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Sección: Bitblioteca
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Estado de ánimo El Nacional, 28 de marzo de 1999 Hay un estado de ánimo. Y punto. Aquí debería terminar este artículo. Todo el mundo sabe de lo que estamos hablando. Es como una neblina, como un río farragoso por el que navegan hoy todas las conversaciones. Constituye, por cierto, una atmósfera compartida, que se metaboliza en el colectivo aún cuando sus expresiones son individualizadas y pueden asumir variadas formas, de irritación, de crispación, de impaciencia, de escepticismo, de incredulidad, de miedo, de preocupación, de juicios severos, de antagonismos y hasta de optimismo en algunos casos. En algunas naciones grandes, estos estados de ánimo son objeto de preocupación y se atienden con la misma decisión que a la macroeconomía o a la administración. Aquí, hace unos años, cuando estábamos en Corpa, lo llamábamos el Espíritu Territorial Bruto o el Espíritu Interno Bruto (EIB) y corría la pretensión de que podía ser medido de la misma manera como los econometristas miden el PTB o el Producto Interno Bruto. Los "espiritumetristas" proponían, por ejemplo, el uso de encuestas. La empresa Datos, que manejaban Andrew Templeton y Nicomedes Zuloaga, hacía un survey trimestral que interrogaba a la gente sobre sus cuitas. Cada trimestre, durante más de treinta años, una muestra de dos mil personas de diversos sectores confesaba sus percepciones y estados de ánimo. ¿Cómo cree que será su situación dentro de tres o seis meses? ¿Mejor, igual o peor que la actual? ¿Cuál cree usted que son los principales problemas que aquejan al país? ¿Cuáles son los que le aquejan a usted? ¿Cuanta confianza le merecen los empresarios, o los políticos, o los medios, o la Iglesia, o las Fuerzas Armadas? ¿Cree que el gobierno puede hacer lo que se propone? ¿cree que lo hace bien, regular o mal?. Y una largo y complejo etcétera. Las respuestas a este referéndum trimestral aportaban ciertos datos para la comprensión del espíritu público. Pero su mayor importancia radicaba en la curva que describían en el tiempo, en los cambios que podían percibirse a través de tantos años. La expectativa de los sesenta no era ni por asomo similar a la de los ochenta, y la credulidad de los setenta se fue al demonio en los noventa. Los estados de ánimo varían y actúan sobre la sociedad con el mismo vigor que lo hacen los precios del petróleo, los flujos de inversión o los niveles de empleo. Los ingredientes del espíritu públicoEl Espíritu Interno Bruto, sin embargo, es difícil de atrapar con una simple encuesta. Hacen falta otros instrumentos. Es tan difícil como difícil es adjetivarlo. Por ejemplo, es muy difícil adjetivar el estado de ánimo que hoy azota a la nación. Parte de la dificultad proviene de las percepciones del que juzga. Una muchacha solitaria se asoma al balcón y dice melancólicamente "qué triste está la tarde, parece un domingo" , y se abstrae de la alegría que en cambio puede sentir el Ávila con sus bandadas de pájaros y con la luz radiante que hace más tibias las sombras de los eucaliptos. Por eso a veces la interpretación puede ser dudosa, se puede confundir el estado de ánimo general con el propio. Pero hay oportunidades en que no es así, en el que el espíritu compartido es inequívoco y se muestra de manera contundente. Un ejemplo para ilustrar: los usuarios de la telefonía celular que ofrecen Telcel y Movilnet en Venezuela comparten un único e incontestable estado de arrechera. La gente se siente estafada, indignada, por un servicio caro e ineficiente, con zonas incomunicadas de la ciudad, con sistemas congestionados, con marcaje incesante, con frustraciones cotidianas, con clonaciones, y facturación ventajista. Algún día, cuando cese la protección estatal a esta dupla oligopólica, la frustración se tornará en venganza y los consumidores infligirán daños irreparables a estas empresas. La mayoría de las compañías de seguros o los sistemas de propaganda de los canales de televisión producen similares estados de ánimo compartidos y adversos entre sus usuarios. En cambio existe una suerte de unanimidad en reconocer que los servicios de telefonía que ofrece la CANTV han mejorado seriamente, que ahora no hay esperar tanto para que caiga el tono de marcar, para conseguir línea, para encontrar un teléfono público, para las llamadas de larga distancia o para las llamadas internacionales. Ha ido cambiado el estado de ánimo. Vamos descubriendo entonces que son los hechos concretos que afectan al individuo los que actúan decisivamente en la configuración del ánimo público. No son los intangibles, las palabras, las promesas, los compromisos, la propaganda, no son para nada las ideas, la fe o las creencias sino los resultados. Esas son las variables. El espíritu público no se alimenta de espíritu, sino de brutales, tangibles, hechos reales. Las variables del espíritu interno brutoEs posible que entre los beneficiarios del Plan Bolívar 2000 se esté conformando un estado de ánimo optimista y menos escéptico, de la misma manera que entre los invasores de terrenos y apartamentos se haya creado un clima de esperanza para la resolución de sus dramas más perentorios. Es también probable que la idea de la Constituyente haya animado a varios miles de ciudadanos cuya realización pasa por ser parte de los 134 delegados que redactarán una nueva carta constitucional. ¿Pero es éste el componente fundamental del Espíritu Interno Bruto? ¿Es acaso el petróleo el único componente del Producto Interno Bruto? ¿Qué ocurre con esos millares de obreros y profesionales de la industria automotriz, bancaria o de la confección, para citar sólo a algunos, que han perdido sus empleos? ¿Cuántos años costará la recuperación de esos sitios de trabajo?. ¿Cómo contribuyen a la creación del estado de ánimo esos centenares de empresarios que han tenido que cerrar sus plantas, ese sombrerazo de inversionistas que esperan señales de seguridad sobre el régimen de propiedad, sobre consistencia en el tiempo de sus contratos, sobre la credibilidad de los tribunales? ¿Cómo contribuyen a la conformación de EIB los profesionales, los jóvenes, los matrimonios nuevos que esperan el abaratamiento del crédito para adquirir un auto, una nevera o una pequeña vivienda en San Juan de los Morros? No existe un lugar público ni privado en el que hoy no se perciba una cierta crispación, una impaciencia, un dejo de incredulidad o de frustración. Diríamos que se está estructurando un estado de ánimo que no merece ser desatendido. No es cuestión de despacharlo diciendo que es fruto de la impaciencia, o que es un asunto de imagen, o que está siendo excitado por los enemigos tradicionales, y mucho menos que la Constituyente resolverá ese asunto. Sus orígenes y sus componentes son complejos, por lo tanto requieren respuestas complejas. Ánimo.
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