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Ah, ah, ah, ah... staying alive Carolina Espada Jueves, 9 de noviembre de 2000 Abrió la puerta del cuarto y vio a Bambi en el pasillo. De inmediato cerró la puerta y, con un estremecimiento, murmuró: Bambi no puede estar en el pasillo. Roberto permaneció inmóvil por unos instantes. Eso deben de ser los tragos de anoche y que todavía estoy medio dormido. Tomó aliento, volvió a abrir la puerta y... Bambi seguía estando en el pasillo. Bambi no puede estar aquí. Pero sí estaba, animado, en tecnicólor, con su carita de huérfano cándido y una mariposa posada en la nariz. Yo no estoy viendo esto. Tap-tap-tap... Allí estaba el conejo Tambor dándole a la patica. Tambor tampoco está aquí. Y Tambor decía: «Si al hablar, no has de agradar, mejor es callar». Yo no estoy oyendo eso... Pero lo oía... así que Roberto, desconcertado y de reojito, se fue hacia el comedor. Seis enanitos desayunaban avena y Gruñón cantaba: «Ayjou, ayjou, va-mós a trabajar». ¿Y en dónde estará Blancanieves? Estaba dormida en el sofá de la sala con el televisor prendido. Sobre la alfombra yacía una manzana mordisqueada. Yo no la voy a besar... que la bese el Príncipe... Besos para ti, chuick-chuick, oh-oh-oh, besos para mí... En un estante de la biblioteca Pepe Grillo entonaba una canción en inglés: «If you wish upon a star...» Lararaaá la estrellazuuul... Se asomó al balcón. Allá a lo lejos se divisaba el castillo de la Cenicienta. No, ese es el de la Bella Durmiente. ¡Flop-flop-flop-flop-flop! ¡¡¡Dumbo!!! Sí, allí estaba Dumbo, frente a él, revoloteando sin el ratón en su sombrero. Más atrás, Peter Pan hacía piruetas en el aire con Wendy, los niñitos y Campanita celosísima. ¡Quién pudiera volar!
Y Dumbo, muy sonriente, le hacía señas con su trompita. Lo estaba invitando a que se montara en una silla, se subiera a la baranda y brincara sobre su lomo para una voladita hacia el reino de la fantasía. No, Dumbo... lanzarme de un décimo piso no me va a resolver el agobio, ni la incertidumbre, ni la vergüenza, ni la desconfianza, ni el salto atrás a un mundo de cambures y monos con plumitas... Voy a seguir sobreviendo, pero, si te sirve, esta noche le pediré un deseo a la estrella azul.
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