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Los tres golpes Carolina Espada Jueves, 9 de noviembre de 2000
«Chávez va guindar hamacas en cuanto pilar y columnita consiga en los corredores de La Casona; en la fuente de la entrada va a poner unos caimanes y un par de babas; en los jardines sembrará corocoros disecados y en una patica; en el muro que rodea la residencia mandará pintar una 'Alegoría Llanero-Militar' con dantas y tanques, aviones y guacamayas; en la radio eso será puro corrío y pajarillo-que-vuelás-por-mi-ribera, y, también, los himnos de toooodos los estados, empezando por el del Vargas: 'Los últimos seremos los primeros, arrullados por el inmenso y ancho mar'; el liquiliqui será nuestro uniforme oficial; marcharemos, marcharemos, marchareeemooos, y los Estados Unidos nos quitarán la visa y no podremos ir a Disney World.»
¿Qué no se ha dicho sobre Chávez? Que fue el que se lanzó en paracaídas con un ramo de rosas de plástico (para que no se despetalaran en la caída) y que, una vez en tierra, hincó la rodilla y le ofreció el tieso ramillete a Pilín León, la Miss Mundo maracayera. Que parece un personaje de telenovela rosa: el muchacho humilde convertido en héroe, pero que va para la cárcel y es liberado y regresa a vengarse y se casa con la muchacha rubia y bonita y colorín colorado. Que cuando él gane nos va a quitar todas nuestras cositas y adiós libertad de expresión y prepárese, políticos corruptos, pues serán empalados. Ay. La última es que en la mesa de Chávez hay un puesto fijo para su invitado habitual y de honor: Simón Bolívar . Sí, cuentan que el Libertador se resuelve sus tres papitas diarias con el comandante. Dan fe de esto otros comensales y la cocinera y la muchacha de servicio (que están aterradas). Pero... ¿por qué será que a mí tal cosa no me sorprende? Ni me sorprende, ni me angustia, ni me preocupa en lo más mínimo. ¿Que Chávez sienta a su mesa al mismísimo padre de la patria para que lo asesore entre un pisillo de chigüire y una lapa esmechada?
Bueno, sea... Yo vi a un ex presidente amenazando a un reportero por televisión. «Tú a mí no me jodes», le dijo y en horario familiar. Recuerdo a su barragana, disfrazada de mata camuflajeada marcial, evaperoneando en El Helicoide. Y no se me ha olvidado aquel que no podía ver un charquito, porque ahí mismo iba y lo brincaba. Vivimos en un país en donde le han entregado plenos poderes no a un Presidente, sino a un último aliento. Tenemos un congreso que se paraliza por el Mundial de Fútbol, en una nación en donde lo que se juega es beisbol. ¿Y hablamos de candidatos? Bueno, hay uno, de pestañotas entorchadas, que se pone rímel y delineador negro. Me lo han jurado por este puño e'cruces. Y la otra, la insólita, que ganó el Miss Universo vestida con una creación amelocotonada con unas aplicaciones plisadas tipo cayena, esa ahora se manda a hacer sus fluxes (Causa R, sin corbata) con el sastre de una funeraria. Y no cruza la piernita ni que la maten y mueve los brazos palante y patrás (como quien jamaquea a otro) y se bate como un sindicalero adeco en romería. ¡Qué pérdida de glamour y rating!
El otro, el del caballo blanco, con su camisa nívea como para cuña de jabón de lavar, su chaquetica de PTJ junior (o sea: de telita, pues todavía no ha ascendido a semicuero y, a cuero, ni les digo), sus medias blancas de mesonero del Ovni y sus mocasines negros de seminarista. Ese se está dando a conocer a punta de propagandas en la tele. ¿Vieron cuando sale el niñito remojando la arepa en el vaso de leche? ¿No les dio como un escalofrío en la boca del estómago?
Y el viejito liliputiense, pobrecito él, que se arruga y se encoge a medida que avanza su campañita. A él la plancha le queda enorme y se le sale. Debe ser porque se la mandaron traer de allá del norte y es bien sabido que esas prótesis dentales son inmensas. Y es que los gringos tienen la boca más grande. Para las pruebas, favor remitirse a Mónica Lewinsky. ¿Será necesario hacer un recorrido por todas las locuras, bochornos y desmanes de estos años de fallida democracia? ¿Nos ponemos a enumerar los guisos y los «no me des, pero ponme donde haiga»?
A mí ya nada me asombra, nada me asusta, todo me resbala. ¿Será porque todavía no sé por quien voy a votar... si es que voy a votar? ¿Será porque no tengo a nada ni a nadie en quien creer?
¿Que Chávez come con Bolívar?
Estupendo. Buen provecho. Deberían invitar a Manuelita.
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