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Sección: Bitblioteca
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Con la lengua El año dosmil El Nacional, domingo 9 de enero de 2000 Una vez más ha quedado demostrado el enorme poder de los medios de comunicación. El pasado 1º de enero millones de personas en todo el mundo amanecieron con la ilusión de estar ya en el siglo XXI en el Tercer Milenio de la era cristiana. Los convenció la impresionante campaña desarrollada en todas partes por los medios, alimentados por los comerciantes, interesados en vender bienes y servicios para la celebración de la supuesta llegada del nuevo siglo y del nuevo milenio. Todo ello acrecentado, además, por la desesperación de la gente, deseosa de que terminase una etapa de la historia llena de calamidades, miserias y quebrantos de todo tipo, con la ingenua creencia de que, concluido un período de tiempo, las cosas serán mejores en el nuevo período. Por supuesto que puede que sea así, pero el simple cambio de siglo o de milenio no lo garantiza. Quizás publicistas y mercaderes no pensaron que tan celebrable es la entrada en un nuevo siglo o milenio, en tanto que cancelación de una etapa, como la llegada pura y simplemente del año 2000 tan ansiosamente esperado desde tiempos remotos. Aunque no es descartable que haya sido a propósito para poder celebrar dos veces la entrada en la nueva era, y tener así doble ganancia. Desde luego que faltaron declaraciones categóricas de instituciones autorizadas, que aclararan definitivamente el error. El Papa, por ejemplo, podría haber sido el más idóneo para ello. La celebración del Jubileo o Año Santo en 2000 no tiene nada que ver con la entrada en el nuevo milenio, pues se trata de una celebración de la Iglesia cada 50 años, desde que, en 1300, fue instituido por el Papa Bonifacio VIII, por lo que el Jubileo coincide siempre con la mitad y con el último año de cada siglo. Ya en Roma se tiene lista la programación de este año en la Basílica de San Pedro, que incluye una vigilia, el domingo 31 de diciembre, para celebrar la llegada del nuevo milenio. Así puede leerse en el sitio del Vaticano en Internet (http://www.giubileo2000.it/calendario/calendario.htm). También las Naciones Unidas debieron hacer una declaración al respecto, como lo hizo el Observatorio de Greenwich el que marca la hora para todo el mundo, que fue claro en ese sentido, pero no tiene a su favor el inmenso poder que sí tienen los medios de comunicación. En todo caso, la publicidad no puede modificar los hechos. Seguimos en el siglo XX y en el Segundo Milenio. No se trata de una simple opinión que pueda aceptarse o no, sino de un hecho científico. La medición del tiempo siempre es y será convencional. La llamada era cristiana, por la que nos regimos en el hemisferio occidental mediante el calendario gregoriano, no es la única en el mundo, pero ha sido aceptada convencionalmente en todas partes, al margen de su connotación religiosa, como la única manera de mantener la unidad operativa entre todos los países del mundo, cualquiera que sea su ubicación geográfica o su signo religioso. Pero la función aritmética de contar no depende de las convenciones, y, como decía un distinguido columnista de El Universal, se empieza a contar por el número 1. Han transcurrido 1.999 años del comienzo de la era cristiana y 99 del siglo XX. Sólo el 1 de enero de 2001 podremos dar por definitivamente cancelados el siglo XX y el Segundo Milenio. Y esto no lo modifica el que, mientras tanto, mucha gente siga con su ilusión. Posiblemente la consulta que mayor número de personas me han hecho en los 14 años y medio que lleva esta columna, ha sido la de cómo debe fecharse a partir de ahora: 9 de enero del 2000, 9 de enero de 2000 ó 9 de enero 2000. De esta última manera lo hacen El Nacional, y otros periódicos. La pregunta se nos viene haciendo desde mediados del año pasado, pero como es natural, se ha intensificado en estos días. No hay regla al respecto. Sin embargo, la Real Academia recomienda que se haga con la preposición «de» (no con la contracción «del»), como ha sido hasta ahora, cuando los años comenzaran por el número 1. Consecuentemente, cuando nos refiramos sólo al año deberemos utilizar las partículas adecuadas, siempre sin el artículo: así como decimos «Eso fue por 1890 más o menos», diremos «Eso fue por 2000 ó por 2005 más o menos». O, igual que decimos «Él nació en 1895», deberá decirse cuando corresponda «Él nació en 2007. Y así sucesivamente. Se argumentará que eso no suena bien, o que resulta raro. Quizás sea verdad, pero es cuestión de acostumbrarse. Muchas palabras o frases que sonaban raras cuando se las empezó a usar, hoy son comunes y corrientes sin que el oído se resienta. Lo de que suene mal se da sólo con el número redondo. Nada nos cuesta decir «La batalla tal se dio en 875 después de Cristo», pero nos choca «Fulano nació en 1000 d. de C.». Lo mismo ocurre con el año 2000: «Eso será en 2000», pero no con los años subsiguientes: «Eso será en 2002», o «Espero vivir hasta 2031, para celebrar mi centenario». La fórmula de El Nacional también es buena: «9 de enero 2000», pero es aconsejable que se ponga una coma (,) entre el mes y el año: «9 de enero, 2000». En cuanto a la data numérica, no es conveniente colocar sólo dos ceros por el año, sino el año completo: «9-1-2000», y usar los dos últimos dígitos sólo a partir del próximo año: «9-1-01», que también podría ser «9-1-1». El uso del artículo con el año, «el dosmil» o «el 2000», se debe, sin duda, a una elipsis, pues se sobreentiende «el año 2000», aunque se suprima la palabra «año». Y es así, al menos en parte, porque los años son números ordinales, y no cardinales. 1999 es, en realidad, el milésimo noningentésimo nonagésimo nono (1999°) aniversario del nacimiento de Cristo, entendiendo que la fecha de dicho nacimiento es convencional. Así mismo, este año será el dosmilésimo (2000°) año transcurrido desde ese acontecimiento, pero como está comenzando, sólo al final del año podrá decirse que han pasado 2000 años del nacimiento de Jesús y del comienzo de la era cristiana.
Real Academia Española, Nota sobre la expresión de las fechas a partir del año 2000 |
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