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Necesaria e inevitable

El Universal, 19 de enero de 1999

Allan R. Brewer-Carías
Presidente de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales

Desde que el sistema político de Estado Centralizado de Partidos entró en crisis hace 10 años, hemos venido planteando la necesidad de que se recomponga el sistema político y se establezcan nuevas bases para asegurar la gobernabilidad de la democracia hacia el futuro. El único mecanismo o instrumento para lograr ese nuevo pacto social constitucional es una Asamblea Constituyente; así lo sostuvimos en 1992, después del intento de golpe militar del entonces teniente coronel Hugo Chávez Frías y así lo sostuvimos durante el año pasado, en la campaña electoral en la cual el presidente electo Hugo Chávez Frías planteó el tema de la Constituyente como parte del debate electoral.

La Asamblea Constituyente es el único instrumento del cual disponemos para establecer el nuevo acuerdo de gobernabilidad democrática, sencillamente porque es la única manera de convocar a todos los nuevos y viejos actores políticos nacionales y regionales a la tarea de reconstruir el sistema político, luego del colapso del Estado, de partidos y del deterioro de éstos, los cuales perdieron el monopolio de la participación y representatividad política que mantuvieron durante décadas.

Durante una década hemos señalado que por la incomprensión de los partidos políticos ante la crisis terminal del sistema de Estado Centralizado de Partidos, tendríamos Asamblea Constituyente, y el reto era y es, o que la convocamos democráticamente o la vamos a tener tarde o temprano convocada, quién sabe cómo, después de haber perdido las libertades y habérsenos conculcado los derechos constitucionales.

En nuestra historia no ha habido asambleas constituyentes convocadas en democracia. Todas han sido el resultado de una ruptura del marco constitucional y la secuela de una revolución, de una guerra civil o de un golpe de Estado, entre otros factores, debido a la incomprensión del liderazgo de realizar los cambios políticos que reclamaba la sociedad en cada uno de los momentos finales de cada período histórico.

En 1998, en cambio, por primera vez en nuestra historia, se han iniciado esos cambios políticos propios del fin de un período histórico por el agotamiento de un sistema, mediante una elección democrática; es decir, hemos dado inicio al necesario e inevitable proceso constituyente, en democracia, eligiendo además, como Presidente, a quien levantó como bandera electoral la Asamblea Constituyente.

El reto que tenemos los venezolanos hacia el futuro, incluyendo el presidente electo Hugo Chávez Frías y su futuro gobierno, por tanto, no es resolver si vamos o no a tener una Asamblea Constituyente en el futuro próximo, sino cómo la vamos a realizar. Las elecciones de noviembre y diciembre de 1998 iniciaron el proceso, pero el dilema es el mismo de siempre: la vamos a convocar violando la Constitución o la vamos a convocar respetando la Constitución. En el pasado, por la fuerza, siempre hemos optado por la primera vía; en el momento presente, con la globalización democrática que caracteriza al mundo contemporáneo y con el desarrollo político de nuestro propio pueblo, no habría derecho a que el nuevo gobierno y los partidos tradicionales, por su incomprensión, también nos lleven a tomar la vía del desprecio a la Constitución, precisamente, la 'fulana Constitución', como se la ha calificado recientemente.

Las fuerzas políticas tradicionales representadas en el Congreso tienen que aceptar que el sistema político iniciado en los años cuarenta, sencillamente terminó, y tienen que entender que el precio que tienen que pagar por mantener la democracia, consecuencia de su incomprensión pasada, es reformar de inmediato la Constitución para establecer el régimen de la Asamblea Constituyente, en la cual, sin duda, nuevamente perderán cuotas de poder.

Pero las nuevas fuerzas políticas también representadas en el Congreso, y el presidente electo Hugo Chávez Frías, también tienen que entender que la Constitución no está muerta, que es el único conjunto normativo que rige a todos los venezolanos y que su violación por la cúpula del poder lo único que lograría sería abrir el camino a la anarquía.

Los venezolanos de comienzos del siglo XXI no nos merecemos una ruptura constitucional y tenemos que exigir que la inevitable y necesaria Asamblea Constituyente se convoque y elija lo más pronto posible, pero mediante un régimen establecido constitucionalmente, pues no hay otra forma que no sea mediante una reforma de la Constitución para establecer la forma de la Asamblea (unicameral o no), el número de sus integrantes, las condiciones y forma de su elección y postulación (uninominal o no) su rol democrático y su relación con los principios republicanos y de la democracia representativa, incluyendo, la separación de los Poderes Públicos.

Ninguna otra autoridad o poder del Estado puede establecer ese régimen y menos aún puede ser el resultado de una consulta popular o referéndum consultivo. Este, para lo único que sirve es para obtener un mandato popular que habría que actualizar constitucionalmente, mediante una reforma del Texto Fundamental. De lo contrario sería como si se pretendiera establecer la pena de muerte, prohibida en el artículo 51 de la Constitución, mediante un simple referéndum consultivo. Si éste se realizase, lo único que significaría sería la expresión de una voluntad popular que habría de plasmarse en la reforma constitucional del artículo 51 de la Constitución, pero no podría nunca considerarse, en sí mismo, como una reforma a la Constitución.

Lo mismo sucede con el tema de la Constituyente: la elección de Hugo Chávez Frías puede considerarse como la expresión de una voluntad popular pro constituyente que debe plasmarse en la Constitución mediante su reforma específica. Por ello, si el 23 de enero próximo el Congreso inicia la reforma específica de la Constitución para establecer el régimen de la Constituyente, para cuando se realice el referéndum consultivo prometido por el Presidente electo (60 días después del 15 de febrero, es decir, el 15 de abril) podría en realidad realizarse el referéndum aprobatorio de la reforma constitucional que regule la Constituyente y procederse a su convocatoria.

Esta es una fórmula para resolver el tema de la constitucionalización de la Asamblea Constituyente, la cual es indispensable para poder convocarla democráticamente, es decir, en el marco de la Constitución, conforme a la cual fue electo presidente Hugo Chávez Frías y se juramentará próximamente en su cargo.


Otros documentos sobre la Constituyente y las elecciones de 1998


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