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Caupolicán Ovalles

Salido de El Maní

Federico Pacanins

Jueves 10 de abril de 2003

Hace dos años la República del Este estableció en El Maní Es Así su penúltima sede conocida. Fue entonces cuando el salsoso sitio de la avenida Solano López caraqueña, abrió sus puertas los mediodías del domingo para que republicanos centrales nos diesen demostración cierta de un poder resurrector animado por todos los aditamentos necesarios: Perla Castillo —dueña del negocio— procuró tarimas, micrófonos, tragos y buena mesa; Gisela Guédez y Nancy Toro ofrecieron sus mejores boleros vespertinos; Rubén Osorio Canales fungió de maestro de ceremonias que impulsaba, no solo la ponencia leída por algún contertulio programado, sino también la intervención improvisada —el impromptu tropical— del hermano poeta con la inspiración suficiente para practicar un sabroso automatismo verbal que, por fortuna y conducto de un buen grabador, pudimos recoger textualmente: (Habla Rubén después de una intervención de Adriano González León). «Hemos dicho que esta también es la tarde de los espontáneos, porque aquí estamos es sencillamente para eso, para conversar, para discursear, y más si tenemos un espontáneo de excepción como es Caupolicán Ovalles» [aplausos, discursea Caupolicán].

«Bueno, en realidad yo soy un espontáneo tan espontáneo como Carlos Segundo El Hechizado, que no se sabe por qué cambió de familia y embombonó la historia de España. Así yo me oriento por la gente que veo, y por eso le pedí los lentes que tengo a mi hijo Manuel para ver de frente a todas las personalidades augustas que están aquí, en este domingo, y recordar que cuando era niño había un poeta greco-guariqueño quien en un francés, mal traducido, escribió un poema que decía así: “Aujourd'hui dimanche, mon amour... ce sa un jour de fête, les arbres ce sont de fête...”. Ese poeta está vivo todavía y este día domingo, mon amour —mi amor—, los árboles están de fiesta, y los árboles de la República del Este seguirán de fiesta en los próximos olvidos. También recuerdo a Orlando Araujo, quien tenía un soneto, quizás lo mejor que escribió, sobre lo terrible que era el domingo; yo recuerdo que nunca en domingo, pero es mentira; sí, siempre en domingo. Entonces organizo mi discurso sobre la presencia de este señor que está con una suerte de Juan Sebastian Bach femenina y por allí oriento, y me oriento el discurso. Quizás también los negros siempre están presentes a pesar de que en la filología del entendimiento, el negro siempre arrebata y siempre considera que está demás interiormente... [risas]. Es una contradicción estrafalaria, los negros siempre, a pesar de lo pobres que puedan ser, tienen una vega extraordinaria donde consumen y cultivan todas las posibilidades de la tierra; por eso es que Carlos González Vegas es un hombre extraordinariamente rico entre nosotros —tienes el dinero absoluto y total que te da tu inteligencia, y no tienes más dinero sobre tu cuerpo, porque la sangre tuya es dulce, como el papelón del desierto—, sobre todo los sábados que con la pupila de Teodoro Petkoff, se te permite informar a todo el mundo de lo que ocurre... Nunca en domingo, pero retomando lo que Adriano González León dijo, ahora todo va a ser en domingo. Yo conocí a Adriano un domingo del cual ya tengo el recuerdo y también sé que lo que no diga hoy, domingo, lo diré otro día y que esta es fiesta de la República del Este, de Rubén Osorio Canales, “Canaletto”, ¿no?, con su estupenda mujer y con esta chica que debe ser nieta de Fermín Toro, ¿no?, quien pone los sitios en su debido momento... Tanto es así que yo me siento confundido, porque me leí hoy la entrevista del escritor cubano de los Tres tristes tigres, y ahora me parece que estuviera en La Habana, en una Habana sin interferencias, en una Habana más que posible. Yo siempre he dicho que moriré fidelista, pero no sé qué significa eso, morir fidelista significa ¿qué?... Ehhh, andar en estos entuertos de la política latinoamericana, andar en un día como hoy del centenario del laudo, y yo propongo en honor a nuestro país, que la capital de la República del Este se llame Ciudad Esequibo... [Carlos González Vegas le grita: “!Farsante!”]... Podemos perder todos los ríos, pero no los que van a la mar, que es el morir. Podemos perder todas las aguas, y entonces yo esta mañana, perplejético por la comida y los tragos que me indujo ayer el doctor Mathieu, presidente encargado de esta República, pensaba, después de leer a Olavarría que fue una gloria que Harrison, el ex presidente de los Estados Unidos, y todos los abogados que se unieron para condenarnos, nos hubiesen salvado las bocas agrestes del Delta del Orinoco. Llegar allí significa un poco así como una compensación sin sentido. Y que no debería tener sentido... Yo no quiero montar frente al embajador Puente Leyva, un Puente Chiapas allá en el Esequibo; pero claro, a mí me gustaría ir allí como un hombre un poco perplejo a pelear por una causa perdida... Somos los hijos de Lenin, dijo una vez John Moscú; ahora creo que ni siquiera sobrino soy, pero sí pienso que nosotros estamos cerca de este ahijado de Lenin, que se murió de 54 años, enamorado de una mujer perfecta, desconocida, que todavía nadie conoce, pero que la descubrió García Ponce, Antonio...Bien, yo pienso que esta invención de Rubén Osorio “Canaletto”, y lo digo con cierto temor porque a un canaleta lo mataron en España, abre las puertas del tercer milenio... Le troisième millénaire... yo pienso personalmente, y les anuncio que no voy a seguir hablando porque aspiro en el tercer milenario, por durante muchos años hablar consecutivamente aquí, que también las burras de Vallejo me encantan, como dijo un muchacho singular llamado Freddy Muñoz, un día antes de ir a almorzar con el presidente Caldera, que en su pueblo de Tucupido existían dos cosas fundamentales para el honor de un adolescente: primero, saber nadar y, segundo, saber burrear, y que él había cumplido con los dos requerimientos... Yo no me imagino a qué le supo al doctor Caldéurrrr esa apreciación, esos amores contradictorios de Freddy Muñoz, pero como también antier escribió un artículo en el periódico de Petkofffff, sobre cómo el tono moderado del presidente de la república Chavézzz era falso, yo también puedo pensar que las burras de Freddy Muñoz son falsas y no existen... [Risas y aplausos]... Pienso que en el tercer milenario, nosotros, con esta nieta de Fermín Toro, que sí va a ir al congreso, y es mentira que Fermín Toro haya dicho que podrán llevar mi cadáver, sino que fue que su mujer, una alocata fantástica, hermosa y bella de Caracas, le dijo “Si tú vas yo te mato”... y entonces Fermín Toro dijo, ni modo pues; y no fue al congreso y no le pasó nada el 24 de enero del 48, día en el cual nosotros, los Pancho Villa de Venezuela fundamos el partido liberal amarillo, blanco y de otros colores... Para terminar esta intervención, digo que nosotros en el tercer milenario vamos a echar muchas cosas importantes: Primero, Rubén Osorio Canales, hace varios años, cuando era el joven novio de su mujer, reinventó la República de Este en la casa de Simón Alberto Consalvi, cuyo artículo hoy me llenó de perplejidades, sobre todo por lo de las aguas del Esequibo. No quiero decir por Esequibo lo que me cuestan esas aguas, ni quiero decir en esquivo amor frente al inglés, si un león es tan berraco, que me quite tierra y aguas, y embadurnándome el nombre entre unas tierras y otro, vaya yo al Orinoco a rescatar unas auras (azucenas, dijo Adriano)... De forma tal que estoy tan organizado frente a ustedes, que podría seguir hablando hasta el 3000 o 4010, lo único que por ahora les puedo decir es que en la mesa del doctor Arroyo, hay un arroyo de belleza, de incontenible dominio ancestral... [González Vegas grita: “¡Me encanta tu falta de claridad!”]... Dudo si es hija de Arroyo, si es sobrina de Arroyo, si es nieta de Arroyo, o si es el arroyo Esequibo que todos nosotros necesitamos... ¡Hasta la próxima!».


Federico Pacanins. Productor, locutor, ensayista.



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