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Sección: Bitblioteca
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Gustavo Cisneros, el adelantado Carlos Fuentes La Editorial Planeta coloca en el mercado la biografía autorizada del empresario venezolano Gustavo Cisneros. A continuación, el prólogo del libro. Febrero de 2004 Emprender: El diccionario de la Real Academia Española define este verbo como la acción de «acometer y comenzar una obra...». Y añade este caveat: «... especialmente si encierra dificultad o peligro». Se diría que la Academia tenía en mente a Gustavo Cisneros cuando redactó ese apartado, que el Larousse francés confirma. Emprender es «tomar la resolución de hacer e iniciar». La biografía de Gustavo Cisneros que ahora sale a la luz es, por principio de cuentas, una historia dinástica que se inicia con el padre, se complementa con los hermanos y se prolonga con los hijos. Es la historia de una juventud enérgica que sabe aprovechar las ventajas que su heredad le otorga para continuar creciendo con agilidad y destreza, sin dormirse jamás en los laureles de lo adquirido. Es una historia de riesgos premiados. También, de errores admitidos. Es una historia de oportunos cambios de velocidad. Del negocio del consumo perecedero Cisneros pasa al negocio de las comunicaciones. De la generación de flujo de caja, a la generación de valor. Y siempre, antes del siguiente paso, la consolidación interna. La saga empresarial de Cisneros digna de ser descrita por un Balzac o un Dreiser, si no por los Fuggar renacentistas posee, como toda vida y vida, sobre todo, de acción, luces y sombras, derrotas y victorias, detalladamente descritas en este libro. Pero por debajo o por encima de la saga Cisneros, hay ciertas constantes que explican mejor que cualquier anécdota los valores, personales, empresariales y colectivos, la vida de Gustavo Cisneros. Su estrategia vertical: que cada empresa potencia la otra, y que la distribución se integre, verticalmente también, con el contenido. La temprana identificación de oportunidades. La oportuna corrección de errores. Tolerar los errores de buena fe. Abrirse a la opinión disidente dentro de la empresa. Recompensar la iniciativa personal. Insistir en la labor de equipo. Son estas las bases éticas y operativas que explican el éxito de Gustavo Cisneros. Asume riesgos, pero antes consolida logros. A veces, se lanza de noche a la piscina sin saber si tiene agua. Busca sin cesar el equilibrio financiero y operativo. Es decir: propone un modelo de organización empresarial democrática que se extiende del centro de la periferia, por darle a esta un altísimo grado de autonomía. Se me dirá que cuanto llevo dicho se da descontado en una empresa moderna. Si hoy lo vemos como taken for granted o norma de normas, pensemos un poco en la negativa tradicional latinoamericana del terrateniente ausentista, el estanciero y el régimen de manos muertas, la Iberoamérica de riquezas estancadas de rentistas pasivos, de burócratas adormecidos, cuando no banales. Y de tiranos y tiranuelos «dueños de vidas y haciendas». Es cierto. No hemos superado todos nuestros males. Diríase que algunos de ellos son inherentes, maldiciones. La biografía de Cisneros niega rotundamente estas fatalidades. Demuestra la capacidad organizativa de los latinoamericanos, la decisión de no aceptar un solo problema sin ofrecer inmediatamente una solución posible. Crea una cultura corporativa a fin de que los latinoamericanos nos enteremos de que, al otro lado de la cultura artística y literaria que es nuestra tradición más profunda y prolongada, hay ya una cultura empresarial comparablemente honrada y resistente. La pregunta ardiente sigue siendo esta: ¿Por qué los latinoamericanos no sabemos trasladar a la política las virtudes de la cultura estética y de la cultura empresarial? Hay una recurrencia dramática de nuestros vicios políticos. Cuando creemos haber consolidado sistemas democráticos imperfectos pero saludables, el microbio del autoritarismo hace su reaparición con gesto melodramático, balcón de opereta, disfraz de condottiero y palabrería demagógica. ¿Cómo consolidar la democracia contra el virus autoritario? Creo que la vida y obra de Gustavo Cisneros, por caminos variados, nos ofrece algunas respuestas. La primera es procurar que nuestras sociedades tengan una poderosa base educativa. Hay que penetrar la selva y las «montañas sagradas» a las que hace referencia Guillermo de la Dehesa. La pobreza no crea mercado, nos dice incansablemente Carlos Slim y Gustavo Cisneros concurre: hay una relación fatal entre los niveles de educación y la pobreza. La educación asegura el despegue de las energías creadoras de nuestros conciudadanos. La educación libera los talentos y capacidades personales de ciudadanos que de ninguna manera están condenados a la ignorancia y la miseria. En su tareas culturales, Gustavo Cisneros ha encontrado a una aliada magnífica en su esposa, Patricia Phelps. El Mozarteum que lleva e impulsa la cultura musical entre los jóvenes venezolanos. El rescate de objetos etnográficos. La colección de cientos de miles de fotografías del sur de Venezuela. Patricia Phelps entiende la cultura como gestación continua y asume la responsabilidad de reunir las obras de cultura popular y singular que al cabo le pertenecen a la comunidad. Hay, pues, esta base para el desarrollo local. La educación básica. Pero en un mundo de desarrollo técnico y educativo tan veloz y globalizado como el que vivimos, la base de la educación local tiene dos desafíos. Primero, saber que hoy en día la educación es permanente. No culmina, dramáticamente, en el sexto año de primaria que a veces es el límite para millones de jóvenes latinoamericanos. Ni siquiera culmina al obtener el grado universitario. La educación solo termina cuando se acaba la vida. Esto en primer lugar. En segundo, saber que la educación local tiene que ponerse al día frente a los desafíos del desarrollo veloz de las tecnologías. Bill Clinton recordaba, ante la Asamblea General de la ONU que, al asumir la presidencia de Estados Unidos, solo había 50 sitios en la red de información mundial. Cuando dejó la Casa Blanca, 8 años más tarde, había 350 millones. Calculemos el salto que nos espera en los próximos 10 ó 20 años. La revolución tecnológica abarca por igual las áreas de la global. En países de población agraria extendida, como la de América Latina, la revolución tecnoinformativa puede cambiar radicalmente las condiciones de vida. El acceso a la red transforma la relación entre la oferta y la demanda agrícolas. Proporciona a los trabajadores del campo información puesta al día. El campesino puede recibir, mediante conexión con las fuentes de información, noticias en escuelas, centros comunales y centros de salud. El simputer de bolsillo incluso supera la barrera del analfabetismo, convirtiendo el texto en palabras. A escala global se trata pues de acceder a una mundialización no impuesta, sino generada desde adentro. Gustavo Cisneros ha globalizado sus empresas doblemente: de la periferia al centro y del centro a la periferia. Se ha empeñado en la evolución cualitativa de sus empresas, dotándolas de tecnologías cada vez más avanzadas. La nueva sociedad de información digital ha sido aprovechada por Cisneros para multiplicar servicios a través de plataforma tecnológica única. Caen las barreras de la información. La América Latina no puede, una vez más, «llegar tarde al banquete de la civilización», como dijese Alfonso Reyes. La democracia le es consustantiva a la civilización modera. Gustavo Cisneros, nolens volens representa un valor y un papel político en su Venezuela nativa. El proceso del boom and bust, los mirajes de la petrolización («los veneros del diablo»), la decadencia y frivolidad de los partidos y las personalidades políticas, crearon el vacío apropiado para que la eterna tentación autoritaria latinoamericana regresara por sus fueron en la figura de Hugo Chávez. Electo como Hitler, histriónico como Mussolini, populista como Perón, Chávez ha desatado (porque no la ha gobernado) una marea de divisiones, regresiones económicas y espejismos sociales que podrían ser contagiosas en una Iberoamérica que se felicita de ser democrática pero se pregunta ¿a qué hora el pan, el techo, la escuela, la salud? Ganarle la batalla a la tentación autoritaria es deber de la ciudadanía democrática de la América Latina. Gustavo Cisneros se ubica en el centro democrático y sufre por ello los ataques, calumnias y demás balística del sótano chavista. Ante las políticas divisionistas de Chávez, Cisneros se sitúa, no es un centro anodino, sino en un centro de compromisos. Peligroso centro, peligroso para el autoritarismo demagógico. Pues Cisneros representa la capacidad de organización de la cual carece el gobierno autoritario. Representa el balance social contra el desequilibrio divisivo. Representa la creación de fuentes de trabajo y de riqueza frente al bullicio estéril y la dilapidación de recursos. Gustavo Cisneros es un empresario trasatlántico. Su relación con España significa la abolición del océano: las carabelas tienen boleto de ida y vuelta. Es un empresario interamericano. Su presencia en los continente del Nuevo Mundo Iberoamérica y Angloamérica lo convierte en Adelantado de relaciones de provecho mutuo, como lo ha demostrado en múltiples negociaciones con empresas norteamericanas que nunca constituyen debilidad o cesión neutra, sino equiparación racional y digna. Creador de una cultura de negocios, adelantado de una cultura política de equilibrios, promotor de una cultura educativa que no deje atrás a nadie, escudero de la lengua española en el corazón de Anglomérica, Gustavo Cisneros descendió un día a la caverna de Sarisariñama como un personaje de Conan Doyle descendió al centro de la tierra y, al tocarla, escuchó un grito de dolor. En su descenso a la caverna, Gustavo Cisneros escuchó, acaso, un grito de alegría: «Una fiera medida de hombría», como exclama Rómulo Gallegos en las páginas de Canaima.
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