Apruebo la pena de muerte
como un hecho necesario:
contra el que viola a un niño
y cercena la esperanza;
se burla de la inocencia
y arranca en su pleno vuelo
las alas de un angelito
que Dios nos mandó del Cielo.
Contra el que mata un anciano
destruyendo un libro abierto,
despreciando al indefenso,
matar lo que ya está muerto.
Contra el ladrón inclemente
que penetra en el hogar
y a un padre le da la muerte,
sembrando la soledad.
Y el que violenta una reja
de la tienda asesinando
a quien con sudor de la frente
la vida estaba ganando.
Apruebo la pena de muerte
porque la vida es necesaria.