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Abre los ojos

Sergio Monsalve
Comunicador social y crítico de cine

Caracas, martes 14 de enero de 2003

La era de los lavados cerebrales con electroshock, barbitúricos, alucinógenos, drogas duras y blandas, descansa en paz en el sueño de sus víctimas y victimarios. La época de lo políticamente correcto, con su lenguaje escrupuloso y su culto a lo light, impone métodos de sugestión técnicamente más «humanos» o « transparentes», pero en realidad, igual de eficientes que en el pasado.

Las nuevas estrategias de decognición fueron bautizadas con arreglo a la nomenclatura comunicacional al uso, o conforme al lenguaje de la teoría subliminal. Actualmente, los especialistas en la materia tienden a denominar «persuasión coercitiva» al complejo proceso de manipulación mental. Otros eruditos del control intelectual, como Dick Supthen, califican de «técnica de conversión» al clásico lavado cerebral. A pesar de los cambios nominales, el fin perseguido permanece constante: condicionar la conducta, la actitud y la capacidad de respuesta del individuo a través de estímulos físicos e ideológicos, con objetivos proselitistas, económicos y políticos de diversa índole.

Entre las técnicas más empleadas por sectas y organizaciones transnacionales como la CIA, para adherir a sus filas nuevos conversos, figuran el modelo de los ocho puntos esgrimido por Robert Jay Lifton, el proceso de decognición formulado por Dick Supthen y las tácticas de persuasión coercitiva. Por sus conexiones con el entramado programático de nuestras cadenas mediáticas, por sus paralelismos con los procedimientos políticos de la Coordinadora Democrática, desglosaremos sus metodologías a la luz de los fenómenos extremos de la contemporaneidad Venezolana.

Del primer modelo cabe destacar seis puntos, a fin de establecer las analogías correspondientes.

  1. Control del ambiente. Consiste en limitar «todas las formas de comunicaciones con aquellos fuera del grupo». Los foros abiertos, dialogos, entrevistas y triángulos teledirigidos con el mismo grupo de penalistas, pueden servir de ejemplo. También las asambleas públicas donde se prohibe el derecho de palabra a cualquier disidente, los apartheid municipales, y encuartelamientos urbanos.
  2. La ciencia sagrada. «La perspectiva del grupo es absolutamente verdad y completamente apropiada para explicar todo. Las doctrinas no están sujetas a enmendaduras o preguntas. La conformidad absoluta de la doctrina es requerida». Ello explica la condena a cualquier lectura del paro contraria a los intereses de la oposición. Ello permitiría comprender el prejuicio contra quienes, como Tulio Hernández, han intentado mantenerse en el punto medio de los dos extremos.
  3. El lenguaje cargado. «Un nuevo vocabulario surge dentro del contexto del grupo. Los miembros del grupo piensan dentro de los parámetros muy abstractos y estrechos de las doctrinas del grupo. La terminología es suficiente para detener a los miembros de pensar críticamente, reforzados por una mentalidad blanco y negro». La pobreza del discurso denunciada por Carlos Genatios, el maniqueísmo hermenéutico de las columnas de opinión, los epítetos y calificativos pronunciados a diestra y siniestra, representan el sentido vehemente de la retórica del presente.
  4. Dispensando de existencia. «La salvación sólo es posible en el grupo. Aquellos que dejan el grupo están condenados». De ello pueden dar fe Otto Neustald y Eucaris Rodríguez.

Así como el modelo de los ocho puntos coincide con el cuerpo programático e ideológico de ciertas prácticas de la oposición, el proceso de decognición de Dick Supthen puede ilustrarse con la educación militar y ciudadana impartida por Carlos Ortega en sus alocuciones diarias.

El proceso de decognición se divide en tres etapas o pasos: la reducción de la alerta, la confusión programada y la detención del pensamiento. El primer paso estriba en alterar el buen funcionamiento del sistema nervioso, para dificultar la distinción entre fantasía y realidad, por medio de la ingesta de una dieta pobre, y la interrupción permanente del sueño por la sumersión en un clima de terror prefabricado. Desnutrición e insomnio reducen la alerta del potencial converso, haciéndolo susceptible de toda suerte de manipulaciones emocionales. Bajo estas condiciones, la persona queda a merced del segundo paso: la confusión programada, o el bombardeo sistemático de información tendenciosa. En palabras de Dick Suptehn: «durante esta fase de la decognición, la realidad y la ilusión a menudo se mezclan, y una lógica perversa es fácilmente aceptada».

La sugestión y la hipnosis mental acaban por consumarse, tras el tercer paso: la detención del pensamiento, o la aplicación de técnicas para impedir la reflexión y dificultar el razonamiento del converso, al someterlo a una rutina de tareas periódicas. De los ejercicios propuestos para inhibir el pensamiento destacan dos actividades incitadas por el comité de conflicto de la coordinadora: la marcha y el canto de consignas.

Según Dick Suptehn, la marcha « crea literalmente autohipnosis y por lo tanto gran susceptibilidad a la sugestión». Generalmente se combina con cánticos ideologizantes, como sucedía en Full Metal Jacket y otras tantas películas sobre el adiestramiento marcial. El efecto de trotar y cantar a la vez evade de la realidad, y reduce los procesos de abstracción intelectual.

Alienado por hábitos recurrentes, agotado por ejercicios reiterativos, consumido por experiencias límite, el soldado pierde su libertad de acción y pensamiento. En adelante, sólo obedecerá las ordenes de sus superiores, al extremo de aceptar degradarse a la condición de carne de cañón, como los kamikazes de la oposición.

Finalmente, el programa de persuasión coercitiva contempla siete tácticas, de las cuales destacaremos tres, por sus vínculos con los medios de la Coordinadora para obtener sus fines políticos.

«El individuo es preparado para la reforma del pensamiento a través de la hipnosis u otras técnicas que le inciten el ser sugestionado, como excesivo audio·». El ejemplo más claro es el autoaturdimiento por cacerolazos.

  1. «La información que no confirme y la opiniones que no apoyen se prohiben en la comunicación del grupo». Sin comentarios.
  2. «Se usan castigos que no sean físicos como humillaciones intensas, pérdida de privilegios, aislamiento social, cambio de estado social, culpabilidad, ansiedad, manipulación y otras técnicas para crear fuertes excitaciones emocionales, etc.».

Las privaciones económicas concertadas por grupos de poder, el desabastecimiento convenido por camarillas despóticas, los trastornos psicológicos coordinados por campaña sucias, la impaciencia hostigada por la indefinición del paro, han manchado nuestra memoria con sangre, sudor y lagrimas. Han parado la historia, y el pensamiento de las mayorías morales. Han decretado la guerra, la batalla final, para instaurar su paz. Los soldados más obedientes han obedecido al llamado. Al no alcanzar el objetivo planteado, al no llegar al paraíso terrenal prometido por los líderes mesiánicos de oposición, muchos marchistas han desertado. Frustrados y resignados retornan a su puestos de trabajo, a sus aulas de clase, a sus casas. Otros sencillamente se niegan a servir de escudo humano. El lavado de cerebro fue efectivo en ellos, hasta que tomaron consciencia de su manipulación, hasta el día en que fueron utilizados como carne de cañón. Como el hechizo de la Cenicienta, la persuasión coercitiva y el lavado cerebral tienen sus doce campanadas. Cuando suenan con fuerza es casi imposible no despertar.

Bibliografía consultada

Dyaz Antonio: Lobotomía o la Nueva Felicidad, tomado de la página Web www.manuscritos.com

Supthen Dick: Técnicas de lavado de Cerebro.

Varios autores: ¿Cómo trabaja el control mental?: una apreciación global técnica de las tácticas de control mental, texto extraído de la página Web www.factnet.org.

Cavazza Nicoletta: Comunicación y persuasión, editorial Acento, Madrid, 1999.

Agradecimientos:

En especial a Roberto Hernández Montoya y Tulio Monsalve por sus valiosas y acertadas observaciones sobre el tema.


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