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Tablante gobernador y el general Gómez
Me resisto a creer que el MAS pudiera haber dado el visto bueno al gobernador de Aragua, Carlos Tablante para que patrocinara una estatua al funesto dictador Juan Vicente Gómez y lo manifiesto porque una decisión de esta naturaleza, en especial para gente que está considerada de línea izquierdista, no haya expresado de manera clara su posición al respecto. Los militares que dieron apoyo a esta idea tienen que ser los más reaccionarios, porque estoy seguro de que a Hugo Chávez y a Grüber Odremán jamás se les hubiera ocurrido auspiciar un homenaje a tan siniestro personaje. El doctor Carlos Soucre está en lo cierto cuando afirma, en Cartas al Director de El Nacional, 29/11/95, que Gómez hizo oscurecer a Venezuela por 27 años. Me hizo recordar cuando estando muy muchacho, el día en que murió el tirano, me pareció que salíamos de una larga noche de angustia y de pronto nos sorprendió un día radiante que inundaba de alegría todo el país. Me viene a mi mente porque me quedó muy impreso a pesar de mi corta edad, cuando un día le pregunté a mi madre: ¿Quién es ese señor que llaman Juan Vicente Gómez? Inmediatamente se demudó y me dijo: Silencio, mijo, que las paredes oyen. Quiénes de la época no recuerdan aquellos bárbaros traídos de las regiones más remotas de Los Andes, a quienes se daba el mote de «chácharos». Era una policía siniestra al servicio del régimen, que infundía un tremendo miedo y se conocían por tener una indumentaria estrafalaria. Paseándonos por el momento actual, ahora se roba, nos lo demuestran los gobiernos adeco-copeyanos y Convergencia, que no quiere quedarse a la zaga, pero en la época gomera era tal el descaro, que se confundía el dinero del Estado con la economía particular del funcionario. Existía el afán de desmoralizar a la sociedad, recuerdo que las entradas de las principales ciudades se caracterizaban por estar llenas de burdeles. Muchos de los que ejercían autoridad, abusaban de los hogares, igual que aquellos compadres y amigos del dictador. Quién de esa época no recuerda el temor que infundían La Rotunda, el Castillo de Puerto Cabello, cómo los estudiantes presos trabajaban en las carreteras con un grillete en los tobillos, la Universidad mancillada, nadie osaba organizar un sindicato o algo parecido; en el campo existía un régimen semifeudal y cada hacienda no pagaba el jornal en bolívares, sino con una moneda creada por cada uno de sus dueños, así se obligaba al padre campesino a estar atado siempre al gran señor, quien le vendía onerosamente lo que necesitara para comer y vestirse junto a su familia. Se dice que acabó con el caudillismo armado, pero esto no es verdad. Lo mismo dicen para la misma época de Anastasio Somoza en Nicaragua, Jorge Ubico en Guatemala, Carías Andino en Honduras, Gerardo Machado en Cuba y pare de contar. Era el momento de la penetración imperialista con mayor fuerza, sobre todo que aquí se había descubierto el petróleo y se requería extraerlo en sana paz. Entonces se reforzó y organizó mejor al ejército. Ese régimen jamás se ocupó de las clases populares, por tal motivo había una gran pobreza, la educación con un índice de analfabetas que rayaba en el 80%, una salubridad tan precaria que la población se estaba extinguiendo por la acción funesta del paludismo, el tétanos, la tuberculosis tifoidea y enfermedades venéreas. Estas últimas estaba siempre presentes como la gripe. Así que este dictador nos hizo vivir 27 años de oscuridad, atraso y con un látigo en la mano. Algunos dicen: «Cuando Gómez no había ladrones». Claro, ellos se repartían los dineros del Estado de manera impune, no había denuncias, la prensa estaba entregada o amordazada, pero pobre de aquel que se robara una gallina, ese servía de ejemplo, dándosele una paliza. Sin embargo, con todo esto y más, tal régimen tira sus aletazos, vemos actualmente al señor Tablante nada menos que gobernador del estado y se supone de orientación izquierdista, develando una estatua de Gómez como a un gran héroe nacional. Tablante considerará que tiene cierta ascendencia en el sector popular, pero es muy posible que esté sintiendo que hasta el momento no ha llegado a los sentimientos de algunos grupos económicos y sobre todo de un vasto sector gomero que aún tiene influencia en el estado y me pregunto: ¿Qué buscará el gobernador Tablante en esta pretendida afirmación de fe con el dictador de La Mulera?
Julio Manuel Montoya es profesor de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Central de Venezuela. |
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