| Autores | Actual |
|
ENVIAR A UN AMIGO
|
ENVIAR AL EDITOR
De mujer a mujer Carolina Espada Jueves, 21 de junio de 2001 María Eugenia Esté, Lo que las mujeres quieren
![]()
«Los hombres sólo sirven para dos cosas, y una, es destapar frascos». Eso es lo que siempre dice mi amiga Malola tras cada revés sentimental. Añade que ya no hay muchos varones disponibles y que, los pocos en existencia, lamentablemente son demasiado precarios. «¡Es que ya no los hacen como antes!»
Yo trato de hacerle entender a Malola que sujetos con bolitas abundan —como han abundado siempre— pero que lo que pasa es que ahora se quedaron sin circunstancias. «¿¡Cómo es la cosa?!»
Mira, Malola, Ortega y Gasset lo escribió clarito: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo a mí»... «Ay, no, que no estoy de humor para intensidades filosóficas, pónmela papayita, ¿quieres?»
Malola, cuando tu abuelita se casó con Don Pocho —por allá en los años 30— ella lo hizo a sabiendas de que tu abuelo era un señor bastante putañero, un tanto borracho y sin el menor sentido del humor. Una verdadera piña, Malola. Pero él le resolvió a tu abuela el quince y último por más de cuatro décadas; hacía gala de ciertas nociones de carpintería y albañilería; se entretenía por las noches matando las ratas del patio con su escopeta, y nunca le pegó ni eructó en la mesa. Y tu mamá también se casó con tu papá y con sus circunstancias. Seamos realistas, al señor Peluche toda la gente lo llama así no porque sea peludo, sino por bueno, por gordo, por blando y por ser absolutamente innocuo y aburrido. Será tu papá, Malola, pero él duerme culebras del puro fastidio y es incapaz de despertar una loca pasión. ¡Pero allí están sus circunstancias para hacerlo maravilloso, único e imprescindible para tu mamá! Él nunca la ha dejado cargar ningún peso en la vida (desde un bombillito de linterna hasta una compra nerviosísima en Makro); la lleva y la trae para todas partes, y la espera en el carro tranquilito leyéndose su periódico, y no hay lo que no le explique y con aquella paciencia: «No, Agreste, los pingüinos no son focas; en Venecia no hay gandolas, mija, son góndolas; “la diabetes es una enfermedad grave, nunca esdrújula”, como dijo el Profesor Rosenblat.»
Y entonces llegamos a ti, Malolita: tú y tu fase de apareamiento en las postrimerías del siglo XX. A diferencia de tu mamá y de tu abuelita, tú estudiaste, te graduaste, trabajas y ganas más real que la mayoría de los hombres que te rodean. Solita instalaste tu computadora y cambiaste la conexión del teléfono sin ayuda y con apenas un pequeño corrientazo (al que tú definiste como un «golpe de testosterona», ¿o fue que se te olvidó?). Tú le pagas al mecánico, al pintor, al plomero, al electricista. No estás obligada a casarte con ellos, ni a cocinarles un mondongo a media noche, ni a lavarle los interiores, ni a padecer sus cirrosis y enfisemas. Tampoco te calas sus ronquidos y ventosidades. Les pagas y ya. Tú sabes kárate, judo y tortura china. Tienes una pistolita en la cartera, Multilock en tu casa, un abogado sanguinario a pata de mingo y un doberman patriomuerte a tus pies. ¡Tú eres dueña de un arsenal de Baygón y Shelltox para defenderte de tu única fobia! ¡A ti te conocen como la Reina de las Carreritas Nocturnas en Taxi Móvil Enlace! ¡Tú gozas de e-mail, fax y celular! ¡Tú no dependes de nadie! ¡Te bastas y te sobras en la vida! ¡A ti ningún hombre te va a venir a marear, a seducir y a embaucar con sus circunstancias!
«¡Pero es que yo no quiero 'circunstancias', yo lo que quiero es a uno ahí que me amapuche bien sabroso, me admire y me respete!»
¿Nada más?
«Bueno, y que sea leal, fiel, solidario, honesto, trabajador, responsable, divertido, apoyo-incondicional, culto, muy inteligente, bondadoso, aseado y buen bailarín. Ah, y que le gusten los perros y los niños, asuma la vida con valor, se acueste temprano, use medias y que me quiera. Sobre todo eso, que me quiera.» Ta difícil, Malolita...
«Ahora estoy saliendo con uno ahí que se me autodefinió como Hombre Sensitivo de los Noventa...»
¿¡Hombre sensit...?! ¡¡¡Jajajajaja!!! ¿¡Y como qué vendría siendo eso?!
«Muérete que no sé...»
Yo, lo único que te digo, Malola, es que para tu cumpleaños te voy a regalar un aparatico maravilloso que me compré ayer. Es un sustituto masculino que a ninguna mujer le debe faltar. Lo usas y te da así como... como seguridad, dominio, fuerza, control y un placer que ni te cuento. Yo ya no podría vivir sin él. Uno se lo pone a la tapa de un frasco y —chúquiti— facilito te la abre. Porque y que «los hombres son de Marte»... No sé. Pero las mujeres y la tecnología son una maravilla.
Carolina Espada en La BitBlioteca |
|
|
Copyright © 1999 - 2007 por Analítica Consulting 1996 |
Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas. |