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Intervención en Mitin de Macacaibo Revista Maracaibo. Maracaibo, 30 de abril de 1960, Nº 109, pp. 6, 7, 8, 10 y 21 Compañeras y compañeros de la izquierda venezolana, Pueblo de Venezuela que nos escucháis a través de las ondas herzianas: Nosotros no hemos traído a esta tribuna un mensaje de odio pero tampoco hemos venido a doblar la rodilla con el feo aspecto de la claudicación. No somos un grupo de amotinados que cuchillo en mano pretendemos asaltar posiciones, pero tampoco somos una cofradía de Cristos que pone la otra mejilla humildemente para recibir el golpe que le deparan. Se ha dicho torpemente que somos ambiciosos, ansiosos de poder, pero en Venezuela el camino de los ambiciosos termina en las casas de lujo, en las cuentas bancarias, en los contratos de Obras Públicas y en los brillantes automóviles. Y yo desafío a cualquier persona en Venezuela a que descubra nuestros palacios, que investiguen nuestros flamantes automóviles, que localice nuestras cuentas bancarias o que identifique nuestros contratos de Obras Públicas. Somos un grupo de hombres modestos, que tiene como único capital su honestidad, y que han adquirido el hábito de andar por los caminos de Venezuela con la frente en alto, porque no tenemos compromisos inconfesables con la vida, ni llevamos en nuestro pasado la fea mancha de una traición a nuestros ideales o de un delito contra el honroso código de moral que forma la vida de los revolucionarios en Venezuela y en el mundo. Se dice que somos un simple club político de intelectuales, pero este mitin, donde está el pueblo zuliano, el estupendo pueblo zuliano, cuna y esperanza de la revolución en Venezuela, este Mitin es una demostración de que el club de intelectuales ha crecido y de que nuestra palabra se enreda en la garganta del pueblo poniéndola en marcha en pos de los ideales que constituyen ya nuestro compromiso con Venezuela. Nosotros hemos traído y aquí empiezo a explicar nuestra conducta, porque queremos ser absolutamente diáfanos ante el pueblo, hemos traído este problema a la plaza pública, porque las cuestiones ideológicas no se ventilan en Tribunales Disciplinarios de 5 ó 6 personas, ni en círculos cerrados por eminentes que ellos sean. Las cuestiones ideológicas tienen, sí, un Tribunal donde ventilarse, el Tribunal de las masas populares. En este momento no estamos nosotros en el Tribunal Disciplinario de las masas, estamos nosotros, y están también nuestros acusadores y tanto ellos como nosotros, debemos explicarle al pueblo venezolano nuestra conducta para que, como dijo el compañero Leoni, sea el pueblo el que escoja definitivamente el grupo que tenga la razón y, como el acusado que presenta un pliego de descargo ante el tribunal, esta noche hemos venido nosotros a razonar nuestras posiciones y a presentar nuestras perspectivas para que toda Venezuela, la que está en el partido y la que no se encuentra en nuestras filas, emita el veredicto definitivo, y yo sé que la izquierda saldrá victoriosa, porque como dijo un cínico de la política, que muchas veces acertaba a esclarecer los rumbos y a establecer las verdades, nadie mata a su sucesor y la izquierda es un poderoso feto que ya se agita en las entrañas poderosas del pueblo venezolano para alumbrar el parto de mañana. Nosotros, cuando se planteó el problema presidencial, y de allí es necesario arrancar, tuvimos algunas dudas, que expresamos meridianamente ante el partido, para descargo de nuestra conciencia, porque creímos que estábamos en una encrucijada de Venezuela, y que nadie podía practicar la política de media tinta o de las verdades que se dicen a media voz. Teníamos dudas por dos circunstancias tan poderosas como determinantes en aquel momento de nuestra historia nacional. En primer término sabíamos que el partido iba a atravesar por una prueba decisiva, dirigiendo un gobierno que no venía de un golpe o de un movimiento que había alterado las bases fundamentales en que se insertaba la dictadura; teníamos la certidumbre de que gobernar cuando las raíces imperialistas, feudales, mercantilistas, en que se había apoyado la dictadura, no estaban ni siquiera venialmente golpeadas, era para el partido algo tan peligroso como complejo y que en aquel experimento podíamos desgarrar nuestras entrañas, y romper la unidad, esa unidad que tuvo en nosotros desde la época de la resistencia, los más cumplidos artífices, los mejores devotos en el camino de soportar, de transigir, de perseverar y de esperar. Pero había otro factor que inundaba de duda nuestro corazón. Nosotros teníamos, debo confesarlo ante Venezuela, por respeto a la verdad, un profundo afecto político a los hombres que habían formado al partido. Muchos de nosotros, hombres de la izquierda, nos habíamos formado, por así decirlo, en las rodillas pedagógicas de esos hombres; de ellos recibimos las primeras lecciones, y con ellos vivimos para decirlo en la bella frase del Dante: «un trozo en el camino de la vida»; sin embargo, compañeros, y quiero ser implacablemente sincero porque estoy frente al pueblo de Venezuela, en los años de la resistencia, cuando los conflictos sociales de Venezuela se hacían más agudos, y cuando el desgaste inevitable en los hombres que permanecen mucho tiempo luchando era evidente en algunos dirigentes del Partido, empezamos a sentir ciertas dudas con respecto a la tenacidad, al arrojo y a la firmeza de algunos de los más viejos y consagrados dirigentes del Partido. Entonces nos preguntamos si en un momento tan difícil de la vida nacional, en que debíamos conducir un experimento sin precedentes en nuestra historia y teniendo una dirección, algunos de cuyos hombres ya no eran los viejos atletas dispuestos a saltar todos los obstáculos, o los viejos peregrinos dispuestos a recorrer todos los caminos, nos preguntamos si no era preferible que el partido bordeara el problema llevando a un hombre de filiación política independiente a la Presidencia de la República. Fue derrotada, compañeros, nuestra tesis, y volvimos a los cuadros de la organización a batimos, como se batió ejemplarmente, sin fisuras y sin desmayos, nuestra estupenda juventud durante la campaña electoral de 1958. Esa juventud que ahora aparece como levantisca, ingobernable y altanera fue entonces una juventud que batiéndose ejemplarmente en los campos electorales logró arrancar para el partido el espléndido trofeo de una inolvidable victoria que se alcanzó el 7 de diciembre de 1958. Nosotros esperamos, quizás con un exceso de ingenuidad que el nuevo gobierno, dada la afluencia de masas que había en el país, y la firmeza con que la izquierda sostenía su tesis dentro del partido, podría avanzar a pesar de todo, y la izquierda, replegándose en el seno de la organización para compactar sus cuadros, dio un voto de confianza, quizá el último voto de confianza, al compañero Betancourt. Para que acompañándolo nosotros en las filas del partido, iniciara el experimento constitucional, sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que la ruta de los cinco años iba a agravar las contradicciones internas en el seno del partido. El primer descubrimiento que lucimos y que nos despertó de muchos sueños, sueños ingenuos compañeros, pero sueños nobles de hombres que creían dramáticamente en su partido, y que no querían perder la fe en él. Fue cuando constatamos que intereses mercantiles se habían infiltrado en las filas del partido y que más valía para fijar una posición el poseer una repleta cuenta bancaria que el venir de la resistencia con una hoja gloriosa de servicio a la causa del pueblo venezolano. Y no estoy exagerando ni haciendo imputaciones calumniosas, que no es de personalismo nuestra bandera ni es la acrimonia el propósito que perseguimos en este momento. Quiero demostrar a ustedes con una prueba fehaciente, cómo esta infiltración mercantilista que amenazaba con deformar el partido, llegó a adquirir patente de corso y fuerza definitiva en los rumbos de una experiencia que ha debido llevarse por los caminos del pueblo. Ustedes saben que el año pasado se concluyó un proyecto de Ley de Bancos. Quizás ustedes no estén familiarizados ni lo estarán, porque no han tenido el privilegio de pasar por una Universidad, sobre los detalles de esta Ley, pero sí debo decirles, que es una Ley fundamental para orientar la vida financiera del país, regular el crédito y sobre todo limar ciertos intereses que por opulentos se han hecho contrarios al pueblo venezolano. Ese proyecto de ley, iba a ser introducido en las sesiones ordinarias del año pasado y no apareció. Pugnamos por que se introdujera en las sesiones extraordinarias del Congreso y se nos dijo que no era prudente ni tampoco elegante que un proyecto de ley que permitía entre otras cosas que el Gobierno pidiera prestado al Banco Central, se introdujera en las sesiones extraordinarias. A nosotros no nos convenció la excusa que se nos dio y pocos días después en reunión de un organismo económico un compañero de partido tuvo que pasar por la vergüenza de que un banquero le dijera la Ley de Banco Central no se introdujo en la Cámara en las sesiones extraordinarias porque nosotros la torpedeamos y nosotros somos demasiado fuertes para que nuestra voz no se escuche en los círculos gubernamentales. Pronto otros episodios debían profundizar estas contradicciones en el seno del partido e inducir a la izquierda a mantener con firmeza atlética las tesis que venía sustentando. Aquí hay compañeros que ya han aludido el problema agrario, pero se ha descuidado algo que es fundamental. Ustedes, saben que Venezuela no tiene ya solamente en el campo a la vieja oligarquía terrateniente que desde la Colonia usufructó tierras que se extendían hasta donde alcanza la vista, como decían los viejos infolios coloniales. A esa oligarquía que viene de la Colonia con todos sus intereses radicados exclusivamente en el campo, se ha agregado la penetración a las áreas rurales de una oligarquía comercial y bancaria que ha querido hacerse también terrateniente. Y la lucha por la Reforma Agraria que en otros países significa enfrentarse a la burguesía terrateniente simplemente, aquí es una lucha también contra la oligarquía comercial y bancaria. Un caso concreto que quiero citarles para que ustedes no crean que estoy abusando de su credulidad, confirma la certeza de este análisis y las dificultades que se alzan en el camino de la Reforma Agraria, y que sólo la firmeza de un gobierno dispuesto a vencerlas podría arrollarla en beneficio de los intereses permanentes del campesino venezolano. Unos campesinos en Aragua, penetraron en algunas tierras porque eran tiempos de verano y sólo las zonas más bajas próximas a la represa conservaban su verdor donde podía depositarse con esperanza una semilla. Pocos días después, esos campesinos fueron desalojados. ¿Qué había ocurrido? Que el dueño de las tierras no era un señor feudal de Aragua, que viviese en Maracay o en La Victoria, aislado del teatro del poder. El señor de las tierras poseía cuantiosos intereses en Caracas y por la vía del teléfono logró que se desalojara a los campesinos, quienes ahora tienen que vagar en los cerros del Estado Aragua, porque en la Patria venezolana, no tienen el derecho de sembrar una semilla en tierras que puedan devolvérsela convertida en Patria. Yo recuerdo cómo han sido de dramáticos, dentro de los organismos de la Dirección Nacional, los forcejeos en torno a este problema de la ocupación de tierras. Una tarde, en discusión del Comité Político, me permití decirle al compañero Betancourt, con respeto pero con firmeza, que era absurdo estar acusando de comunistas a los campesinos venezolanos, porque no era propiamente el Partido Comunista quien podía llevarlos a ocupar algunas tierras sino el hambre, esa hambre de bestia acosada, que padecen los campesinos de Venezuela quienes a ratos con la desesperación de «Juan, el veguero», se echan más allá de sus ranchos en busca del pañuelo de tierra, donde puedan dejar caer un poco de fe, un poco de esperanza y un poco de ternura, para enternecer el propio suelo que los ha visto nacer y que les ha negado todo derecho, todo estímulo y toda recompensa. Y le dije que era indispensable dotar de tierras, porque en este país la mejor manera de ser precautelativo, la mejor manera de ser prudente, radicaba en la entrega de tierras, puesto que el día en que desapareciera el hambre ancestral de los campesinos, ese día ya nadie estaría ocupando haciendas ajenas, porque un campesino que tiene techo, que tiene tierra, que tiene sementera y que tiene algunos animales no va a ser un turista que anda penetrando en tierras ajenas, sino que se fija en su propio pañuelo a plantar, a trabajar y a servir a su país. Eso no se ha hecho y de allí que los conflictos sigan menudeando mientras sobre el lomo de los campesinos cae la absurda, la inconcebible acusación de que son comunistas. Cualquiera diría leyendo esas acusaciones que Acción Democrática, ha perdido el respaldo que tenía en los predios rurales porque resulta que el 7 de diciembre de 1958 el 90% de los campesinos votó por nosotros y si ahora resulta que quienes invaden las haciendas son comunistas entonces se concluye fácilmente que nosotros hemos perdido el apoyo, la esperanza y la confianza de los campesinos de Venezuela. Y como eso es absurdo, porque el partido sigue sosteniendo cierta influencia en las capas rurales y los campesinos no son precisamente hombres precipitados que se lanzan a la aventura por el simple placer de perturbar y de molestar, hay que concluir que es la injusticia, la vieja, la profunda y la patética injusticia del campo, la que mueve a esas personas a sembrar en tierras ajenas para que el hambre no devore sus entrañas y para que la desesperanza no corroa sus espíritus. En otros campos se manifestó también de manera ardorosa esta polémica. Ustedes saben que nosotros tenemos un credo antiimperialista que ha sido la razón de ser, el orgullo y la fuerza más poderosa que ha nutrido a este partido en sus veinte y tantos años de existencia. Ustedes saben que fue esa bandera limpia y orgullosa del antiimperialismo la que hizo del partido la primera fuerza política del Estado Zulia, el día en que los trabajadores petroleros, músculos y vanguardia de la Nación, rodearon esa bandera para hacerla suya y tremolarla encima de las torres del petróleo. Este antiimperialismo nos obliga a defender desde el gobierno, por lo menos, aquellas consignas fundamentales y aquellos intereses que no pueden renunciarse cuando se lucha por la independencia nacional. Nos obligaba el antiimperialismo a mantener las conquistas que se ha dado el pueblo con el partido a la cabeza y a profundizarlas o a mejorarlas al alcance de las posibilidades y en la medida que fueran exigiendo las circunstancias. Sin embargo nosotros hemos visto cómo lejos de ir manteniendo esas posiciones parece que hubiera la tendencia derrotista a abandonarlas y a replegarse temerosos ante la ofensiva imperialista que bate los cuatro costados de Venezuela ansioso de anexarse victorias y a derrotar al pueblo en su magnífica lucha por la defensa de sus intereses. Y aquí quiero hablar, porque voy a devolver acusaciones que se me han hecho sobre. el reciente problema del contrato petrolero. Estamos en una zona petrolera y es necesario decir algunas verdades en torno a esa materia. Cuando se planteó en el Comité Político del Partido el problema del Contrato, hice exposiciones repetidas, diciendo que nosotros no podíamos mirar superficial ni alegremente esa materia. El Contrato Petrolero encerraba una gran trascendencia y debíamos dedicarle preocupación, perseverancia y estudios para alumbrar la fórmula que permitiera el mejor tránsito de los trabajadores hacia el triunfo que estaban acariciando y una de las primeras observaciones perdónenme que hable en tono personal que me permití hacer en el seno del Comité Político, fue la que el organismo máximo de los trabajadores petroleros: la Fedepetrol, una vez iniciadas las conversaciones del Contrato, publicara boletines diarios, informando sobre la marcha de los contactos que se verificaban con las compañías petroleras, porque me parecía perfectamente absurdo que iniciadas estas conversaciones en Caracas, un velo de silencio se tendiese sobre el particular. Después, y esto lo hice de manera pública para sacudir la conciencia de los trabajadores y la opinión nacional, después dije en un artículo que era absurdo que mientras las petroleras estaban lanzando una ofensiva inteligente para acorralar al movimiento popular en tomo al Contrato, los partidos guardaran silencio como si estuviesen acorralados por aquella ofensiva imperialista. Y me permití señalar el contrasentido, de que mientras en otros años en torno a los trabajadores petroleros, se había formado un frente nacional integrado por todas las clases del país, desde la burguesía hasta los intelectuales, en esta ocasión eran sólo los obreros petroleros en sus campos los que sostenían, agitaban y discutían el Contrato como profunda aspiración de su clase. Hasta recuerdo y perdónenme el abuso de la anécdota que es a veces más reveladora que una teoría, una reunión efectuada en el Congreso Nacional entre representantes de las fracciones políticas que integran el Pacto de Punto Fijo, cuando se discutió la actitud que debía asumirse frente a los trabajadores, hablé coincidiendo con gentes de otros partidos de la necesidad de movilizar al país, a su opinión pública, a sus sectores más responsables, para hacer causa común con los trabajadores petroleros y lograr a través de ese frente, detener y acorralar a unas compañías que se habían trazado el objetivo de quebrantar la resistencia y de lograr un Contrato a la medida de sus ambiciones. Se formó una comisión en el seno del partido, para estudiar las cláusulas puramente económicas. La formamos un hombre de cuya honestidad no se puede dudar, el diputado Guillermo Muñoz y yo, y esa comisión rindió su veredicto, que fue el que acogió la Dirección del partido y que luego fue también aceptado por las otras fuerzas políticas y se constituyó finalmente en la base esencial en que descansó el Contrato, pero hice la advertencia, en los primeros días de enero, de que no se descuidara el problema de la estabilidad, porque allí radicaba toda la clave del Contrato, que poco valía que los trabajadores petroleros consiguieran cinco o diez bolívares de aumento si muchos de ellos iban a quedar impunemente expuestos a la amenaza inapelable del despido. Y fruto de esa exhortación que hice en la que me acompañó, entre otros dirigentes, el compañero Ramón Quijada, se formó una comisión integrada por Raúl Leoni y Antonio Léidenz, para estudiar el problema de la estabilidad y proveer fórmulas, que si no impidieran los despidos, por lo menos los obstaculizaran, dándole alguna garantía a los trabajadores petroleros de que iban a gozar de estabilidad en su hogar, en su futuro y en sus derechos. Desgraciadamente el Contrato Petrolero se firmó de una manera sorpresiva. Cuando salimos hacia La Habana el compañero Sáez Mérida y yo, se ignoraba que era inminente la firma del Contrato; cuál sería nuestra sorpresa cuando en La Habana, leyendo la prensa, encontramos un cable de Caracas según el cual el Presidente de la República había anunciado que esa misma noche, 13 de febrero, aniversario del Gobierno Constitucional, se había suscrito el Contrato Petrolero. Ahora yo quiero preguntarles a ustedes compañeros: ¿He sido yo responsable de que no se incluya la cláusula de estabilidad en el Contrato Petrolero? ¿O tengo yo algo de que avergonzarme? ¿Fui un capitulador, actué sin firmeza, me doblegué o me humillé o por el contrario defendí como hombre de izquierda tenaz e inteligentemente la necesidad de un Contrato Petrolero que estuviese a la altura de las esperanzas y de los sacrificios de los trabajadores que mueven nuestra principal industria? Hay otros episodios que el país tiene que conocer y sobre todo la militancia del Partido para el momento en que deba escoger entre los hombres que ahora estamos solicitando su adhesión. Hubo intentos de desnacionalizar la Petroquímica y la Siderúrgica. A fines del año pasado un documento subrepticio emanado de una alta esfera gubernamental proponía nada menos que la Petroquímica y la Siderúrgica pasaran a manos de empresas extranjeras o de empresas nacionales de sospechoso venezolanismo. Y fue el compañero Sáez Mérida, haciendo causa común dentro de las filas de la izquierda en el Comité Político del Partido, quien librando pelea recia y consecuente se opuso a que ese documento llegara a ser política oficial del gobierno, porque lo que se pretendía era que el Pacto de Punto Fijo, sirviera para apañar aquel absurdo engendro que entregaba a intereses antinacionales dos empresas en las cuales ha afincado su más alta esperanza el pueblo de Venezuela: la Siderúrgica y la Petroquímica. Vino luego el episodio de la Reynolds, en torno al cual ustedes ya tienen una abundante información, que no voy a repetir porque sería abusar de su benevolencia, pero sí quiero decir, de manera categórica, que si no hubiese sido por nosotros, por la terquedad que demostramos, esa terquedad de los revolucionarios que se aferran a los, principios como piedra de salvación, tal vez hoy estaríamos en plenas negociaciones con la Reynolds, para entregarle aquel costado doloroso de Venezuela, pero también costado esperanzado del país, que es la Guayana, a consorcios extranjeros que no tienen otro propósito que de colonizar y deformar la economía de Venezuela en beneficio exclusivo de sus pretensiones. Luego vino agregándose a todas estas causas, el caso del empréstito. Frente al empréstito nosotros sostuvimos incluso una posición pública de repudio, porque sabíamos que era el comienzo de una dolorosa política que va llevar a Venezuela a enredarse innecesariamente con intereses que la acorralarán o la desviarán de su ruta histórica. El empréstito ha sido un comienzo y ya estamos empezando a ver las consecuencias. Ustedes habrán leído hace dos días un cable procedente de Washington, según el cual el Fondo Monetario Internacional va a prestar 150 ó cien millones de dólares a Venezuela, pero siempre que este país se comprometa a hacer una política de equilibrio presupuestario, a no implantar control de importaciones, a sanear sus finanzas etc., etc. Ya se sabe qué entiende el Fondo Monetario Internacional por equilibrar el presupuesto; lo que ese organismo entiende por equilibrar el presupuesto es que se eliminen aquellas obras de transformación nacional que, como la Petroquímica y la Siderúrgica, constituyen una legítima esperanza nacional. Y también entiende por equilibrio presupuestario el Fondo Monetario la congelación de los sueldos que devengan los obreros del gobierno, esos obreros mal pagados a que aquí se refirió uno de los compañeros. Serían probablemente congelados sus sueldos y salarios y si estas pretensiones del Fondo Monetario Internacional se llevan a la práctica como exigencia emanada del empréstito, de la torpe política que se inició con el empréstito, va a llevarnos muy lejos en la ruta del encadenamiento del país a intereses que no son los suyos, a intereses deformadores, que tratarán de liquidar su economía y de arrojar a su movimiento de liberación, el espléndido movimiento que se basa en la indulgencia de las masas populares de Venezuela. Nosotros pretendimos que se hiciera otra política. En lugar de la del empréstito, sugerimos fórmulas con suficiente anticipación para que no se diera ese traspié, y sin embargo los oídos sordos, y los corazones petrificados, fueron la respuesta que tuvo el gesto nuestro, el gesto responsable de la izquierda del partido, pidiendo que evitáramos el empréstito, incluso al precio de sacrificios, porque nosotros sabemos que este pueblo de libertadores, es capaz de consentir lo más grande de sus sacrificios a la hora de defender, de precautelar y de salvar su independencia nacional. Estas cosas son las que han hecho irremediable la pugna interna en el Partido y las que han agravado las relaciones entre la izquierda y la derecha en los últimos meses, culminando con la absurda, con la precipitada y arbitraria decisión de llevar a valiosos compañeros como aherrojados ante los Tribunales Disciplinarios del Partido y en este episodio, quiero decirlo como testimonio de nuestro desprendimiento y de nuestro amor al Partido, que nadie podrá desmentir, nosotros todavía, después de aprobadas las medidas disciplinarias, tratamos de mantener la cordialidad y de buscar fórmulas de entendimiento. Debo decirle al país que, estando yo enfermo, bajo el calor de una tremenda fiebre, llegó a mi casa el compañero Leoni a hacerme una visita de cortesía y después de intercambiar frases de ritual, le dije: Compañero Leoni, ¿qué opina Ud., de esta situación?, yo creo que ustedes le agregué han arrojado un fósforo encendido sobre un pajonal. Y me contestó: Esto no tiene importancia, esta cosa se arregla de manera rápida y fácil. Yo le dije: Están demostrando ustedes una falta de visión histórica que ni es digna ni es compatible con la condición de dirigentes políticos que ostentan los hombres del Comité Ejecutivo Nacional. Ante esa demostración de indiferencia y si se quiere hasta de soberbia, no quedaba más remedio que dejar que los acontecimientos hicieran su curso. ¿Cómo es posible me pregunté yo conmovido en lo íntimo de mi conciencia, cómo es posible que un dirigente nacional, no vea la magnitud del problema cuando todas las Asambleas del Partido se están pronunciando contra las medidas disciplinarias, cuando hay una verdadera rebelión, cuando todos los adecos de Venezuela, se consideran ofendidos porque el pase al Tribunal Disciplinario no es una simple medida sino es el castigo a quienes tuvimos la osadía de levantar la bandera de nuestros principios y de reivindicar al Partido ante el pueblo venezolano? Y en ese momento, reflexionando, llegué a la conclusión de que tiene razón aquel refrán popular que dice «que Dios ciega a quien quiere perder», o que tienen razón también aquellos escritores y dirigentes de la revolución, que han dicho siempre que las clases que ya no tienen nada que esperar del futuro o que los hombres que no tienen tampoco que mirar al mañana, porque él no les va a deparar ninguna sorpresa agradable, pierden la visión y pierden la perspectiva y en las encrucijadas dramáticas parecen como un barco sin timón que sólo quisiera ser juguete de las olas para que las olas lo conduzcan a lo irremediable. Y el primer reproche que hay que hacerle a la Dirección Nacional es el de no haber previsto efectivamente que estas sanciones disciplinarias iban a significar un conflicto agudo en el seno del Partido. Es increíble que un equipo de dirección con treinta años de travesía por los campos de la política, con una experiencia y una veteranía que nadie les niega, sin embargo, no haya sido capaz de ver que las medidas disciplinarias eran un guantazo a la cara del Partido y que si este Partido, que ha sido toda la vida enérgico, decoroso y altivo, se caracteriza precisamente por ese decoro y por esa altivez, los militantes no iban a aceptar que unos compañeros dirigentes enviados al Tribunal Disciplinario fueran las víctimas propiciatorias para una política represiva que nunca ha cabido en los términos del partido, porque este es un partido de democracia interna donde se discuten nuestras. líneas. Entonces empezaron muchos compañeros a refugiarse, para explicar el traspié que habían dado, a refugiarse en torpes argumentos de acusaciones contra nosotros. Uno de esos argumentos, el más infame porque descansa en la calumnia, es el de que nosotros somos agentes del Partido Comunista. Yo quiero declarar ante Venezuela, en nombre de todos mis compañeros, y lo declaro con la voz transida por la más profunda emoción, que si nosotros fuésemos comunistas estaríamos en sus filas porque nosotros no somos ni partidarios del doble juego, ni disfrazados que salen con caretas de carnaval a la vida pública, sino que somos hombres con una responsabilidad, una honradez y una claridad, que no nos pega el ser disfrazado. Lo que ocurre es que nosotros no hacemos bandera del anticomunismo, porque no creemos que en Venezuela, ni en ningún país del mundo, sea conveniente hacer una caza de brujas para descubrir los practicantes de los ritos comunistas y enviárselos a los tribunales de salud pública, sumirlos en las cárceles o perseguirlos con el látigo de la represión policial. Nosotros creemos, al contrario, que el Partido Comunista tiene derecho a actuar en Venezuela y que ganó ese derecho no solo porque es una fuerza política, sino porque estuvo al lado de los héroes de la resistencia batiéndose frente a la dictadura. Tenemos divergencias, divergencias de distintos órdenes, con los comunistas, en la apreciación de los fenómenos venezolanos y también en la apreciación de algunos fenómenos internacionales, pero consideramos que esas divergencias son minúsculas frente a tareas mucho más grandes como lo son la lucha antiimperialista, la lucha por la reforma agraria, el intento de industrializar a Venezuela y que son esas tareas las que tenemos que poner en primer plano y no una pretendida caza de brujas que lo único que haría sería beneficiar los intereses de la reacción venezolana, que con la división de las fuerzas populares tiene su mejor logro. Algunos compañeros, y quiero dar esta explicación porque estamos en la hora de la sinceridad en que no debemos dejar dentro del corazón ni una gota de luz, algunos compañeros se han preguntado por qué nosotros hemos llevado a las asambleas del Partido y a la opinión pública este problema. Lo hemos llevado, compañeros, porque la campaña que estaba preparada para erradicarnos del Partido hacía una afirmación, que no por torpe debíamos dejar de tomar en cuenta. Compañeros que utilizan a veces ese lenguaje entre veras y bromas tan común en Venezuela, nos decían con cierto aire profético hace meses: Ustedes se irán del Partido o los echaremos y se irán como Cirilo Brea o Inocente Palacios. A mí se me dijo muchas veces, de manera indirecta, que yo iba a ser una repetición de Inocente Palacios, y en asambleas del Partido se repitió esa infame especie. Entonces, cuando se plantearon las medidas disciplinarias era indispensable que nosotros preguntásemos a las masas del partido y del pueblo de Venezuela si consideraban que nosotros éramos unos traficantes como Inocente Palacios o unos traidores como Cirilo Brea y que si merecíamos el derecho a ser rodeados por la emoción y el calor de las masas del Partido. Además, compañeros, hay otra explicación de mucha más monta para esta actitud nuestra de acudir a la prensa y a las Asambleas del Partido a fin de que las masas fuesen las que dijesen la última palabra. Estamos en un año decisivo, un año en que van a ventilarse los caminos de Venezuela y a escogerse el rumbo que siga el país. Las contradicciones del partido no son otra cosa que reflejo de las contradicciones venezolanas, el Gobierno y el país tienen una alternativa a la que no podrán escapar: o hacemos una política de derecha o hacemos una política de izquierda, porque este país no puede seguir como barco a la deriva, este país no puede seguir flotando como el corcho en el oleaje, aquí es necesario definir los rumbos y esa definición de rumbos significa un problema político ,en que tendrán que decidir los hombres y las mujeres de Acción Democrática, los hombres y las mujeres del pueblo, si van a ser satélites de una política entreguista que siga hacia la derecha o si van a ser artífices de una presión de masas, que lleve al país hacia soluciones compatibles con sus intereses. Nosotros no pretendemos, al hablar de soluciones de izquierda para el país, que aquí vamos a hacer una revolución bolchevique o que copiemos literalmente lo que está ocurriendo en Cuba. Nosotros somos revolucionarios forjados en la escuela de la dialéctica, que interpreta los fenómenos sociales desde una base económica, y sabemos que la política en Venezuela tiene que entroncar en las modalidades del actual proceso del país y responder a la correlación de fuerzas, pero si sabemos eso, también creemos, porque somos políticos militantes, que sin ir tan lejos como Cuba, que sin llegar desde luego a los extremos de otras revoluciones y aún conservando la coalición de la cual el Partido no ha sabido ser eje, aquí es posible solucionar muchos de los problemas que tiene planteados el país; aquí es posible, sin ensayar experiencias bolcheviques o sin copiar los procedimientos cubanos, con un poco de voluntad, con un poco de firmeza y sobre todo con un poco de fe en las masas, aquí es posible realizar una política de entrega de tierras que satisfaga las aspiraciones de los campesinos. Sin hacer una revolución profunda, aquí es posible hacer una política petrolera que salve los intereses fundamentales del país, erigiendo una empresa nacional de petróleo mejor dotada. Sin hacer una revolución profunda, sangrienta, y arrolladora, aquí es posible iniciar una política de industrialización del país. Eso es lo que nosotros llamamos un giro a la izquierda, que dentro de esta situación, sin violentarla a fondo pero también sin transigir con intereses mercenarios y contrarios al país, nosotros podamos iniciar una audaz revolución hacia adelante, que es la única forma que tiene el partido Acción Democrática de salvarse ante la historia. Tenemos planteados los venezolanos las dos políticas posibles: por un lado el empréstito y todas sus consecuencias, la capitulación ante el imperialismo, la política defensiva y derrotista frente a la oligarquía criolla, cada día más opulenta y más agresiva, la política de repliegue ante la presión feudal. Esa es la política de la derecha, que se abre por un camino, y la política de la izquierda, que nos indica el otro camino, es la de defender y fortalecer la empresa petrolera, la de acelerar la Reforma Agraria, la de elaborar planes audaces de industrialización y en fin la de apoyarse en las masas populares como única fuente y luz de la historia, como único faro, única vía y única clave que puede orientar las sociedades hacia el pacto magnífico de su propio engrandecimiento y de su propia creación. Nosotros somos hombres profundamente sensibles que vibramos como una cuerda de violín, ante el paso de los acontecimientos. Nos damos cuenta que el partido, con esta política de derecha que ha permitido la infiltración de la oligarquía en sus filas, por esta política de derecha que retrocede y claudica muchas veces, va a perder la adhesión de las masas y va a sacrificar su programa, y porque nosotros queremos mucho a Acción Democrática, porque este partido nos duele infinitamente, casi nos duele como a un padre puede dolerle su hijo. Es por eso que hemos levantado la bandera de la rebelión, como quien no tiene otro camino, como quien toca una puerta con nudillos de angustia, como quien de una campanada en medio de la noche para que despierte el pueblo y para que el pueblo rescate en sus manos magníficas este partido y le devuelva sus tradiciones, su programa y su doctrina, que fueron los instrumentos con que las masas vinieron a nosotros. Porque nosotros, compañeros, nosotros preferiríamos una y mil veces cualquier otra solución a ver la Acción Democrática hundirse como el Partido Liberal, como el APRA, o como Frondizi, en el barro de la claudicación y la desvergüenza. Es por eso que la izquierda es la conciencia del partido. Es por eso que la izquierda, es la dignidad y es al mismo tiempo la tradición del partido. La izquierda es en este momento el dirigente obrero que se pregunta con angustia cómo es posible que su clase, la clase vanguardia de la sociedad, haya perdido por completo su independencia, que los dirigentes obreros no puedan realizar la política que les imponen sus intereses, sino que tengan que esperar a otras conveniencias y callar muchas veces, desprestigiándose ante las masas antes que levantar una bandera que signifique orientación y guía para los trabajadores. La izquierda es el dirigente campesino, que se pregunta desde el fondo de su ingenua fe popular cómo es posible que los campesinos de Venezuela, hombres de su clase estén arrastrando el estigma de ser echados a culatazos de una tierra que consideraron suya porque muchas veces la han regado con el sudor irredento de su frente. La izquierda es el estudiantado y es el intelectual con conciencia revolucionaria que aprendieron un credo y que adquirieron una vocación y una fe y no quieren hipotecarla ni venderla, que no quieren transarla ni deformarla ante ningún ara, ante ningún interés. Esa es la izquierda, la conciencia de un pueblo en marcha, el grito de un partido que resultó herido, la estrangulación de una esperanza que no va a ser barrida, sino que renacerá hoy y mañana como potente bandera, para conducir este pueblo mil veces defraudado a la meta de sus destinos históricos. Nosotros no somos un grupo de políticos aventureros que no tiene principios. Al contrario, y queremos dejarlo aquí como compromiso con el país, nosotros a pesar de todas las divergencias que nos separan del Gobierno constitucional, a pesar de que consideramos que el Gobierno está lanzado inevitablemente por una pista de derecha que va a sacrificar al Partido que lo sostiene, a pesar de eso esta fila apretada y poderosa de la izquierda será la vanguardia que salga a combatir contra el golpismo el día en que los planes aventureros y criminales de la reacción se hagan realidad en Venezuela. Nosotros no vamos a poner nuestro resentimiento por encima de nuestros principios. Somos por encima de todo políticos de doctrina, y sabemos que el golpismo es la primera amenaza que puede circundar en un momento dado a Venezuela, y como sabemos además que el gobierno no golpea a los empresarios de la conspiración, sino que al contrario les permite gajes y libertades, estamos persuadidos de que podrá llegar una lucha decisiva, pero en esa lucha decisiva serán los hombres de la izquierda, combatientes de la resistencia, muchachos que no tienen todavía conocimiento de la palabra cobardía, muchachos estupendos, dirigentes obreros y campesinos, gentes en fin del pueblo, de la izquierda, los que saldrán a batirse como masas disciplinadas, en defensa de las libertades de Venezuela. Tampoco somos aventureros que estamos pregonando la ruptura de la unidad sindical, de la unidad campesina. Consideramos que una de las conquistas más importantes de la clase obrera venezolana ha sido su unidad. Y los hombres nuestros, los sindicalistas que simpatizan con nosotros, los compañeros del movimiento sindical que están ubicados en la izquierda, lucharán dentro de ese movimiento obrero, para que su unidad no sea un obstáculo a las reivindicaciones de clase y para que esa unidad no sea una fea caricatura, sino que se transforme en un instrumento al servicio de la clase obrera, para que consiga los objetivos históricos del momento, sobre cuyos hombros reposa el futuro. Tampoco, compañeros, tampoco venimos a la arena pública a resucitar la guerra a cuchillo, como la llamaba alguien, o hacer canibalismo político. No vamos a acompañar a nadie, ni mucho menos a los provocadores, a polémicas de carácter personal, y a polémicas encendidas en que no haya ideas ni haya principios. Al país no le interesa saber si Sáez Mérida es cabezón o no, o si yo tengo o no tengo lentes, o si tengo una nariz chata o no la tengo, esas cosas no interesan al país, lo que interesa al país y eso sí lo vamos a discutir, es cuáles son los grandes problemas que están planteados y sobre esos grandes problemas discurrirá nuestro pensamiento y hablará nuestro verbo, pero el que venga a provocarnos con ataques personalistas sólo recibirá el silencio de nuestro desprecio y el castigo de nuestro olvido. De suerte, pues, que no somos mercenarios que llevan el puñal en la cintura, ni somos aventureros a sueldo que vienen a meter ruido. Vamos a hacer en Venezuela una polémica ideológica, una polémica de principios, respetuosa del adversario, cualquiera que sea, equilibrada y justa porque como no somos impacientes, como no tenemos próxima la tumba y como no está desgastada nuestra alma, tampoco tenemos esa necesidad pequeñoburguesa que se convierte en sed de aventura en el ánimo de muchos políticos que ya se consideran sepultados por la vida o a quienes creen que el tren de la historia los ha dejado definitivamente de mano. En fin, somos compañeros de un movimiento nuevo en la historia de Venezuela, un movimiento que se ha venido gestando como se gesta la criatura en las entrañas de la madre, un movimiento que fue apadrinado por la sangre de la resistencia y que empezó a crecer con el espíritu de los mejores sacrificios, hasta ganar la luz a través de las ideas que han contrapuesto en la discusión a distintos sectores de un gran partido en Venezuela. Somos pues, un movimiento limpio, sin antecedentes en la historia nacional, con una doctrina y una táctica muy precisa y muy clara, sin ambiciones torpes y sin propósitos escondidos; somos la juventud de la clase obrera y campesina en marcha, es decir, un pueblo que ha roto los tabúes y que ha deshecho las cadenas y quiere que en esta democracia que nosotros defenderemos y respetaremos, que en esta democracia la palabra y la luz, sean con el pueblo, para regocijo y felicidad del pueblo. Yo quiero compañeros, con lo más profundo de mi emoción terminar estas palabras, invocando algo que es muy preciso para nosotros y que no dejaremos en el camino a la hora de decidir nuestros destinos. Yo quiero invocar con el verbo estremecido de quien sondea su propia alma, la memoria de nuestros grandes mártires, la memoria esclarecida de los que entregaron sus vidas, soñando con una Venezuela borrada de injusticias, lanzada por el campo del progreso, dignificada y grande. Yo quiero que esta noche, nos proteja la gran sombra irredenta de Leonardo Ruiz Pineda, que su sangre mártir vuelva a gotear del corazón generoso, para que tengamos la luz de una ternura y la claridad de una idea, el pecho herido de Ruiz Pineda, sea la bendición que mane sobre el espíritu y la voluntad de los hombres de la izquierda y que el cerebro privilegiado de Alberto Carnevali, el gran estratega de la Revolución, que se nos marchara absurdamente una noche de mayo, renazca y alumbre los caminos; que se incorpore Alberto a la asamblea de hombres que empiezan a marchar y que con su verbo, de maestro y de dirigente, vuelva a decirle a la juventud del partido aquellas palabras que ya les dijo en la resistencia, aquellas palabras en que invitaba a la juventud a asimilar la mejor doctrina revolucionaria, a ser inflexible en la pelea y a ser intransigente en los principios; que la estrategia de Carnevali, que su misión de dirigente, abra los ojos de los hombres de la izquierda, y sea el manantial que pase la roca para abrir en ella la brecha que nos permita marchar hacia adelante, y que Santelis, y que el poeta Pinto Salinas con todo el lirismo de sus mejores estrofas, vuelva también a la vida, invocado por nuestra esperanza y traído por nuestro anhelo y se convierta también en esta Asamblea, en uno de los grandes tribunos que nos abra a torrentes la luz para proyectarnos hacia el futuro. En fin, que los hombres del pueblo, que son hombres sin lápidas que consagren su memoria, sin poemas que canten su epopeya, sin recuerdos que los consagren; que todos los hombres del pueblo, que cayeron un día por darle a Venezuela el derecho a la libertad, el derecho a la Independencia, el derecho al progreso, de esos hombres que hicieron la resistencia porque sabían que luchaban para que las cadenas imperialistas se rompieran, que luchaban para que no hubiese más el latigazo del feudalismo sobre la cara del país, que luchaban para que abriésemos la compuerta de la industrialización y que, en fin, esos hombres que lucharon para que el partido fuera consecuente con su doctrina, renazcan de nuevo, iluminen y acompañen a la izquierda. Y yo quiero decirles a los mártires, a todos ellos desde esta asamblea, que la izquierda no va a permitir que el sacrificio de ellos haya sido estéril: sobre los hombres gigantescos de las multitudes de la izquierda, cabalgarán de nuevo los mártires y los llevaremos a la realización de sus sueños, porque la izquierda, compañeros, en esta encrucijada dramática del país, es una conciencia y es un compromiso, hagamos esa conciencia y ese compromiso manteniéndonos firmes como roca en la intransigencia principista y en la flexibilidad táctica que son los dos ingredientes que hacen de todo movimiento algo grande e imperecedero en la historia. Yo tengo la sensación esta noche, compañeros, de que se está produciendo un alumbramiento, de que aquí estamos dejando como regalo a Venezuela una criatura que tendrá pronto músculos y esclarecido el cerebro para marcar y definir el rumbo que debe seguir Venezuela. |
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