Caracas, Jueves, 24 de abril de 2014

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Declaración de principios

Marzo de 2000

Ante el actual uso desmedido y personalista de las Fuerzas Armadas de Venezuela, que busca destruir su sentido profesional e institucional para convertirlas en una organización al servicio de un proyecto político, un grupo de profesionales militares en situación de retiro de todas las Fuerzas, generaciones, grados y jerarquías hemos decidido formar un frente de opinión, sin posición política ni compromiso partidista, con el único propósito de defender la trayectoria institucional de las Fuerzas Armadas, la integridad territorial de la República y el cumplimiento estricto de la Constitución Nacional.

Creemos firmemente que las Fuerzas Armadas deben conservar su tradicional orientación filosófica de institución creada por el Estado para su defensa; que deben estar siempre al servicio de la nación y nunca de una persona o parcialidad política; manteniéndose de manera permanente subordinadas al poder civil, apolíticas y no deliberantes. Sus valores fundamentales son la disciplina, la subordinación, la lealtad, el profesionalismo y la camaradería.

Reconocemos que los venezolanos siempre han luchado, a través de nuestra historia, por establecer un sistema político pluralista, alternativo y democrático, respetuoso de las leyes, de las libertades públicas y de los derechos humanos. Entendemos que el actual proceso que vive el país surgió como consecuencia de la incapacidad que tuvo el anterior sistema político de dar respuesta adecuada a las exigencias de cambio de la sociedad y de su incapacidad de renovar su liderazgo y sus estructuras. Nuestra fe en esos principios nos ha conducido a realizar un análisis profundo de la actual situación de nuestras Fuerzas Armadas.

La orientación apolítica de la Institución Armada y su necesaria subordinación al poder civil fue reforzada a raíz del derrocamiento de la dictadura en 1958, acontecimiento histórico en el cual las Fuerzas Armadas tuvieron un papel fundamental; sin embargo, no pudieron impedir un fuerte y prolongado cuestionamiento a su actuación como sostén del régimen depuesto. Por esa circunstancia se inició desde su mismo seno un proceso de reestructuración en su organización y de reorientación del personal profesional hacia el cumplimiento de sus legítimas y obligatorias funciones. Durante el periodo 1958-1998, como consecuencia de las acciones tomadas, se logró un marcado incremento del apresto operacional y del profesionalismo a todos los niveles. Podemos afirmar que durante ese lapso, las Fuerzas Armadas alcanzaron el mayor grado de prestigio y desarrollo jamás logrado en nuestra historia republicana. Prueba de ello lo constituye haber ocupado siempre un lugar privilegiado entre las instituciones que gozaban de mayor credibilidad y respeto en la sociedad civil.

A pesar de los innegables logros alcanzados, persistieron importantes fallas atribuibles a la falta de decisión de los diferentes gobiernos de no querer establecer una política militar de Estado, proyectada en el tiempo, que permitiera realizar las reformas exigidas de manera perentoria por los cuadros profesionales de las Fuerzas Armadas. Entre esas fallas se destacan las siguientes:

  1. La negativa a aprobar una verdadera reforma de la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas que permitiera transformar el sistema de ascenso y de permanencia en la situación de actividad del personal profesional, crear una verdadera meritocracia, y conformar una estructura militar adaptada a los nuevos tiempos, de manera de consolidar un verdadero liderazgo, modernizar el servicio militar y establecer una planificación a largo plazo.
  2. Carencia de programas de mantenimiento para los modernos sistemas de armas que se adquirieron a solicitud de las diferentes Fuerzas. Las circunstancias políticas impidieron la asignación de suficientes recursos en el presupuesto de defensa para enfrentar esas necesidades, conduciendo a un inevitable deterioro del apresto operacional de las Fuerzas Armadas.
  3. El excesivo e innecesario empleo de la Institución Armada en actividades que no le son propias, incidió negativamente en la moral del personal y en el necesario e imprescindible entrenamiento de las tropas.

Al asumir el Tcnel. Hugo Chávez Frías la Presidencia de la República, renació la esperanza entre quienes aspirábamos a que se produjeran profundos cambios en las Fuerzas Armadas. Lamentablemente no ha sido así. Por el contrario, hoy en día nos encontramos con la triste realidad de verlas orientadas a cumplir un papel totalmente alejado a su verdadera responsabilidad institucional.

Los hechos hablan por sí solos. El Presidente de la República, valiéndose de su investidura, ha utilizado los actos militares para agredir e insultar a sus adversarios políticos y a vastos sectores de la sociedad. En muchos casos ha utilizado el uniforme militar en actos de carácter netamente político, comprometiendo de esa manera a la Institución Armada con su obra de gobierno, sin importarle que el natural desgaste que produce el ejercicio del poder desprestigie a las Fuerzas Armadas, las cuales han comenzado a ser vista como una organización al servicio de un proyecto político y no de la Nación.

Señalemos algunos ejemplos concretos. El desfile militar del 4 de febrero de 1999, que sólo debió servir al propósito institucional de reconocer al Presidente de la República como Comandante en Jefe, se tornó en un acto de reconocimiento a los militares que insurgieron el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. De igual manera, en el acto de pase a retiro de oficiales y de graduación de los nuevos subtenientes y alféreces de Navío, el Presidente de la República expresó sus dudas acerca de la razón que tuvieron las Fuerzas Armadas para asumir responsablemente el combate contra la insurrección armada de los años sesenta, patrocinada desde Cuba por Fidel Castro, en un claro gesto de desprecio hacia aquellos militares que, fieles a sus principios de honor y lealtad, arriesgaron sus vidas y la tranquilidad de sus hogares para evitarle a Venezuela los años de opresión y miseria que ha sufrido el pueblo cubano. En el mismo acto cuestionó la honradez profesional de los oficiales generales y almirantes ascendidos durante los anteriores períodos de gobierno. En otro acto, realizado en el Regimiento de la Guardia de Honor donde supuestamente se pasaba a retiro a cinco oficiales que se postularían como candidatos a la Asamblea Constituyente, el Presidente Chávez hizo que el Alto Mando Militar y las tropas en formación escucharan el discurso de carácter totalmente político pronunciado por uno de esos oficiales .

La situación en vez de mejorar ha empeorado. El 4 de febrero de este año se presentó al acto de transmisión de mando del Ministerio de la Defensa uniformado de teniente coronel, sin importarle en nada que ese grado no le permite ejercer el mando sobre oficiales generales y que su autoridad como comandante en jefe surge de una elección popular y no de su condición de oficial. Ese mismo día, ofendiendo el sentido institucional de las Fuerzas Armadas se presentó uniformado de campaña al mitin del Movimiento V República en la Plaza Caracas, desde donde arengó políticamente a los miembros de su partido.

El presidente Chávez influyó decisivamente para que se incluyera en el texto constitucional el principio de la unicidad de las Fuerzas Armadas, que conduce obligatoriamente a la centralización de su mando y administración en un Estado Mayor General, eliminando el necesario equilibrio de los componentes de la organización militar. También estamos convencidos, que dejar únicamente en manos del Presidente de la República la potestad de conceder los ascensos de los oficiales traerá como consecuencia que sólo ascenderán aquellos profesionales que muestren una adhesión total al proyecto político del gobierno, incrementándose los abusos e injusticias que tanto se criticó a los gobiernos anteriores. Prueba evidente de lo anterior es la decisión del Presidente de la República de desdeñar el trabajo que realizaron las Juntas de Ascensos de las diferentes Fuerzas durante el año 1999 y ascender a su capricho a un grupo de oficiales que no cumplían con los requisitos legales o no tenían las credenciales profesionales suficientes, aduciendo la absurda excusa de que dichos oficiales no habían sido incluidos anteriormente por razones políticas.

Sin tomar en cuenta los valores militares fundamentales de subordinación y disciplina, se eliminó el carácter apolítico y no deliberante de las Fuerzas Armadas, poniendo en peligro su necesaria cohesión interna. Al incluir esta disposición en el texto constitucional, se desconoció la opinión contraria sustentada por la inmensa mayoría de los integrantes de la Institución Armada, según lo señalaban todos los estudios de opinión realizados al efecto. También en contra de la opinión mayoritaria de los integrantes de la Institución, actualmente se pretende reincorporar a las Fuerzas Armadas a un grupo de oficiales, suboficiales y tropas profesionales involucrados en los movimientos conspirativos de 1992. De llevarse a cabo dicha reincorporación, se comprometería la unidad interna de las Fuerzas Armadas y se vulnerarían los derechos profesionales de aquellos militares que permanecieron durante estos ocho años cumpliendo con sus deberes. No tenemos duda que, por sus vinculaciones políticas, estos profesionales tendrán preferencias para los ascensos y la asignación de cargos.

Obligatoriamente tenemos que hacer referencia al empleo abusivo de unidades militares en funciones cuya responsabilidad está claramente establecida para otros organismos del Estado y la sociedad civil. Se ha preferido utilizar a las Fuerzas Armadas en tareas que tienen un claro sentido demagógico y populista, sin ninguna programación en cuanto a la limitación en sus objetivos y tiempo de empleo. Esta equivocada política ha comprometido totalmente su entrenamiento y deteriorado gravemente sus equipos, provocando una grave disminución en su moral de combate y en su apresto operacional. El costo financiero de estas operaciones no ha sido posible auditarlo, provocando por esta causa un grave cuestionamiento en la opinión pública sobre la integridad moral de las Fuerzas Armadas.

Es imprescindible hacer referencia a las peligrosas consecuencias que puede tener el Artículo 119 de la Constitución Nacional vigente, el cual reconoce la condición de "pueblo" a las comunidades indígenas. Contra esta disposición se presentaron innumerables argumentos. Sin embargo, fue notoria la ausencia de la opinión del Alto Mando Militar en una materia que compromete gravemente la soberanía, la seguridad y la integridad territorial de Venezuela.

Ante este cuadro de cosas, no podemos permanecer callados. Es por ello que el Frente Institucional Militar levanta su voz de alerta en representación de un grupo de profesionales de las Fuerzas Armadas. Rechazamos enérgicamente la posición sostenida públicamente por el Presidente de la República sobre un supuesto apoyo mayoritario de las Fuerzas Armadas a su persona. Esta afirmación compromete nuestro sentido institucional de organización al servicio de la Nación.

La esperanza nacida al inicio del presente gobierno, que nos hizo pensar en la posibilidad de corregir los males que aquejaban a la Institución Armada, ha chocado con la cruda realidad de que las medidas gubernamentales tienden a destruir los valores fundamentales de nuestra organización pretendiendo, a través de promesas falsas y palabras grandilocuentes, colocar a las Fuerzas Armadas al servicio de un proyecto político.

Le hacemos un respetuoso llamado al nuevo Alto Mando Militar para que, con reciedumbre y personalidad, defiendan dentro del marco de las leyes y reglamentos militares, los principios fundamentales que siempre han caracterizado a las Fuerzas Armadas. Reconocemos la actitud prudente que tuvo el general de división Ismael Hurtado Soucre, Ministro de la Defensa, durante la rueda de prensa que dio con motivo al lamentable fallecimiento del coronel Luis Ascanio Báez. Respaldamos plenamente su posición de solicitar a las diferentes fuerzas políticas un clima de respeto hacia las Fuerzas Armadas; pero, consideramos necesario señalar que la división que comienza a observarse en nuestra Institución, se origina en la actitud contraria a los valores militares, como lo hemos señalado en este documento, que ha mantenido el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías desde el propio momento que asumió la Presidencia de la República.

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