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Sección: Bitblioteca
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Corcoveos Domingo 18 de abril de 1999
Ortega y Gasset decía que el político es persona ocupada, mientras el intelectual es persona preocupada. De allí esa soltura del político, que suele dejar atónito al intelectual. Cierto que hay intelectuales acomodaticios y tal, pero en su definición básica, en su virtud virtual, que no es redundancia, el intelectual se sorprende de que el político pueda contradecirse con tanta agilidad. Por venal que sea, el intelectual se contradice luego de sudar mil contorsiones. Total, para eso le pagan, cuando le pagan. Uno se sorprende de que hoy el Presidente Hugo Chávez truene y mañana baje el tono, como él dice. También lo contrario; cuando se lo creía plácido, amanece en un envión verbal que no hay ni José Vicente ni Miquilena que logren atenuar. Así pasó con su carta a la Corte Suprema, digna de la Antología de la literatura marginal, que Caupolicán Ovalles publicó en Monte Ávila. Llena de conceptos que el autor da por supuestos en el lector, con hilvanes a punto de descoserse, con una redacción bastante pardusca que desafía al exégeta más Umberto Eco y más Roland Barthes. Yo la creía apócrifa. Conociendo a sus adversarios no me hubiera extrañado. Pero luego el propio Presidente la leyó de lo más orondo en su rueda de prensa del martes 13. Trágame tierra, me decía. No porque no contuviera ideas dignas de sentarse a platicar, sino porque le hubiera convenido recurrir a algún lector que lo apreciara y que por eso mismo hubiese sido implacable con aquella corcovada sintaxis. Ahora me explico por qué no lee sus discursos, lo que demuestra que también la prudencia puede animar sus actos.
La Corte por su parte emite una sentencia de ocasión forma parte de la descripción de cargos de toda corte suprema de cualquier lugar del mundo, según he visto para empañar el carácter originario de la Constituyente. Algo así, hasta donde se me alcanza, como un café sin cafeína o una arepa de cochino light. Pero así es la política, incomprensible para toda mente medianamente despejada, de modo que la Corte quiere una Constituyente cuyos efectos nadie sepa si debe acatar. El gobierno, que promete una democracia destrabada, quiere debilitar la función de los gobernadores y hasta eliminarlos. Tampoco entiendo. ¿Se tratará de imponer aquellos viejos procónsules nombrados por el poder central, que no sabían ni dónde les quedaba la Plaza Bolívar? Son reflexiones que dejo a la consideración del hábito rectificatorio del Presidente. Y no critico a la oposición militante porque es tal que tendría que proferir prosas impublicables. No me refiero a las críticas independientes que, por honestas, aun equivocadas, son dignas de respeto. Me refiero a tú sabes quiénes.
Familiares de Ílich Ramírez satisfechos por carta de Hugo Chávez
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