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«¡Qué bello es tooodo!» Carolina Espada Lunes, 16 de febrero de 2004 ![]()
Así dice a cada rato Nataly Cortés —una actriz fabulosamente bien plantada— al interpretar el personaje de J.Lo (Yailou) en la telenovela Mi Gorda Bella. Cuando la escena se lo permite, la escritora Rossana Negrín pone a esta divinura de malandra a exclamar: «¡Qué bello es tooodo!». ¡Eso mismo voy a gritar yo el día en que se acaben las cadenas televisadas! ¡Porque se van a terminar! ¡Oh sí! Como Dios es bueno y nos ama, esas torturas encadenadas van a llegar a su fin. El sol brillará y unos señores muy serios se reunirán y le escribirán un articulito adicional a la Constitución de la República de Venezuela. Cuando pongo: «La Constitución» no me refiero ni a «La Moribunda» ni a «La Ultrajada» (también conocida por el mote chocarrero de «La Bicha»), sino a «La Enaltecida», que es la que nos merecemos. Y el nuevo artículo indicará: «De ahora en adelante ningún Presidente, ni Ministro, ni vocero gubernamental designado, podrá hacer ni una cadena más. Pero es que ni de seis horas ni de tres minutos. Que se olviden de eso. A partir de hoy, si el Presidente y sus muchachos quieren darse con furia loca y salir de faranduleros como en un telemaratón, podrán hacerlo única y exclusivamente por el canal del Estado. Y punto. Sin derecho a pataleo. Considerando que es muy importante que el pueblo (entiéndase: todos los que viven en el país) escuche las palabras de su gobernante, cada vez que este se instale en el 8 para dispararse una alocución, los demás canales estarán en la obligación de pasar un cintillito informativo a pie de pantalla. Aclaratoria: ninguna televisora va a interrumpir su programación habitual, seguirán con sus telenovelas; o su concurso de belleza; o su documental sobre los suricatos (mamífero africano cuyo nombre, en swahili, significa: ‘gato de roca’); o sus enlatados gringos; o sus programas inefables; o sus noticias nacionales e internacionales; o sus deportes; o sus entrevistas; o sus video clips; o su rezadera de rosario. Abajito saldrán unas letricas; un mensajito idéntico, reiterativo y pequeñito que anunciará algo así como: «En estos momentos, nuestro Excelentísimo Señor Presidente se dirige a la Nación por el Canal Estatal para anunciar que Venezuela le acaba de declarar la guerra a Burundi; recomendamos que cambie de canal si usted desea estar plenamente informado. En estos momentos, nuestro Excelentísimo Señor Presidente se…». O también podría tratarse de que el Primer Mandatario esté condecorando a un venezolano que descubrió la cura contra el SIDA; o ande develando la estatua del Buhonero Desconocido. Lo que sea. Y por un lado termina su discurso y, por el otro, suspenden los cintillos. Que quede claro: ¡Ni una cadena más!». Yo apuesto a que muchos de nosotros, por voluntad propia y ejercitando ese derecho de elegir tan democrático, sintonizaríamos el 8 para ver qué de nuevo nos trae el Presidente de turno. Y todo podría ser realmente bien bello.
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