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¿Existió alguna vez Pancho Arias Cárdenas?

Ibsen Martínez
imartine@reacciun.ve

El Nacional, sábado 10 de junio de 2000

«Pie Grande» es un primate seguramente apócrifo que muchos afirman haber avistado y hasta filmado. De comprobarse su existencia, «Pie Grande» pondría en aprietos la doctrina aceptada de que no hay primates superiores en el continente americano.

El okapi es menos apócrifo: es un giráfido de extrañísima estampa. Es un animal muy tímido y, para colmo, poco prolífico, que habita los bosques de la cuenca del Congo. Hasta 1900 se le tuvo por una leyenda de los pigmeos del bosque de Ituri, en África Oriental. El okapi semeja una cruza de jirafa con cebra y durante mucho tiempo la única noticia que de él se tuvo fueron los testimonios de avistamiento que ofrecían los pigmeos y que eran sistemáticamente desestimados por la ciencia.

El tigre o lobo de Tasmania; ese sí que es una verdadera rareza zoológica. Imagínelo el lector: ¡un carnívoro marsupial con hocico de perro y el lomo listado como el de un tigre de Bengala! Ya para 1914 se le creyó extinto, víctima de la competencia predatoria que en Nueva Guinea y en su isla natal le plantó el «dingo», una especie importada de Australia. El último ejemplar avistado vivo fue filmado antes de morir en cautiverio, en 1936. Pero en Nueva Guinea y Tasmania, mucha gente afirma aún haber visto un ejemplar cruzar la carretera con una oveja entre las fauces.

«¿Adónde quiere llegar este irresponsable hoy sábado?», se estará preguntando más de un lector.

Sencillo: quiero compartir mi simpatía y debilidad por los «relatos de avistamiento», un subgénero entre literario y periodístico; algo que desciende apenas varios grados por debajo de lo legendario, sin llegar a ser del todo folklore. Pero indiscutiblemente fascinante.

No todo relato de avistamiento es de asunto zoológico. En realidad suelen tener muchos sujetos, algunos de ellos hasta antropomorfos, y componer una amplia gama de situaciones. Ahí tiene Ud., por ejemplo, la leyenda del «Holandés Errante»: un navío a vela del siglo XVIII que suele dejarse ver en mitad de las galernas (para los lectores insuficientes, «galerna» quiere decir «tormenta») del Mar del Norte.

Desarbolado y sin rumbo, el «Holandés Errante» nunca ha mostrado tripulación a bordo ni respondido a los gritos de «¡ah del bergantín, ah del barco!» ni ha podido ser abordado jamás: desaparece en la tromba tan repentinamente como sorprende a quienes juran haberlo contemplado.

¿Qué decir de los avistamientos que muchos aseguran haber hecho de Elvis Presley en algún «spa», del Mediterráneo, sometido a una cura de desintoxicación y adelgazamiento? Martin Bormann, uno de los más fieros segundones de Hitler y una de los nazis más implacablemente «marcados» por Elías Wiesenthal, no ha dejado de ser avistado desde que desapareció del Berlín asediado por la artillería rusa en mayo de 1945.

Uno de los avistamientos que despertó mayor interés de los cazadores de nazis lo señalaba como baterista de un trío de jazz en un hotel de Mar de Plata, hacia 1957.

Pues bien, a juzgar por todo lo que ha seguido al vuelco que una oportuna intervención de la llamada «sociedad civil» ha logrado darle al escenario electoral venezolano, ha comenzado a prosperar entre nosotros una interesante manifestación del género de avistamiento inverósimil y cuasilegendario.

Esta auténtica manifestación de leyenda urbana, que cobra la forma del avistamiento inverosímil, tiene por sujeto al Teniente Coronel Francisco Arias Cárdenas.

Como se recordará, el Mayor Arias Cárdenas fue dado por desaparecido en acción luego del cataclismo que siguió a la suspensión y aplazamiento de las llamadas megaelecciones, allá por mayo del 2000. «Missing in action, believed killed» la escueta expresión del formalismo militar gringo bien podría describir la suerte que pudo haber corrido el ex gobernador del estado Zulia: «Se le presume muerto».

Es por ello que llama la atención la florescencia de relatos de avistamiento: que si se lo ha visto entrar a un hotel capitalino en plan de «desayuno de trabajo», que si lo han visto en Colombia dictando conferencias, y así.

No es, por cierto, el único avistamiento de ultratumba que haya animado alguna vez la tertulia de sobremesa de los restoranes caraqueños: recuérdese cómo el extinto Domingo «Catire» Mariani llegó a convertirse en objeto de culto hasta el extremo de haberse hecho circular la especie de su vuelta a la patria, con otra fisonomía y bajo nombre supuesto.

Los mayorcitos, y en general todo aquel que haya tenido trato con el Palacio de las Academias, antigua sede de la Universidad Central de Venezuela, habrá escuchado escalofriantes relatos de avistamiento del fantasma de Eutimio Rivas, estudiante asesinado por la policía a fines de los años treinta. En horas crepusculares del alba o del anochecer, Rivas habría sido visto saliendo del montacargas del segundo piso y haciendo uso indebido del baño privado del doctor Rafael Fernández Heres, presidente de la Academia de la Historia.

La política, sin duda, depara misterios. Misterios que son el nutriente primordial de la prensa sensacionalista.

¿Quién que ronde los cincuenta años no recuerda la misteriosa desaparición subitánea de dos funcionarios de inteligencia ingleses Burgess y McClean, que obraban como infiltrados profundos de la KGB, durante los años duros de la Guerra Fría?

Durante años los semanarios ilustrados europeos lidiaron con más de un fraudulento fotógrafo que afirmaba tener la prueba gráfica de que ambos estaban en Turquía, en Cuba, en Laos.

¿Dónde está el Mayor Arias Cárdenas? ¿ Se sabrá alguna vez su paradero? Igual que pasó con Scott, el infortunado explorador de la Antártida, sus financistas han desistido de costear una expedición que salga en su busca: al parecer acaban de concebir una nueva «esperanza blanca»: la sociedad civil y sus múltiples advocaciones.

La desaparición y los posteriores, sucesivos, numerosos testimonios de avistamiento, a menudo contradictorios entre sí, del mayor Arias Cárdenas vienen a enriquecer la variante criolla de este fascinante subgénero, secreción cabal de la era de la política de masas y de la «mediática».

«Grandes Misterios de la Política Venezolana». Parece un título para la colección de bolsilibros de El Nacional: ¿Quién mató a Juancho Gómez? ¿Quién delató el lugar y la fecha de la invasión del Falke? ¿Quién fue el autor intelectual del magnicidio de Delgado Chalbaud? ¿Quién hizo la llamada que recibió Alirio Ugarte Pelayo minutos antes de volarse la tapa de los sesos? ¿Quién «enconchó» a Rómulo Betancourt durante todo el año 1937? ¿Quién robó la lista de corruptos adecos de Luis Piñerúa? ¿Qué será de la vida de Luis Alfaro Ucero? ¿Dónde carajo andará metido el Mayor Pancho Arias Cárdenas?


Ibsen Martínez en La BitBlioteca



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