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¡Ahora entiendo! Caracas, jueves 12 de diciembre de 2002 Documentos sobre los sucesos de abril de 2002 en Venezuela
Toda consigna se encuentra impregnada de una profunda carga simbólica, por lo que bastan unas pocas palabras para significar todo un complejo discurso. En lo político es emblemática la consigna «¡no pasarán!», con la cual los republicanos españoles marcaban su inquebrantable determinación de cerrar las puertas de Madrid a las tropas de Franco. Consigna que recientemente los revolucionarios bolivarianos retomaron para hacer frente a las pretensiones de los escuálidos. Molestos por lo contundente de la consigna de sus enemigos y carentes de un lema que los uniera en tanto que colectivo, pusieron sus cerebros a funcionar por lo que, en un momento de dudosa iluminación, idearon la réplica: «¡Ni un paso atrás!». Aunque las malas lenguas, chavistas por supuesto, andan diciendo por allí que los «cerebros» escuálidos lo que hicieron fue apropiarse de una consigna que ya había sido voceada por Lina Ron, lo que en el fondo tampoco carece de verosimilitud, dada la capacidad depredadora de la que los escuálidos han hecho gala en el pasado. De esta forma una consigna revolucionaria, determinación de no permitir que el pueblo sea despojado de lo que en justicia le corresponde, devino en una consigna reaccionaria, determinación de preservar todo lo que, malamente habido, se posee. En el caso de ser un bulo que la oposición se apropió de una consigna de la más emblemática figura femenina de las filas revolucionarias, entonces estaría tentado en creer, dado el gran número de democratacristianos y de gente del Opus Dei que pulula en las filas escuálidas, que la consigna pudiera estar inspirada en el pensamiento del ex ministro franquista, hoy presidente eterno de la Comunidad Gallega, Manuel Fraga Iribarne. En efecto. Él, allá por 1978, encabezaba un grupo político compuesto por franquistas (por cierto, José María Aznar hacía allí sus pinitos) a quienes se les llamaba «El búnker», por lo de macizo e inmovilista que él era. A quienes así los tildaban, Manuel Fraga les dio esta respuesta: «Se nos dice que somos un búnker por lo pétreo de nuestros postulados, y porque no nos movemos. Pues a quienes así nos llaman les he de responder que nos sentimos orgullosos con ello, puesto que quien ha llegado, quien ha triunfado, no tiene necesidad de moverse». Por allí pudiera andar la explicación del «¡ni un paso atrás!». Firmeza monolítica e inmovilidad. Pero el lunes 9 al fin, y con total claridad, descifré el significado de la consigna. Observaba la habitual concentración de los escuálidos, en el cruce del Bulevar de El Cafetal con la urbanización Santa Paula, cuando a las nueve y media de la noche salieron de allí como alma que lleva al diablo. Le reseño el hecho a mi esposa, en ese momento estaba viendo Venezolana de Televisión, la que me dice: «¿No será que se enteraron de que el pueblo se ha desbordado las calles?». ¡Ahora entiendo!, le respondí. Allí estaba la clave de la consigna. Cuando sienten el aliento del pueblo sobre sus nucas, arrancan a correr hacia adelante y ni siquiera se dan la vuelta para saber si los persiguen. Por lo cual, «¡ni un paso atrás!». |
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