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Hipocondría Lúdica
Carolina Espada

Sábado, 28 de abril de 2001


Carolina Espada

Como decíamos ayer... eso de jugar con la salud es algo sumamente delicado. Munín tiene un libro peligrosísimo de toda peligrosidad, y ella lo consulta con total rigor cada dos o tres semanas (según se haya recuperado de su última dolencia o no). La obra en cuestión se llama El Manual de Merck y allí aparecen —reseñadas, con detalles y hasta ilustraciones— las enfermedades que pueden ser padecidas por la humanidad completica.

Munín asume la lectura de esta obra como el oráculo de Delfos o como el I Ching. Ella sola se ha ideado todo un sistema de lanzamiento de dados y moneditas, sumas y restas, divisiones y multiplicaciones, para obtener un numerito que la lleve a una página específica. En lo que va de año ha tenido pericarditis (pag. 113), intolerancia a la fructuosa (pag. 1409), hidrofobia (pag. 1005), urticaria (pag. 907), afasia (pag. 394), mal de mer (pag. 325) y personalidad narcisista (pag. 465).

Ayer presencié una de sus consultas —casi místicas y arrobadas— a El Manual de Merck. Daditos, monedas y cuentas... y le salió el número 775. Munín, no sin un leve temblor y una especie de revoloteo de mariposas asustadas en el estómago, fue a esa página y leyó en voz alta, pero como quien lee una sentencia a muerte:

—«Hipotiroidismo. Síntomas: pulso lento». Yo lo tengo lentísimo, podría ser mi baja tensión habitual, pero... ¿quien sabe? «Voz ronca». Yo he estado medio ronquita últimamente. Grité mucho la semana pasada en el juego de kicking ball de mi ahijada que quedó de subcampeona, pero... ¿quien quita? «Forma de hablar muy lenta». Yo estoy hablando pausadito. Tengo tiempo en eso a ver si la gente me entiende: despacio y bien pronunciado: deeemeee un cuaaarticooo de leeecheee, pooor favooor... Antes, cuando hablaba soplado, me contestaban: “¿Cómo fue, mi amor? ¿Un cuartico e' jugo?”... y yo tenía que repetir. Entonces empecé a hablar a mis congéneres como si sufrieran de algún tipo de deficiencia auditiva o mental. Pero muy bien podrían ser cosas del hipotiroidismo este. «Cara hinchada». Yo como que tengo este ojo medio hinchado. Ayer me cayó shampoo, pero... ¡Ay! ¿Y si no fuera eso? «Caída de las cejas». A mí se me están cayendo. También, que yo tengo la manía de estarme pasando las manos por la frente y me las arranco sin querer. Pero no se puede descartar lo otro. «Párpados caídos». Yo los tengo así. Quizá sean cosas de la edad, ¿pero y si no es el paso del tiempo? ¿Uhm? «Intolerancia al frío». Yo soy la persona más friolenta del mundo. ¡Dígame si he padecido de hipotiroidismo toda la vida y recién ahora es que me vengo a enterar! «Estreñimiento». Yo estoy estreñida. Bueno, casi no estoy comiendo últimamente. Aquí sí es verdad que no sé. «Aumento de peso». ¡Por fin uno que no! ¡He perdido como 3 kilos este mes! Pero siempre hay una excepción que confirma el hipotiroidismo... «Cabello escaso y seco». Escaso sí; seco, no. Este es un empate. «Piel reseca, escamosa, gruesa». ¡Ay, mírame los brazos, mírame las piernas! Parezco un lagarto, una iguana, un caimán disecado. Me estoy temiendo lo peor. «Carpal tunnel», ni idea de cómo se dice eso en español. Yo una vez tuve ese dolor horrible en las muñecas, porque me dio por desmanchar todo el piso del apartamento a punta de trapito, cepillo y detergente. ¿Pero y si no fue el trabajo físico y esclavizado, sino mi primer síntoma de este padecimiento y no lo supe reconocer? «Confusión». Yo estoy muy confusa, a estas alturas yo estoy muy confundida. Totalmente. Sin dudas. «Depresión». También: yo estoy tristísima. Claro que todo lo que me rodea no ayuda para nada. Lo que se vive, se ve y se oye en la calle, día a día, es como para ponerse a llorar y no parar. El bajón anímico es colectivo, (¡tan bueno que fuera que vaciaran un container de antidepresivos en todos los embalses de Hidrocapital!), ¿pero y si en realidad sólo fuera una pequeña carencia de la hormona de la tiroides? «Demencia». Eso es hereditario y en mi familia ha habido gente que ha estado medio tururú. Medio—bastante y con la tapa desenroscada. ¡Ay, yo creo que tengo hipotiroidismo!

—¿Por qué haces esto, Munín? ¿Por qué te haces esto?

—Es que es la única forma, ¿cómo te explico?... es como... en lo que se me pase el hipotiroidismo este, es la única forma en que puedo ver con claridad esa línea divisoria delgadita que hay entre la locura y la cordura. ¿Me entiendes?

—No.

—¿¡No!?

—No. Yo, tú, engavetaría el librito ese y haría algo indicadísimo para gozar de una estupenda salud mental.

—¿Qué?

—Cuenta tus bendiciones, Munín. Cada día cuenta tus bendiciones.


Carolina Espada en La BitBlioteca

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