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 Caracas, Tuesday, May 22, 2012
 

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La discontinuidad del tiempo en la obra dramática de Elizabeth Schön

Penélope Hernández Lara


Elizabeth Schön

UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN
ESCUELA DE ARTES
DEPARTAMENTO DE ARTES ESCÉNICAS 

LA DISCONTINUIDAD DEL TIEMPO EN LA OBRA DRAMÁTICA DE ELIZABETH SCHÖN 

Trabajo Especial de Grado para optar al título de Licenciada en Artes, Mención Artes Escénicas 

Autor: Penélope Hernández Lara

Tutor: Lic. Carlos Sánchez Delgado 

Caracas, mayo de 2000
Mención sobresaliente

A Elizabeth Schön

Agradecimientos 

Quiero expresar mi profunda y sincera gratitud a todas las personas que con su apoyo constante me ayudaron en la realización de este trabajo de grado. Muy especialmente a Carlos Sánchez Delgado, tutor y amigo incondicional, por enseñarme el camino a la excelencia académica a través de la exhaustividad y pedagogía suprema. A los profesores Orlando Rodríguez y Santiago Sánchez por ser, durante toda la Mención de Artes Escénicas, unos verdaderos maestros.

A la profesora Catalina Gaspar por sus excelentes clases sobre la cuentística de Julio Cortázar.

A mi madre, mi mejor amiga, por apoyarme, con amor y paciencia, durante toda la carrera. A mi padre por sus consejos de aliento.

A Rosa Lara, mi tía, por avivar mi autoestima en los momentos de desmayo.

A Douglas Vargas por estar en las buenas y en las malas, es decir, siempre. 

Introducción

La intención fundamental de esta investigación es comprender la dramaturgia de Elizabeth Schön a través del tratamiento discontinuo de la temporalidad en la configuración de su obra. Obra donde lo no continuo del tiempo y su interacción con los elementos de la estructura dramática, especialmente con los diálogos, invita a reflexionar en torno a la propuesta estética de Elizabeth Schön.

La particularidad de la discontinuidad temporal crea las siguientes interrogantes en el investigador: ¿Cuál es la función y significado del tiempo en la obra dramática? ¿Cómo entender y analizar en una escritura teatral, en presente, la presencia del pasado y futuro, es decir, la ruptura cronológica? ¿Se puede vivir un mañana y un presente, hoy? ¿Qué consecuencias traen estos nuevos patrones temporales en el desarrollo de la dramaturgia venezolana contemporánea? Estas son preguntas que permiten ver más allá de lo acostumbrado y a tomar en cuenta otras perspectivas del mundo. Un mundo que se ve por medio del teatro: un arte que se atreve a indagar sobre el misterio del tiempo.

Esta propuesta, ese atreverse, es la que invita al investigador a explorar sobre la incógnita del tiempo y su identificación por medio de los diálogos. A través de la relación tiempo-diálogo podremos deducir cómo experimentan el tiempo los personajes de Elizabeth Schön, para luego de escuchar sus voces, obtener una perspectiva de la búsqueda de Elizabeth Schön como dramaturga.

En este trabajo se resalta al creador o dramaturga en su insistencia de poner lo convencional en «tela de juicio», la rutina, lo tradicional y formal son abolidos, de cierta manera, quizás, para representar distintas percepciones del mundo. Dicha hipótesis será discutida a través de fundamentos teóricos.

Basamentos que se darán en el marco teórico, para precisar una serie de conceptualizaciones del tiempo. Nociones filosóficas enunciadas por San Agustín, Bergson, y Heidegger interactuarán con los conceptos dramatúrgicos de Tiempo dramático y Diálogo estudiados por Pavis y Ubersfeld; estos nos ayudarán a concretar los diferentes conceptos y visiones sobre la temporalidad que son requeridos para la investigación.

Después del marco teórico, en un segundo capítulo, se investigará acerca de la estructura dramática y la semiótica teatral, requerimientos indispensables para el trabajo, y para comprender la configuración del tiempo en la dramaturgia. Estructuras y configuraciones que serán relacionadas con la obras Intervalo, La Aldea, Lo importante es que nos miramos, y Jamás me miró de Elizabeth Schön.

Elizabeth Schön y su dramaturgia será el tercer capítulo. Capítulo que le dará la bienvenida a los análisis de las piezas escogidas que conformarán el último capítulo. Sus argumentos y características principales, en especial el tratamiento de la discontinuidad, será el eje central del discurso de este último capítulo.

Serán capítulos que conformarán la investigación, la cual hace todo lo posible por evitar la especulación, sin embargo, es importante advertir, que de una manera u otra, el investigador aporta su percepción ante el problema estudiado. Visión que no se desvía de los basamentos teóricos utilizados en el trabajo.

Se hace esta salvedad, pues cualquier lector e investigador está expuesto a correr el riesgo de sumergirse en el «otro mundo» que ofrece una obra teatral o cualquier obra narrativa. A veces, esta relación intrínseca entre el estudioso y la obra conduce a la formulación de interrogantes; como por ejemplo: ¿Será la revelación en contra de los relojes una forma para que el hombre aprenda a ver el mundo de otra manera?

Esta es una de las inquietudes del investigador de este trabajo. Sin embargo, sus respuestas a tales preguntas son una serie de quizás.

Posibilidades múltiples de interpretación revelan el tema de la temporalidad. Tema que cuando se cuestiona invita a la reflexión y a través de su voz propia exclama que puede llegar a ser un problema vital, una forma de vida.

 I.1 Marco teórico

Es importante aclarar, antes de sumergirnos en la investigación acerca del Tiempo en la obra dramática de Elizabeth Schön, que el presente marco teórico cumple con el norte de estudiar, en principio, las concepciones filosóficas en torno al Tiempo enunciadas por San Agustín, Bergson y Heidegger, filósofos, de distintas épocas, que concibieron la noción de Tiempo como un problema indisoluble a la experiencia interna de vida. Cada uno de ellos aporta concepciones que se contraponen y complementan unas con otras, para así servir de herramienta en el estudio de la experiencia de vida en el tiempo dramático creado por la pluma de la dramaturga y poetisa Elizabeth Schön.

Schön en su obra dramática manifiesta, a través de los diálogos, cómo es la vivencia del tiempo en sus personajes, por tal motivo, diálogo y tiempo serán conceptos dramatúrgicos básicos para nuestra investigación, pues ambos elementos de la estructura dramática se alían para exponer la propuesta estética de Elizabeth Schön.

Su teatro ofrece unas nociones temporales que van más allá de lo cronológico , se sumerge en distintas maneras de ver al mundo. Un mundo donde el tiempo de la ficción , lo discontinuo , cobra fuerza y se identifica a través de la palabra y el proceso de comunicación entre la voces del dramaturgo, los personajes y el lector — espectador. Esa alternancia, esa complicidad, ese diálogo manifestarán cómo se experimenta el enigma del Tiempo en las obras Intervalo, La Aldea, Lo importante es que nos miramos y Jamás me miró.

Obras dramáticas donde la diversidad de tiempos podrán ser estudiados por el conocimiento de los enunciados filosóficos de San Agustín, Bergson y Heidegger , pues ellos están imbricados en la temporalidad dramática, en el tiempo de la ficción.

Un tiempo vasto en perspectivas, y por ende, complejo, laberíntico y colmado de interrogantes. Preguntas difíciles de responder por su condición cambiante, por su constante movimiento, su transformación y su tránsito fugaz en la vida del hombre . Un hombre que cuestiona el significado de lo temporal, del presente, del pasado, del futuro, de su duración en la vida o en el tiempo.

Un tiempo que para San Agustín es realidad vivible: Una realidad que se vive, se vivió y se vivirá, es decir, presente, pasado y futuro condujeron al filósofo a preguntarse ¿Qué es el tiempo? Ante esta interrogante la respuesta es : Si nadie me lo pide, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé.

No obstante, con seguridad digo que si nada pasara no habría tiempo pasado, y si nada acaeciera no habría tiempo futuro, y si nada hubiese no habría tiempo presente» (Confesiones, Capítulo XIV, 28). 

Pasar, acaecer y haber, son indicios de que la esencia del Tiempo es su capacidad de producir continuamente un pasado y un presente, mientras se prepara para el porvenir. El tiempo entonces se vive a través de sus cambios y transformaciones. Su duración es percibida o sentida en nuestros pensamientos, por nuestra mente pasa el tiempo, pero de forma fugaz, imposible de atrapar. Si se intenta se perdería por su movilidad. Los desplazamientos arbitrarios de los momentos temporales permanecen en nuestra conciencia, el futuro es lo que esperamos; el pasado es lo que se recuerda; el presente es aquello a lo que se está atento; futuro, pasado y presente aparecen como espera, memoria y atención.

Cada uno de esos estados son experiencias de vida, momentos temporales que dependen de lo interno del ser humano. Un hombre que transita sobre la movilidad de la línea del tiempo, para sentir sus transformaciones, sin importar el orden ni la medida de los intervalos.

El desorden de los intervalos pertenece al fluir interior de la persona y precisamente será allí donde se encuentre el tiempo real o como lo denominó Henri Bergson: Duración.

Bergson en su filosofía destaca la diferencia entre el tiempo y la temporalidad. Para él, tiempo es una sucesión homogénea por lo tanto cuantificable y medible. La temporalidad es en cambio heterogénea e individual es un tiempo de superposición, el cual imprime su marca en el individuo que lo experimenta, es decir, el tiempo real, su duración.

Henri Bergson comenta, en su texto La evolución creadora, que el organismo que vive es cosa que dura. Duración que es «una síntesis entre una multiplicidad de estados de conciencia sucesivos y una unidad que los liga « Fusión que se convierte en realidad, en una realidad que se aprehende desde dentro, por intuición y no por análisis Es nuestra propia persona en su fluencia a través del tiempo; es nuestro yo que dura. (La evolución creadora, p. 27).

El pensamiento de Bergson sobre la idea del tiempo propone una filosofía de la vida y de la vida como duración, movimiento y cambio. Transformaciones que estimularán a la apertura al yo profundo, a la irracionalidad, y a la imprevisibilidad.

Lo imprevisible nos acerca a lo discontinuo del tiempo vivido. Lo sentido en el fluir interno conduce a sustituir lo estable por lo móvil, lo continuo por lo discontinuo. Así pues, la noción de tiempo bergsonianas conduce al investigador a tener herramientas de análisis para una propuesta estética, un teatro, que no concibe la rigidez, sino se vuelca hacia lo fluido y elástico, hacia la representación del desorden y lo cambiante de los momentos temporales.

Estados del tiempo que pertenecen a la duración real, que para el filosofo Bergson es una incesante renovación de la conciencia, es una especie de libertad y espontaneidad. Por lo tanto, duración e independencia son inseparables, ya que la duración es devenir imprevisible y la libertad es un acto del pasar, del transcurrir de la vida. Una vida que se renueva y se expresa a través de la espontaneidad, para ofrecer la virtualidad de un pasado que se inserta en el presente. Un presente que ofrece a cada instante una invitación a los innumerables recuerdos que fluyen en el ahora.

El ahora pertenece al tiempo real, a la duración que es cambio incesante y memoria, es decir, conservación del pasado en el presente, enriquecimiento por el tránsito de los instantes que se condensan y se renuevan en nuestro pasar, en el tiempo interno del hombre.

Ese tiempo no sólo puede ser concebido en función del presente, pues el filósofo Heidegger ha interpretado al tiempo en términos de posibilidad o de proyección.

Heidegger, en su texto el Ser y el tiempo, estudia el problema del tiempo en varios capítulos: uno al llamado «tiempo vulgar», fechable, distendido y mundano. Otro, dedicado a la historicidad donde estudia al pasado mirando el porvenir, siendo esta la orientación de toda la obra. El capítulo de fondo sobre el tiempo mismo se llama «La temporalidad», capítulo base para este marco teórico, ya que Heidegger aclara que el tiempo no es la simple conexión: futuro-presente-pasado del tiempo en la acepción cotidiana. Por eso le contrapone la temporalidad, con el advenir-presentar-sido. Esto parece indicar, entonces, que Heidegger espera del advenir y sido más que un simple futuro y pasado; quizá una extensión del presente que los incluya, como decía Bergson con su Duración. El advenir no mienta aquí un ahora, que no se ha vuelto real, pero que llegará a ser, un buen día, sino el porvenir en que el ser ahí adviene a sí en su más peculiar poder ser... El pasado como un ya sido está condicionado por el porvenir porque, así como son auténticas las posibilidades que ya han sido, también ya han sido las posibilidades a las que el hombre puede auténticamente retornar y que aún puede hacer suyas.

El tiempo como advenir contiene varios elementos de gran importancia para la investigación, porque constituye otra manera de analizar el problema del tiempo. Elementos como la nueva manera de ver el tiempo, ya no como una estructura necesaria, como el orden causal del futuro, presente —pasado, sino a la estructura misma de posibilidad de pluralidad de órdenes.

Por otra parte, ese porvenir ,de acuerdo con Heidegger, está motivado porque el hombre está consciente de su muerte inevitable. Abandonado por Dios o por cualquier otra fuerza suprema y enfrentándose a la nada, está confinado a atreverse entre el trecho de su nacimiento y la muerte,camino por donde lleva la vida. Además estamos constantemente expuesto a tomar decisiones, que fuese la que fuese conducirá al misma conclusión: la muerte es inevitable.

Sin embargo el libre albedrío del ser le permite vivir su juego temporal antes de llegar al final del camino, es decir , el fallecer .

Entonces el no orden crea una estructura original para concebir o interpretar el Tiempo. Interpretaciones como la realidad vivible, la duración y el advenir ,se imbrican en la temporalidad dramática, una temporalidad mágica donde las convenciones cobran fuerza para manifestar que gracias a la ficción se puede experimentar el tiempo como vivencia. Vivencia expresada en los diálogos que transcurren durante el tiempo dramático.

Tiempo y diálogo serán conceptos dramatúrgicos fundamentales para la investigación . Consideramos importante partir del concepto de Tiempo, pues según autores como Patrice Pavis y Anne Ubersfeld, este es uno de los elementos principales del texto dramático. Es por tal razón, que en el marco teórico incluiremos algunas definiciones que sobre este punto han dado algunos teóricos como Pavis y Ubersfeld.

Para el primero, el tiempo posee un carácter ambiguo y de difícil descripción, pero para acercarse al enigma temporal toma como punto de inicio la doble naturaleza del tiempo: tiempo escénico y tiempo dramático. El primero se remite al «tiempo vivido por el espectador confrontado al hecho teatral, tiempo del acontecimiento, ligado a la enunciación, al desarrollo del espectáculo» (Pavis , 1998, p.-477) El segundo, el tiempo dramático, se remite al «tiempo de la ficción del cual habla el espectáculo, la fábula, y que no está ligado a la enunciación hic et nunc, sino a la ilusión de que ocurre, ha ocurrido u ocurrirá algo en un mundo posible, el de la ficción»(Pavis,1988,p- 477)

Una ficción creada por el teatro, una arte donde, según Anne Ubersfeld, « el tiempo no se deja captar con facilidad ni en el texto ni en la representación ... El tiempo en el teatro es a la vez imagen del tiempo de la historia, del tiempo psíquico individual y del retorno ceremonia». (Ubersfeld,1993, p.-145)

Ese carácter plural del tiempo conduce al lector- espectador a construir una especie de relación cómplice con la propuesta temporal de la obra de arte, pues en el caso particular de la presente investigación donde se estudia el tiempo como experiencia de vida, el tiempo vivido atrapa al estudioso para reflexionar en torno a la ruptura con la unidad clásica de tiempo, una unidad que al fracturarse y convertirse en discontinua ofrece la esencia autónoma del tiempo dramático.

Dicha autonomía se refleja en la «nueva realidad» creada de forma espontánea por la dramaturga en estudio. Poeta que concibe infinitos tiempos vividos por personajes libres, que transmiten su imaginación a través de sus historias y pensamientos autónomos. Lo emancipado le permite a Elizabeth Schön originar un tiempo teatral para su obra, desde una temporalidad interna sentida, manifestada en los diálogos de los personajes que se desarrollan en el universo de las obras dramáticas en estudio.

Obras que para ser analizadas, según nuestra propuesta : interacción diálogo-tiempo, necesitan de la conceptualización del elemento diálogo.

Diálogo que, según Bobes, en su libro Semiología de la obra dramática, « es la forma de expresión en la que dos o más sujetos alternan su actividad en la emisión y recepción de enunciados. El diálogo es forma única y obligada del discurso dramático ,porque es la forma en que pueden intervenir los personajes en la obra» (Bobes, 1987,p.- 117)

Obra que se nutre de los diálogos para estructurar una historia, exponer a unos personajes y manipular al tiempo. Un tiempo que se hace tangible a través de la palabra enunciada, a través del carácter comunicativo del diálogo. Un diálogo que expresa siempre en presente, y de forma directa.

El presente continuo del diálogo ocasiona una característica particular: la vivencia de la historia dramática. El tiempo presente es sentido por unos personajes que poseen un pasado que puede recordarse en el presente, es decir, vivirse actualmente en el ayer, en la memoria de los personajes que se comunican .

La comunicación entre los interlocutores le permite al lector espectador conocer, o indagar sobre el propio discurso del personaje, es decir, su habla es esencia interna particular que al exteriorizarse traduce estilos de vida en cada uno de los personajes. Entonces, podríamos decir que, personajes, diálogo y tiempo son elementos de la configuración de la obra que trabajan al unísono para manifestar una propuesta estética de un creador.

Dicha interacción del tiempo con los diálogos de los personajes es de suma importancia dentro de la obra dramática, puesto que mediante esta, el autor nos transmite el contenido de la obra.

Los contenidos de las obras en estudio, Intervalo, La Aldea, Lo importante es que nos miramos y Jamás me miró, manifestarán una temporalidad particular, pues la poeta Schön ha organizado, en una estructura que se aleja del estilo tradicional, las intervenciones de los personajes de acuerdo con la función y sentido general de la obra.

Ese alejarse de lo tradicional invita a conocer cómo ha sido el tratamiento estético del tiempo en un dramaturgo que valora la condición humana y su tránsito por el tiempo de la vida: Samuel Beckett.

I.2 Marco Referencial. El tratamiento estético del tiempo en Beckett

Interrogantes, transformaciones de lo clásico, caer en cuenta del lado variable y fluyente de la vida, y transitar los momentos, a través de la palabra, asumen gran importancia en la dramaturgia. Arte que ha reflexionado en torno a la posibilidad de trabajar estéticamente enfoques múltiples al problema del tiempo. La temporalidad manifiesta nuevas experiencias de vida. Vida que transcurre en el tiempo. Transcurrir que se problematiza y se agudiza en nuestra contemporaneidad, pues los dramaturgos se sensibilizan ante las distintas experiencias que sufre el ser humano durante el avasallante transcurrir del tiempo.

¿Cómo se vive el tiempo? y ¿cuáles son las consecuencias que trae el transcurrir? Podrían ser algunas de las interrogantes que despiertan la creatividad del dramaturgo, para originar una obra artística que cuestione, de una manera particular, la idea del Tiempo. Idea que se ha profundizado y ha cobrado gran significación como propuesta estética, pues no sólo el carácter misterioso del tiempo ha invitado a la esfera filosófica a investigar su hábil esencia, sino que esa particularidad, ese enigma que lo caracteriza ha motivado a algunos creadores a sumergirse en lo inasible del tiempo.

Lo que sucede en las dimensiones temporales está presente en el teatro de infinitos dramaturgos; como por ejemplo: Ibsen, Chéjov, Maeterlinck, Pirandello, Beckett, entre otros, que reconocen como eje central al tiempo mismo, donde se sumergen los seres y las cosas para caer en cuenta de la diversidad de instantes inasibles del suceder, que no hay formas perdurables, fijas y constantes, es decir, se puede jugar con las manecillas del reloj.

Pero consideramos a Beckett como el mayor exponente que profundiza el problema del tiempo y su relación con la condición humana, es decir, con el tiempo como realidad vivible, como duración de vida. Sin embargo, consideramos importante aclarar que no pretendemos expresar que Elizabeth Schön haya recibido algún tipo de influencia de la dramaturgia de Beckett, sino que aspiramos revisar cómo se manifiesta la incógnita del tiempo en un dramaturgo que valora interioridad del ser y no se preocupa por lo externo. Este tratamiento estético del tiempo que proclama Beckett nos consolidará fundamentos para comprender la discontinuidad del tiempo en el fluir de la consciencia del hombre.

Ahora bien, ¿por qué la relación tiempo-duración en Beckett? Luego de una difícil lectura del texto The theater of the absurd, de Martin Esslin, pudimos conocer que durante el año 1930-31, Beckett, catedrático del Trinity College de Dublín, dicta conferencias sobre la filosofía de Henri Bergson.

Influenciado por las ideas bergsonianas sobre el tiempo, Beckett publica un trabajo sobre las ideas del tiempo en Proust: Proust and three Dialogues with George Duthuit (1931), en donde profundiza el efecto del tiempo en el individuo. No obstante, está en la búsqueda de su propia concepción sobre el tiempo.

Señala Esslin algunas ideas de Beckett en el estudio de Proust, y citaremos lo siguiente —la traducción al español es nuestra— «... No podemos escaparnos de las horas, y los días, ni del mañana ni del pasado, porque el pasado nos ha deformado o ha sido deformado por nosotros... El Pasado no es un hito superado en el camino, sino un signo en el vencido transcurrir de los años que irremediablemente parte de nosotros, dentro de nosotros, pesada y peligrosa. Nosotros no somos simplemente débiles por la acción del tiempo sino que somos otros no más allá de lo que éramos antes de la calamidad del pasado...» (ESSLIN, 1968,49)

Siguiendo el pensamiento de Beckett podemos deducir que el fluir del tiempo nos conduce al problema de la existencia humana, pues como mencionábamos en el marco teórico al hablar de Bergson, el individuo está sujeto a constantes transformaciones en el tiempo, por tal motivo no somos nunca idénticos en los momentos de la experiencia de vida.

Continuamos esta idea de Beckett con su obra Esperando a Godot. Aquí observamos un cambio gradual en la actitud de los protagonistas frente al tiempo. En Esperando a Godot , Vladimir y Estragón quieren ignorar el tiempo y el espacio; paradójicamente, disponen de una infinidad de tiempo, el cual tratan de llenar con actividades triviales para hacerlo pasar con mayor rapidez. Sus otros dos personajes, Pozzo y Lucky, quieren valorizar al máximo el tiempo. Especialmente Pozzo, hombre de acción que vive pendiente de su reloj, el cual pierde misteriosamente durante el I acto. En el II Acto; al quedarse ciego, no quiere que se le recuerde el tiempo cronológico, mientras Vladimir y Estragón siguen en su infinita espera.

Al respecto señala Esslin que a lo largo de nuestras vidas nosotros siempre esperamos algo, y Godot simboliza el objetivo de nuestra espera. Sobretodo es en el acto de la espera que se experimenta el flujo del tiempo en su forma más evidente.»...Si nosotros somos activos tendemos a olvidar el paso del tiempo, es decir, nosotros pasamos el tiempo; pero sí nosotros estamos pasivamente esperando, somos confrontados con la acción del tiempo mismo» (Esslin, 1968,49)

Entonces estudiar a Beckett, mediante Esperando a Godot, nos conduje a pensar la espera como experimento del tiempo y su constante movimiento.

Cambio que, como hemos dicho anteriormente, es heterogéneo porque la vivencia de cada instante se inmiscuye en la vivencia de otro instante. Una vivencia del pasado se fusiona con una vivencia presente, generando, así un tercer instante distinto a los otros anteriores.

Lo discontinuo cobra fuerza en la imbricación de momentos heterogéneos. Momentos que vistos a través de Beckett nos amplia la panorámica del tratamiento estético del tiempo en Elizabeth Schön.

Tanto Beckett como Elizabeth Schön, rompen con lo convencional del tiempo. los planos temporales varían en su continuidad, los pensamientos más dispares se suceden, se interrelacionan, se manifiestan en obras donde la espontaneidad creativa de los dramaturgos se hace presente.

Ahora bien, para poder indagar sobre las relaciones y disposiciones de la discontinuidad del tiempo en la estructura autónoma y particular creada por Elizabeth Schön, debemos partir por el conocimiento de la estructura en el texto dramático, para luego adentrarnos en la relación entre los diálogos y el tiempo como elementos conformadores de la estructura dramática.

Dicha estructura tiene un significado que intentaremos descubrir mediante una parte de la herramienta semiológica. Todos sabemos que la semiología en el teatro es bastante subjetiva y riesgosa, pero sólo la utilizaremos para analizar el proceso efectivo de comunicación que proporcionan el discurso de los personajes.

Ante lo mencionado, debemos participar que Estructura y Semiótica serán dos métodos para acercarnos al estudio del tiempo en la obra dramática de Elizabeth Schön.

Estructura y Semiótica: dos métodos para aproximarse a una investigación sobre el tiempo.

Adentrarse en el tratamiento del tiempo en la obra dramática resulta complejo e interesante, sobre todo cuando se pretende analizar cómo las relaciones el tiempo dramático con los diálogos crean características peculiares en la configuración de la obra.

La complejidad radica en que para interpretar el tiempo dramático es necesario saber qué función tiene en la obra y que significa. Para conocer su funcionalidad es pertinente emplear como punto de partida en el análisis, el método estructuralista, pues es a través de éste enfoque que se desconstruye la estructura dramática para descubrir sus razones determinadas, no azarosas, es decir, su misión.

Misiones como las del tiempo dramático, quien tiene la posibilidad de manifestarse mediante distintos elementos conformadores de la estructura dramática: diálogos, acción, personaje y espacio. Este poder que tiene el tiempo dramático de interactuar con los demás elementos invita conocer cuál es su función con respecto a su relación con el diálogo.

Ahora bien, luego de conocer la función del tiempo en la estructura dramática pretendemos captar ¿A qué nos remite la relación tiempo-diálogo en la obra dramática de Elizabeth Schön?

Para responder esta pregunta debemos emplear en la investigación el método semiológico, pues a través de éste podemos estudiar el proceso de comunicación dado entre los personajes que viven en el tiempo de la ficción. Por tal motivo, en la metodología que se utilizará habrá una combinación de métodos, pues uno se complementará con el otro, ya que ambos enfoques incursionan en la deconstrucción de la estructura dramática.

En el análisis estructural se nos hace imprescindible, para determinar el marco temporal, descubrir el inicio, los primeros indicadores temporales dados en las acotaciones, la voz del dramaturgo, y en las primeras enunciaciones de los diálogos de los personajes. Voz del autor y de personajes interaccionan para construir signos temporales en la configuración de la obra. Estos signos indican el pasado, su juego con el presente, y la transposición de planos temporales.

¿Pero dónde hallamos estos primeros significantes? La búsqueda nos conduce al discurso de los personajes, pues es allí donde encontramos la progresión de la acción, el aceleramiento y retroceso de la vivencia temporal, es decir, cómo pasa el tiempo en la obra.

Ese transcurrir del tiempo, de lo complejo pasa a lo interesante, pues en él hay una imbricación de lo imaginado, de los sueños, del «espesor vivencial « al cual hace referencia Bergson, del advenir que proclama Heidegger, para adentrarnos en la cualidad relativa del Tiempo.

Dada esta imbricación de nociones acerca del Tiempo, el investigador se basará en las nociones filosóficas enunciadas en el marco teórico y las deducirá a través del estudio del tiempo dramático en la propuesta estética de Elizabeth Schön.

Propuesta que para ser comprendida requiere de una metodología que estudiará la noción estructura en el texto dramático para así tener un criterio en el estudio de dos de sus elementos como son el tiempo y los diálogos.

Sobre la estructura del texto dramático

El texto dramático pertenece al trabajo intelectual íntimo de un creador. Por tal motivo, por ser la realización y distribución del «corpus dramático» un hecho personal, la estructura ha dado los distintos requerimientos que le han impreso los autores dramáticos. En ese sentido, se podría entender por estructura como el sistema que le permite al dramaturgo pensar en el tipo de necesidades del cual procede la obra, lo que hace que ella sea tal no por aventura sino por razones establecidas de acuerdo con la búsqueda, el interés, del artista.

No podemos olvidar que desde Aristóteles se ha tomado en cuenta el estudio de la estructura del texto. De allí se parte para construir las normativas. Las unidades de lugar, tiempo, y acción- atribuidas a Aristóteles- han tomado diferentes formas y preponderancia para definir el drama.

El tiempo es parte importante de la estructura de la obra pues él cumple la función de enmarcar la temporalidad del discurso y las acciones. Según Patrice Pavis, es el tiempo de la ficción. Tiempo que está sujeto a cualquier cambio, dependiendo del discurso del personaje. Personaje que puede manipular el tiempo según sus requerimientos. Necesidades dados en función del tipo de drama.

    ...Este tiempo de la ficción se expresa con los medios utilizados por el discurso verbal para situar en el tiempo él tema del universo simbolizado... (Pavis, 1998,78)

Ahora bien, cómo abordar la configuración del tiempo en el texto dramático. Tal aproximación puede lograrse por medio del estudio de la longitud del tiempo: Años, horas y minutos; o a través de la «duración», teoría bersogniana, que trabaja conjuntamente con la «extensión». La duración se puede medir de acuerdo a su modalidad.

La modulación del tiempo en nuestra investigación está dada por la discontinuidad y por la aceleración o desacelaración. Pueden existir en una obra teatral, largas o breves segmentaciones, rupturas o flashbacks, situaciones inesperadas o previstas que se pueden captar en un análisis estructural. Es gracias al sistema de interacción existente entre los elementos de la estructura que se puede captar el tiempo en el texto, pues este se hace tangible a través de los demás elementos de la configuración.

En dicho análisis es necesario observar el inicio donde aparecen los primeros indicadores para el estudio temporal, sobre todo en la exposición de los personajes por medio de sus diálogos. Diálogos que señalan el tiempo. También otro indicador temporal está en las acotaciones del dramaturgo.

La exposición y las acotaciones o didascalias tienen la facultad de indicar el pasado como algo perdurable en el presente. Indicación dada por el pasado del personaje que vive una época o varías. Épocas o momentos temporales que a pesar de indicar un ayer están en el tiempo presente y directo del teatro.

En las didascalias los momentos temporales están señalados por modificación de decorado, cambio de horario o fechas, y el paso del día a la noche. Pasos que pueden ser cortos o largos, no sólo del día hacia la noche, sino de un siglo a otro. Son distancias temporales que desordenan lo habitual de la cronología. Trastrocamiento con la unidad de tiempo que invita al lector a enfrentarse con lo que se le expresa en la obra, Discusión que conduce a la atención y meditación sobre los intervalos. Meditación que sirve para comprender la autonomía del texto dramático, Autonomía que se rebela en contra de la linealidad temporal donde no hay novedad y todo es racional, donde no hay cabida a la ruptura de lo convencional.

La efectividad de la estructura estará vinculada con el objeto que haya planeado el autor. Éste puede tener sus propias normas para la construcción de la obra. En el caso estudiado, la propuesta de Elizabeth Schön a través de las piezas Intervalo, La aldea, Lo importante es que nos miramos y Jamás me miró, las normas personales de la dramaturga conducen un teatro que ha incorporado sus propias nociones temporales, como por ejemplo: la discontinuidad, que van más allá del orden que impone lo cronológico. 

Sobre la semiótica en el texto dramático

Analizar y describir un texto dramático supone un amplio conocimiento, por parte del investigador, de varias herramientas metodológicas fundamentales para lograr explorar su objeto de estudio. Por tanto, es necesario explicar uno de los métodos que se utilizará en nuestra investigación. Investigación que pretende adentrarse en el universo de los significados, establecer el sistema de signos textuales que faciliten la construcción de un «sistema» significativo preciso. Para intentar alcanzar la concreción en el estudio del proceso de comunicación e interacción entre el elemento tiempo y los diálogos de los personajes y aproximarse ¿a qué nos remite el Tiempo dramático? se emplearán algunas nociones de la esfera semiótica.

A dicha herramienta metodológica se le ha reprochado su intento de «precisar» al texto, sin embargo, es enriquecedor tal formalismo, pues el investigador puede descifrar el proceso de comunicación del texto y construir el sentido, sin obviar el placer estético.

Goce artístico que se relaciona íntimamente con las leyes de la semiótica. Tal fusión permite que el investigador, mientras lee un texto dramático, se detenga en los puntos relevantes y en los pormenores, con una atención determinada desde el mundo de los signos del texto.

El texto arraiga en el signo escrito. Dichos signos usuales con los de la literatura general; también los códigos se relacionan con todo lo escrito. Al respecto, comenta Castagnino Raúl que, «... En el orden lingüístico, según Saussure, el signo es la combinación del concepto y de imagen acústica...». El signo designa, constituye su contenido con la intención de comunicar un sentido. Establecido un signo comienza ser parte de un código ajustado a un sistema. «Código es convención; sistema, el conjunto de signos estables y constantes, la articulación u organización de los elementos convencionales en la comunicación. La relación comunicativa se basa en la función referencial del signo». Diversas referencias y connotaciones , relaciones y disposiciones de sentidos , precisamente se encuentran en el texto dramático.

El texto dramático instala el trayecto entre el emisor productor (autor) y el receptor (el lector-espectador). Según Mukarovsky, en su libro Arte y semiología, el autor crea en su obra un símbolo sensible que parte de un significado estético el cual se inscribe en el pensamiento del receptor.

Será en los diálogos de los personajes donde hallemos los significados de su contenido, pues en cada uno de los discursos se captan una serie de descubrimientos expresivos, donde la plasticidad de los significantes temporales cobran un lugar relevante en la comunicación, en el estilo del texto, pues es éste el que ayuda a percibir, hasta en una palabra, lo que se deduce de los diálogos presentes en el texto.

Sastre, en su libro Drama y sociedad expresaba que, un valioso lenguaje dramático era siempre el compendio en pocas y sagaces palabras de lo que cotidianamente en la vida se expresa confusa y dilatadamente.

Pero al insertarse en la investigación sobre el discurso teatral caemos en cuenta de que es discurso de un «emisor-autor» y también de forma imbricada, de un «emisor-personaje». Entonces, nos tropezamos en el análisis con discurso bifurcado cuyo enunciador es el personaje. Autor y personaje serán dos conjuntos diferentes. el primero comprende las didascalias, el segundo, abarca el conjunto de los diálogos.

Ubersfeld señala que existe un discurso productor o relator cuyo remitente es el autor; y un discurso producido cuyo locutor es el personaje.

El discurso del autor te invita a develar la intención de sus expresiones, expresiones que conducen a conocer qué dicen los personajes, qué significa esa expresión del autor en el enunciado de un personaje. Antes de hallar el significado de la intención del discurso, el lector hasta podría preguntarse quién habla.

Pregunta quizás fuera de lugar, pero necesaria para darse cuenta que ambos están presentes. Mientras el texto dramático es discurso de un « sujeto-autor «que se niega a sí mismo y se convierte el discurso en un «discurso sin sujeto» (Ubersfeld. Semiótica teatral, p186). Por tal motivo, al estudiar al tiempo dramático a través de los diálogos tenemos una visión de la propuesta de Elizabeth Schön, pues las voces de los personajes nos invitan a reflexionar en torno a la concepción de mundo de la poetisa.

La ausencia de sujeto se apodera de las voces del autor y del personaje. Autor y personaje, ninguno de los dos se separa; ésta fusión permite estudiar al discurso obviando el problema de la «subjetividad individual»

Lo que nos interesa es analizar el anuncio del discurso de los personajes y su relación con el tiempo vivido, qué nos informa, veremos al discurso como herramienta de conocimiento.

Para poder percibir lo que nos deja el Tiempo como experiencia de vida, es preciso darle una relevante importancia a los diálogos, pues ellos son los que nos ayudarán a construir un sentido. Sentido que nos atrae a las siguientes preguntas: ¿a qué nos remite el diálogo entre los personajes? ¿Cómo subrayan un aspecto específico en la comunicación? ¿Qué contenido trae el enunciado?

¿Qué comunica el objeto de estudio? Varias pueden ser las respuestas a esta incógnita, pues mirar la investigación bajo una óptica semiótica nos revela que la información no es estática, sino que los códigos e ideologías se mueven y se descifran en distintos códigos y diferentes ideologías. Analizando y describiendo lo que nos ofrece la obra teatral, podemos percatarnos de otras formas de ver al mundo. Umberto Eco nos expresa en su libro La Estructura Ausente que dicha perspectiva con «nuevos ojos» podría construirse en modelo.

Patrón o ejemplo que forma nuevos usos en la orientación de los códigos y de las ideologías. Posteriormente, tendremos como habitual pensar como lo expresa la obra, pues el lector recibe el «nuevo universo» que le comunica el autor. Señala Eco que cada interpretación da origen a nuevos mensajes, los cuales entran y enriquecen nuestros códigos y nuestros sistemas ideológicos.

Enriquecimiento que obtenemos al descubrir y al identificar los distintos anuncios que posee la obra dramática de Elizabeth Schön. Obra con infinidad de propuestas. Invitaciones que llevan a revalorizar el nivel comunicativo del teatro. Cada enunciado fortalece la actitud del lector-espectador respecto a lo que expresa. También permite divisar en el tratamiento discontinuo del tiempo esencias que se manifiestan, que quizás habían sido ignoradas.

Nuestro objeto de estudio, el tiempo, se ha manifestado y ha originado varias polémicas y una extensa bibliografía en que se le estudia desde diversos puntos de vista. Por su carácter apasionante y enigmático se hace enriquecedor el inmiscuirse en su intimidad. ¿Cómo se vive el problema del tiempo? Nos parece especialmente atractiva nuestra investigación, porque la incógnita se suscita con la discontinuidad temporal.

Oquedad temporal que lleva al lector a redondear una relación temporal, donde se pretende escapar del tiempo categorial de la cronometría y la datación para instalarse en la excepción, es decir, en la construcción particular de otro tiempo.

La ruptura con la unidad de tiempo invita a indagar qué insinúa, qué promete con los intervalos, con la autonomía del tiempo como propuesta estética. Propuesta que considera inadmisible la unidireccionalidad del antes, ahora y después.

Con el juego temporal que realiza el dramaturgo, permite que un tiempo que fluye «aparentemente « de forma natural sea «interceptado» por un tiempo que desarma lo convencional de la cronología, reconstruyéndolo en la forma de un cronómetro especial donde el antes y el después transforman sus significados. Transformación que hace ver el mundo con otros ojos, a descubrir en el discurso de los personajes, en sus diálogos, sus significantes temporales.

Diálogos que harán al tiempo tangible al lector espectador. Su condición comunicativa servirá de herramienta para proponer una aproximación al estudio del tiempo y su interacción con la palabra poética creada por Elizabeth Schön.

El estudio de la interacción Tiempo- diálogo, conduce a mirar desde otro ángulo la propuesta estética de Schön. El tiempo discontinuo, palpable a través de la palabra de los personajes, es una manera de conocer la totalidad de las obras seleccionadas para el estudio: Intervalo, La Aldea, Lo importante es que nos miramos y Jamás me miró. Dicha totalidad de la obra se remite, según nuestro criterio, a concebir el tiempo como experiencia de vida, como otra manera de ver el mundo.

Un mundo visto bajo una particular manera de sentir el tiempo. Ese sentir temporal, ese tiempo vivido por los personajes, el investigador lo capta a través de los diálogos.

Los diálogos creados por Elizabeth Schön, además de tener una belleza verbal, hablan acerca de la temporalidad del personaje, en presente; pero los personajes de Schön tiene como referencia a la persona que cuenta con un pasado o un devenir y que se incorpora al presente a través de la palabra del diálogo.

Dicha condición del tiempo presente del diálogo, no es limitante para el investigador, sino es atrayente, pues el lector- espectador tiene la posibilidad de preguntarse ¿se puede vivir un ayer y un mañana, hoy?. El ahora del personaje, específicamente el de Schön, no tiene una duración medible, objetiva, sino, al contrario, es autónomo, no se rige por el cronómetro. El tiempo, por ser discontinuo, se rige por su propio fluir y su posibilidad de transformación, es decir, lo temporal está abierto al tiempo interno del hombre.

Tal apertura le permite al dramaturgo, incluir en el tiempo presente de la palabra del diálogo un pasado o un futuro. Momentos temporales que conforman la realidad vivible o el advenir del personaje.

El personaje juega con su fluir interior y convierte en dramático su pasado al expresarlo a través de la palabra presente de los diálogos. El habla de los personajes de Elizabeth Schön nos atrapa por transmitir sus experiencias vividas en su tiempo, es decir, en el presente de la temporalidad teatral.

El tiempo dramático al ser comunicado por medio del discurso de los personajes nos invitará hacia una reflexión en torno al por qué de lo segmentado, de lo discontinuo, que quiere decir, la autora con los vacíos temporales.

La discontinuidad del tiempo en las obras Intervalo, La Aldea, Lo importante es que nos miramos y Jamás me miró, denota la ideología de la creadora, una poetisa que no intenta que su marco temporal sea reproducción del marco cronológico, sino que el tiempo se desliga de la «realidad» para buscar otro sentido del tiempo. De esta manera, las obras adoptan formas diversas para enunciar su manera de vivir el tiempo, una de ellas es la nostalgia o el recuerdo.

El ayer se convierte en estética y propone el cambio y el movimiento del tiempo dramático, para acercarse al tiempo interno del hombre. Un hombre que será visto por el investigador a través de la palabra manifestada en las diversas obras estudiadas. Cada una de ellas remitirá a un acercamiento hacia la propuesta artística de Elizabeth Schön. Una creadora que valora la palabra del discurso de los personajes y gracias a ello logra que el tiempo de lo abstracto pase a lo tangible.

El discurso de los personajes: una polifonía de voces con significantes temporales

Cada discurso de los personajes es un enunciado que nos aproxima al entendimiento de ¿Cómo pasa el tiempo dramático?, ¿Cuál es el tiempo que viven los personajes? Estas dos interrogantes invitan al investigador a prestarle suma atención a cada uno de los discursos(a la polifonía de voces), pues estos nos comunican cuál es el tiempo que se «vive» en la obra.

Gracias a esta «polifonía» es que pueden intervenir los personajes en la obra a través del diálogo. Diálogo que es directo, que avanza mediante secuencias expresas por varios enunciadores. Voces que interactuan a través de la palabra.

Palabra que le anuncia al lector-espectador la dirección del tiempo en la obra, pues, esta nos ubica en la situación, en el momento donde se encuentra el personaje. Esto quiere decir, que el discurso de los personajes nos conduce a un contexto referencial con respecto a los momentos temporales de la obra. En cada momento el personaje habla y le comunica al lector-espectador puntos concretos que se producen en su espacio- temporal, en su cuarta dimensión.

Dimensión donde se crea un binomio entre la palabra — los diálogos - y el tiempo dramático (palabra-tiempo). Este binomio en la obra dramática será utilizado por el autor como una forma de expresión para construir la historia de los personajes y su relación con la manipulación del tiempo y el espacio.

Historias de personajes en el tiempo serán pues, datos informativos que aparecen a lo largo de la obra conformándose poco a poco en una gran unidad significativa para el receptor.

Este signo global se crea con la enunciación de los personajes y el tiempo que discurre en su momento. Cada voz tiene una relación perenne y necesaria con su propio discurso, con su voz interna que se convierte en el centro del fluir íntimo del tiempo, pues cada discurso que mantienen los personajes se hace con su propia palabra. El diálogo dramático crea su propia referencia: el momento temporal. Dimensión generada por el mismo discurso.

Al respecto, señala Eduardo González en su libro Alejo Carpentier: El tiempo del hombre, lo siguiente: «... existe una dialéctica de la palabra que asigna a cada palabra una dimensión interna de multiplicación: cada palabra se proyecta como desde un centro y se relaciona con el todo...»

Totalidad conformada por momentos temporales que anuncian la progresión de la acción, el paso del tiempo y la sucesión de acontecimientos, de momentos que hablan para expresar una visión de mundo creada por Elizabeth Schön.

Una dramaturga que mediante su palabra poética juega con las manillas del reloj.

El tiempo como elemento inasible es propuesto a través de la palabra de Elizabeth Schön como diversas percepciones del mundo. Un mundo que brinda experiencias que transcurren de múltiples maneras durante en el camino de la vida. Un camino discontinuo, donde el reloj y el calendario cobran su propio sentido autónomo para expresar que se puede jugar con las manillas del reloj.

Elizabeth Schön: Una dramaturga que juega con las agujas del reloj

Elizabeth Schön forma parte de un grupo de creadores venezolanos que contribuyeron a dar un gran auge al teatro de los años sesenta. La contribución de Elizabeth Schön fue la de ir más allá de los problemas sociales hacia el planteamiento de temas de tipo imaginario y hasta metafísico.

Temas que propone Schön para revelar una «realidad» más rica y compleja, un teatro que implique un alejamiento de lo cotidiano y circundante como resultado imprescindible de una manera diferente, auténtica, de ver el mundo. Lo auténtico en el sentido de interrogar los distintos niveles de realidad en el cual se mueve el ser humano. Un hombre que, a través de la palabra poética de Schön, demanda la libertad imaginativa, el juego, ante el rígido orden de lo racional.

La acción de jugar implica obviar el orden, lo estricto, para distinguir al desorden. Valorar el « desorden» conduce al artista, en este caso a Schön, a un desprendimiento con el orden tradicional, que el creador del realismo, creía inmutable y definitivo. Tal objetividad producía una visión rigurosa, exacta del mundo que se puede observar en el teatro de estilo realista.

Pero el teatro de Elizabeth Schön, mediante la discontinuidad temporal, coloca por un lado la realidad visible regida por la vida cotidiana. Una realidad que se entiende sin mayor dificultad. Por otro lado hay una realidad vivible, como señalaba San Agustín en sus Confesiones, que está abierta a la imaginación y a lo supuestamente ilógico. A través de lo discontinuo del tiempo en su obra, Schön trastoca lo habitual para descubrir lo desconocido, en este caso la investigación se enfoca hacia el fluir interior del tiempo vivido en la obra dramática.

El tiempo interior juega con las agujas del reloj para mostrarnos personajes multifacéticos que durante una tarde cualquiera pueden dialogar con seres invisibles, cambiar de viejo a niño y/o de escritora a trabajadora de una fábrica de jabón.

La multidimensionalidad de los personajes de Schön es un rasgo característico de su obra ,pues, al vivir sin atadura cronológica, sería imposible limitarlos a un carácter único. Lo unívoco no tiene cabida en la calidad poética de la obra de Elizabeth Schön.

Una obra que se detiene en cosas aparentemente usuales, elementales, como por ejemplo el mirar y el comunicarse, pero lo supuestamente sencillo es visto por el dramaturgo desde una perspectiva distinta a lo cotidiano. A través de un diálogo o una mirada el lector-espectador puede sentir el cambio y la transformación del tiempo.

Partiendo de este comentario acerca de la particular manera de ver y sentir lo temporal, podemos decir que Schön, a través de ambientes y situaciones sencillas, propone cosas místicas para constituir con su teatro una postura diferente ante la concepción tradicional del estilo realista y genera su propia poética.

Lo poético en la obra de Schön permite establecer, a través de la anulación del calendario y el tictac del reloj, distintos niveles de realidad y percibir los posibles nexos que hay entre ellos. Quizás por ser poetisa, Schön manifiesta en sus obras su percepción del mundo de manera profunda, puesto que busca mediante la imaginación ir más allá del mundo apariencia, desconectar la estructura pasado-presente-futuro y descubrir nexos profundos entre las cosas más sencillas del universo.

Sencillez que le permite a Elizabeth Schön crear un mundo de ficción que se vincula a través de un núcleo inicial de personajes, de ambientes que se repiten a lo largo de su obra. Así, La Mujer, La Vieja y el Hombre, estarán presentes en las obras escogidas.

Al igual que los personajes, los ambientes se parecerán unos con otros, un salón y una plaza enmarcarán el espacio donde se desarrolla la ficción. El salón y la plaza son para Elizabeth Schön un espacio interior que no tiene límites y se abre a las posibilidades de transformación que propone lo discontinuo del tiempo.

Un espacio interior que se disfraza gracias al mundo ficcional del teatro y transmite verdades ignoradas por el mundo cotidiano. Al respecto, Eugene Ionesco en el texto Notas y contranotas dice «... siempre pensé que la verdad de la ficción es más profunda, está más llena de significado que la realidad cotidiana. nuestra verdad está en nuestros sueños, en la imaginación... (Ionesco, 1965:13-14).

Una imaginación que le permite a Schön proponer al Tiempo como cambio, como enunciado de distintas maneras de experimentación. Experimentar vivencias a través de la ficción del teatro de Schön conduce al lector espectador a convertirse en cómplice de ese vivir en el tiempo o estar en él.

Cómplice de la dislocación de la «realidad» a través de la percepción del tiempo discontinuo de la ficción. El lector-espectador ve sin asombro que los acontecimientos o situaciones extraordinarios ocurren con la más completa naturalidad. Dicha aceptación proviene de la apertura de la obra que no se limita a lo coherente del cronómetro, sino que se abre hacia una realidad más amplia. Así pues, entendemos que el juego con las agujas del reloj no es un simple recurso dramático sino como manifestación de una manera de percibir la realidad en forma más amplia que la de la coartante cotidianidad.

Es a través de esa apertura creada por Schön que nos atrevemos a decir que en Intervalo, La aldea, Lo importante es que nos miramos y Jamás me miró , existe un compromiso particular de enseñar a transformar la visión del hombre en el mundo que va más allá de cualquier rutina cotidiana.

Al respecto, comenta Susana Castillo en el texto El Desarraigo en el teatro venezolano, que «... Elizabeth Schön ha escogido la vía de la exploración de la interioridad humana como forma de expresión, y el alejarse del realismo escénico - como ningún dramaturgo venezolano- es porque la autora cree que el hombre debe conocerse primero a sí mismo para poder evolucionar... (CASTILLO, Susana, 1980,123)

Evolucionar a través del reconocimiento de la transformación interna conduce a reflexionar en torno a lo no continuo, a lo inconexo como una vía de intervención en lo profundo de los momentos temporales en el transcurrir de las vivencias.

Un transcurrir donde Elizabeth Schön puede transmitir ideas, sentimientos, de manera implícita más que a través de afirmaciones directas. Schön a través de las obras Intervalo, La aldea, Lo importante es que nos miramos y Jamás me miró, proclama que la imaginación es un modo de interpretar el mundo.

Dicha interpretación que aporta Elizabeth Schön a la dramaturgia venezolana, nos hace entender su tarea creadora como la búsqueda incesante de un espacio de escritura en donde el texto dramático renuncia a su nivel denotativo, a la lógica, a favor de la ley de los impulsos, impulsos que crean su propia estructura temporal, la cual conduce a los personajes más allá del ambiente que los rodea.

Schön, al ir más allá del entorno limitado, se aleja de la concepción mimética de la realidad para ocuparse más que de un contenido temático, del proceso de producción estético de las obras. En estas obras se producen, por su particular manera de ver al mundo, un metalenguaje que abre otro espacio, un ámbito personalísimo de creación en el que se disuelve el personaje de carácter preciso, los límites tempo-espaciales, la dicotomía ficción —realidad en textos en los que se cuestiona la objetividad radical y exclama la búsqueda del fluir interior del hombre.

Cuestionar por medio de lo inconexo, la metamorfosis de la temporalidad, lo observamos en Schön, quien a través de sus obras presenta un cambio gradual en la actitud de los personajes frente al tiempo. Lo particular de este cambio es que no es progresivo, en una sola vía, sino que Elizabeth Schön nos sorprende con su valentía de regresar a una actitud anterior como quien intenta un camino nuevo. Schön en su inquietante búsqueda por plasmar el fluir del tiempo en el individuo, da muestras de su creatividad atreviéndose a exponer el enigma del tiempo. La dramaturga presenta a sus protagonistas en una mezcla de momentos temporales discontinuos.

Pasado, presente y futuro se entrelazan, confundiendo tanto al lector-espectador como a los protagonistas. Schön propone, mediante la obra, desligarse así de la cronología del tiempo convencional, para situar tanto a los personajes como al lector cómplice en una ambigüedad de tiempo, es decir, la convención que logra la magia del tiempo teatral.

Valorando la participación del lector espectador en el proceso de comunicación entre texto-lector, nos atrevemos a considerar que este juego temporal implica una nueva concepción a la hora de la lectura, ya que las obras de Schön no permiten que el lector —espectador construya un sentido unívoco guiado por la sucesión cronológica de los hechos o un personaje con identidad definida, sino que abre el camino hacia la interpretación, a la posibilidad de crear un sentido plural.

En Intervalo, La aldea, Lo importante es que nos miramos, y Jamás me miró, todo lo expresado se pudiera convertir en misterio a descubrir, en vacilación a la que el lector-espectador tiene acceso a través de los indicios, de sugerencias que remiten constantemente al texto y exigen una lectura más atenta de sus enigmas. Enigmas cuestionados como la discontinuidad del tiempo permiten preguntarse a través de lo temporal cuál es el sentido del advenir y de la vida del hombre.

Una vida trabajada estéticamente donde lo abstracto y lo concreto, es decir, el tiempo de la ficción y el tiempo presente de los diálogos se fusionan para resaltar la ambigüedad, lo no continuo, el alejamiento de la perspectiva objetiva. Tanto Ella, La Mujer, La Vieja y El Hombre se convierten en significantes en sus permutaciones y transformaciones constantes durante su tránsito por la experiencia del tiempo vivido.

En este sentido, la imprecisión y ambigüedad del mundo que se crea en las obras de Elizabeth Schön en el que predomina la sencillez de los esbozos de personajes, situaciones y ambientes, converge el nacimiento de un mundo de ficción en el que lo que se representa es la espontaneidad de una experiencia subjetiva y no la representación objetiva de un mundo concreto y real.

Sin embargo, la concreción se hace directa en el tiempo presente del teatro, un tiempo que entra en el sistema de convenciones del lector —espectador y logra causar la magia y a la vez en entendimiento de la propuesta estética del dramaturgo. En las obras escogidas para la investigación existe una comunicación entre el «desorden» del tiempo de la ficción y el «orden» del tiempo presente del teatro, pues se toma conciencia de que el ayer pertenece al ahora y del carácter discontinuo del tiempo de la conciencia que rememora.

El tratamiento de la temporalidad, elaborado por Schön, nos conduce a indagar en una nueva manera de formar, de construcción estética. La estructuración de la forma del drama, creado por Schön, tiene su propio modo de expresión sobre el mundo y el individuo. La dramaturga crea su percepción simbólica del universo. Visión que tendrá su modo de descripción, de lenguaje, y de romper con una secuencia temporal.

Ruptura que le produce a la dramaturga Schön una preocupación por el uso del lenguaje, por el ritmo de la prosa que alude al intento de expresar poéticamente lo que proponen los diálogos desde el texto. En su teatro se perfila la búsqueda de un terreno propio, donde el discurso se transfigura y se aleja de su significación literal. La palabra, cobra en este teatro un carácter totalizante, tiene la plenitud del mundo y a la vez se opone a las imposiciones, pues es el ejercicio del talento personal quien se pone en manifiesto a través de la escritura. Escrito poético que es sustancia, esencia concentrada en la palabra estéticamente trabajada en el binomio prosa-poesía.

Tanto para la prosa como para la poesía, señala Baudelaire, es decisiva la apertura a una nueva dimensión que rompe con lo cotidiano. Baudelaire se sirve de la dualidad, de la unión de los contrarios para establecer una estructura de «correspondencias» entre lo visible y lo invisible, lo ordinario y lo sobrenatural. Esto nos conduce pues al intento que realiza Elizabeth Schön por sobrepasar los límites que impone lo «real».

Sobrepasar las barreras de lo cotidiano y Baudelaire nos acerca a pensar en algunas características del movimiento Simbolista, el cual enunciaba la búsqueda de la Idea por el Hombre, a través de la intuición y la meditación. Se conoce que el simbolismo no toma como modelo la objetividad externa, sino al contrario, anhela sumergirse en lo más profundo.

Profundidad que tiene la facultad de expresar estéticamente el fluir interior del tiempo a través de los diálogos de los personajes, como por ejemplo los personajes de Maeterlinck los cuales se caracterizan por su sencillez al expresarse y por sentir el tiempo vivido en ambientes extraños donde las alucinaciones cobran fuerza en la teatralidad de la temporalidad. Alucinaciones que ocurren en nuestras vidas y el simbolista lo trasforma en ficción.

El discurso de Elizabeth Schön se impone con su búsqueda de contrastes, sin intención de definir, sino de crear un espacio que disuelve los límites entre lo «real» y lo «irreal», gracias al planteamiento de la discontinuidad temporal.

Discontinuidad temporal presentes en las obras Intervalo, de gran éxito en el primer Festival de Teatro Venezolano de 1959; La Aldea, ganadora del Segundo lugar del Concurso de la Universidad del Zulia; Jamás me miró, y Lo importante es que nos miramos.

Estas obras serán analizadas a través del símbolo del tiempo expuesto en el discurso, el cual genera un grupo de signos que pertenecen al universo poético. Dentro de ese universo está el teatro de Elizabeth Schön: una dramaturga y poetisa que rompe con el tic —tac de las agujas del reloj para hablarnos de cosas enigmáticas y estéticas: El tiempo.

Un tiempo que es invisible pero se dice, nos conduce a lo imaginario, al tiempo como duración, como sentir para los lectores-espectadores. Ese sentir recibido por nosotros, también lo siente la dramaturga, quien desea decir, a través de la palabra de los diálogos, el tiempo vivido.

Con la obra de Schön posemos sentir en una tarde cualquiera nuestra infancia y vejez. El desorden permite valorar cada uno de los momentos temporales. A través del tema de la abolición de la concepción clásica del tiempo, Schön, puede jugar con el tratamiento del tiempo.

Juegos como el de la continuidad- discontinuidad es una manera de maniobrar con lo indivisible y lo fragmentado de la acción. En la fragmentación del tiempo de las obras seleccionadas, pueden verse vacíos muy extensos entre horas, fechas y lugares, dando como consecuencia la ausencia de un hoy cotidiano, para expresar la vivencia de un siempre. De esta manera se propone un tiempo íntimo, personal, que no se mida, sino que se sienta para descubrir la duración real.

Duración real que está conformada por espontaneidad y cambios, donde lo no-continuo del tiempo permite, en este caso a través del teatro, pasar por muchas situaciones autónomas y simultáneas a la vez. Negando de esta manera la rigidez de la linealidad, sin rupturas ni juegos temporales.

La negación de Schön hacia lo progresivo del tiempo conduce al conocimiento de su construcción estética, a su nueva estructura cronológica, la cual indica que hay un tratamiento de tiempos separados pero dialogando con el discurso teatral.

Lo discontinuo del tiempo invita a sumergirte en lo misterioso e inasible de lo temporal, a tratar de que lo fragmentado sea elemento fundamental para comprender nuestro tiempo íntimo, para indagar acerca del pasado y el futuro convertidos en ahora, por la magia del teatro.

El teatro de Elizabeth Schön incorpora al tiempo como discusión y enfrentamiento, de esta manera rompe con las líneas rectas y progresivas del tiempo, es decir con el esquematismo cronológico tradicional del realismo. De esta manera, la obra de la poetisa invita a preguntarnos ¿estoy viviendo mi tiempo?, a realizar una apreciación íntima de los cambios que sentimos, que ocurren en nuestra propia consciencia, en nuestro tiempo mental.

¿Mente y cronómetro? Según Sigmund Freud, en su libro La interpretación de los sueños, nuestra conciencia tiene la capacidad de discernir los cambios que sentimos para poder obtener un concepto claro sobre el tiempo, pero durante los sueños carecemos de esta capacidad de discernimiento. En un sueño las imágenes aparecen y desaparecen sin ningún orden, es decir, de manera discontinua.

Discontinuidad que observaremos en el tiempo psíquico de algunos personajes de la obra dramática de Elizabeth Schön, quien crea en ellos un tiempo mental que juega con las agujas del reloj. Un tiempo que se disfraza con trajes diferentes, a veces de niña, cuando es vieja; de larga duración cuando es breve para ocasionar su propia realidad.

Diferentes realidades estudiaremos en las obras seleccionadas, ya que El cómo viven el tiempo los personajes de las piezas serán los universos estéticos creados por Elizabeth Schön.

Intervalo

1959

Farsa en dos actos

Personajes: Ella, El Médico, El Mayordomo, El Zapatero, y La Mucama.

El vacío que hay de un tiempo a otro es la realidad vivible del personaje Ella, un personaje cuya voz nos enuncia su descontento con la realidad cotidiana que le rodea. Este personaje, al dialogar con el mayordomo, elimina la máscara de la comodidad para vivir sus sueños como si fuesen cotidianos.

Ella y el Mayordomo se dan cuenta del simulacro de la realidad en que viven. Ella anhela intuir y comunicarse con la otra cara de la realidad a través del fluir interior del tiempo. En esta pieza la discontinuidad se manifiesta por la voluntad del personaje Ella, quien obvia lo lógico y se mueve por el impulso del deseo. Su palabra transita por la línea discontinua del tiempo subjetivo. Este tránsito creará la realidad de los intervalos de tiempo en el estilo de vida de la protagonista. Una protagonista que expresa, en los diálogos, su negación a ser la misma, siempre.

Ella.-... Sólo escucho órdenes. ¿Quién me las coloca? Me responde usted con su pantalón y su chaqueta de líneas frías, interminables... Jamás he respirado otra sentencia que la de obedecer y quiero viento, luz, poseo nariz y oídos que piden.

Mayordomo.- En este salón siempre se impone su voluntad.

Ella.- ¡Cuídese y no confíe en usted, así, tan ciegamente, como si fuese un ser múltiple, sin un centro único para caer?... (p.120)

La multidimensionalidad del personaje Ella conduce a considerar que el hoy no es igual al ayer. Este personaje exclama sus ansias por crear su verdadero espacio al romper con el tiempo impuesto. Por Ella crea los intervalos para conversar con sus amigos invisibles.

Al tomar dicha determinación, Ella cuestiona el orden y la costumbre y nunca se contenta con ello. Sus impulsos avasallan al Mayordomo y lo arrastra hasta su mundo sin normas.

Ella.- ...(Escucha algo que únicamente ella oye) ¡El timbre! ¡ Ha sonado el timbre! (Al Mayordomo) ¿Qué lo detiene? Quien toca el timbre no es ningún gladiador como para que se le tema. (El Mayordomo se dirige a abrir la puerta de la derecha...)

Mayordomo.- Su asistente el doctor... (Hace una reverencia para que el asistente entre. Nadie entra. Ella camina hacia la puerta. Saluda con ambas manos y las deja como asidas a las manos invisibles.)

Ella.- ¡ Ah usted! Cuidado no me haga girar tan velozmente...

Mayordomo.- Ahora ¿está contenta?

Ella.- ¿Cree que mi piel resistirá tanta felicidad o desaparecerá antes de mirarlo otra vez? (Cambia) ¡Olvidaba lo primordial! ¿Trajo las lentejuelas y el gusano? ¿Colocó el gato en el umbral?

Schön se sirve de la dualidad de la unión de contrarios para establecer un sistema de correspondencias entre el tiempo objetivo (diálogo entre Ella y el Mayordomo) y el tiempo subjetivo (diálogo con los amigos invisibles). Ella en sus enunciados impone su voluntad al interactuar con lo visible y lo invisible, lo ordinario y sobrenatural, es simbolizar a través del tiempo subjetivo la rebeldía y rechazo del personaje de Ella ante lo establecido.

A través de lo imaginado, su diálogo con el personaje invisible, el personaje multidimensional Ella sobrepasa los límites que impone la lógica. La ruptura con el orden impulsa al personaje Ella a esperar las grandes sorpresas, a esperar lo anhelado.

Lo anhelado no se ve, pero está en los movimientos internos de la consciencia del personaje. Un personaje que reclama su postura ante la vida para sentirla como su realidad. Su realidad está en lo imaginado, pues al abandonar la razón y valorar la intuición crea su propia dimensión temporal.

No obstante, la discontinuidad se manifiesta en la trascendencia que hace este personaje hacia la dimensión objetiva del Mayordomo.

    Ella.- Los jueces como usted que sólo saben indagar, se vuelven jueces para mantenerse por encima de los demás.

    Mayordomo.- Carezco de título para ejercer esa profesión.

    Ella.- ¿Piensa que no me fijo en cómo contempla, como si aquí nada aconteciese? ¿Es que realmente no escuchaba lo que este dice? (Señala al invisible)

    Mayordomo.- ¡Qué pregunta la suya! Por supuesto que no.

    Ella.- Erró su trabajo. Debió ser maquinista, contabilista...

    Mayordomo.- Todo menos mayordomo suyo. ¿Que desea de mí?

    Ella.- Que olvide su rectitud, su formalidad, que sea... (p.485)

Este diálogo manifiesta los anhelos de Ella por compartir su mundo imaginado con personas abiertas a las posibilidades, al azar, al juego. Sólo la acción de jugar con lo subjetivo y lo objetivo le permitiría a Ella crear una vida como duración, sin tomar en cuenta la cronología.

Obviar lo cronológico, es una facultad que tiene Ella para vivir su espera como movimiento y cambio. Esto estimula su apertura al yo profundo, a la irracionalidad y a la imprevisibilidad.

Lo imprevisible nos acerca a lo discontinuo del tiempo vivido. Lo sentido en el fluir interno conduce a sustituir lo estable por lo móvil, lo continuo por lo discontinuo.

Una discontinuidad creada por el deseo, por el anhelo de alcanzar su objeto: La mirada del ser amado, del visitante invisible. Una mirada que trasciende dimensiones para expresar que durante una tarde cualquiera el ser humano puede crear su propio intervalo.

Intervalo que se puede vivir antes de que llegue el advenir, antes de fallecer es importante encontrarse con la persona amada, no importa si el encuentro se da en una dimensión imaginada.

La aldea: espacio donde retrocede la vida

1967

Obra en dos actos.

Personajes: La Mujer, La Vieja, EL hombre Esmeralda, El Joven, La Hermana.

Vejez y juventud serán los indicadores temporales de la obra. Personajes que comienzan sus acciones en una etapa de su vida, terminan en otra. La cronología no existe.

Una Mujer joven, de cabellos negros, El Acompañante de mirada sutil, La Vieja solitaria, El Joven hermano y vendedor o pescador, el hombre verde y la Muchacha son personajes que se relacionan y distribuyen temporalmente. Cada uno de ellos es diferente en el tiempo. Sin embargo, se destacarán dos personajes: La Mujer y La Vieja.

La Vieja desea encontrar respuestas y salidas a sus angustias. Mientras transita por el «laberinto «de la Aldea, este personaje sufre una serie de transformaciones: de vieja a joven, de joven a niña y de niña a bebé, las cuales son indicadores temporales.

La Mujer manifiesta su noción acerca del mundo y del tiempo como realidad vivible. Tiempo relacionado con la metafísica y el problema de la existencia. Permanencias breves, pues algunos personajes se desaparecen y regresan como por ejemplo:

El Joven y El hombre Verde. EL primero en cada aparición tiene actitudes diferentes, pareciera tener varias personalidades.

Variedad es lo que abunda en La Aldea. Mundo divergente, donde el tiempo es el eje central. Eje que pone a los personajes a girar en torno a él. Los diálogos de los personajes se enfrentan con un tiempo «real» y con su tiempo subjetivo. Épocas y vivencias que se fusionan y forman una temporalidad interna tanto de la obra como la de los personajes.

Personajes que nos sirvieron para acercarnos al análisis de la discontinuidad temporal en la obra. A través de algunos ejemplos extraídos de la pieza teatral, estudiaremos a través del discurso de los personajes y su contenido temporal, y las didascalias como señaladores de los cambios de tiempo.

Mediante el discurso de la Mujer percibimos la atmósfera del tiempo en la obra, pues ella no vive sometida a la sucesión exacta de años, meses, ni días. Es una mujer que se siente libre y cambia cada vez que sus vivencias se lo exigen.

Vivencias que observamos en el transcurso del primero y segundo acto.

Del primer acto comenzaremos a destacar el diálogo entre el Acompañante y La Mujer. Ésta siempre tratará de poner en «tela de juicio « las concepciones tradicionales del tiempo.

    Mujer: «¿Quién puede asegurar la permanencia?¿Tú?

    ¿Aquél?- ¿Este? (pausa)

    No hay fronteras. No hay límites. El centro no es lo inmóvil, sino

    aquello que estable se comunica con el contrario y funda el vínculo.

    Por eso aquí pueden estar brotando los soles más antiguos como a la vez pueden estar muriendo selvas que para el mundo aún no existen

    Acompañante: ¿Sabe? Prefiero ver lo que el tiempo me ofrece, como este salón, este techo... usted»

Este discurso como significante temporal nos indica que existe una vivencia del pasado, el presente y el futuro. Sucesiones que no tienen reglas en la estructura de la obra. En cualquier momento se retrocede el tiempo.

Regreso indicado por las didascalias: « Se oscurece. Una claridad malva inunda el salón. Entra la Vieja.

En esta acción la Mujer vive el pasado, mientras conversa con la vieja. Del presente retrocedemos bruscamente al pasado.

    Mujer: Pero... ¿será posible que sigas siendo aquella criatura?

    [...]

    Vieja: Dígame, nada recuerdo, ¿cuándo nos conocimos?[...] Mi hermano esmeralda me espera en la iglesia

    Mujer: Espere. No se marche ¿no oyó cómo la campana repicó?

La vieja se queda en la casa viviendo su pasado, su fluir íntimo del tiempo, sus sueños.

Esta escena tiene una duración hasta que aparece un Muchacho (el Joven). La ruptura es indicada por la iluminación del salón.

En dicho salón se encuentran La Vieja, La Mujer y El Joven. Ellos conversan en el presente pero hablan del pasado. El Muchacho sale. Cuando esto sucede hay otro cambio de temporalidad, pues la Mujer ya no recuerda lo que habló con el Joven.

    Vieja: ¿De qué ríe?

    Mujer: Es que hablo de alguien y no sé a quién se refirió

    Vieja : Hable de nuestro más íntimo amigo

    [...]

    Mujer:¿No se da cuenta de que nunca ha existido tal amigo?

    Vieja : Usted lo sujetó por el brazo

    Mujer: A nadie he sujetado por el brazo.

La Vieja se desespera y trata de salir de la casa, mientras lo intenta se transforma en joven: « Por la puerta entra la Vieja pero mucho más joven». Esta didascalias nos indica otro cambio de tiempo. Cambios que continuarán, ya que La Vieja al finalizar el I Acto está convertida en bebé.

La Vieja es la que marca la ruptura del tiempo, la discontinuidad de la obra, para expresar lo inconexo, lo cambiante de nuestro tiempo subjetivo Lo indisoluble del pasado con el presente .

»Por la puerta entra gateando la Vieja convertida en un bebé de seis meses o menos aún». Simultáneamente, se desarrolla un diálogo entre el Joven y la Mujer.

Mujer que en el II Acto tiene cincuenta años, el Joven semeja tener unos cuarenta y La Vieja continúa como bebé pero no aparece en la acción. Observamos como se adelantó el tiempo sólo para tres personajes. Continúa la discontinuidad,

    Mujer: (Al Joven) ¿No recuerdas que estás aquí y a la vez estás muy lejos de mí y de los demás?

    Joven: Te busco desde que nací.**

Este diálogo tiene una duración mayor en comparación con los del I Acto. Esta acción es interrumpida cuando aparecen los personajes: La Hermana y Vieja I, las cuales preguntan por el Joven del I acto. Este joven resultó ser hermano de la Vieja I.

En este acto hay una relación temporal entre los personajes, ya que a pesar de vivir tiempos «diferentes», ellos se conocen desde siempre. Pareciera característica del absurdo, pero en este caso es rasgo de la discontinuidad temporal.

    Joven: Comprendan. Ella me lo pidió desde que nació... Apenas sale le ocurre como a mi hermana que salió en busca de mi hermano esmeralda y no regresó»

    [...]

    Mujer: Ríndete ante la presencia de lo inesperado.»

Esta conversación es interrumpida fugazmente con la aparición de la Muchacha representando dos años de edad. Las campanas repican fuertemente. Este repicar significa que alguien se apartará. La oscuridad se apodera del salón y la mujer y el Acompañante recuerdan a la Vieja que se transformó en niña. Se hace más oscuro y la Mujer y el Acompañante mueren.

De repente resplandece una luz muy blanca y se escucha el llanto de los cuatro niños recién nacidos. La oscuridad y la claridad, el paso del día a la noche anuncian la muerte y el nacimiento de otras vidas. Es el inicio de otro tiempo discontinuo en La Aldea.

Esta obra tiene como recurso la poesía, la magia y el juego. Recursos que le permiten darle al tiempo una condición variable, su dimensión se recorta o alarga, su duración se apresura o retarda a voluntad propia. Abarca diferentes épocas, varias dimensiones que se apoderan del tiempo íntimo de los personajes.

Tiempo que no es absoluto, que está expuesto a las sorpresas. Como decía Einstein: « No hay un tiempo único y constante»

Descubrimos que la obra tiene un tiempo propio, donde interviene la discontinuidad de los acontecimientos y el fluir temporal de la conciencia de los personajes. Personajes con experiencias distintas en el transcurrir del tiempo. Sin embargo, hay en ellos un poco de sincronización entre las emociones y el transcurso del tiempo. Alegrías y tristezas se fusionan con diferentes momentos. Donde el presente apenas tiene cabida pues la obra tiende hacia el pasado y en el final va hacia un futuro que surgirá algún día.

Merece gran atención esta modalidad del tiempo en la obra teatral, pues aporta una gran complejidad. Dificultad que se desliza entre los distintos discursos con indicadores temporales y los estados emotivos que traen consigo.

Diversidades temporales que invitan al investigador a prestarle atención; a reconocer la autonomía del tiempo en cuanto a la duración en la obra dramática.

Duración que para Bergson significaba experiencia íntima, duración realmente vivida. Lo que somos venimos a serlo no sólo en el tiempo, sino a través de él. Cada momento de nuestra vida forma parte de las experiencias de nuestro tiempo.

Un tiempo que provoca angustias en la condición humana e impulsa al hombre a retroceder para no llegar al inevitable destino, la muerte. Quizás ese deseo de jugar con los momentos temporales esté motivado por el miedo del ser ante la fatalidad. Por tal motivo, el renacer es símbolo de la valoración que le otorga el dramaturgo al tiempo como experiencia de vida.

Lo importante es que nos miramos

Obra dialogada, escrita en prosa en 1967.

Acto Único.

Personajes : Hombre - Mujer.

Un hombre y una Mujer sentados en el banco de una plaza barajean el tiempo a través de indagaciones que hacen sobre sus vidas. Vidas que expresan el retroceso al ayer para reconocer su pasado en su presente, en su «ahora».

Presente compuesto por siete encuentros en que los personajes se desdoblan en coleccionistas, escritores, zoólogos, viajeros, peluquera, etc., y simultáneamente, el lugar de la acción, el banco de la plaza se convierte en coche. Ese convertirse, transformarse hace que los personajes revivan experiencias.

Momentos, situaciones que pertenecen a la «durée», a la duración interior de los personajes. Personajes que se relativizan en la «Cuarta dimensión» tempo-espacial. Teoría que no acepta barreras divisorias entre el tiempo y el espacio, pues ambos son indisolubles.

Al respecto, podemos decir que los personajes Hombre y Mujer de la pieza Lo importante es que nos miramos, tienen un tiempo interno indivisible, aunque se compone de unidades separadas, discontinuas, lo percibimos como un todo. Todo que, según Henri Bergson, es el sentir íntimo de nuestra individualidad.

La individualidad de los personajes influye en la acción dramática, pues esta ocurre a intervalos con duraciones respectivas. Cada desdoblamiento tiene su duración, siendo ésta el referente del tiempo íntimo de los personajes. Personajes que reconocen el valor de mirarse para poder expresarse.

    Hombre.- Lo importante es que nos miramos

Mujer.- No todos los días sabemos mirar.»

Ese mirarse hace que los personajes recuerden fragmentos significativos de su vida. Una vida donde los momentos cobran carácter estético por medio de la ficción que habla acerca de la otra realidad.

    Hombre.- ¡Ah, si, ahora lo recuerdo! Aquel donde acostumbrabas a mirar las puestas del sol, pero lo extraño es que te hallas recogido el cabello, siempre lo llevas suelto.

    Mujer.- ¿y qué querías que hiciera? Viniste a buscarme en este coche que los caballos tiran velozmente; por lo tanto, tenía que recogerme los bucles para no despeinarme.

    Hombre.- Si sigues sentada en el borde del asiento te caerás

    [...]

    Hombre.- (Mirando el contorno)¿te gusta?

    Mujer.- Sí me gusta bastante, pero prefiero más el banco aquel donde un día, y tal vez porque me gustaste desde ese momento. Te confesé, y sin ninguna vergüenza, que era... costurera.»

Cada momento es un fragmento de tiempo que origina la discontinuidad en la obra dramática. Discontinuidad que nos expresa el juego temporal, donde pasado y presente tiene su voz propia. Voz que anuncia cómo las relaciones y disposiciones del tiempo en la obra crean otras perspectivas del mundo. Mundo que a veces no valora los recuerdos, la fusión de realidades y sobre todo el sentirse a través de una mirada.

Mirarse a través de los momentos vividos, dialogar, comunicarse son acciones que permiten fortalecer y recrear el presente, pues sí la muerte es el porvenir de todo ser humano es importante reconocerse en los momentos que respiramos, y así sentimos que la verdadera duración está en nuestro íntimo sentir. Interioridad que tiene la facultad de plurisignificar la idea de una tarde cualquiera, en la noción de viaje, años o épocas las cuales permiten el tránsito por diferentes actitudes o disfraces que se coloca el hombre para convertir al tiempo en realidad vivible.

Jamás me miró.

Pieza en prosa escrita en 1967.

Estructura externa: Único Acto.

Personajes: Hombre y Mujer.

Hombre y Mujer crean, a través de evocaciones propias, los sucesos o segmentos temporales de la obra. Pieza donde la acción de «mirar» moviliza sentimientos y recuerdos íntimos de un personaje: La Mujer. Personaje que pareciera no tener consciencia del transcurrir del tiempo, pues estando en el funeral de una niña, supuestamente su hija, la Mujer vive el funeral del padre. ¿Hacia dónde nos remite esta ruptura temporal en Jamás me miró?

En la obra Jamás me miró podemos observar la indiferencia que tienen los protagonistas, por el tiempo pasado presente.

    Hombre.- Hace años nos casamos ¿lo has olvidado? (Silencio) Hemos vivido esa experiencia plenamente.

    Mujer.- La mayoría de los seres la viven

    Hombre.- Y más la recuerdan si perciben que la hija murió.

    Mujer.- ¿cuál hija?

A través de este diálogo nos damos cuenta como los protagonistas olvidan el ahora inmediato. Cada uno vive su momento temporal. Mientras el personaje del Hombre intenta situarse en el hoy, La Mujer se traslada al ayer que para ella es su ahora.

La discontinuidad temporal se manifiesta por los vacíos temporales que dialogan los personajes. Las palabras de ambos nos indican, no sólo su mala memoria, sino más bien su voluntaria ignorancia del tiempo cronológico.

En consecuencia, La Mujer busca desligarse del presente para recordar y a la vez obviar la llegada del porvenir, del paso del tiempo. Un transcurrir que como nos señalaba Heidegger, está motivado por la ansiedad del hombre consciente de su muerte.

La imagen de la muerte como fin de un tiempo, en Jamás me miró produce una ruptura temporal en la situación.

    (Entre ambos colocan la tapa de la urna)

    Mujer.- Mi padre era bueno y cariñoso.

    Hombre.- Nuestra hija no conoció ni las letras, pero sí sabía distinguir entre una hoja y otra

La muerte produce un tiempo para la Mujer quien recuerda a su padre y el hombre está envuelto dentro de los giros de un trompo que simboliza la circularidad que produce la aprehensión del tiempo.

Un tiempo que, como lo hemos explicado anteriormente, pertenece a la duración de vida, al tiempo subjetivo, un tiempo que afecta a La Mujer y al Hombre. Su tiempo discontinuo tiene una calidad significativa, pues ambos reconstruyen los hechos que los condujeron al momento durante el cual fueron felices. Vemos en el breve diálogo, que tanto la Mujer como el Hombre toman conciencia particulares, por el momento de la muerte.

Momento que forma a la realidad vivible de la obra, pues el irremediable camino a la muerte hace que uno reconozca alguna vivencia significativa.

Nuestro íntimo sentir, la duración bergsoniana, puede estar relacionada con un estado del mundo externo(funeraria), que podría ser contemporáneo al mismo momento íntimo. Un momento que nos remite a la carga del pasado que llevamos hasta la muerte. Fallecimiento que produce en los amantes comunicación de experiencias vividas.

En este dúo de voces, Schön nos describe la incapacidad del ser humano de olvidar y quedarse callado. La comunicación permite hablar sobre la vida en el tiempo, así pues ni la muerte los hace callar. El hablar hace caer en cuenta de la confusión que provoca la fuerza del tiempo. Una fuerza a la cual, según Heidegger, no tenemos escapatoria.

El hombre es víctima del tiempo, por lo tanto, el recuerdo del padre que negó la mirada, produce una vivencia que estampa su marca en el carácter de la Mujer que ya no puede seguir siendo lo que fue antes de cualquier suceso.

Nos aproxima hacia lo que señala el filósofo Bergson sobre la durée. Esa duración interna que se inclina a invadir el espacio exterior que nos rodea, para que el individuo (el personaje) se transporte a su interior, a su individualidad.

De esta manera pues, el personaje de la Mujer nos comunica, que puede sentir a través de la discontinuidad dos tiempos el objetivo = consciente y el subjetivo = inconsciente, como si fuese una entidad. Una entidad que percibimos en el signo global, es decir, la obra Jamás me miró.

En Jamás me miró al principio pareciera que existirá una coincidencia en dos sucesos temporales(la muerte del padre y de la hija), no obstante, al detallar el diálogo entre el hombre y la Mujer, nos damos cuenta que el suceso expuesto por la Mujer es anterior al momento que se está viviendo, y que surge como consecuencia de la reflexión de una consciencia ante la contemplación de un hecho: la muerte.

    HOMBRE: No te acerques tanto

    MUJER: (Mirando muy cerca la urna) : Necesito ver por última vez, a mi padre.

    HOMBRE: No es tu padre.

    MUJER: ¿No?

    HOMBRE: Es nuestra hija.

    MUJER: Imposible, la presencia de estas flores, ese trompo que gira ahí (Indica al pie de la urna) me dicen que no nos hemos casado...

Observamos cómo las relaciones y disposiciones temporales en la configuración de la obra pueden crear un « anlepsis «(término de Genette) o retrospección a toda evocación o acción anterior a ese momento, pues indudablemente, Jamás me miró comienza con la evocación de un momento anterior al instante objetivo, el cronometrado.

Pero, a raíz de esta inconexión, el personaje del hombre, que al principio intenta «situar» a la mujer en el presente, recuerda momentos compartidos con la Mujer:

    HOMBRE (Le toma la mano): este es mi anillo.

    (Le muestra su mano) y éste es el tuyo.(Calla). ¿No recuerdas el día en que te lo coloqué?

    MUJER: Pero allí están las flores que me regalaste el mismo día

    que nos conocimos (Palpa las flores de las coronas ). Aún huelen a campo, a sol, a viento que nunca se detiene.

    [...]

    HOMBRE: Hace años nos casamos (Calla) ¿Lo has olvidado?

    (Silencio)

    HOMBRE: Hemos vivido esa experiencia plenamente

Aquí el hombre afirma que se casaron, asevera un tiempo mientras dialoga con la Mujer, pero se discurre y se remonta al pasado. La mujer por un instante regresa al presente, pero inmediatamente se fusiona a la temporalidad del hombre.

    MUJER: ¿Sabes? (Calla). Puedo verla y.. , (Calla). No siento necesidad de llorar. (Medita)¿Será que el trompo sigue girando?

    HOMBRE: Girará hasta que nos casemos

    MUJER: Y ¿qué día nos casamos?

    HOMBRE: El día que lo quieras.

Dos momentos se presentan y se organizan en un no — orden que corresponde a un antes y un ahora.

Antes y ahora indisolubles, donde no hay límites, donde los fenómenos que suceden en la «cuarta dimensión» trastocan al universo y no se pueden separar, están íntimamente ligados con el espacio temporal.

En el espacio dramático de la obra Jamás me miró se perciben estos trastrocamientos, es decir, los diferentes anacronismos que se manifiestan en la temporalidad, acentuado por la reminiscencia y el movimiento discontinuo de la consciencia que rememora. Así pues, las « analepsis « (Genette) que observamos en diferentes momentos de la obra sirven para precisar determinadas relaciones y disposiciones temporales creadas por la discontinuidad.

Discontinuidad que le permitió mirar al personaje de la Mujer a un padre que jamás la miró; al personaje del Hombre le permitió recordar sus momentos guardados en el inconsciente. Lugar donde el orden no existe, donde lo ilógico, la desarmonía se hace presente.

Desarmonía para el tiempo objetivo, pero para la obra de arte sirve para crear un «ahora» a través de dos tiempos que van en sentidos opuestos. Oposición que genera una perspectiva acerca de la postura del hombre ante la necesidad de valorar la memoria para caer en cuenta de la complejidad del tiempo íntimo del ser humano.

Ser humano que se plasma en unos personajes Hombre-Mujer que pertenecen a un mundo propio, con reglas propias y secretas, que sólo conoce el creador al adentrarse en el misterio del tiempo para construir un gran signo que comunica el cómo es la temporalidad en la obra dramática.

Conclusiones

Elizabeth Schön produjo en Intervalo, La Aldea, Lo importante es que nos miramos, y Jamás me miró, un testimonio de su búsqueda por descifrar el enigma del tiempo como experiencia de vida. Una vida que transcurre durante el lapso entre nacer y morir, durante el lapso del advenir, de la temporalidad.

La lectura de las obras de Schön nos expresó que el hombre no se conforma con las leyes del cronómetro convencional. Sus obras evidencian la capacidad del ser humano de reconocer su propia condición y limitación en el entorno que lo rodea, y por tal razón, a veces logra trascenderlo. Trascender olvidando la representación del tiempo lineal y valorar la ruptura de lo cotidiano, conduce a tomar en cuenta los instantes del tiempo que motivan al hombre a considerarlo como un problema vital y hasta metafísico.

La ruptura con la linealidad temporal exclama en voz grave que Schön percibe la temporalidad desde un ángulo original. Observamos que su autonomía, su afán creador, proporciona en sus personajes una memoria libre, espontánea, que hace evocar recuerdos, admitiendo así que el pasado no se puede borrar y hasta puede reemplazar el presente (Jamás me miró). Los momentos temporales son creados por Schön para unos personajes que les apasiona su hoy, sin olvidar el ayer que se hace presente y confunde el futuro. Desde el instante del ahora, la configuración estética de la obra dramática de Schön convoca tiempos distintos para expresar que se puede vivir un mañana y un futuro, hoy.

Convocar tiempos discontinuos enigmáticos dejan de ser inasibles por medio de los diálogos de los personajes, pues ellos enuncian un sentido especial de la cronología. Un sentido dado por la dramaturga Schön quien incorpora la discontinuidad temporal en la palabra de los diálogos de los personajes.

Schön a través de las obras estudiadas, nos muestra las diferentes actitudes del hombre hacia la discontinuidad del tiempo.

Si el futuro es la muerte, entonces jugar con los momentos temporales permite aprehender al tiempo que se vive. El pasado pudiera ser un recurso para recrearse, para fortalecerse en el presente (Lo importante es que nos miramos).

Podemos apreciar que Elizabeth Schön es una creadora cuyas obras son un continuo intento de descifrar la incógnita del tiempo en la existencia del ser humano.

Schön no nos ofrece soluciones: sólo presenta, poéticamente, diferentes actitudes de los protagonistas hacia los problemas que transcurren durante la vivencia del tiempo.

Las obras de Schön permiten una libertad total de interpretación de la realidad y el orden del tiempo del universo y la temporalidad del individuo: a cada uno de nosotros nos corresponde encontrar la relación del tiempo con la experiencia de vida.

Tal vez sería interesante relacionarse con unos personajes que experimentan el tiempo como realidad vivible, duración y advenir, para manifestar que su temporalidad está regida por la temporalidad del teatro, espacio donde los relojes tienen su propio fluir vivencial.

 

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