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Intervención en homenaje a Aníbal Nazoa Clodovaldo Hernández Caracas, lunes 22 de setiembre de 2003 en la sede del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg). Saludos y agradecimientos «Como ustedes pueden ver» he traído mi discurso escrito. Esto no es normal en un humorista, pues se supone que un humorista que se respete debe improvisar o al menos, aparentar que improvisa. Por eso, aclaremos de una buena vez que yo no soy, en realidad, humorista. Por el contrario, soy periodista en ejercicio. Y digo «por el contrario» porque en las actuales circunstancias, los periodistas desempeñamos un papel diametralmente opuesto al humor y si acaso nos acercamos a éste por algún lado es por el más oscuro, el de la tragicomedia. Humoristas, lo que se dice humoristas, son estos bárbaros a quienes tengo el orgullo de acompañar en el pánel y también los otros autores, ausentes de este acto, del libro Contragolpe del humor, o Contravacío, como prefiere decir Roberto Hernández para hacer valer la verdad jurídica, ya que aquí no hubo golpe. Cada uno de ellos tiene en su haber alguna hazaña insuperable en este campo. Por ejemplo, Luis Britto García, quien como ustedes saben es submarinista, ha utilizado el humor en el fondo del mar para divertir a mantarrayas y pulpos y hasta lo ha empleado en lugar de arpón, para alejar a los tiburones que, escualos al fin, son naturalmente malhumorados. En cuanto a Roberto Hernández Montoya, es tan grande como humorista que, desde la Presidencia del Celarg, ha liberado el territorio liberado de Altamira, tal como lo demuestra este acto de hoy. Hace falta mucho humor para lograr semejante victoria contra un montón de generales y almirantes, sobre todo si se considera que Roberto no cumplió ni siquiera con el servicio militar. Si hablamos de Roberto Malaver, sepan los que aún no se han enterado que se está haciendo multimillonario al montar una franquicia dedicada a alquilar suegras, algo tan genial que no se le había ocurrido ni siquiera a Jaime Ballestas, el popular Otrova Gomás. Pero si de hazañas se trata, la medalla de oro se la lleva Earle Herrera, quien, según testigos confiables, ha logrado hacer reír, en oportunidades y con estratagemas diferentes, claro está, a la profesora Colomina y a la comandante Fosforito. En fin, estos señores sí que son verdaderos humoristas. Y, se preguntarán ustedes cómo es que ellos, con esas increíbles plusmarcas, aceptan en su pánel a un amateur del oficio que tiene que traer un libreto para que no lo mate el miedo escénico. Bueno, mi presencia aquí solo se explica por el hecho de que el humorismo venezolano fuera de broma vive un momento muy serio. Por un lado, a varios de los más notables exponentes del género se les ocurrió la inoportuna idea de morirse, justo cuando más los necesitábamos, dejando legiones de lectores huérfanos. La lista de estas luminarias la encabeza el gran maestro a quien hoy rendimos tributo, don Aníbal Nazoa, pero en ella también están Kotepa Delgado y Jesús Rosas Marcano, para quienes propongo desde ya unos homenajes similares a este. Sin embargo, la desaparición exclusivamente física de estos dioses del Olimpo humorístico no era, de por sí, suficiente razón para una crisis, pues su obra y su ejemplo siguen viviendo y teniendo hijos y nietos. Lo que pasa es que hay un segundo factor: varios de los talentosos humoristas que aún gozan de buena salud, han hecho algo peor que morirse. Se han traicionado a sí mismos y de esa forma han dejado igualmente huérfanos a sus lectores, a pesar de estar vivos. Una refinada muestra de humor negro. Claro que, si nos tomamos la cosas con sentido del humor, su comportamiento ha tenido un lado positivo: han demostrado que morirse, después de todo, no es lo peor que le puede pasar a alguien. En esas circunstancias de orfandad generalizada es que he aprovechado para colearme en este lote de los que, a Dios gracias, se han salvado de la infausta muerte moral. En honor del gran Aníbal Nazoa, a quien lamentablemente no pude conocer en persona, he decidido hacer mi aporte a este acto con una carta abierta. Don Aníbal consideraba que la carta abierta, también conocida como remitido, era un género literario. Y lo consideraba tan propio y casi exclusivo de Venezuela como la arepa. De modo que aquí voy con la carta abierta. Sí después algunos de ustedes quieren firmarla, pueden hacerlo. Les aseguro que sus firmas no serán sumadas para ninguna otra causa. Carta abierta en homenaje y defensa del legado y la memoria de Aníbal Nazoa Nosotros, los abajo firmantes, muy humorísticamente, es decir con la mayor seriedad, queremos exponer ante la comunidad nacional, lo siguiente: Primero: Nos sentimos muy honrados por haber participado en el homenaje a un gran maestro como Aníbal Nazoa, de cuerpo ausente pero de obra viva y ejemplo inmortal. Segundo: Suscribimos plenamente lo que siempre afirmaba otro titán del humorismo nacional de todos los tiempos, Kotepa Delgado: que Aníbal Nazoa no inscribió su nombre en la selecta lista del Boom Literario Latinoamericano y tampoco completó la que pudo haber sido la gran obra de la picaresca venezolana del siglo XX porque no le dio la gana, porque no quiso hacer el esfuerzo de sistematizar el talento creativo que manaba de él a borbotones. Y no lo hizo porque se entretenía demasiado adquiriendo tal cantidad de conocimientos que siempre según Kotepa parecía ser hijo del señor Espasa o tal vez haberse criado con la familia Salvat. Tercero y dicho sea de paso reclamamos un tributo similar para Kotepa, y para Jesús Rosas Marcano, no vaya a ser que se nos pongan celosos. (Valga aquí un paréntesis para comentarles que Aníbal decía que una carta abierta casi siempre contiene un insulto para algún adversario, aunque dicho en términos epistolarmente diplomáticos. Por eso le he agregado el siguiente punto): Cuarto: Sostenemos que el humor es el polo contrario del terror y denunciamos que cometen delito de lesa hilaridad aquellos que usan el arma de su talento para apuntalar intereses contrarios a los del pueblo y caer en gracia a los poderosos. Quinto: Reivindicamos el humor como una confrontación permanente con el poder, tal como lo concibieron Aníbal Nazoa y otros grandes maestros de la especialidad. Y recordamos a los que andan por ahí confundidos o confundiendo que, en el mundo globalizado de hoy, poder no siempre significa gobierno, especialmente si se trata de un gobierno enfrentado al mismo tiempo a Fedecámaras, a la Conferencia Episcopal y a Washington. Sexto: Proponemos la democratización de la sátira, la ironía y el sarcasmo, mediante una especie de Ley de Tierras, de modo que el humor sea de quien lo trabaje. En consecuencia, declaramos la guerra a los latifundios del chiste y nos ofrecemos de inmediato como voluntarios para la Misión Nazoa. (Un segundo paréntesis para decirles que, según el manual de don Aníbal, la carta abierta debe concluir con un lema o grito de guerra, al estilo de los remitidos adecos que siempre finalizan clamando «por una Venezuela libre y de los venezolanos», de modo que mi carta abierta cierra parafraseando al otro gran Nazoa) PORQUE EL HUMOR, HOY MÁS QUE NUNCA, ES OTRO DE LOS PODERES CREADORES DEL PUEBLO En Altamira, a los 22 días del mes de setiembre de 2003, Año Segundo del Vacío de Poder. |
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