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Sección: Bitblioteca
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Paz y amor El amor no es nada simple y la vida del hombre está continuamente amenazada por una cultura desalmada. La manera como se ha acercado Octavio Paz de forma recurrente a estas dos ideas nos han marcado radicalmente. A ellas se agregan por supuesto sus muy difundidas reflexiones sobre la creación poética a las que no nos referiremos este domingo de buen vivir. Al amor como comunión, cuerpo y contemplación, pero también desdicha y padecimiento, nos acercaremos al final de esta nota. Paz estuvo compartiendo con los grandes pensadores de su época una profunda preocupación sobre los temas científicos de la actualidad, especialmente aquellos que se refieren a la inquietante ascensión de la máquina como arquetipo del ser humano. Como espectador atento de los avances de la robótica, de la clonación y la inteligencia artificial desplegó un sinnúmero de interrogantes sobre la ruptura del diálogo cultural entre el cuerpo y el alma. En su búsqueda encontró una tendencia entre muchos y notables científicos, y en las fantasía de los escritores de ciencia ficción, a hacerse ciertas preguntas filosóficas y metafísicas, que desde hace muchos siglos la ciencia había dejado de formularse. En la antigüedad no había fronteras discernibles entre la filosofía y la ciencia, Platón cultivó las matemáticas y la geometría, Pitágoras era matemático y religioso, Aristóteles se interesó en la biología. Durante la Edad Media la religión sustituyó a la ciencia. Y a partir del Renacimiento el saber científico se separó de la especulación filosófica e inició la conquista paulatina de una autonomía que terminaría apartándola del alma del hombre. Paz suscribe que el último gran diálogo entre la ciencia y la filosofía fue el de Kant. Sus sucesores habrían discutido con la historia universal o con ellos mismos, abandonando a la ciencia todos los otros territorios « desde el espacio cósmico al espacio interior, desde los átomos y los astros a las células y de éstas a las pasiones, las voliciones y el pensamiento». Por siglos, desde Newton, apresada en territorios especializados, la ciencia desdeñó las grandes preguntas filosóficas. Ellas reaparecen en la actualidad de la mano de la relatividad de Einstein o de la teoría del big-bang, que introdujeron las ideas de tiempo en la especulación científica. Si el universo tuvo un comienzo, también tendrá, inexorablemente, un fin. Las viejas preguntas Leyendo a los físicos, como Weinberg (Big-Bang) y Hawking ( agujeros negros), el poeta Paz es conducido en sus reflexiones hacia la idea de singularidad y de caos original de la mitología griega. Y a partir de allí levanta un sólido edificio conceptual orientado a re-unir, a colocar en situación de nuevo diálogo autocrítico, a la ciencia, la filosofía y la poesía. Diálogo en torno a viejas preguntas sobre el origen del universo y de la vida, el lugar del hombre en el cosmos, las relaciones entre nuestra parte pensante y nuestra parte afectiva, el diálogo entre el cuerpo y el alma. Encuentra formas de este diálogo, por ejemplo, en las preguntas que sobre el origen han reaparecido en los dominios de la biología. Reseña que los genetistas Crick, Watson y Wilkins, descubridores de la estructura molecular del ADN, buscan el origen de la vida en una Allá fuera de nuestro plantea. Y que el físico sueco Arrhenius ya les había precedido con la idea de una lluvia de esporas. Las bacterias descienden sobre la Tierra como las almas de Platón. Paz lee a los científicos con pasión, pero también las fantasías de la ciencia ficción, y encuentra en ellos preguntas fundamentales cuya significación: « [...] abre la puerta para que vuelva a discutirse el viejo tema de las relaciones entre el alma y el cuerpo. Apenas si necesito repetir que no deseo ni pretendo una vuelta a las antiguas concepciones. El cuerpo posee hoy atributos que antes fueron del alma y esto, en si mismo, es saludable. Pero el viejo equilibrio --- o más exactamente el viejo, ligero y fecundo desequilibrio entre el alma y el cuerpose ha roto. [...] Nuestra cultura es la primera que ha pretendido abolir ese diálogo, por la supresión de uno de los interlocutores: el alma». De la comunicación a la comunión Algunas de la ideas de Paz sobre la comunicación han sido definitivas para la comprensión actual de su sentido. Sospecha por supuesto de los medios «que muchas veces manipulan la información y nos inundan de trivialidades», pero aún más allá, rebate lo del siglo de la comunicación diciendo que « [...] toda comunicación, incluso la directa y sin intermediarios, es equívoca». Argumenta que la confrontación entre alteridades, unos con los otros, incluso en el diálogo directo, es irreductible. El pensamiento y el lenguaje son apenas puentes y, precisamente por serlo, es que no pueden suprimir la distancia entre el ser y su exterior. Solo la poesía, la fiesta ritual y religiosa, y el amor son las únicas formas concretas de comunicación. Y son comunicación en la medida que son comunión. La comunión no sería un intercambio de noticias sino una fusión. Cuando Paz habla del amor en «La llama doble» destaca, apesadumbrado, que el amor, en cuanto comunión, es cuerpo y alma. Y no puede ser lo uno sin lo otro. Por lo tanto el amor es tiempo y no puede ser eterno. Lleva en si mismo el sino de la desdicha porque no vence a la muerte: «Todos los amores son desdichadosescribeporque todos están hechos de tiempo, todos son el tiempo frágil de dos criaturas temporales y que saben que van a morir; en todos los amores, aun en los más trágicos, hay un instante de dicha que no es exagerado llamar sobrehumana: es una victoria contra el tiempo, un vislumbrar al otro lado, ese allá, que es un aquí, en donde nada cambia y todo lo que es realmente es». Pero lo que mas nos interesa aquí es su argumentación para ilustrar la contradicción entre comunicación y comunión en el amor, suprema ventura y la desdicha suprema. Dejémosle hablar: «El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable que cabe en nuestros brazos y que, no obstante, es ilimitada. Al abrazar a la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia. Dispersión del cuerpo deseado: vemos solo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por si solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. [ ] El abrazo carnal es el apogeo del cuerpo y la pérdida del cuerpo. También es la experiencia de la pérdida de la identidad: dispersión de las formas en mil sensaciones y visiones, caída en una sustancia oceánica, evaporación de la esencia».
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