//2 level Horizontal Tab Menu- by JavaScript Kit (www.javascriptkit.com), This notice must stay intact for usage, Visit JavaScript Kit at http://www.javascriptkit.com/ for full source code
|
|
|
|
|
Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR
La Divina Comedia 13 de noviembre de 2000 Un fantasma recorre el país desde hace unos cuantos años, se ha introducido en el corazón de los ciudadanos, y nos ha persuadido de que el Presidente Isaías Medina Angarita era bueno, un tipo bueno. ¡Medina era bueno dicen los viejos, porque andaba por ahí sin guardaespaldas, se echaba palos, todo el mundo lo quería, no tenía presos y toleraba a los adecos y a los comunistas! Es lo que llaman una idea fuerza, contundente, que la multitud no discute. Incluso los adecos, que conspiraron contra Medina, hace ya mucho tiempo que no discuten esta fe. Los antiguos adecos, de tanto gobernar y ganar elecciones, aprendieron a no contradecir en voz alta el espíritu público, y mucho menos las grandes verdades ciudadanas. Si la gente cree que Medina Angarita era bueno, ¡pues así será! solían aceptar. La historia es una cosa, las verdades públicas, son otra. Al General Medina lo tumbaron. Un general francésHace unos días, Simón Alberto Consalvi y Carlos Oteyza, recordaron a otro General con fama de bueno, revisitaron la historia de Delgado Chalbaud en una efeméride asimétrica, traída por los cuernos del magnicidio con uniforme. El padre, Román Delgado, uno de los jefes de la invasión del Falke, es presentado como un héroe antigomecista, y parte de su heroísmo es transferido a su hijo Carlos Delgado Chalbaud, quien ahora es evocado con la misma nostalgia de hombre «bueno». Consalvi y Oteyza destacan su naturaleza de civilizado y moderado, y asocian su muerte al triunfo de la barbarie sobre la civilización. Más bueno no puede ser. El hecho de que haya sido asesinado, de que era medio francés, culto y buen gourmet, opaca sus atributos de militar fuerte, de conspirador golpista y de traidor a Rómulo Gallegos. En el mundo anecdótico, pero también en el de los historiadores y los periodistas de la época, Delgado Chalbaud pasó a ser más víctima que autócrata. Por lo tanto, repetimos, ha quedado, enredado en los misteriosos mecanismos de la opinión pública, en el altar de los buenos. Los nuevos buenosEn nuestros mitos públicos tienen pasaporte al Paraíso los traicionados como Bolívar, los asesinados como Delgado Chalbaud, o los derrocados como Medina y Gallegos. En cambio, un puesto en el Purgatorio se han asegurado a los duros como Páez, Gómez, Pérez Jiménez, Rómulo Betancourt, Carlos Andrés Pérez, Caldera, y tal vez Chávez. Esto último está por verse. Buenos quedaron, en la fantasía colectiva, José María Vargas, Lorenzo Fernández y hasta el ateo Luis Beltrán Prieto quienes en su momento perdieron sus elecciones frente a los rudos. Y es posible que Ramón Velásquez, quien fue entrampado en Miraflores, sea víctima del mismo proceso de benignidad.
Del Dante a la mediasferaEstas poderosas creencias que se anidan en el ánimo público, y en su esfera mediática, no son inmutables. En una época, por ejemplo era impensable que Carlos Andrés Pérez pudiera habitar el altar de «los buenos». Ahora hay mucha gente por ahí, personeros de la clase media que detestaba a los políticos y a la corrupción, e incluso chavistas que han aprendido que no es lo mismo pedir agua que repartirla, a quienes se les han escuchado expresiones que pueden llevar a Pérez al panteón de los buenazos desdichados. La imagen del catire Petkoff ha vivido una mutación similar. Su rol de periodista formidable y su derrota política frente a Puchi y a Mujica le abrió un espacio inesperado en la historia de los buenos. El espíritu público parece estimar y aplaudir su soledad mientras desconfía de los triunfos de los disidentes que lograron colocar su organización en los escenarios del poder real. El más y sus tormentosParadójicamente, ese poderoso MAS que, cual mítico Virgilio, condujo a Petkoff fuera de los infiernos, cultiva simultáneamente una poderosa vocación de «bueno», frente a los radicales de la revolución chavista. Uno de sus líderes, el gobernador Didalco Bolívar, dice en Tal Cual que el MAS es hoy el Lexotanil del gobierno. Muchos recordarán que en una época fueron ex militantes del MAS los que atenuaron la vocación adeca, ruda, de Carlos Andrés Pérez en su segundo gobierno. Lo alejaron de su propio partido, del pragmatismo de Alfaro Ucero y de Lewis Pérez, y lo entregaron a las voces poéticas del ex masismo de la UCAB y las fantasías liberales de las playas de Boston. Lo ablandaron, lo debilitaron y contribuyeron, probablemente, con no poca inocencia, a su derrocamiento y su postrera beatificación Muchos perciben que hoy ese MAS, transfigurado en Lexotanil, intenta orientar al gobierno en una nota más «buena», tolerante, contemporizadora y democrática. Sus adversarios, dentro del gobierno, no quieren escucharles, pues temen terminar como Medina, como Delgado Chalbaud, como Gallegos, con fama de buenos.
|
Buscador Bitblioteca
|
|
| ||||||||||||||||||||
|
Copyright © 1996 - 2011 por
Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado
de fuentes externas. |