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Proclama al comenzar su campaña (la «Invasión de los Sesenta») [1899] Venezolanos: La mayoría numérica del Congreso Nacional, rompiendo sus credenciales y olvidándose de sus sagrados deberes para con sus comitentes y para con la patria, ha cometido el gran atentado de romper e infringir la actual Constitución de la República, en su desgraciado Acuerdo sancionado el 22 de abril, sobre cuyas bases reposaba el actual orden de cosas, y del cual debiera ser su más celoso y fiel custodio. Ha cometido, pues, el delito de prevaricato, previsto en nuestras leyes, y el de lesa patria; y ha decretado la dictadura que ya se venía vislumbrando desde que tuvo la desgracia de sucumbir el impetuoso general José Manuel Hernández, víctima de su arrojo. Y el ciudadano Presidente de la República, general Ignacio Andrade, al sellar con el sello nacional tan monstruoso Decreto y autorizarlo con su firma, ha pisoteado también la Constitución que había jurado sostener, cumplir y hacer cumplir, haciéndose perjuro y responsable de la dictadura que acepta con todo su cortejo de desgracias. Porque, en efecto, ante la situación que se ha creado, en que hay que volcarlo y revolverlo todo, ¿qué queda del mecanismo de la República?, ¿qué de su estructura, según la Constitución vigente? Nada; el nombre de una Constitución más que pasó al archivo de nuestra desgraciada historia: un nuevo sonrojo para los venezolanos; y un Dictador más. Afortunadamente, para honra, gloria y prez del pueblo venezolano, 25 Representantes que por su valimiento no sólo equilibran a los traidores sino que los superan, cumplieron con su deber salvando su voto; lo que es prueba tangible y alentadora de que en esta como en otras ocasiones de igual naturaleza, se salvará el país. ¡Loor, pues, a esos campeones de la libertad y del derecho, veteranos del verdadero liberalismo venezolano! No podía ser de otra manera: los verdaderos liberales no podían aceptar, para el partido de las grandes ejecutorias en Venezuela, esa inmensa responsabilidad. Y si el general Andrade, por circunstancias especiales, a pesar de su origen, había asumido la Dirección de dicho partido, hoy, por este hecho, ha perdido su absoluta confianza. Tomar como medio de consumar la dictadura la popular idea de la autonomía de los Estados de la Federación, es inaudito, es un sarcasmo irritante. Porque, está bueno que se consume la autonomía de los antiguos Estados, por ser una necesidad, y porque así lo deseamos la generalidad de los venezolanos; pero que el proceso se llene de una manera legal, sin arrebatos ni intemperancias, y sobre todo sin pisotear la Constitución y las leyes vigentes. Las consecuencias desastrosas de esa dictadura ya se dejan entrever con el proyecto del monopolio de una de nuestras principales industrias, como es la del tabaco, y por ende el establecimiento del papel moneda. ¡Ah! ¡Hemos retrocedido 70 años! Venezolanos: Dado el terrible golpe y consumado el gran crimen, no queda más dilema que este: o esclavos impasibles, renegando de nuestro glorioso pasado y de nuestros derechos, u hombres libres y dignos aun cuando para ello sea preciso grandes sacrificios. Por lo que a mí toca, después de haber cumplido con el deber de concurrir a la capital de la República, al simple llamado del ciudadano Presidente, exponiéndole con sinceridad y con franqueza mis opiniones en el sentido de la salvación del país, haciendo un buen Gobierno que devolviera la confianza al pueblo, satisfaciendo sus legítimas aspiraciones, como que lo que principalmente se necesitaba era de buena administración, y de ofrecerle con la lealtad de un hombre honrado mi humilde cooperación; dados mis antecedentes, ante el atentado que hoy se consuma, mi camino y mi actitud no pueden ser otros que los que el patriotismo, el honor y el deber me demarcan. Sí, el cumplimiento de mis sagrados deberes, cualesquiera que sean las circunstancias... En el estado de quebranto en que está el país y ante los desastres de una nueva guerra, mi opinión habría sido, como ha venido siendo hasta hoy, de conservar la paz a todo trance, partiendo siempre del principio de que "es preferible un mal gobierno a la mejor de las revoluciones", y también con la esperanza de mejorar al verificarse la transición del período; pero cuando con este golpe muere en absoluto toda esperanza y no queda sino ignominia, no sólo para los que explícitamente lo apoyen, sino hasta para los que guarden un silencio culpable, no puede haber vacilación de mi parte: mi puesto está señalado de antemano. Compatriotas: ¡No más farsas, no más tiranías, no más opresión! Empuñad las armas con el único y exclusivo fin de reivindicar vuestros derechos conculcados y de salvar la honra de la Nación venezolana, que es vuestra propia honra; pero juremos ante el sagrado altar de la Patria, a la vez que olvidar nuestros justos resentimientos, no deponer las armas hasta no ver coronadas nuestras legítimas aspiraciones. Así, pues, nuestro único móvil debe ser: el cumplimiento del deber; nuestro único lema: la justicia; y nuestra única enseña: la libertad. Soldados: Vosotros me conocéis bastante, y sabéis que siempre vencedor, jamás vencido, al cumplimiento de mis sagrados deberes de patriota y de liberal lo he sacrificado todo: sabéis que soy incapaz de una cobardía y de una infamia. El árbol de la libertad exige vuestro contingente de sangre una vez más: volad a ofrendarlo con ese valor legendario que os es peculiar. Vuestra consigna es: vencer o morir. Cuartel general, en Independencia, a 24 de mayo de 1899. Cipriano Castro
Juan Vicente Gómez asume el poder |
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