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Pare de Sufrir

Oposición: manual de uso

Luis Britto García

britto
Últimas Noticias, domingo 29 de Agosto de 2004

De cada diez votantes, seis queremos que Hugo Chávez Frías complete su período. Cuatro se pronunciaron por su remoción.

Algunas reglas pueden regir las relaciones entre ambos bandos, o convertirlo en uno solo.

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En primer lugar, los bolivarianos no deben tratar a la oposición como ésta los ha tratado a ellos. Es decir, los bolivarianos no deben caer en la tentación de:

  1. Desconocer la existencia de la otra parte.
  2. Descalificarla automáticamente.
  3. Discriminarla étnica ni socialmente.
  4. Acosarla individual o grupalmente.
  5. Calumniarla mediáticamente.
  6. Intentar destruir violentamente las instituciones y el orden jurídico.
  7. Incomunicar sectores de la población cortándoles vías y prohibiéndoles circular.
  8. Recurrir como argumento a la amenaza de muerte o la importación de paramilitares.
  9. Desechar automáticamente los alegatos y puntos de vista del otro bando.
  10. Considerar al adversario como un bloque homogéneo contra el cual deben ser dirigidas indiscriminadamente las estrategias citadas, o cualesquiera otras. Desdichado el vencedor que imita al vencido, sobre todo en su altanería.

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Por su parte, las dirigencias opositoras no deben tratar a los bolivarianos como si no fueran gobierno. Esto implica:

  1. Desistir de las conductas antes señaladas.
  2. No tapar el sol de los resultados electorales con el meñique de las acusaciones de fraude.
  3. Poner en receso el Poder Legislativo mediático, comprendida la fracción de Víctor Manuel García que intimaba a Mary Pili Hernández a derogar porque sí las 49 leyes.
  4. Darle vacaciones al partido político Fedecámaras, cuya fracción Fedeindustria exigió derogar el control de cambio y el de precios a cambio de nada.
  5. Bajar de esa nube al Consejo Nacional Electoral paralelo de Súmate, que exige repetición del proceso sin captahuellas, con conteo manual realizado por ellos mismos y certificado solo por Globovisión.
  6. Licenciar a quienes no reconocen resultados electorales y amenazan con no concurrir a elecciones para que cojan el monte, como sugirió Fausto Masó.
  7. Dejar de pretender que se tiene inmunidad contra las leyes, particularmente las tributarias.
  8. Enseriarse y no tratar ayer a Carter y a Gaviria como dioses para cacerolearlos mañana.
  9. No llamar a la insurrección y al exterminio, coleccionar tacos de explosivo C-4 ni importar paramilitares.
  10. Reconocer que ya está, ya pasó, que La Lagunita no es el país, que la prepotencia tiene un límite en el momento en que no cree en ella ni siquiera quien la finge.

En resumen: esta batalla de Santa Inés no puede naufragar en un nuevo Tratado de Coche.

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Habrá notado el lector que me refiero a ciertas cúpulas, que no cometo el error contra el cual predico en el mandamiento 10) del aparte 2, de considerar a la oposición bloque homogéneo y exaltarla o condenarla indiferenciadamente.

Evaluar a la minoría es examinar su relación con quienes la han llevado a serlo ¿Quién eligió a las que hoy se llaman dirigencias opositoras? ¿Cuántos se reconocen en cadáveres políticos que mandaron a sus masas hacia francotiradores que ellos apostaron, a sus militares al retiro, a sus gerentes de Pdvsa al pajón, a sus empleados al despido masivo, a sus electores a la derrota y a sus padrinos estadounidenses al cacerolazo?

¿Cuántos creen a pie juntillas en unos medios que los convocaron para una jornada cívica y los enchiqueraron en una dictadura, que los impulsaron a un paro y los abandonaron en la ruina, que los empujaron a un referéndum que no hizo más que revelar su debilidad?

¿Cuántos pequeños empresarios creen en una Fedecámaras que llamó a compartir el sacrificio y los sacrificó a ellos?

¿De verdad confía algún trabajador en una CTV que entregó sus prestaciones a cambio de nada? ¿Reconoce hoy alguien en Carmona Estanga otra cosa que el cabecilla de ridículos pretenciosos que abrigaban pretensiones ridículas? Apostamos a que cuatro millones de venezolanos tienen expectativas, deseos, planes que no se confunden con asegurarle una dieta parlamentaria a Ramos Allup o garantizarle otra gobernación a otro heredero de la dinastía Römer.

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Una oposición distinta se extiende más allá de esas costras y por fuera de esas logias de ausentes de la realidad. Antes de ponerla en condiciones de operar o desactivarla junte cuidadosamente las siguientes piezas:

  1. Un sector de profesionales desempleados o subempleados en disonancia de estatus, vale decir, cuyas aspiraciones no coinciden con sus realidades.
  2. Un alto porcentaje de trabajadores cesantes sin expectativas.
  3. Numerosos pequeños y medianos empresarios amenazados de quiebra.
  4. Estamentos académicos o intelectuales que se sienten sin función y sin audiencias.

Poco importa que no reconozcan que fueron las cúpulas empresariales quienes los dejaron sin empleos, clientelas y órganos de expresión. Quien se los restituya podrá juntar las piezas de la maquinaria, ponerla a funcionar, e incluso fijarle rumbo.

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Gracias al concurso de un apoyo popular y de unos ingresos petroleros igualmente contundentes, puede hoy el Estado cancelar la infame deuda externa, recuperar el parque industrial público subastado por el latrocinio neoliberal, activar grandes planes para garantizar la producción alimentaria y la creación de bienes de consumo masivo y mediante ellos multiplicar la inversión, el empleo, la circulación de bienes y el sostenido aumento del nivel de vida. Solo así se mantendrá la actual mayoría, se conquistará parte de la minoría y se congregará a los dos millones de abstencionistas.

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Pues sobre el significado del voto hay dos facciones inconciliables: el pueblo lo considera un medio, los políticos un fin. Pero todos aquellos que enfrentaron las elecciones como un fin encontraron en ellas su final. Ejemplo: la Cuarta República, a la cual derruyó su incapacidad de convertir democracia formal en democracia económica y social, vale decir, en revolución.

Solo es soberano el pueblo que asume esa tarea. Los políticos siguen contando resultados y el pueblo esperando resultados.


Luis Britto-García en La BitBlioteca



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