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En los Balcanes alguna vez sonó el shofar

Jacqueline Goldberg
jgoldbergk@etheron.net

Nuevo Mundo Israelita, Caracas, 1999

Las bombas y misiles no reconocen nacionalidades ni religiones. Las comunidades judías de Yugoslavia, Israel y el mundo entero contemplan con horror cómo la historia de la humanidad se muestra cíclica y sin moralejas contundentes. El Holocausto parece revivir bajo otros rostros y circunstancias, sin que el asombro pueda traspasar las barreras del odio y las inútiles batallas étnicas.

«Cuando veo las imágenes de lo que está ocurriendo en Kosovo, a través de los noticieros de televisión y los periódicos, no puedo evitar pensar en que los horrores de la Segunda Guerra Mundial se hubieran visto muy parecidos a lo lejos gracias al ensañamiento de la tecnología», señala un caballero judío que, conmovido al ver su país en llamas, prefirió permanecer en el anonimato.

Una dama oriunda de Pristina, capital de la zona de Kosovo-Metodhia y que vive en Caracas desde 1959, no justifica acciones del pasado o del presente, pero manifiesta estar horrorizada ante el hecho de que la proximidad –supuestamente– civilizatoria del año 2000 ni siquiera sea capaz de doblegar el ímpetu exterminador de los pueblos: «Me siento muy mal, triste», dice, «porque Kosovo fue una región preciosa en otras épocas y de ella no quedará nada. Hay una gran injusticia en esta situación. Los pueblos por sí solos llegarían quizás a un acuerdo, sin la intervención de la OTAN o los Estados Unidos. Turcos, kosovares y serbios han convivido por años y sabrían entenderse, tal como lo han hecho ya antes».

Más allá de los puntos de vista políticos o religiosos, la guerra de los Balcanes es, a todas luces, una masacre cuyas dimensiones morales están siendo ya comparadas con el holocausto judío y las persecusiones nazis. Así lo reconocieron en Israel un grupo de sobrevivientes el pasado 13 de abril, durante los actos de conmemoración del aniversario de la Shoah, mientras Elie Wiesel –uno de los más conocidos sobrevivientes–, evocaba en una visita a la Casa Blanca, en Washington, su experiencia en manos de los nazis, haciendo una apasionada petición para que el mundo no ignore la súplica de los kosovares de origen albanés.

Pero pocos entienden que la memoria jamás se atrofie y los judíos no puedan evitar sensibilizarse ante una situación que trae malos recuerdo y pésimos augurios. En días pasados Estados Unidos reprendió a Ariel Sharon, Ministro Israelí de Asuntos Exteriores, por su falta de solidaridad con la campaña de la OTAN y por la política del gobierno israelí de expansión de los tratados judíos.

Según un cable de la prensa internacional, Sharon ha dado varias muestras de antipatía hacia la campaña aérea de la OTAN contra Yugoslavia, señalando que Israel «puede terminar siendo la próxima víctima» de la acciones del organismo internacional.

Algunos comentaristas políticos han dibujado paralelismos entre el status kosovo albanés y los palestinos que ocupan los territorios. Sharon había afirmado que el Oeste debía cuidarse de que se estuviera autorizando la creación de una Gran Albania en los Balcanes: «Si se piensa por un momento en la posibilidad de que Albania, Kosovo, Bosnia y quien quiera que sea pueda inmiscuirse en este juego, podríamos ciertamente observar aquí un foco de actividad que podría causar desasosiego en Europa por mucho tiempo», dijo Sharon.

Los judíos en el remolino yugoslavo

La Federación de Comunidades Judías en Yugoslavia (FJCY) emitió en días recientes un comunicado en el que condena severamente los destructivos ataques de las fuerzas aéreas de la OTAN: «Las bombas matan ciudadanos yugoslavos, incluyendo judíos, que también lo son. Bombas y misiles no seleccionan a las víctimas de acuerdo a su nacionalidad o criterio religioso. La FJCY y sus miembros condenan el bombardeo y exigen que los mismos cesen. Estamos a favor de una pacífica solución política a los problemas de Kosovo, con garantías de igualdad para todos los ciudadanos y naciones, grupos étnicos y religiosos».

En ese oficio la FJCY exige al gobierno del Estado de Israel, al Congreso Judío Mundial y al Congreso Judío Europeo, que use su influencia a nivel internacional con el fin de detener el bombardeo a Yugoslavia por parte de las fuerzas de la OTAN y que apoye todo mecanismo que permita conseguir la paz y la solución a la grave situación.

Si bien el Congreso Judío Mundial –que sepamos– no ha difundido información acerca de su postura ante el conflicto en los Balcanes, un documento emitido por el Instituto del Congreso Judío Mundial a través de Internet y titulado Los Judíos en el remolino yugoslavo, ofrece un amplio panorama de la presencia judía en Yugoslavia antes de iniciarse los ataques de la OTAN a Serbia, momento en el que había más de 2500 judíos de esa zona en Belgrado. Otros 3000 judíos estaban repartidos entre los otros estados independientes, incluyendo Croacia (http://www.virtual.co.il/orgs/orgs/wjc/dis40htm)

Al iniciarse los ataques de la OTAN, la comunidad judía de Serbia fue evacuada y la de Budapest salió rumbo a Israel u otros países. Aca Singer, presidente comunitario, explicó: «Cada serbio tiene un pariente en el país vecino, donde su familia puede permanecer. Pero los judíos de aquí no tenemos ningún lugar donde enviar a nuestros niños. Nuestros parientes están en Israel o en la Diáspora». Según señala el texto, los judíos serbios, aún cuando niegan la existencia de signos de antisemitismo en la zona, expresan en estos momentos considerables reservas sobre el destino de su comunidad.

Identidad como fortaleza

La desintegración de Yugoslavia fue uno de los más profundos cambios históricos que ha sufrido la comunidad judía de ese país y significa el final de la «Judería Yugoslava» –identificación que existió entre 1919 y 1991. La organización centralizada de las comunidades judías colapsó junto con Yugoslavia, pero sin embargo no mermó la habilidad de funcionar. Por el contrario, la desintegración del país incrementó la intensidad de la vida judía.

«La vida judía en la antigua Yugoslavia», según especifica el material puesto a circular por el Congreso Judío Mundial, «dependía totalmente de la existencia de la estructura comunal y la identidad judía era sólo demostrada mediante la adherencia a la misma. De hecho, después de la Segunda Guerra Mundial, en la cual más de 80 mil judíos fueron aniquilados, raramente había un componente religioso o ideológico en la identidad judía. Tras las terribles pérdidas sufridas en el Holocausto, los judíos yugoslavos trataron de revivir la vida judía fundamentalmente para que los extranjeros los vieran como una comunidad del este europeo con esperanzas para el futuro. Significativamente, muchos esposas no judías se afiliaron por sí solas a la comunidad, a fin de mitigar los efectos del alto porcentaje de matrimonios mixtos».

«La actual Federación de Comunidades Judías de Yugoslavia (en Serbia) puede ser vista como una continuación de la tradicional judería yugoslava. Los judíos croatas (2250) se esfuerzan por redefinir su historia judía local y distinguirse del resto de la antigua Yugoslavia. La comunidad judía de Bosnia-Herzegovina (500) sufrió aún más como resultado del intenso combate en suelo local y la mayoría de los judíos abandonaron el país. Por otra parte, la comunidad se distinguió a sí misma por su trabajo humanitario –extendido a bases no sectarias– y otras actividades en Sarajevo, así como en otros lugares de Bosnia-Herzegovina. En Macedonia hay sólo 130 judíos y en Eslovenia quedan 75».

Según explica el texto, la desintegración de Yugoslavia forzó a los judíos a reconsiderar su identidad en cada uno de los nuevos estados. Crecientes ambigüedades nacionalistas, en el caso de Croacia y Serbia, excluyeron a los judíos de la posibilidad de identificarse a sí mismos como croatas o serbios, tal como ocurriera en el pasado. Los judíos fueron asimilados por la sociedad circundante de la antigua Yugoslavia, sintiéndose primero yugoslavos que judíos. La identificación con los croatas, musulmanes o serbios fue sentida como antinatural. «La asimilación judía que por décadas negó su herencia comenzó a replegarse. Consecuentemente, el número de judíos registrados (cerca de 6000) en el territorio de la antigua Yugoslavia permanece constante, pese a los 2500 judíos que emigraron en 1991». El resurgimiento de la identidad judía, sin embargo, es raramente asociado a un renacimiento religioso o a ideologías sionistas.

Antes del colapso de Yugoslavia en 1991, se asumía que el 90% de los judíos –y aún esposas conversas– pertenecían a las comunidades judías. Después de esa fecha, no más del 70% han seguido siendo miembros. «La desintegración de Yugoslavia no produjo un notable antisemitismo en las nuevas naciones. Cuotas de odio y suspicacias fueron suficientemente numerosas, pero no fue necesario culpabilizar a los judíos de los infortunios de las antiguas estados multi-étnicos de Yugoslavia. En Croacia, sin embargo, un revisionismo del Holocausto ha perturbado a las altas esferas del poder».

Finalmente, el documento del Congreso Judío Mundial señala que tanto en Israel como en la Diáspora puede observarse un grado de simpatía hacia los serbios, sentimiento largamente profundizado debido a la percepción popular de los serbios como partisanos luchadores contra los Nazis. Sin embargo, «a la luz de los recientes acontecimientos en Kosovo, la reputación serbia en el mundo judío ha sufrido enormemente».

* * *

De Kosovo a Israel

Exhaustos y ligeramente desconcertados por las cámaras de televisión, 112 kosovares probaron una auténtica comida por primera vez en 2 semanas el pasado 12 de abril, cuando llegaran a Israel luego de una travesía que los condujera de Kosovo a Macedonia. Entre platillos de pollo, arroz y ensalada, los refugiados hicieron llamadas a sus respectivas familiares en los Balcanes, provistos de teléfonos celulares.

Sheded, una joven de 18 años, señaló que durante el viaje de huida vieron a 13 personas muertas en las orillas del camino: «Teníamos miedo, estábamos aterrados. Fuimos forzados por la armada serbia a salir», dijo con una voz suave y lágrimas en los ojos. Cuando ella, sus padres y dos enfermos cruzaron la frontera, fueron a un campo de refugiados cerca de Skopje, en Macedonia. Allí permanecieron en tiendas de campaña cerca de un hospital ambulatorio instalado por la aramada israelí para atender a los albanos refugiados. Ellos les ofrecieron la posibilidad de emigrar y gracias al Keren Hayesod y la Agencia Judía residenciarse temporalmente en el estado judío.

Estas familias arribaron a Israel en medio de un ambiente teñido por la solemnidad de los preparativos de la Remembranza del Holocausto. «Ustedes llegaron en un día muy especial para los judíos de Israel», dijo el Primer Ministro Benjamin Netanyahu, dirigiéndose a las 17 familias en el aeropuerto Ben Gurión, «Como judios tenemos especial sensibilidad hacia el sufrimiento de otros. Sentimos la responsabilidad de ayudarlos».

El grupo fue conducido al Kibutz Maagan Mijael, a 20 millas al norte de Tel Aviv, en la costa. El campo está cerca de una ciudad árabe con una mezquita donde los refugiados podrán rezar, pues muchos de ellos son musulmanes.

Entre los refugiados hay dos familias judías de Olim que se reconciliaron de nuevo con la vida y la religión al ser invitados de honor al seder de Pesaj en la residencia de Netanyahu.

Los niños israelíes, según informó un cable internacional, ofrecieron regalos y cestas con galletas a sus congéneres, y rosas a las mujeres. Un traductor albanés mostró a los refugiados los lugares de comida y sus respectivas casas que, hechas de estuco blanco tienen una habitación con baño y ducha.

Los refugiados reciben comida y una cantidad de dinero mensual del gobierno. Asimismo, se supo que asistirán durante seis semanas a clases de hebreo y harán una viaje turístico alrededor de Israel, en el que aprenderán sobre el país que fuera fundado por refugiados como ellos después de la Segunda Guerra Mundial. Netanyahu señaló que el grupo podrá permanecer en Israel si así lo deciden.

Ayuda humanitaria

Desde el comeinzo de los bombardeos de la OTAN cientos de judíos abandonaron Yugoslavia y recibeiron refugio en Budapest, con la ayuda del Kerem Hayesod, la Agencia Judía y los esfuerzos de la comunidad judía de Hungría.

En un gesto de admirable humanitarismo, el Kerem Hayesod y la Agencia Judía unieron esfuerzos y hasta el momento han sido enviados 8 vuelos especiales a Albania, con 100 toneladas de frazadas, carpas, alimentos y medicinas para los refugiados. En los próximos días se llevarán a cabo otros 2 vuelos a Tirana y 1 a Albania, con 30 toneladas de material de ayuda.

La literatura judía en Serbia

Por esas insospechadas ironías de la vida, el pasado 9 de febrero fue presentado en la Academia Serbia de Artes y Ciencias Club Salon, el libro Escritores judíos en la literatura serbia, del famoso escritor serbio, historiador y académico Predrag Palavestra.

El libro muestra el trabajo de 67 judíos ciudadanos de Belgrado, muchos de los cuales han tenido una significativa influencia en la historia de la literatura serbia.

Vladeta Jerotic, miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias, manifestó que el reto judío en todo el mundo cristiano –y especialmente en el de los serbios ortodoxos– era fortalecerse a sí mismos en su religión e identidad, para así mostrar a los serbios que deben permanecer unidos.

Jerotic señaló que el libro representa un precioso guijarro en el mosaico de dioses de la historia del mundo, en la que los judíos han desempeñado un rol fundamental. Apuntó asimismo hacia la idea de que el libro no sólo es importante para los escritores judíos de tierras balcanas, sino que también roza las relaciones entre judíos y no judíos, así como entre serbios.


Jacqueline Goldberg en La BitBlioteca



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