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Madrugada de caudillos

El Nacional

Editorial del viernes 27 de noviembre de 1998
El_Nacional

La democracia venezolana no deja de parir asombros y derrota con sus emboscadas imprevisibles los análisis más serios sobre los escenarios políticos que nos aguardan. Nadie, ni siquiera el más disparatado de los astrólogos de este país, hubiera imaginado esa "noche de los cristales rotos" en la que el Comité Ejecutivo de Acción Democrática decidió la puñalada inesperada contra su candidato presidencial, para luego intentar el cambio de caballo a mitad del río. Ha sido una larga e insólita semana que parece no tener fin ni verdades absolutas, donde los partidos tradicionales galopan hacia su propia destrucción y sólo se les permite escoger (entre dos grandes enemigos) cuál será su verdugo histórico. Nunca se había visto tal cascada de errores, ni tantas torpezas y confusiones por parte de las veteranas direcciones de AD y Copei.

Nada hacía pensar que los acontecimientos se precipitarían de esta manera y que esos partidos que lucían fuertes y decididos, eran en realidad una mueca de sí mismos, una sombra y una simulación, un naufragio político sin precedentes para sus militantes. Cualquier gesto que hagan de ahora en adelante estará motivado por el desconcierto, la incredulidad, el sentido de la derrota. Bien lo ha dicho Alfaro: no se puede invocar el nombre de la democracia para justificar otras alternativas, ni para convalidar traiciones o repotenciar ambiciones personales. En el fondo, el veterano dirigente le está recordando a los gobernadores adecos la necesidad de ser consecuentes con la doctrina de su partido, de eminente origen popular y no canjearla alegremente en la primera encrucijada del camino. También les ha recordado que Acción Democrática es sabia y paciente en las derrotas y que se puede luchar desde la oposición con el mismo vigor democrático. Como siempre, Alfaro se mostró muchísimo más hábil que sus enemigos a la hora de precisar cómo y cuándo debe darse la batalla definitiva.

Por su parte, Irene Sáez ha demostrado un gran coraje y una impresionante capacidad para reponerse ante las adversidades de las encuestas y de sus enemigos (¿amigos?) en Copei, pero todo ello resultará insuficiente no sólo por lo tardío de su esfuerzo reivindicativo sino porque está demasiado agotada y empequeñecida ante sus rivales que sí supieron cabalgar sobre la ola antipartidos. Irene no estimó lo suficiente el peligro de una alianza con las organizaciones tradicionales y ha debido pagar amargamente el precio de su error. Ahora, sin duda, comprenderá que su espacio vital está más allá de un partido que le sirva de paraguas para proteger sus votos en las mesas electorales. Pero la jugada de ayer al entrevistarse con Chávez demuestra que ha entendido la sagacidad de sus "aliados" y les ha respondido con su misma y astuta moneda: la amenaza velada. Irene no le aportará muchos votos al comandante pero la mezcla popular de los dos puede tener significaciones impredecibles.

En todo caso, las cúpulas de los partidos tradicionales han entendido que su tiempo histórico se agota y que ha llegado la hora de los sacrificios: no hay vuelta atrás. Han comenzado por tratar de desembarazarse de sus candidatos poco exitosos para entregar a su militancia un motivo de tranquilidad y una justificación. Pero eso no bastará, ni va a borrar los límites de sus culpas. Tarde o temprano los enemigos internos irán por la revancha y exigirán una rendición de cuentas amplia y excluyente con respecto a los autores de tantos errores políticos. No habrá factura engavetada o rencor pendiente que se mantenga en las sombras: los cobros serán rápidos y crueles, como suele suceder en estas lides partidistas. Ya veremos la presencia inusual de algunas figuras preteridas y el relanzamiento de otras condenadas hoy al ostracismo, nombres que hasta ayer no inspiraban ni un mal pensamiento. Lo significativo de todo esto es que los "cogollos" que lo han decidido todo sin pararse en contemplaciones (de allí la puñalada a Alfaro, el desvanecimiento de Claudio, el atardecer de Irene) están construyendo su propio mausoleo: no han terminado las sorpresas.

Ayer en su defensa, Alfaro denunció la posibilidad de dos posibles autoritarismos en nuestro futuro: uno radical y otro de derechas. Hay una intensa necesidad de creer que ello no es rigurosamente cierto, que los venezolanos buscamos profundizar la democracia a través de unos candidatos que saben respetar nuestro sistema de libertades, que pronto vamos a votar para que sea así. En verdad, los únicos autoritarios en este país han sido los cogollos. Que descansen en paz.



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