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Sección: Bitblioteca
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El estampido del cambio de opinión Domingo 30 de octubre de 1994
El Dr. Rodolfo Briceño, Segundo Comandante de los Bomberos del D.F., me dice que en ese cuerpo no saben nada de nada sobre el estampido del lunes 3 de octubre. Por mi parte, me malicio un top secret impermeable, porque si bien el Ejército desmintió que un avión de la Fuerza Aérea hubiese roto la barrera del sonido, tampoco lució mucha voluntad de investigación... La hipótesis supersónica parece, pues, confirmarse. Además, aunque más lejano, el sonido me resultó muy similar al que causó el avión supersónico durante la rebelión militar del 27 de noviembre de 1992. ¿Y si fue un aeroplano de otro país? Lo veo así, como analista del discurso: ¿qué podía decir el Ministro de la Defensa? ¿Algo como: «Ayer un piloto irresponsable de nuestra irresponsable Fuerza Aérea sobrevoló irresponsablemente la Región Capital e irresponsablemente rompió la barrera del sonido»? ¿O bien: «Ayer un avión extranjero sobrevoló la Región Capital, donde rompió la barrera del sonido, y nuestra incompetente Fuerza Aérea ni lo detectó ni lo interceptó ni lo identificó, porque nuestros incompetentes radares están oxidados»? No. En sus restricciones discursivas, solo podía decir: «Ningún avión de la Fuerza Aérea sobrevoló Caracas a esa hora». Y deslizar la responsabilidad hacia el Gran Vacío del Universo que angustiaba a Pascal. Por supuesto, no puedo concluir científicamente que el desmentido del Ministro es una prueba de que fue un avión militar venezolano tal vez el Ministro está tan estupefacto como tú y como yo, sino que no es descartable esa hipótesis, que técnicamente parece la más verosímil. El Dr. Briceño me dice que la caldera industrial que estalló a esa hora en Catia no se escuchó ni a media cuadra. Él estaba a 40 Km de Caracas y escuchó el estampido que también se oyó al otro lado de Caracas, desde Paracotos hasta Guarenas, pasando por Los Teques, San Antonio, Baruta, Caricuao, La Lagunita. Ninguna caldera suena tanto. Hay quienes juran haber visto un meteoro en ese momento. Esas cosas han pasado. Tal vez el que rompió la barrera del sonido fue el meteoro, que se desintegró antes de tocar tierra y por eso no dejó otra huella que el estampido. No la rechazo, pero, aunque recreativa, me parece una hipótesis folletinesca. Otra dice que fue el terremoto de la víspera en el Japón, que repercutió aquí: «Debajo de la tierra todo queda cerquita», me dice mi amiga Teresita Peypouquet, con un tono arcano. Una bella hipótesis. O un platívolo de los que tienen su base en el Ávila... Y ya que no nos queda sino la poesía, Paul Simon el compañero de Art Garfunkel escribió un bello poema, Cambiando de opinión, en el que describe un zumbido que persiste en su casa. Lo busca afanoso en la red eléctrica, en el motor de la nevera, etc., y no lo halla, hasta que, estupefacto, descubre que es el zumbido del cambio de opinión... Está en un hermosísimo disco de Philip Glass, quien le compuso una música desconcertante y cardinal. Se llama Changing Opinion y lo recomiendo porque es un desmentido a este erial musical brutal y estúpido que nos asedia en el mundo entero menos en Venezuela, donde hay Yordanos y Mariselas Leales... ¿Será el estampido del cambio de opinión que se vislumbra en Venezuela?
Ver El mutuo espectáculo. El debate político en Venezuela
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