunstancias; su presencia en la arena política se caracteriza por confianza y sencillez. Lo primero se lo da su formación y seriedad académica y su manejo comunicacional, lo segundo su configuración popular y frescura en el mensaje. En el mundo emocional de las masas se mantiene posicionado y genera emociones gratas. En las últimas elecciones estuvo marcado por la fuerza negativa de sus vínculos con AD, Pérez, y sobre todo la emoción de perdedor que generó al no subir la escalera de las encuestas.

Irene Sáez, fue el espectáculo de la campaña, su presencia movió las emociones de todo un pueblo. En los días que punteaba las encuestas desató una situación emocional similar al actual presidente: Un grupo se polarizaba con ella, y otro grupo, por rechazo, pensaban votar en contra. No por miedo, más sí por desconfianza.

Miguel Rodríguez, fue el de la imagen intelectual. Su mensaje estimula a sentir y pensar seriamente en el país. No tiene facilidad para manejar el mensaje emocional primario y esto le impide mover emociones sencillas en las masas.

Los tradicionales

Los otros integrantes de esta contienda forman un grupo que generacionalmente pertenece a otra época.

Henrique Salas Römer, el gran depositario, donde se cobijaron emociones tan disímiles desde miedo a un gobierno dirigido por Chávez, creencia en su liderazgo, hasta los temores por perder las posiciones y curules ganados. Después de la experiencia electoral es visto como el depositario de la resignación; se piensa que un alto porcentaje de la masa que votó por él lo hizo resignado al no ver otra opción con más posibilidades.

Luis Alfaro Ucero, de caudillo, con su expulsión de AD, pasa a generar emociones de lástima, por su figura senil acabada y derrotada; de justicia, al sentir el pueblo que se cumplió el dicho «Quien a hierro mata, a hierro muere»; de frustración, al evidenciar con su conducta pública que un partido como AD estuvo durante tantos años dirigido por un caudillo con tan poca magia y versatilidad emocional.

Carlos Andrés Pérez, en varios aspectos su manejo de masas fue similar al de Chávez, sobre todo en la época pasada, cuando era menos repetitivo y con más circunstancias favorables. La capacidad de contagio negativo emocional de Pérez es inmensa, empezó con Eduardo Fernández el 2 de febrero, se propagó a Fermín y a Miguel Rodríguez.

Luis Herrera Campíns, de zamarro y agudo se ha convertido en juguetón y casi gozón. La realidad de fracaso que tiene en su cara es tan real, y a pesar de eso, campante y ramplante, pasea sus emociones por la comarca en refranes y dichos simples.

Eduardo Fernández, aún estando fuera del «Team» electoral, es junto con Claudio, quien genera más emociones de lamento y esperanzas. Su camino tiene varias vertientes: volver como candidato en una Venezuela hastiada de los partidos, y que también podría hartarse de los fenómenos políticos y electorales. Él podría remover todos sus antecedentes partidistas negativos y trastocarlos por valores. Es una referencia del líder político serio, preparado, sólido y empieza a ser más confiable.

Tanto Fenández como Fermín son hijos de los dos partidos moribundos, ambos cargan sus lastres, pero sin duda, ambos también portan sus experiencias, sus capacidades y el conocimiento de un país que creció en la realidad del bipartidismo.

Sigue la Obra

El teatro es una ventana para ver el mundo real. Las elecciones que acaban de sucederse, fueron la oportunidad para conocer con transparencia este país nuestro. El pueblo no cree - tampoco le interesa volver a creer - en los moldes tradicionales de hacer política que tienen los partidos y sus dirigentes. No necesariamente los partidos tradicionales están acabados, tampoco los emergentes como el MVR, tienen asegurado su futuro. Como cita Marianela Palacios en su artículo del día 2-1-99, en el diario El Nacional, se pueden seguir dando las ironías y contradicciones populares: «El politólogo y profesor del postgrado en Ciencias Políticas de la Universidad Simón Bolívar, Luis Castro Leiva, sostiene que la última coyuntura electoral puso en evidencia una curiosa contradicción popular. El 8 de noviembre el país votó masivamente a favor de la descentralización y, apenas un mes después, le dio el triunfo a un candidato que -argumenta Castro - simboliza el centralismo bolivariano»1.

El fenómeno Chávez emerge de esta realidad, fue menester que se removieran las emociones colectivas e individuales con tal intensidad para abrir la compuerta sencilla de la verdad. La verdad no es una dote de sabios, ni dioses, es lo real, concreto y duradero. Lo que se busca con la experiencia de estas elecciones de 1998 son caminos que lleven a la verdad: ¿Tal vez se encontró?. Si no se encontró, se encontrará en algún momento, tiempo y, posiblemente, con otros actores. La juventud no necesariamente es garante de la solución. Latinoamérica viene de una euforia de lideres jóvenes que dejaron a sus países en el traste la última década del siglo XX (Collor de Mello en Brasil, Salinas de Gortari en México y Alan García en Perú) la madurez o senectud, tampoco. El escenario no determina la calidad de la obra, menos la promoción, tampoco el precio. Poco a poco sólo queda una explicación para entender que los logros, el arte, la calidad y la magia están en manos del actor. Es de quien depende lo principal, y en política el actor es el político mismo. Quien asiste a la obra, observa, participa, paga sin saberlo conscientemente, pide la repetición, abuchea o cambia los actores y autores. Ellos, actores considerados extras por la arrogancia político partidista, ellos, personajes más sencillos, menos dramáticos y nada comediantes. Ellos son el Pueblo: actor y auditórium. Aplaudidor y enterrador de mitos...

La Economía Virtual

A sólo 5 días del inicio del fenómeno Chávez no sería insensato reflexionar y tomar de alerta la evidencia de cómo realmente se comporta la economía.

Vivimos en un mundo económico básicamente diádico: por un lado está la economía virtual, que permite que los comportamientos económicos estén vinculados a mensajes e imágenes. Cuando el Presidente cambia su mensaje y habla como un líder que conoce y entiende los hechos contemporáneos de la economía, lanza a los predios ideas liberales y sostiene que respetará las inversiones extranjeras; se crea un curioso concubinato entre los mensajes y las interpretaciones que hace cada venezolano, generándose una expectativa colectiva altamente emocional que se ve reflejada en el ambiente de esperanza, tranquilidad, ilusión, y realidades como la subida de la Bolsa y baja del dólar.

Sin embargo, es conocido que los efectos de la economía virtual no duran mucho; evidencia es lo que empieza a pasar a escasas 120 horas de haberse iniciado la época Chávez con la puesta en acción de otro tipo de economía que sí permite mantener unos comportamientos más estables en los mercados. Esta es la economía real, se sustenta en un crecimiento sostenido y creación de riqueza, se avala no en imágenes sino en hechos, trabajo; conduce al desarrollo, enseña que cualquier plan realístico que se proyecte a futuro no sólo debe contar con el furor y los festines de las emociones, debe apoyarse en realidades de fuentes de trabajo, producción, empleo, eficiencia y resultados.

El universo de la economía virtual es muy mágico. La historia enseña que hasta hace pocas décadas al mundo de virtualidad sólo se podía llegar después que la economía real producía tal abundancia de bienes a una sociedad, que se iniciaba la fase de las fantasías, ilusiones, despilfarro, facilismo y consumo desenfrenado. Con el advenimiento de la tecnología ya no es necesario esperar que un modelo económico llegue a su cúspide para que opcionalmente pueda irse por lo virtual, la era actual viene acompañada de una gran facilidad para instalar el virtualismo económico únicamente con activar unas cuantas cadenas de TV, varios satélites, miles de e-mail y cientos de llamadas telefónicas estamos incursos en la onda.

Festin de ... (2 de febrero)

El tiempo, que no permite que nada se detenga, trajo el 2 de febrero: día de la toma de posesión del nuevo presidente. Como en todos los actos, no faltó y tampoco sobró: invitaciones, deseos, proclamas, felicitaciones y razones.

Durante las semanas previas a esta fecha, el país celebra la festividad navideña y el inicio de un año arrullado por las emociones de espera, observación, ilusiones y temores. Los analistas en política y economía invaden las páginas noticiosas con opiniones, comentarios, presagios, sugerencias y posiciones. Algunos emiten su opinión en torno a realidades sobre el futuro sustentado en la sensatez y el análisis; otros, en una especie de «fogueo de sombra», vaticinan inexorables desastres y fracasos; y para otros, el Presidente los convirtió en súbditos incondicionales que sólo atinan a escribir odas que lo ensalzan. Para el pueblo, quien realmente va a recibir las consecuencias de los aciertos o desaciertos, empieza, al pasar los días de la época Chávez, una realidad acompañada de esperanzas, verdad, sencillez, transparencia, respeto, temores, en parte, la misma realidad cargada de emociones que durante décadas los ha acompañado en el inicio de todo nuevo gobierno.

Periplo de Emociones

Entre los días que transcurren desde el 6 de diciembre y la toma de posesión el 2 de febrero de 1999, el presidente electo ocupa parte de su tiempo en viajar y visitar mandatarios del mundo.

Los cambios son evidentes. De aquel comandante revestido del uniforme verde-oliva, pasando por ese candidato de suéteres rojizos de la campaña, hoy es un connotado visitante de varios países como la nación del wirtschaftswunder (milagro alemán), donde se gestó unos de los movimientos más determinantes del mundo occidental cristiano: la Reforma, y en donde Lutero, no contento con la ignorancia que el pueblo Alemán tenía sobre el Nuevo Testamento, decide hacerla popular traduciendo la Biblia de Gutenberg a la lengua materna de Ludwig van Beethoven.

Pasa por Francia, cuna de la gran revolución, tierra de pensamientos, acciones y realidades. El país donde en 1624, el timorato rey Luis XV, eligió como Primer Ministro al Cardenal Richelieu, que fue el gobernante efectivo de Francia durante los siguientes 18 años. Las principales metas de Richelieu consistieron en eliminar a todos los rivales, y para acabar con el poder político, ejecutó a varios de sus más eminentes y peligrosos miembros.

Va a Italia, nación de la «Forza Italia», pasa por España, se reúne con Jean Chrétien, Primer Ministro de Canadá; aterriza en Cuba, se encuentra con el hombre «más poderoso del mundo» Bill Clinton, y a los días se convierte en el anfitrión más joven que ha tenido el país al recibir a una pléyade de mandatarios y personalidades invitados a su toma de posesión.

Los logros a producirse de estas reuniones con mandatarios y grupos económicos del mundo están en el tranvía del futuro, sólo el tiempo dirá los resultados. Lo que sí es presente y tiene un pasado profundamente didáctico, es la historia y los hechos que marcan la existencia de cada uno de los países y las culturas visitadas por el presidente. Que determinante es para el mundo aquella revolución, no sólo religiosa, porque fue también política y económica, que desencadenó la Reforma de Lutero en Alemania y Calvino en Francia. Como este movimiento cambia el mundo, y para algunos es un pilar que explica la existencia de los países desarrollados. En la Alemania del siglo XVI fue un total revuelo que dejó, entre otros temas, el concepto del logro, de los méritos y el valor de la acción y responsabilidad individual como camino para la salvación. Fue una época de cambio, de reforma, de emociones, similar a lo que se vive en Venezuela actualmente. De todos los temas traídos con la época Chávez, la Constituyente es la que en este momento ocupa el centro de atención, la alta intensidad de participación se entiende al reflexionar que con ella se consume, en parte, una de las banderas electorales. Se pasa del mensaje a los hechos: se empieza a evidenciar que el cambio si es una realidad.

El tema del cambio como pancarta electoral tenía un efecto ondeante, fresco, motivante y simbólico; pero al sentirse de cerca la realidad del cambio, éste retumba y sacude todos los miedos conscientes e inconsciente que llevan los humanos.

El cambio es el reto existencial más serio que tiene todo ser, pasar de la figura joven a la madura y la senecta es sólo un indicador de la complejidad psicológica. Siendo mucho más la implicación que tiene cambiar ideas, emociones y acciones;. Son éstos, torrentes de ansiedad que se generan, energía emocional que con frecuencia hace que los humanos, en una especie de aturdimiento, hasta puedan desencadenar conductas paradójicas, llegando a cambiarse bruscamente y practicando lo que días antes criticaban.

La ansiedad es una emoción peligrosa, fácilmente trastoca la lógica y genera necesidades, miedos, esperanzas: La Constituyente es la madre del cambio, por lo menos así es vendida y percibida por el pueblo.

Este mundo de las emociones no sólo tiene como función peligrosa la ansiedad. Qué decir del poder, ese que llevó a que la figura del Cardenal Richelieu se convirtiera en dueño magnánimo del poder en la Francia de Luis XV. Este clérigo es un personaje que permite estudiar los peligro que pueden correr los seres cuando combinan poder, conocimientos y emociones. El poder es una situación emocional compleja, en términos técnicos, es una emoción elaborada. Este estado psicológico es muy sensible a los mensajes externos, más cuando son gratificantes, independientemente que sean veraces o no.

La psicohistoria muestra que el poder se caracteriza por generar conductas e ideas particulares de formato obsesivo y compulsivo, además, la memoria se convierte en un efímero banco que «que acumula baratijas». El individuo se dedica a almacenar actos o pensamientos con los cuales pasa el tiempo sin aceptar chequeos, revisión o cambio.

El poder lleva consigo la posibilidad de rápidamente gratificar al Yo con hechos materiales y estímulos afectivos complacientes, generados por los que están alrededor de quien ostentan el poder, es un estado psicológico tan incisivo e intenso que logra neutralizar los efectos emocionales del temor, aprehensión e inseguridad que genera el cambio.



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