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El país generador de desempleo

19 de mayo de 2000

aaranguibel
Alberto Aranguibel
La protesta, como fórmula de solución, resuelve muy poco el problema del desempleo. Ella, como mecanismo de expresión democrática, ejerce una presión importante y conduce a la toma de acciones por parte del Estado. Pero, en el fondo, no garantiza que de la noche a la mañana se abran nuevas fuentes de trabajo. Sobre todo cuando ese mismo Estado acusa severas limitaciones estructurales y de tipo económico para hacerle frente a este grave problema social.

Buscar soluciones eficientes y definitivas a este problema (como a todos los demás) requiere de una disposición muy sincera a hacernos, como país, una revisión autocrítica que nos conduzca a sus verdaderos orígenes, para así determinar los correctivos adecuados a este tan prolongado mal de nuestra sociedad.

En ello, obviamente, habrá que considerar, quiérase o no, el deterioro que ha sufrido la calidad de mano de obra calificada, producto no sólo de los crecientes niveles de deserción escolar que ha padecido el país en las ultimas décadas (con lo cual se han afectado las posibilidades de formación de más de ocho millones de venezolanos en edad escolar y de bachillerato durante largos años y que hoy conforman la inmensa mayoría de los desempleados con edades entre los veinticinco y los cuarenta y cinco años), sino del bajo nivel académico que en general presenta, también desde hace mucho tiempo, nuestro muy empobrecido y atrasado sistema educativo.

Si bien es cierto que la larga crisis económica que atraviesa el país obliga a enormes sacrificios en términos de oferta laboral, producto de las equivocadas políticas que durante años se trazaron para desarrollar un aparato productivo inconsistente y muy poco rentable (y que a la hora de su reestructuración exige reducciones y adecuaciones a una realidad que no se puede evadir o disfrazar una vez más con populismo y derroche fiscal), no es menos cierto que la falta de una mano de obra calificada y de nivel profesional ha sido factor determinante en el crecimiento del desempleo.

Por supuesto que hay una crisis. Una crisis que va más allá de lo que cualquier nación puede soportar. Esa no es una realidad exclusiva de nuestro país. La reciente conmemoración del Día del Trabajador dejó a lo largo del mundo entero una demostración de cómo este percance afecta hoy en día a la humanidad entera, reflejado en el saldo de violentas manifestaciones que se escenificaron como nunca antes en todo el mundo, empezando por el inusual vandalaje con que fueron atacados ese día los monumentos históricos de Londres.

Hoy, en Venezuela, como en cualquier otra parte, la empresa privada (quien en una economía de libre mercado como la nuestra es en definitiva la responsable de la generación de empleos) vigila como nunca el dinero que invierte en cada una de las áreas de su estructura de producción. En ello, el dinero que se destina al recurso humano es uno de los más atendidos porque es el que genera mayores y más ineludibles pasivos. Es decir, es el dinero que más le cuesta al empresario en virtud de los avances en materia de contrataciones laborales que hoy por hoy promueven las organizaciones sindicales y laborales, así como las legislaciones de los países más avanzados.

Ello explica, en buena medida, el persistente rechazo que hace la empresa privada a los cientos de miles de desempleados que día a día acuden a los portones de las fábricas y de las industrias más diversas en todo el país en busca de trabajo.

Pero, cuando a la par del rechazo que hace la empresa privada a esos miles de venezolanos porque no responden a las necesidades y requerimientos de la empresa en cuanto al nivel mínimo de capacitación y de experticia profesional, vemos la proliferación del subempleo como forma de subsistencia, lo que estamos viendo, entre otras cosas, por supuesto, es el resultado de años de desatención al problema de la educación, cuyo único proceso serio de revisión y de actualización experimentado durante años ha sido el de las reivindicaciones salariales de los educadores. Lo cual, por cierto, no es menos justo que la necesidad de acometer un proceso de revisión a fondo del nivel académico de nuestro sistema educativo. Sólo que no debe ser el único aspecto a tratar.

Un país que se debate entre la miseria de un seguro social salvajemente saqueado durante largos años, incapaz de responder a las demandas de atención que un tercio de la población (conformada por los miles de ancianos y jubilados que en otros tiempos suplieron las necesidades de trabajo en el país), y un sistema educativo atrasado y en completo estado de depauperación como el venezolano, imposibilitado de brindar la formación que requieren las nuevas generaciones para responder a las exigencias de la cada vez más competitiva y avanzada empresa privada, no podrá solucionar jamás el problema del desempleo, y por el contrario, estará alimentando criminal e inevitablemente el crecimiento indetenible de ese percance.

Lograr educar ahora a esos miles de venezolanos que no tuvieron la oportunidad de alcanzar siquiera el bachillerato, para permitirles recuperar sus posibilidades perdidas y facilitarles así el acceso a las cada vez más exigentes fuentes de trabajo, sería una tarea titánica para la cual posiblemente no haya fórmulas de cristalización práctica. Pero seguir suponiendo que sólo quitando y poniendo presidentes es como se va a arreglar el asunto, lo que hacemos es arruinar más al país.


Alberto Aranguibel B., especialista en imagen corporativa y política, es reconocido como creador de un modelo de planificación estratégica de imagen y campañas políticas sin precedentes en el ámbito latinoamericano. En Venezuela ha asesorado y dirigido desde hace más de quince años campañas para importantes partidos y dirigentes políticos a nivel nacional y regional. Actualmente dicta conferencias en esta materia y es colaborador de opinión en Venezuela Analítica, diarios El Nacional , Últimas Noticias y la revista Calidad Empresarial. Preside las empresas Optimisa C.A., centro profesional para la optimización de imagen y gestión pública, y Promociones Diagonal C.A. de servicios publicitarios integrales.


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