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Sección: Bitblioteca
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El espectáculo invisible La otra El Nacional, del domingo 6 de junio de 1999 No hay manera de zafarse del tema de la Constituyente que ha colonizado la agenda pública. Pocas veces en la historia de nuestra opinión pública una idea ha monopolizado de manera tan despótica el pensamiento de los ciudadanos. A pesar del voluminoso espacio que ocupa en los medios impresos y radioeléctricos, de su presencia en las calles y plazas, y en toda clase de recintos privados y públicos en los que hoy se discute o se recogen firmas, el tema no muerde la curva de saturación que suelen vivir este tipo de issues en nuestro clima de opinión. Con la vigorización de las campañas proselitistas tendremos Constituyente para rato, o por lo menos hasta que se elijan sus miembros. Luego, si el resultado electoral refleja un excesivo entubamiento y se impone una mayoría aplastante, que no tendrá con quien discutir, es posible que el tema pierda interés. Por eso resulta interesante la idea que ha comenzado a tomar cuerpo en algunos círculos de crear una Constituyente en la Sombra, una entidad contrastante, asesora, plural, con dimensiones técnicas, que atenúe el efecto homogeneizador del entubamiento. Por lo que hemos oído, esta Constituyente de Sombra estaría integrada por unas diez o quince personas con vocación pública, con representatividad y con capacidad para emprender tareas de estudio y redacción de los artículos constitucionales. Ellos serían elegidos, muy a dedo, como el legendario Congreso de Angostura, entre los mejores de la nación. Serían elegidos entre una lista que propongan los más diversos sectores de la sociedad civil: universidades, organizaciones no gubernamentales, instituciones y gremios, juristas, deportistas, religiosos, profesionales, empresarios, trabajadores, políticos, artistas. La idea es buena y luce necesaria. Claro que se imponen desafíos operativos. Como por ejemplo el del financiamiento, ¿Cómo hacer para que los integrantes de esta otra Constituyente se dedique a su trabajo sin apremios económicos y con un respaldo de secretaría eficiente? Tal vez se pueda constituir un fondo con aportes y contribuciones de personas, empresas e instituciones. No faltarán los interesados. ¿Cómo elegir a los miembros de este laboratorio en la sombra? ¿Cómo llegar a un consenso sin pasar por un engorroso sistema de elecciones? Nada. Puede crearse un comité de notables independientes que establezca una serie de condiciones que deben reunir las personas postuladas, se convoca a la elaboración de listas de posibles integrantes y luego se evalúan sus condiciones. Condiciones de representatividad, de probidad y capacidad. Se eligen y se somete por un tiempo al debate en la opinión pública. Y luego, a trabajar. Tal vez este grupo no tenga que abocarse a elaborar la totalidad del articulado sino simplemente a fijar una agenda, un menú, con los temas fundamentales asociados a los derechos y garantías, a la estructura del estado, al tema electoral, a los temas territoriales y a la actualización de las grandes nociones económicas. Su misión sería la de formular ideas alternativas, enriquecer o contrastar los postulados que propondrá la Constituyente política, aliviar los efectos que puede producir la tentación de un pensamiento único. Es bien sabido que ya circulan por ahí varios diseños de artículos específicos, y que numerosas instancias de la sociedad civil han estado proponiendo mejoras a los artículos existentes y nuevas temáticas. ¿Cómo podrán ser escuchadas estas proposiciones por la Constituyente política si su mayoría tiene pre-redactado lo que parece ser un guión de hierro? Esos sectores, que no podrán acceder a la Constituyente política, porque carecen de energía electoral, necesitan un escenario de debate, un vocero, un espacio de expresión. La Constituyente de Sombra puede constituirse en el más poderoso respaldo técnico de la Constituyente y un instrumento menos recalentado políticamente para asegurar la pluralidad y la democracia. Parece una idea buena, viable y necesaria.
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