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Adina Bastidas Encuentro Nacional sobre el Diálogo de Civilizaciones, Caracas, 8 de noviembre de 2001 Buenos días, señor Luis Alfonso Dávila García, Ministro de Relaciones Exteriores; señor Manuel Espinoza, Viceministro de Educación, Cultura y Deportes; señor Luis Brito García, miembro de la Mesa Redonda del Encuentro Nacional; honorables miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en Venezuela; señores representantes del Gabinete Ejecutivo, señores directores del Ministerio de Relaciones Exteriores, representante del Clero Nacional, nuestro querido padre Juan Vives Suriá; señores delegados e invitados especiales, Francisco Mieres, mi profesor respetado; amigos, amigas, periodistas, camarógrafos, fotógrafos, señoras y señores: En un seminario análogo a este internacional, celebrado en la ciudad de Caracas, en víspera de la Segunda Cumbre de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, en septiembre del año 2000, es decir, recientemente, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, señor Hugo Chávez Frías, osó afirmar que la principal fuente de energía no es el petróleo sino el pueblo. Una afirmación audaz que se revela plena de contenido y de significación. En efecto, la forma superior de la energía es la conciencia de la población debidamente informada, la única capaz de contrarrestrar la intropía, el odio y la ignorancia, por lo tanto de crear energía neta y evitar la escasez y al destrucción. Pero el punto suscitado por el Presidente de la República es muy complejo, porque lo que ahora ocurre nos indica con elocuencia cuán difícil es lograr que se forme en el planeta y cualquier país una ciudadanía bien informada y consciente, aunque la capacidad de difusión y los medios de información proliferen hoy como nunca en el pasado. A tal grado que lo que transforma el mundo de hoy en uno globalizado es la revolución de la información impulsada por la microelectrónica, los satélites y las nuevas tecnologías de la información; es complejo porque el acceso al manejo, la creación y el uso de los novísimos productos y vehículos de la información es muy desigual entre empresas, estados y usuarios individuales, y la misma se reduce a una ínfima minoría de la población, habitantes básicamente del norte industrializado, y quedando la gran mayoría en el papel pasivo de espectadores o curiosos que solo recibimos los mensajes. Y es complejo, sobre todo porque como el propio Presidente lo ha experimentado en carne propia, el gran poder de los emisores de la información de la elaboración y emisión del contenido de su mensaje está concentrado en gigantescas empresas y cadenas, las cuales han acumulado y extendido su capital y sus activos por todo el planeta a la velocidad del rayo, constituyéndose en los nuevos monopolios no solo de la industria y del del manejo y del negocio del conocimiento por poderosísimas cúpulas mundiales que han subordinado y desplazado escuelas y universidades en la labor de educar y de pensar. En suma, los que manejan hoy el mundo ya no son los propietarios de los medios de producción como no los dijo el viejo Marx, sino los dueños de los medios de información. Tal es el tamaño del reto y de los valores que enfrentan los estados y los políticos para los cuales lamentablemente no se nota que estén propiamente preparados. Tales son los rivales y los retos que tienen ante sí, el ciudadano preocupado por su país, por su libertad, por su ambiente, por su familia, el educador, el comunicador social, el cura o el artista que no se resignan a ser simples consumidores, sino que ya también quieren participar. Desde luego, tales retos exigen sobre todo de los líderes sociales una formación superior y renovada, aspiraciones rectualizadas para ponerse a tono con la autenticidad humana. La conciencia social informada tiene que ser crítica y tiene que ser también autocrítica, y por ello profundamente humilde para llegar a ser creadora. Por eso, el poder de los países débiles a la par de ser soberano debe dar el ejemplo de humildad ante su pueblo hasta el supremo esfuerzo de rectificar, ceder y aprender de los errores para conservar la credibilidad y la confianza del tiempo, del pueblo al tiempo que se aprende con él. Tal no es por desgracia la ideología dominante en las cúpulas del poder del gran monopolio de la gran finanza, de la gran industria bélica del gran petróleo de la gran Internet, de la gran Microsoft, de la gran CNN, de la gran TV, de la gran prensa, reyes de la civilización occidental o más propiamente WASPs. El terrorismo de los oprimidos porque también hay terrorismo de los opresores. Es un subproducto perverso y lamentable de la dominación WASP, que llega a hacerse insoportable para los más radicales o violentos de los dominados, lo que los lleva a desesperadas explosiones destructivas y asesinas. La otra respuesta desde la Inquisición se ejerce a través de incursiones, de campañas, de otras formas, aunque los ordene la Organización de las Naciones Unidas o como se conoce la justicia internacional. La única salida deseable es obviamente el diálogo de civilizaciones que hoy nos ocupa aquí y que ha sido propuesta por el Sur y acogido por la Organización de las Naciones Unidas. Se trata de un gran reto para el Sur, pues nada indica que los WASP estén dispuestos a entablarlos en serio. Aun Fukuyama insiste en que el único camino hacia la paz es el sometimiento global a los valores superiores de la civilización occidental, la teología del mercado y de la propiedad privada, las panaceas del desarrollo y de la democracia, del complejo militar industrial, son los mandamientos de la ley del Dios occidental, en las grandes potencias dominantes con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. Esta pugna de civilizaciones se ha agravado después del 11 de septiembre, el diálogo es pues por el momento una causa del Sur. Para imponerla al Norte no bastará con la prédica y la razón. El Sur tendrá que lograr su capacidad para unirse, resistir y perseverar hasta lograr un nuevo orden mundial que sea de verdad un orden y no este inmenso desorden bajo los cielos. Esa capacidad dependerá mucho de las habilidades de los gobiernos para estar juntos e imponer en las organizaciones económicas, políticas y sociales las reformas indispensables. La cuestión clave se resume en si los dirigentes de la periferia podrán manejar racionalmente sus diferencias para lograr el éxito de la causa común. Para responder puede ser pertinente analizar si la contextura sicológica de la dirigencia del Sur, le permita vencer ciertos elementos objetivos del subdesarrollo que están internalizados como partes contradictorias de las personalidad de los líderes de una personalidad laberíntica incoherente que les impide actuar según una lógica racional y consecuente. Es lo que plantea J. M. Briceño Guerrero como El laberinto de los tres minotauros en relación con con las élites latinoamericanas para que se pueda extender a las del Tercer Mundo en su contexto. En América Latina como sociedad y como individuos somos frutos de una mezcolanza heterogénea de tres corrientes sanguíneas étnico-culturales contrapuestas y no integrables, la de los aborígenes colonizados, junto con los negros sometidos al trabajo forzado. La de los conquistadores europeos católicos con ideología en instituciones eclesiásticas obligatorias convertidos en dueños y mantuanos y la de los europeos criollos de la Independencia, portadores de la racionalidad científica, cientificista, de la revolución industrial capitalista y la revolución política-francesa, lo de la republica y las universidades. Estos tres flujos conviven en nuestra sociedad y nuestra propia psiquis individual no armónicamente sino en forma heterogénea e incoherente, haciéndonos inestable, volubles, contradictorias, incapaces de aplicar consecuentemente una política planificada, ajustada a la ciencia y a la tecnología moderna debidamente asimilada. Así, la heterogeneidad estructural típica del subdesarrollo estaría también dentro de nosotros mismos haciéndonos incapaces de superarlo. Por contraste, la dirigencia occidental será coherente sicológicamente y aplicaría racionalmente su formación científico-técnica tanto en los negocios como en su política. Ha superado por completo los antecedentes teologicistas y cualesquiera otras creencias irracionales. De allí el éxito y la superioridad del desarrollo, claro, Briceño Guerrero es un académico de profunda formación alemana y cree de veras que la vía ciencia-técnica que él llama el modelo Europa II es la única capaz de superar el subdesarrollo, mejorar el mundo y la sociedad. Su análisis de las élites latinoamericanas es severo y fatalista pero parece tener bastante de cierto. Se siente uno tentado a decir «se non evero è ben trovato». Se trata en todo caso de un ejercicio intelectual serio, que no ha recibido la atención que se merece, es una discusión pendiente. Por tanto lo que habría no pocas preguntas que hacerle al autor, una sola, por qué la Europa II es la de las Guerras Mundiales, qué es lo que debía sus dirigencias de la racionalidad, qué es lo que las conduce a la autodestrucción, cómo penetra el virus de la irracionalidad belicista en una dirigencia presuntamente racional, coherente y blindada. La otra tiene que ver con lo discutido aquí. Hasta qué punto el desarrollo espontáneo de la tecnología industrial regida por la mano invisible del mercado, supuestamente racional puede garantizar un desarrollo económico, equilibrado, equitativo, no destructor, sostenido, ¿no hay acaso aquí una idolatría crítica de la tecnología del mercado del desarrollo? No hay una ignorancia de la nueva ciencia, la subversiva, la ecología, ¿no emerge acaso una nueva Europa que podría llamarse Europa III donde los ecologistas no solo son parte ya de la vanguardia protestataria antiglobalización, sino también forman ya parte algunos de ellos de gobierno? Aunque estas preguntas puedan parecer agresivas, dictadas por un reflejo defensivo de nuestras cúpulas solo provienen de un afán de precisión y de aprendizaje. Por lo que respecta a las corrientes fundanacionales de nuestras sociedades hay una omisión significativa. La inmigración andaluza que acompaña a Colón desde el Descubrimiento. Es un flujo que no es mantuano ni de trabajadores forzados; son agricultores, criadores, pescadores, navegantes, artesanos que en gran medida se convierten en fundadores de nuestra agricultura, nuestra ganadería, nuestra pesca, nuestra marinería. Fueron el enlace entre esclavos o siervos y amos. Fueron después los blancos de orilla, con papeles relevantes en la Independencia. Les estaba prohibida su religión original y debían convertirse, mas no han debido ser muy católicos en el fondo. Su vocación es económica, son productores, constructores, comerciantes, empresarios. Su influencia en los llanos y las costas de Venezuela es determinante, inmersos en el ámbito urbano. El Proyecto Acalapi Influencia de la Cultura Árabe en América Latina a través de la Península Ibérica de la UNESCO ha rescatado este aporte olvidado que además nos une con la región allá en el Atlántico con el Mundo Árabe Islámico. La música venezolana, la llanera y la marinera ante todo es descendiente directa de la andaluza y por ahí de la árabe. Lo mismo respecto a otros aspectos en nuestra cultura material. En suma, esto puede ser un componente sumamente constructivo e integrador de nuestra nacionalidad que quizás sea capaz de resolver el laberinto de los tres minotaurios. Como se ve, aún hay mucho que hurgar en nuestra historia. Tanto en la primera la aborigen que poquísimo conocemos como en la segunda, la creación de nuestras patrias latinoamericanas que no conocemos del todo. Sabemos que Cubagua fue exportadora de perlas pero no poco de nuestro principal fruto de explotación salía por el Apure hasta Londres y Hamburgo. Era el tabaco barinés cultivado por esos hijos de Andalucía y que era el único que le hacía competencia al famoso tabaco cubano de vuelta abajo seguramente cosechado allá por los mismos. Por eso Barinas era la región principal para el Fisco en el momento de la disolución de la Gran Colombia y la más poblada de Venezuela a inicios del siglo XIX luego de la Independencia. En suma, nuestra hipótesis frente a la de Briceño Guerrero es que cuando se introduce este nuevo elemento procedente de la zona en que la enseñanza universitaria era la más avanzada en su momento en el mundo desaparece el fatalismo noticista que él atribuye a nuestras élites desde las creadoras de nuestras repúblicas hasta las de hoy dotadas de un realismo pragmático cruzaron el pequeño nacionalismo en beneficio propio pero que son capaces de adoptar el modelo técnico-científico europeo para vender el colonialismo económico y mental, mientras que lo denunciaba Simón Rodríguez. No está excluido por eso mismo, que puede llegar incluso a ir más allá. Esa región dará luego una notable contribución a la de combatientes para la Federación de esa guerra y sufrirá sus efectos negativos en la economía. La emigración de algunos nos lleva sierra arriba a Táchira y Mérida, donde fundaron muchas plantaciones de café, e incluso crearán la primera empresa petrolera venezolana. En la teoría de Vallenilla Lanz sobre el gendarme necesario, los llaneros son la masa de hombres-caballos prestos para la aventura guerrera, liderada por un jefe valiente e indómito ante las Leyes y las disciplinas del trabajo. Es verdad que muchos llaneros acompañaron a Bolívar y a Sucre hasta el Chimborazo y Ayacucho, que inicialmente habían seguido a Boves y luego siguieron a Páez y después a Zamora. Así mostraron su disposición para la insurgencia y la acción combatiente. Pero no es menos cierto que los llaneros fueron los creadores de nuestra ganadería y del trabajo de llano en general, como lo señala la profesora Hernández Barbarito, amén de hacer soporte en otras ramas productivas como hemos señalado, sin olvidar la creación cultural indiscutible. Eso significa, que fueron precursores en muchas cosas, que aprendieron a atreverse bien temprano y a corregir el rumbo que recorrieron el país, y algo aprendieron en esos trayectos. Los llaneros fueron trabajadores antes que ser soldados, y muchos de los sobrevivientes volvieron a ser trabajadores. Además, nuestros llaneros no son descendientes de los mongoles ni seguidores de Jean Yiscaen, son pardos, hijos de indias y de españoles; en particular, andaluces y discípulos de estos en la cría de reses y caballos y en su uso. No parecen tener genes particularmente guerreros. Por eso, resultado poco creíble la tesis de Vallenilla como justificación del gendarme necesario Juan Vicente Gómez. Es muy extraño que Vallenilla pasara por alto un caso que tenía al lado y que debía conocer de primera mano: el de la Provincia de Cumaná o Nueva Andalucía, siendo la primera región tocada por Colón en el Continente, donde algunos de sus marineros fundaron la primera ciudad española. El propio nombre indica cuán fuerte fue el impacto andaluz en la constitución de la región en la provincia paralela a la de Venezuela. La colonización de Nueva Andalucía puede considerarse un modelo exitoso de autogestión productiva. La sucesiva construcción de ciudades: Carúpano, Río Caribe, Cumanacoa y del urbanismo en especial, el manejo del agua, muestra ciertos rudimentos en la utilización de las artes andaluzas con adecuación al clima y al ambiente tropical, a la disponibilidad de materiales, entre otros. La pesca, la navegación se difunden rápidamente; la implantación de la agricultura europea logra insertarse con la preexistente indígena poco desarrollada, consiguiéndose una diversificación notable. La escala de producción es más bien pequeña; se crean y difunden muchas artesanías para el procesamiento de productos agrícolas y marinos, construcción de barcos. Los conflictos políticos y étnicos son de baja intensidad; en las misiones católicas se aplican prácticas benignas, inspiradas por lo visto en la enseñanza del Padre de Las Casas, que se inició en Cumaná. La región se vincula prontamente al mercado internacional, logrando diversificar con el tiempo las exportaciones. Este contacto le sirve para aumentar su conocimiento del mundo; surgen los núcleos y centros de formación y de cultura, no solo parasitarios de la metrópolis sino también ligados a París, Londres y a ciudades del propio Hemisferio. De allá saldrá en su momento la generación libertadora oriental: Sucre, Bermúdez, Mariño, Arismendi; la única que brilla con luz propia fuera de Caracas. Después, varias generaciones de pensadores, escritores, educadores, legisladores, salieron de allí orientados todos por concepciones racionalistas a tono con la Europa Industrial, practicantes en una lógica cartesiana. Varios de ellos ocuparon posiciones importantes en el gobierno, la prensa. El desarrollo económico fue modesto pero equilibrado, lo que refleja a mi juicio, el papel positivo de la presencia andaluza, hasta que en Cumaná la Asamblea Legislativa otorgó las primeras concesiones de hidrocarburos del país al capital extranjero. El lago de asfalto de Guanoco y las perforaciones petroleras iniciales, fueron el escenario inicial de la New York and Bermúdez Company; allí se perdió el rumbo. Sobrevendría la guerra del asfalto llamada la «Revolución Libertadora», armada por la empresa inglesa enormemente costosa en pérdidas humanas, aunque derrotada por Castro, algunos de sus jefes entrarían como ministros al gobierno de Gómez, pero bueno, ya eso es otra historia, la de nuestro pobre país petrolero. Este Encuentro Nacional sobre el Diálogo de Civilizaciones que reúne en este escenario a destacados especialistas y estudiosos de la identidad multicultural de Venezuela, nos lleva de profundo regocijo, pues responde a una imperiosa necesidad que hoy motiva a los pueblos del mundo, que desean alcanzar la paz y la armonía, como ya señaló nuestro Canciller, a través del conocimiento del otro, del respeto de la diversidad cultural y de la tolerancia mutua. Estamos convencidos de que la diversidad cultural lejos de constituir barreras entre los pueblos o ser causa para la división o la confrontación, constituyen una fuerza enaltecedora y solidaria para el enriquecimiento de toda la humanidad. La Constitución Bolivariana de Venezuela consagra el carácter de pluralidad étnica de nuestra población, resultado de los aportes de nuestros aborígenes amerindios, de las corrientes europeas y africanas, del legado andaluz, producto de la presencia árabe en la Península Ibérica y de los múltiples flujos migratorios que hemos recibido de diversas regiones del mundo. Todo lo cual ha cristalizado en un profundo mestizaje, del cual hoy podemos sentirnos genuinamente orgullosos, como ya lo hemos señalado. Este evento que instalamos hoy, se enmarca en el actual Año del Diálogo de Civilizaciones, decretado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, como una forma de profundizar en el acercamiento intercultural e interregional de los distintos pueblos del mundo. La iniciativa también da respuesta a aquella tesis como la de Samuel Huntington, sobre el choque de civilizaciones, cuya hipótesis central plantea que la fuente fundamental de conflicto entre las naciones, no será más de naturaleza ideológica y económica sino cultural. Para este autor, los conflictos principales tendrán lugar entre países y grupos de diferentes civilizaciones. El diálogo intercultural es un proceso de aprendizaje continuo, es la mejor prevención contra los malos entendidos y la desconfianza entre los distintos grupos étnicos, sociales y políticos; es un mecanismo fundamental para propender a la paz y a la supervivencia humana. Es por esta razones que el Gobierno que preside nuestro presidente Hugo Chávez Frías, ha decidido promover el Encuentro Latinoamericano y Caribeño sobre el Diálogo de Civilizaciones, con los auspicios del Sistema Económico Latinoamericano (SELA) y la UNESCO, con el objetivo de reivindicar la diversidad cultural de nuestra región frente a los riesgos de homogenización cultural que encierra la globalización, y para contribuir a un mayor diálogo de civilizaciones en pro de la paz y de la cooperación internacional, para lo cual deseamos el mayor de los éxitos en las deliberaciones que ustedes inician en el día de hoy en este Capítulo Nacional, y que lo continuarán con el Capítulo Internacional la próxima semana. Muchas gracias. |
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