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El fin de un sistema

El Nacional, domingo 29 de noviembre de 1998, p. A-4

En los cuarenta años que han transcurrido desde la elección de Rómulo Betancourt en 1958, los venezolanos hemos elegido a ocho presidentes que han producido siete cambios de gobierno. Dos fueron de un presidente a otro del mismo partido y cuatro a uno del otro partido. Ningún cambio de gobierno significó un cambio del sistema de poder creado por el «pacto de Punto Fijo» que acordó que las elecciones sólo producirían cambios de gobierno, no de poder. Con eso se creó una ilusión de estabilidad que hizo de la alternabilidad una farsa. El sistema electoral, que impedía elegir al obligar a votar por listas hechas por las oligarquías partidistas, hizo de la representatividad otra farsa. Ello llevó a la organización antidemocrática de los partidos del sistema, que adoptaron una rígida estructura leninista y caudillesca. Y ello llevó a la perversión de la justicia, a la impunidad de la corrupción por la mutua complicidad y a la creación de un clientelismo que ha producido un Estado hipertrofiado por una burocracia parasitaria, inepta y corrupta. A este sistema, el pueblo lo llama «partidocracia». Se está hundiendo. Cuando en 1984 sus síntomas de decadencia se hicieron evidentes, se inició una parodia reformista que nada reformó y mucho deformó. En 1988 se reeligió a C.A. Pérez, olvidando las evidencias de corrupción de su anterior gobierno. Esta se repitió y ello produjo la rebelión militar de febrero de 1992, que sacó al sistema de la ilusión de su perpetuidad, despertando intentos reformistas que nada reformaron. Por ello, el militar rebelde de 1992 encabeza hoy la rebelión del pueblo en contra de la partidocracia.

La candidatura de Hugo Chávez significa que por primera vez en 40 años, hay la posibilidad de un cambio de gobierno, capaz de fracturar el sistema de poder para crear una auténtica democracia alternativa, responsable y representativa. Su propuesta de convocar al país para sanear y refundar la República desde sus cimientos, mediante una Asamblea Constituyente, formada por el voto directo y uninominal, en paz y libertad, es inobjetablemente democrática. Por esto a Chávez se le acusa de tener intenciones «dictatoriales». El apoyo de los partidos a Salas será el último desesperado intento de salvación de un sistema que se hunde sin salvación. Salas y Alfaro, unidos o separados, personifican una reacción conservadora que no puede aceptar que lo hay que cambiar, son ellos. Por eso, se atrincheran en la hipócrita defensa formalista de una Constitución, cuyo espíritu democrático ellos han prostituido.

Hugo Chávez ganará las elecciones porque representa la creciente convicción nacional que rechaza todo lo que Alfaro y Salas representa. Si las directivas de AD y Copei le endosan a Salas lo que el país piensa de ellos, este será derrotado con mayor contundencia. Ya la campaña de engaño y miedo agotó su caudal de mentiras. Ahora, lo que ha sucedido en Copei y Acción Democrática basta para probar que Salas es la garantía de su continuidad, no se su reforma. De ser lo contrario, no lo apoyarían. En contraste, Chávez resalta como el agente de un cambio histórico, torpemente diferido por quienes hoy evidencian su desesperación con el mayor ridículo imaginable. Por ello, Chávez va a ganar. Su discurso responde a la impostergable necesidad de cambio. El remedio que propone, se corresponde con la enfermedad. En él, no hay una letra que un amante de la libertad y la democracia no pueda suscribir. En contraste, la propuesta reaccionaria de Salas, repite la misma hipocresía de los discursos reformistas del pasado, en los cuales ya nadie cree. Los que hoy se unen para impedir el cambio, descubren su hipocresía al presentarse como los «salvadores» de lo que dicen será la apocalíptica destrucción de todo lo que ellos representan. En eso tiene razón. Y por más que intente camuflarse, ahora Salas no puede evitar ser visto como la cara de una moneda que tiene en su otra cara, el pacto para la continuación de un sistema de clientelismo parasitario, inepto y corrupto, que ha convertido la riqueza en más pobreza para los pobres y más opulencia para los ricos. Salas es el último bastión de los privilegiados que aplauden la desesperada maniobra. Pero a menos que hagan un fraude masivo, Chávez será presidente. Y si lo hacen, lo será más pronto.

Réplica a este artículo: Rafael Poleo, El descubrimiento de nuevos mundos


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