Caracas, Lunes, 21 de abril de 2014

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Circular del ministro Martín J. Sanabria

[Ver Decreto de Instrucción Pública de Antonio Guzmán Blanco]

[1870]

Estados Unidos de Venezuela. Secretaría de Fomento.

Caracas, julio 1º de 1870.

Resuelto. Dígase en circular a los ciudadanos Presidentes de los Estados de la Unión.

Ciudadano. Van adjuntos a esta nota diez ejemplares impresos del decreto sobre instrucción primaria, que en 27 del pasado expidió el ciudadano General en Jefe del Ejército constitucional de la Federación, para que usted se sirva hacerlo circular y publicar con las solemnidades de ley en todo el territorio de ese Estado.

Experimenta el infrascrito la más pura satisfacción al ser el órgano del Gobierno Federal, encargado de comunicar a usted este nuevo triunfo de las ideas republicanas y democráticas.

El gran partido liberal de Venezuela está probando a la faz del mundo, que él representa y sostiene el progreso y el derecho, y que es heroico e irresistible en la batalla, porque lo anima el fuego de la convicción y lo apoya la fuerza incontrastable de la verdad. La revolución liberal de 1870, no ha de ser de esas que por infecundas se han convertido en catástrofes. Ella tiene una misión que llenar y comprende que esa misión en lo político, consiste principalmente en realizar la República; y en lo social, en hacer la felicidad de los pueblos, procurándoles bienestar moral y material.

Hasta ahora se habían mirado con indiferencia, por no decir con ojeriza, los intereses de la mayoría, sin considerar que esos intereses son los más legítimos, los más respetables y los más importantes en este país; pero afortunadamente ha llegado la época de reparar tamaña falta, y los patriotas verdaderos deben consagrarse en absoluto a la obra de la redención popular.

Grandes dolores afligen hoy la sociedad, pero todos ellos reconocen una de estas dos causas: la miseria o la ignorancia. El Gobierno actual ha iniciado ya algunas medidas para combatir la primera. Ahí están sus decretos libertando de todo impuesto la exportación; libertando del mismo modo las harinas; tomando a cargo de la Nación las deudas por servicios de los jornaleros y mayordomos, que empuñaran las armas en defensa de la causa popular; dando libre entrada a las máquinas e instrumentos de trabajo; purgando la sociedad de la carcoma de los censos; y rebajando un sesenta por ciento los impuestos aduaneros sobre los artículos de consumo general. Mucho se ha hecho; pero mucho resta aún por hacer, para que el trabajo tenga una justa remuneración y no sea totalmente absorbido por los impuestos, por las usuras, y por los monopolios.

En cuanto a los desgraciados que carecen de instrucción, el Gobierno Federal ha creído que era necesario no sólo ofrecerles gratuitamente escuelas sino también imponerles la obligación de asistir a ellas; porque los poderes públicos y los ciudadanos en este respecto tienen deberes fijos e ineludibles que les imponen la civilización que alcanzamos y las leyes naturales del orden moral.

E1 decreto de 27 del pasado que es el motivo y el asunto principal de esta nota, aunque se contrae especialmente a la protección que dispensa el Poder Federal a la instrucción primaria, no releva a los poderes autonómicos de la obligación que tienen de fomentarla también y les exige el contingente de su cooperación.

Toda instrucción naciente tiene que ser imperfecta, y que luchar con grandes obstáculos; pero si ella se propone satisfacer una necesidad real, y si hay buena fe, perseverancia y patriotismo de parte de los encargados de plantearla, los defectos se corrigen fácilmente, las dificultades se vencen y el éxito compensa todos los sacrificios.

No es fácil organizar la instrucción primaria de manera que ella sea universal, en un país tan extenso y despoblado como el nuestro; pero si, como lo espera el Gobierno Federal, sus esfuerzos son eficazmente secundados por las autoridades de los Estados y por los ciudadanos, el partido liberal tendrá la satisfacción de ver realizado el punto capital de su programa y la gloria de haber hecho la felicidad de la patria.

No es por efecto de un cálculo, fundado sólo en la utilidad y conveniencia social, que debe fomentarse la educación del pueblo hasta lograr que ella sea universal; no. Es ante todo un sentimiento de humanidad y por un conjunto de razones morales y políticas de suprema importancia.

La sociedad que no se propone alcanzar como uno de sus principales fines la perfección moral e intelectual del individuo, que es parte integrante de ella, es una sociedad monstruosa, es un cuerpo formado como las masas brutas por agregación de materia y que sólo puede desempeñar un papel subalterno en el universo.

Ni basta tampoco que se fomente la instrucción entre ciertas clases del pueblo, como sucede por lo común, porque en ello se comete una de las más grandes injusticias. Es una verdad divina que todos los hombres son iguales en derechos, y no puede la ley dispensar a unos el favor y la protección que niega a otros, sin que se echen por tierra los dogmas santos de la igualdad, la fraternidad y la libertad.

En las Repúblicas democráticas , sobre todo, la educación del pueblo debe ser universal, porque en ellas todos los ciudadanos tienen el derecho de elegir y ser elegidos, y para conocer esos derechos y ejercerlos concienzudamente, es necesario poseer cierto grado de ilustración. En una palabra, las instituciones republicanas no pueden existir sino protegidas por la sabiduría y por la virtud, que son cualidades que no se heredan y que sólo se adquieren por la educación.

Éstas y otras muchas consideraciones que no se escaparán a la penetración de usted, persuaden de la necesidad que hay de fomentar la ilustración del pueblo; y el infrascrito, conociendo los sentimientos e ideas liberales de usted, se lisonja ya con la esperanza de que el decreto de 27 del pasado será acogido con entusiasmo por usted y por el pueblo de ese Estado.

Dios y Federación.

Martín J. Sanabria

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