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Lecturas islámicas

Ibsen Martínez

El Nacional, sábado 13 de octubre de 2001

1

La prensa y las vitrinas de las librerías europeas rebosan últimamente de entrevistas, libros de análisis, artículos y separatas de revista que reúnen firmas tan autorizadas como disímiles en sus pareceres. El tema común puede fácilmente imaginarse.

Es así como puede leerse, por ejemplo, un enjundioso artículo de Salman Rushdie sobre los extremismos islámicos —si Rushdie no sabe algo del asunto, entonces ¿quién lo sabe?— y en el que señala, como de pasada, que el Corán prescribe un castigo severísimo para los suicidas: deben continuar muriendo una y otra vez hasta la consumación de los siglos sin poder entrar jamás al paraíso de los fieles.

Una observación en el mismo sentido hallé hace unas semanas, al releer Las cruzadas vistas por los árabes (Alianza Editorial, 1989), notable libro del celebrado escritor libanés Amín Malouf, el mismo autor de León el africano.

Sin duda, el siglo que se nos vino encima cuando las Twin Towers se vinieron abajo, reclamará de nosotros atender al mundo islámico. Y puestos a ello, una aproximación difícilmente superable por lo comprehensiva, erudita y actual, es la que ofrece Gema Martín Muñoz, estudiosa española, profesora de sociología del mundo árabe islámico (advierta el lector la distinción: hay mundos islámicos no árabes) en la Universidad Autónoma de Madrid, autora de El Estado árabe: crisis de legitimidad y contestación islamista (Ediciones Bella Tierra, Barcelona.2000).

En él, Martín Muñoz muestra cómo esa enorme parte del planeta que es el mundo musulmán, al contar con grandes reservas de petróleo y ocupar una situación estratégica clave en la confluencia de tres continentes, ha sido un territorio donde se han arraigado los conflictos por la intensidad de intereses e injerencias externas que en él han confluido desde la Primera Guerra Mundial hasta la actualidad. Asimismo, al representar una rica civilización que goza de un patrimonio cultural extenso y una realidad sociohistórica global muy afirmada, la imposición de la “supremacía cultural occidental” ha encontrado importantes resistencias en esta parte del mundo.

Su relación con Occidente ha sido, pues, conflictiva en los dos aspectos en que se ha querido imponer el primero: el político y el cultural. La dominación colonial dividió artificialmente la mayor parte de este inmenso territorio separando identidades nacionales y forzando repartos territoriales que han sido el caldo de cultivo en el que se han desarrollado multitud de conflictos y guerras que, filtrados a su vez por los intereses internos y externos de la guerra fría o del nuevo orden monopolar, muchos de ellos se prolongan hasta hoy.

Por ello, los conflictos que existen en esta parte del mundo van Más allá del Islam, como dice el título del libro de Antoni Segura. Tienen sus causas en aspiraciones nacionales frustradas, privilegios económicos o dominaciones ilegítimas de viejas élites autoritarias, mezcladas con intereses occidentales, y la explicación religiosa islámica es muchas veces la tapadera con la que se quieren ocultar voluntades más mundanas y materiales. Otras veces, son situaciones de tipo colonial las que prevalecen, como muestra Edward Said en sus Crónicas palestinas , o son los intereses geoestratégicos regionales e internacionales los que imponen una desestabilización permanente, como nos explica Ahmed Rashid en su libro Los talibán sobre el devenir trágico de Afganistán desde su independencia. O una “inutilización” constante, como nadie ha todavía explicado con detenimiento en el caso de Irak desde la guerra del Golfo.

La misión “civilizadora” tras la que se justificó la dominación y la degradación de las poblaciones dominadas trató de arropar con valores éticos las barbaries que Europa cometió fuera de sus fronteras. Así, se levantó el discurso de la decadencia e incapacidad para salir del oscurantismo que vivían las sociedades colonizadas frente al avance civilizacional europeo. Todos los elementos culturales pertenecientes al ámbito islámico, incluida la lengua árabe, fueron catalogados como regresionistas y bloqueadores de la evolución moderna, forjándose un imaginario europeo, que luego se convirtió en occidental, lleno de desprecio hacia lo islámico. De aquí que se hayan fortalecido las dos tendencias principales que caracterizan lo que creemos conocer del mundo musulmán: que es una cultura ajena al pensamiento europeo y occidental, y que es un todo unitario inalterable porque está dominado por el determinismo retroactivo islámico.

Sin embargo, ha habido una interpenetración histórica entre el pensamiento europeo y el árabe musulmán que nos exige, como dice Juan Antonio Pacheco en su Pensamiento árabe contemporáneo, “acabar con una metodología filosófica inadecuada que ha sido capaz de cortar, reemplazar y poner límites arbitrarios a toda una historia del pensar que viene de muy atrás”.

Conocer ese pensamiento es conocernos mejor a nosotros mismos y conocer más objetivamente al Otro, y es el ejercicio necesario para equilibrar unas relaciones con los Otros que, desde el descubrimiento de América y la expulsión de los musulmanes y judíos de España, pasando por la experiencia colonial, y rematando con la dinámica de la mundialización, se fundamenta en el convencimiento de la “supremacía occidental”.

A causa de esta situación, el pensamiento islámico contemporáneo es completamente desconocido en nuestro mundo occidental, donde se ha reducido todo a una percepción geopolítica del islamismo centrada en los actos violentos de sus actores minoritarios.

2

El catalán Juan Vernet es autor de un clásico: La cultura hispanoárabe en Occidente, recientemente reeditado bajo el título Lo que Europa debe al Islam de España. Vernet, que pronto alcanzará los 80 años, ha traducido el Corán y Las mil y una noches. Erudito y memorioso, este amante de la cultura islámica, huye de las simplificaciones y rechaza la idea de un choque de civilizaciones. Hay fragmentos de la entrevista que concedió a Javier Rodríguez Marcos, de la redacción de El País de Madrid que merecen compartirse:

P- ¿Cree que nos enfrentamos a una guerra santa?

R- Con la rivalidad entre cristianos y musulmanes se produce a fines del siglo XV una situación nueva, que no existía antes: en el Corán no se preveía que los musulmanes y judíos tuvieran que exilarse. Si piensa que hoy hay cuatro millones de musulmanes en París y dos en Brighton, la situación es radicalmente diferente a la de hace varios siglos. Se produjeron nuevos problemas de tipo casual: matrimonios, confesiones, conversiones forzosas, cosas así. Para solucionarlos se iniciaron nuevos comentarios del Corán. Con esos nuevos comentarios llegaron las interpretaciones y las malinterpretaciones. Todo añadió confusión al conocimiento superficial del islam en Occidente.

P- ¿Por ejemplo?

R- La idea de que la figura está prohibida. Yo podría enseñarle grabados de 1300 y anteriores con la imagen de Mahoma. En Italia, por ejemplo, hay imágenes de la Virgen María cuyo marco está adornado con la profesión de fe musulmana, lo cual, claro está, no quiere decir más que el que puso allí esa inscripción lo hizo porque la había encontrado hermosa. No hay una unidad uniforme de musulmanes y para que hubiera, por ejemplo, guerra santa tendría que haber un consenso que hoy no se da. Hubo, eso sí, un uso interesado del término guerra santa por parte de algunas dinastías con el único fin de conseguir más soldados. Era algo similar a lo que se hacía en las Cruzadas al dar la bendición general a los ejércitos cristianos.

P- ¿Qué opina cuando se identifican Islam e integrismo?

R- No me gusta la palabra integrismo. Prefiero extremista. No se puede identificar Islam con integrismo. Recuerdo un extremismo que surgió y se impuso en Europa en los años cuarenta y que terminó con el exterminio calculado, con leyes escritas, de seis millones de personas.

P- ¿Cual es su análisis para alguien como Ben Laden?

R- ¿Y Savonarola?

P- Se remonta al Renacimiento.

R- ¿Y Bush? En todas partes se han cometido atrocidades. Basta con que haya una persona elocuente para que convenza a las masas e incluso gentes de cultura muy superior a la suya.

P- ¿Hay choque de civilizaciones?

R- Lo del choque de civilizaciones es una invención. Ayer me reía leyendo un texto mesopotámico de hace 4.000 años en el que se habla de rebajas de impuestos por malas cosechas en términos similares a los impuestos sobre bienes inmuebles o a como imagino que se habrá hecho ahora en Estados Unidos. Hay muchos ejemplos. Buena parte de la transmisión de la cultura helénica se hizo a través del árabe al latín medieval.

P- Usted ha dicho que no hay más extremismo en el Corán que en el Antiguo Testamento.

R- Vea usted el Deuteronomio cuando habla del ojo por ojo o del genocidio.

P- Pero no funcionó como ley.

R- Tampoco funciona entonces el Evangelio, porque si hoy funcionase como en 1214, Castilla y León no se hubiesen unido porque no se habría disuelto el matrimonio de san Fernando por estar casado con su prima hermana, algo hoy admitido. Todo evoluciona.

P- Pero no se podría decir que el Islam está menos evolucionado ¿O sí?

R- En muchas cosas está tan evolucionado como Occidente. Lo que sí se puede decir es que en la inmensa mayoría del pueblo hay más analfabetos que en Occidente.

P- ¿Ve alguna posibilidad de entendimiento cultural? R- ¿Puedo citar el Corán? P- Claro R- El Corán dice: “Abraham no era judío ni cristiano, era monoteísta”. Ahí puede haber una clave.

P- ¿Por qué entonces el mutuo rechazo?

R- Aparte de todo lo que vemos puede que por una parte haya un fanático y por la otra, intereses petrolíferos de otro tipo.


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