Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela
Home
Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca Buscador
Roberto Hernández Montoya, Director 
Autores
Con imágenes
Sin imágenes
Categorías
Servicios
Argentina
Buscadores
Caracas
Colombia
Políticos
¿Qué es
La BitBlioteca?
Radios en español
Venezuela





Toque de pimienta

Modales de alta sociedad civil

Augusto Hernández

Miércoles 5 de febrero de 2003

Lo razonable, lógico o elemental, es que los novios que simpatizan con Chávez no intenten casarse por la Iglesia, ni ella vestida de blanco, como si fuera una chica refinada, ni él (¡qué riñones!) con smoking o paltó levita. Los chavistas, para estar a tono con la chusma, deben arrejuntarse sin obtener la bendición eclesiástica. Caso contrario (si insisten en casarse), los caraqueños deben hacerlo en una iglesia de Macarao, Las Adjuntas o Catia.  De otra forma se exponen a un cacerolazo aplicado en el interior del templo por distinguidas feligresas que aman al prójimo como a sí mismas, es decir, con alcurnia.

Las cosas también han cambiado para los ejecutivos empresariales, empleados de nivel superior y funcionarios públicos que antes cordializaban en las barras de Caracas y de otras ciudades venezolanas. Ni hablar de que un chavista con deseos de echarse un par de whiskies se atreva a entrar a un bar de lujo o un restaurante de postín. Será recibido con abucheos, entrechocar de tenedores y copas y, si permanece en la barra, los bebedores de mayor alcurnia lo sacarán a bofetones.

Lo correcto, claro está, es que si un admirador del gobierno, diputado, ministro o funcionario aborda un avión comercial, los pasajeros de cachet se amotinen durante el vuelo y lo agredan de palabra y obra, particularmente si viaja en compañía de su esposa y con niños pequeños.

Las diputadas o integrantes de las hordas femeninas del chavismo no tienen ningún derecho a visitar salones de belleza, los spas de moda, gimnasios ni sitios donde acuden las damas chic del jet set. De hacerlo se exponen a recibir varias raciones de las patadas de karate que las «chicas bien» aprenden a propinar en las academias de artes marciales.

¡Cómo se le ocurre a un militar, por muy general o coronel que sea (peor aún si es de la Guardia Nacional) comprar una casa en una urbanización decente! Lo adecuado es que residan en los cuarteles mientras están en servicio activo y luego se muden al exterior o, tal vez, a una finca que quede bien lejos de la civilización.

La culpa es de Chávez, que impuso la discriminación social en este país.



Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.