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Lo que espera a Venezuela si triunfa la oposición Francisco Zambrano Tucupita, Venezuela, martes 31 de diciembre de 2002
El medio EstadoLo principal y de donde se derivará todo: habrá un poder absoluto de los medios de comunicación comerciales. Cuando digo absoluto lo digo en el sentido de las monarquías absolutas: total, único, categórico, definitivo, omnímodo, incondicional, despótico, sin contapeso, sin posible defensa ni amparo ni apelación ni escapatoria. O sea, Kafka. Un poder muy anterior a la división de poderes de Montesquieu. Una satrapía oriental, como se vivió el 12 y el 13 de abril de 2002. El panóptico de los medios todo lo ve, no hay espacio que le esté vedado, ni privacidad que tenga derecho a negársele. Los medios no informan sobre la realidad sino que la decretan. Los diccionarios de filosofía tendrán que modificar radicalmente su definición del concepto de realidad, la que, como dijo Jean Baudrillard, ha sido asesinada. Los medios ejercerán (ya la ensayan) una acción terrorista, calumniosa, sin límites, sobre cualquier persona que decidan hasta por capricho, total para eso es el poder absoluto, para ejercerlo absolutamente; de otro modo no sería absoluto. Estaremos expuestos a un panóptico que ríete del Big Brother, de la novela 1984 de George Orwell. Cualquier comportamiento que consideren nocivo a sus intereses será aplastado, como aplastaron a sus vetados vitalicios: Rodolfo José Cárdenas, Luis Herrera Campíns, Miguel Otero Silva, Antonio Pasquali, Alfredo Tarre Murzi, etc. Será un régimen de terror, porque nunca sabrás ni cuándo ni cuánto ni por qué ni para qué ni cómo ni dónde se ensañarán contigo. El terrorismo de Estado será mediático. Te mantendrán vigilado desde todo ángulo. Si les respondes te destrozan (ver Roberto Hernández Montoya, La inquisición mediática, en Question Nº 1). El Estado impropiamente dichoComo vimos en los vaivenes de la dictadura más breve de la historia humana, no habrá legalidad sino un gobierno despótico y sin límites, temperamental, que tomará decisiones al capricho de las circunstancias que sean o él mismo vaya pergeñando. No habrá referencias externas al Ejecutivo, como constitución, leyes o poderes públicos, porque, como vimos, serán abolidos y el mandatario tendrá potestad omnímoda, como estipulaba el Decreto de Carmona: «El Presidente de la República en Consejo de Ministros queda facultado para dictar los actos de efectos generales que sean necesarios para la mejor ejecución del presente decreto y la consolidación del gobierno de transición democrática» (artículo 1). Este artículo esquizofrénico dispone precisamente la destrucción de la democracia, aunque en nombre de ella, al instaurar un gobierno sin limitaciones legales y que puede «dictar», dictadura al fin, «los actos de efectos generales» para «la consolidación del gobierno de transición democrática», etc. Es más, en el Acta Constitutiva del «gobierno transitorio» de Pedro Carmona Estanga se cometieron varios actos inconstitucionales, como nombrar un Presidente de la República sin elección popular, crear de modo igualmente autocrático nuevos órganos del poder público (un Consejo Consultivo, artículo 4), destituir a los representantes de los poderes públicos legítimamente constituidos para la fecha, etc., y anticonstitucionales en el otro artículo sicóticamente disociado y supraconstitucional en que «se mantiene en plena vigencia el ordenamiento jurídico en cuanto no colida con el presente decreto ni con las disposiciones generales que dicte el nuevo gobierno de transición democrática» (artículo 10). Según mi ley, la ley vale solo cuando me conviene, es decir, no es ley. Solo vale mi voluntad, en última instancia. Se llama barbarie. Ese «Gobierno Transitorio» se otorgó a sí mismo poderes constituyentes al incluso cambiar el nombre de la República, etc. (artículo 2), a pesar de que el presidente usurpador Carmona juró en su instalación como tal «reestablecer la efectiva vigencia de la Constitución de la República de Venezuela de 1999 como norma fundamental de nuestro ordenamiento jurídico». La viola para restablecerla. Disociación sicótica, está visto. ¿Qué nos garantiza que la próxima vez, si ocurre, es un decir, si ocurre, no será peor que en abril de 2002? ¿Puede ser peor? Sí, por supuesto que puede ser peor. Los venezolanos de hoy somos felizmente inocentes de los horrores europeos, sureños o centroamericanos que ocurrieron durante el siglo XX. Y también de los horrores que los mismos venezolanos vivimos cuando la Guerra a Muerte (1813) y alrededor y durante la Guerra Federal (mediados del siglo XIX). Para no hablar de la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935). Como tantas autocracias, prometerán elecciones en unos meses y nadie tendrá mecanismos para hacerles cumplir la promesa. La cumplirán, pues si la cumplen, cuando les diere la gana, si les da la gana, porque aplastan toda oposición y todo control social y toda responsabilidad ante la nación. Probablemente nunca cumplirán la promesa electoral, si de su sola voluntad dependiere, como dependerá. O harán elecciones mediatizadas y fraudulentas, como la que planificaban para el 2 de febrero de 2003. Chávez prometió, cumplió y ganó siete elecciones supervisadas por organismos internacionales. Pero a la oposición no le bastan; quiere nuevas elecciones porque no acepta validez sino de las elecciones si ella gana, por cuanto la oposición es la ley. Como Luis XIV, el Estado es ella. Se entiende: son grupos acostumbrados a un ejercicio omnímodo del poder: medios de comunicación comerciales, partidos políticos puntofijistas, grandes consorcios, algunos multinacionales, y alta gerencia petrolera. La parte más embrutecida e ignorante de la clase media siente que pertenece a ese conjunto porque convive con él directamente todos los días. Por eso proponían el 2 de febrero de 2003 un referendo consultivo que era una impecable muestra de barbarie:
Por eso, para entender a la oposición, inspirada en George Orwell, hay que invertir los términos: cuando dicen democracia hay que entender dictadura. Y viceversa. No habrá modo de denunciar los medios porque ellos mismos serán los únicos instrumentos para ello y porque clausurarán los medios no solo comunitarios (como hicieron durante la dictadura de día y medio) sino también los pequeños, como el mismísimo semanario El Nuevo País,
Lo audiovisual es inaudito e invisibleEl mayor poder que tienen los medios es su invisibilidad. Muchos no los perciben como tales sino como ventana abierta sobre la realidad. Aunque la mayoría no los percibe transparentes, por supuesto, pues que tienen, como admite la propia encuestadora golpista Datanálisis, solo un 30% de credibilidad (es decir, solo el 30% los percibe como ventana sobre la realidad) y eso ocurre en la clase media y más arriba y aun allí la credibilidad es corta: 48% de opacidad. Es más: Venezolana de Televisión, oficial, ha aumentado su audiencia considerablemente; la radio YVKE Mundial, del gobierno, está en primer lugar de sintonía y la Radio Nacional de Venezuela, también oficial, está en el tercero y a veces el segundo. Los periódicos golpistas se están vendiendo cada día menos. Pero aun así ejercen poder sobre ese 30%, causando estragos emocionales (no exagero) y políticos. Los medios se quedarán, además, sin competencia, pues ya se vio durante la breve dictadura de Carmona cómo hostigaron, con torturas incluso, a los trabajadores de los medios comunitarios. Y vemos cómo ahora los difaman y vuelven a cerrar, como hicieron con CatiaTV en julio de 2003. Irónicamente, los pondrán en el mismo saco en que pondrán a periódicos menores como El Nuevo País, La Razón, Quinto Día, TalCual, etc., por el solo hecho de tener un detalle en común: no ser inmensamente ricos como sus hermanastros mayores. Tiene que ser que no quieren percatarse de ello, porque recursos intelectuales para advertirlo tienen de sobra. Solo les quedará servir como ahora: de comparsa, afilando cuchillo para su garganta, o asumiendo una genuflexión disciplinada. ¿Tienen alternativa? ¿Les importa acaso? Estado de sitio informativoComo todo despotismo, ejercerán violencia no solo simbólica sino física. Ya vimos cómo persiguieron a los chavistas durante el golpe. Los medios se entregaron gozosos no solo a referir los arrestos arbitrarios del 12 de abril de 2002, sino que los celebraron e alentaron. Dada la maestría mediática desplegada, probablemente los organizaron. Instigaban explícitamente a la población para que delatase chavistas y daban señas reales o presuntas de dónde capturarlos. Supuestamente estaban en la Embajada de Cuba y por ello la asaltaron bestialmente, acometida que los medios transmitieron y alentaron. Tal como señalaban el edificio tal, el barrio cual donde se hallaban los que se buscaban vivos o muertos: Freddy Bernal, Diosdado Cabello, Aristóbulo Istúriz, Iris Varela, etc. El que no sepa lo que es una cacería de brujas, se enterará, si no se enteró ya esa vez. Eso durante el 12 de abril, porque el 13 de abril, al percatarse de la reacción popular y militar contra el golpe, se silenciaron a cal y canto. La horda antichavista hará los linchamientos callejeros que ahora solo ensaya con cacerolazos a casas de familia, en cuyas puertas llegan a poner excremento, y gritar «¡viejo canceroso!» a chavistas con esa enfermedad, incluso en fase terminal, en sus casas; los hostigamientos en aeropuertos y aviones y otras Delikatessen. No hablemos de los pandilleros de alta cilindrada. Vimos cómo procedieron, con qué violencia, con qué saña, con qué poder ilimitado. Alcaldes del partido opositor Primero Justicia oficiando de esbirros orondos por televisión, acción en la que sobrepasan ampliamente en despotismo y descaro a los dirigentes de Acción Democrática y Copei. Por eso anuncié en el primer párrafo que los nuevos dirigentes serán peores que los viejos. Pero también vimos el bloqueo total de información durante la mañana y la mayor parte de la tarde del sábado 13 de abril. Ese bloqueo duró desde la medianoche hasta finales de la tarde del 13, entre las 4:00 y las 5:00 p.m., cuando los militares golpistas, presionados por una mayoría de militares leales y asediados por una multitud civil, se pronunciaron contra el Decreto Inmortal de Carmona y pidieron la restitución de los poderes públicos abolidos en él, así como la restauración del nombre de «República Bolivariana de Venezuela», también suprimido por el Decreto Inmarcesible. Solo en ese momento entre 4:00 y 5:00 p.m., viendo perdida la acción golpista, los medios comprometidos con ella osaron comenzar desidiosamente, como quien se despierta de pronto, a transmitir lo que las emisoras comunitarias y la Radio Fe y Alegría (de la Iglesia Católica), CNN, la Cadena Caracol de Colombia, Telemundo de España, difícilmente chavistas, e Internet en general habían estado difundiendo: cómo el golpe se desbarataba minuto a minuto. Habrá, pues, un estado de sitio informativo. Al menos eso intentarán porque no sé (ellos tampoco) qué van a hacer con la televisión y la radio por satélite e Internet (ver Question, Nº 2, Roberto Hernández Montoya, Nuevos medios contra viejos golpes). El Fiscal General de la República, Isaías Rodríguez, tuvo que recurrir el viernes 12 de abril, en plena dictadura carmoníaca, a la astucia de anticipar que iba a renunciar para que le transmitieran un breve trozo de su entrevista antes de que lo cortaran abrupta y descaradamente delante del Universo Mundo. Y no lo cortaron porque temieran por la vida de los reporteros, como farisaicamente los dueños de los medios alegaron durante la noche del sábado 13 de abril, para justificar el bloqueo de información de ese día. ¿Qué les iba a hacer el Fiscal el viernes 12 si hubiera continuado la entrevista si ese día el poder chavista estaba totalmente desmovilizado? ¿Morderlos? ¿Mirarlos feo? ¿Sacarles la lengua? De hecho la entrevista continuó. Lo que no continuó fue su transmisión por los medios nacionales, pues los internacionales sí la difundieron completa. La parte que vimos fue brillante: ¿Por qué delito está preso el Presidente? ¿Dónde está la renuncia del Presidente? ¿Renunciar es un delito? ¿Y si renunciar es un delito por qué está incomunicado?, etc. El argumento de que temían por la seguridad de sus periodistas en la calle es extremadamente idiota y fácil de responder: ¿Por qué no retransmitieron las abundantes informaciones que recibían por el satélite? Preguntemos mejor: ¿No era porque sabían precisamente que su poder de facto se desbarataba que suspendieron la transmisión de todo porque no sabrían en qué plan iba a regresar Chávez? ¿O estaban ganando tiempo, en su fase de guiñol oportunista, a ver qué resultaba? A ninguno de los presos de esos dos días se concedió legalidad alguna: derecho a la defensa, habeas corpus, debido proceso, etc. Se los detuvo, incomunicó y maltrató físicamente contra toda legalidad nacional e internacional, del Presidente de la República hacia abajo. Muchos fueron asesinados en condiciones que no han sido investigadas. Habrá, pues, si triunfa la oposición, juicios sumarios. Si es que hay juicios, porque durante la IV República no los necesitaron para perseguir, encarcelar, torturar, desaparecer y asesinar a miles de personas. También habrá, pues, detenciones arbitrarias e indefinidas. ¿Qué principio legal o moral inspirado en ese cuadro impedirá que haya desapariciones como las que inventó para este continente un gobierno «democrático» venezolano (de Acción Democrática) a principios de la década de 1960? (en esa ocasión capturaron, torturaron bestialmente hasta que se les murió inesperadamente el profesor Alberto Lovera. Aunque la golpiza fue tan bestial que tal vez la muerte no era tan inesperada. Los esbirros encargados de la operación lo lanzaron al mar, que lo devolvió pocos días después, con un pico clavado en el pecho y encadenado. Negaron empecinadamente su arresto durante varios días, hasta que la naturaleza lo regresó a la orilla del mar y los delató. Fue así, por serendipity, es decir, por un accidente diabólico, como se engendró la figura del «desaparecido», tan útil en varias dictaduras, especialmente del Cono Sur). ¿Con qué ética cuentan estos conspiradores para evitar torturas, matanzas ilimitadas, como las que se cometieron entre el 12 y el 13 de abril? No sabemos aún quiénes fueron ni por qué ni dónde ni cómo ni cuándo exactamente los mataron, y eso que está mandando Chávez, ¡figuraos si se hubiera sabido algo si la dictadura carmoníaca hubiera durado hasta hoy! ¿Cómo no pensar que fueron ellos mismos los que causaron las muertes que ahora atribuyen a Chávez el jueves 11 de abril si este jamás persiguió, ni detuvo ni asesinó a nadie ni antes ni después de ese día? Ellos sí lo hicieron apenas tuvieron la primera oportunidad. Solo hablan de los muertos del 11 y callan totalmente los del 12 y el 13 de abril, cuando ellos mandaban. A menos que en su manifiesta demencia pretendan que Chávez también ordenó esas muertes desde su cautiverio. Si ahora alegan que no hubo golpe de estado pueden alegar cualquier cosa (ver Ponencia ante el Tribunal Supremo de Justicia, del magistrado Franklin Arrieche). Tampoco mencionan los 70 dirigentes agrarios chavistas asesinados durante 2003. Si los medios no informan nada, como el sábado 13 de abril y como hacen constantemente con los dirigentes agrarios, es razonable conjeturar que habrá ocultamiento total de cualquier tropelía. Será peor que durante el régimen inspirado en el Pacto de Punto Fijo, porque no habrá libertad alguna de información, ni siquiera la libertad condicional que hubo durante esos 40 años. Y no la habrá porque estará oprimida no desde fuera, por el gobierno, como bajo las dictaduras tradicionales, sino por los propios medios de comunicación, que serán gobierno ellos mismos, que ríete de Berlusconi. Simón Pestana, un actor que se negó a seguir la comparsa y se mostró neutral en el conflicto, fue despedido por esa razón de Radio Caracas Televisión. Así ha pasado con muchos otros artistas y periodistas, como Nené Quintana, echado de la misma RCTV. Ese es el tipo de libertad democrática que impera en los medios. Si actúan con ese despotimo ahora que son oposición, ¡cómo será si llegan, es un decir, si llegan a dominar el Estado en su totalidad! Observa la soberbia de la oposición. Es tan arrogante que cualquiera que la oye creería que triunfó en abril. Su prepotencia es solo comparable con su ignorancia. Desairaron hasta al propio Jimmy Carter, a quien dejaron esperando en el palacio presidencial de Miraflores, lo que causó indignación en el seno del gobierno norteamericano. Lo tildaron de comprado por el chavismo. Carter puede ser demócrata, pero para Bush es después de todo su compatriota y ex Presidente del Imperio. Después tuvieron que pasar por el papelón de que la Academia Sueca otorgase el Premio Nobel de la Paz a James Carter. No aceptaron durante meses llamados de la Organización de Estados Americanos ni de las Naciones Unidas, cuya presencia esa misma oposición alegó como condición para dialogar. El gobierno los complació, invitó a esas organizaciones y también las desairaron empecinadamente. Hasta le tocaron cacerolas a César Gaviria, secretario general de la OEA. Jamás la prepotencia tuvo trato tan íntimo con la incompetencia. Ahora figuraos por otro momento procurad que sea breve de qué tamaño sería esa arrogancia si hubieran triunfado. Guerra civil entre aliadosHabrá que pensar en los enfrentamientos internos de los golpistas, como los hubo en Fuerte Tiuna y Miraflores durante la efímera dictadura. Se comenta que hubo un golpe dentro del golpe, pues el Presidente previsto iba a ser Enrique Tejera París, del Opus Dei, desplazado durante la misma madrugada del 12 de abril, al calor de los acontecimientos.
Peccata minuta
Para la oposición todo se arregla con un paro general indefinido, una marcha sobre Miraflores y unas querellas ante el Tribunal Supremo de Justicia, como si no supiera cuáles son las realidades políticas. Bueno sí, ignora las siguientes: un pueblo en armas (la Fuerza Armada) y otro en la calle sin armas (no se blandió ninguna, ni civil ni militar, el sábado 13 de abril durante la retoma del poder legítimo), dispuesto a morir. No son especulaciones, sino la constatación de lo que pasó el 13 de abril cuando el pueblo asedió el Fuerte Tiuna y Miraflores, poniendo en estampida a los plutócratas que estaban en Miraflores y debelando el golpe. No se asedia, sin armas y aun con ellas, un cuartel y un palacio presidencial tomados por golpistas, sin arriesgar la vida. Los manifestantes de ese día no tenían modo de saber qué estaba pasando dentro de Fuerte Tiuna ni de Miraflores. No tenían modo se saber que la Guardia de Honor, dentro de palacio, seguía leal a Chávez. Los golpistas no percibieron a esas personas (ver Roberto Hernández Montoya, Revolutio contra natura). Los manifestantes no estaban armados, ni los medios más facinerosos han alegado que lo estuvieran. Es obvio, pues, que estaban dispuestos a morir. Pero si nada de eso funciona y los golpistas se nos montan... Bueno, mejor es no seguir pensando. |
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