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Consejo a un escritor sin rating Carolina Espada Miércoles, 29 de noviembre de 2000
Fíjate, Nené, allá en la barra del corral, perdón, del bar, están tres machos de la especie. De tu especie. Míralos como se esponjan, pavorrealean y kikiriquean. Óyelos ahí:
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—Ya yo me levanté a la Chiqui... Esa cae esta noche. —Pero yo no te quiero contar la revolcada que le eché a la secretaria de Fernando... ¡Es que la dejé con ataque de asma! —¡Y yo estaré recién casado, pero ya yo le puse el ojo a la doctorcita tetona del piso 3! A esa no la perdono... ¿Estás oyendo, Nené? Eso es parte del ritual, de la cosa masculinosa y velluda. A lo mejor el de la corbata azul sufre de eyaculación precoz; y el del güisquicito campaneado ha tenido episodios de priapismo; y el gordito de los manises se resigna con una erección blandengue («impotencia», que llaman), pero ahí los tienes hablando de sus proezas, fantasías y ganas... y ese, Nené... ese no es tu target group. Si tú de verdad quieres seguir escribiendo telenovelas, tienes que empezar por darte cuenta de quiénes son los patrocinantes del horario estelar. ¿A que nunca has oído una cuña como ésta?: «¿Problemas con su próstata? ¡Querido Amigo Mío... dígale adiós a sus dolencias, a su vergüenza y a su pudor! ¡Con un rápido tacto anal analizaremos su caso y pondremos fin a su problema! ¡Llame ya al Centro de Clínicas David y Goliat! ¡Lo esperaaamooosss!» ¿O acaso has escuchado ésta otra?: «Y Mujeres Apasionadas es patrocinada pooorrr: Cigarros Lewinsky : todo un nuevo mundo de posibilidades para el placer del fumador de hoy... ¡Y ahora en Extra Large!» ¿¡Ah!? No, Nené, nunca va a oír eso. Si hay culebrones, es porque existen un montón empresas que quieren vender sus alitas protectoras ultra sec, sus esponjitas para fregar y sus polvitos para lavar. ¿Y por qué, Nené? Porque el público que ve las telenovelas sigue siendo mayoritariamente femenino. Sí, siempre hay algún hombre en casa que termina enganchado a la historia rocambolesca, pero es porque la dueña del hogar advierte, cuchillo en mano, mientras pica un repollo morado para la cena: «¡Cuidaíto me cambian el canal, miren que hoy Elenita se va a enterar de que Rodolfo Luis sigue estando casado con Vanessa y que todo este tiempo él la engañó jurándole que estaba divorciado! ¡Porque es que todos los hombres son iguales!...»
—No entiendo... Yo sé. Yo lo sé... Nené, presta atención: quizá para ustedes, los hombres, sea un punto de honor testicular vanagloriarse de sus hazañas sexuales (sean reales o virtuales). Te apuesto lo que tú quieras a que cuando el de la corbata azul vaya a hacer pipí, el del güisqui y el del manisito van a comentar entre admirados y envidiosos: «¡¡¡Coooye.... se levantó a la Chiqui!!!» Pero resulta que a nosotras, hembras de la manada, no nos interesa para nada la Chiqui, o la secretaria asmática, o la doctorcita con siliconas... Nosotras queremos a un hombre que se nos plante enfrente, todo lleno de testosterona él, y nos diga puro corazón y mirada penetrante: «Yo he tenido demasiadas mujeres, tantas que perdí la cuenta... y ni siquiera recuerdo sus nombres o sus rostros... Sí, he sido un irresponsable, un tarambana, pero entonces apareciste tú y para mí todo cambió: ya no tengo pasado, ya no hay otras —ni las habrá nunca más— porque ahora estás tú... y tú eres lo más grande, lo mejor que me he encontrado en la vida, lo único que amo y no entiendo cómo, de ahora en adelante, yo podría vivir sin ti... ¡No me dejes! ¡No me abandones! ¡Quiéreme, por favor...»
—Pero eso no es así... ¡Claro que no es así! ¡En la vida real no es así! Un hombre te jura amor eterno y pasa una minifalda forrada y él se voltea... Pero en una telenovela eso es justo lo que quiere ver el público femenino: un galán «XY», apasionado y gentil; ponle que comprometido para casarse sin muchas ganas con la contrafigura; ponle que con una amante accidental, que es la villana; y síguele poniendo un poco de mujercitas detrás de él... pero entonces, en el primer capítulo, ya presentado a las señoras y señoritas de la teleaudiencia y con su virilidad indiscutiblemente erecta, él conoce a la protagonista y se enamora de verdad-verdad y para siempre... Y se enamora de ella de manera tan fulminante e irrevocable que, después, tú le pones a tu galán una stripteaser por delante, o le empapelas las paredes de su cuarto con centerfolds de Playboy , o le metes a una profesional del Kama Sutra en la cama... y nada... a tu protagonista no le da el menor cosquilleo en la protuberancia. ¡¡¡Y todas las televidentes lo adoran con devoción y a ti te premian con sintonía nacional!!! Entiende, Nené, para ganar el rating tienes que tener una historia de amor fundamentada en un ingrediente secreto: la más absoluta y postrada fidelidad. Así tú nunca te lo llegues a creer.
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