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José Ramón Medina: «No estamos ante la debacle, sino frente a un reto»
El intelectual, nacido en San Francisco de Macaira, estado Guárico, el 21 de julio de 1921, no entiende el significado del descanso y continúa, en medio de tantos recesos, ofreciéndole al país su mejor esfuerzo al frente de la Biblioteca Ayacucho y el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Rubén Wisotzki
Luego del baño, lo esperará un desayuno liviano, en el que nunca falta un jugo de naranja o de piña, y siempre estará ausente el café, prohibido por el médico. Entre sorbo y sorbo le leerán el periódico, ya sea su esposa Inés o su hija María Beatriz, un lujo obligado para unos ojos cansados de verlo todo, «pero no me quejo, las noticias leídas por ellas son un poco dulces». Los besos de despedida de rigor y al trabajo, ya sea en la Biblioteca Ayacucho que preside o, desde hace algunas semanas, en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, institución que también preside temporalmente. Al caer la tarde, se encerrará en su biblioteca, dulcemente acorralado por los más de 40 mil volúmenes que habita y que lo habitan, «a veces siento que ellos me reclaman en silencio que los deje un día en paz, pero no puedo, cómo hacerlo si ellos son mi paz». Y ya al final del día, en la más estricta intimidad, celebrará sus 80 años preguntándose cuándo fue que llegó a esa edad que ni se percató de ello. Y claro, cómo darse cuenta si siempre estuvo acompañado por la palabra y, como bien se sabe, la palabra no tiene tiempo, cómo darse cuenta si a los 38 años fue magistrado de la Corte Suprema de Justicia; si fue Fiscal General de la República; si en la UCV lo vivió todo, el estudio, la enseñanza y la dirección rectoral; si el país lo envió al extranjero como embajador y ese mismo país lo trajo como senador; si le llevó el pulso al acontecer diario a través de la dirección de El Nacional; si fue fundador y es presidente de la Biblioteca Ayacucho; si su obra escrita ocupa gran parte de la historia de la literatura venezolana, entre tantas otras actividades. ¿Cómo, así, darse cuenta de que hoy se cumplen 80 años? A pesar de que cueste creer: ¿qué significa cumplir 80 años? 80 años significa haber tenido un rumbo en la vida, haberse planteado muchos problemas y luego haberlos resuelto con fe y esperanza. ¿Y no hubo algún problema que no pudo resolver? En esta etapa de mi vida no tengo ningún problema. Todas las cosas que enfrenté las resolví en su oportunidad. Y es que ante cada uno de esos problemas conté con el apoyo de todos mis familiares. Estoy hablando de una familia numerosa, humilde, trabajadora. Estoy hablando de mi mujer, de mis dos hijos... ¿Y de cuántos hijos escritos? Ah, mis libros. Son más de 40 de esos hijos. Pero esos hijos que he escrito, nunca podrán compararse a mis hijos de sangre. Son de otra naturaleza. Los que han sabido llegar más cerca del corazón son aquellos hijos que me han sonreído en los momentos difíciles y han logrado dejarme esa sonrisa en mi rostro. Y a ellos hay que agregarles mis 5 nietos y, claro está, Inés, mi esposa. ¿Y qué les aconseja a sus nietos? Yo no les doy consejos. Yo hablo con ellos. Hablamos y hablamos. Cuando estoy reunido con ellos me confundo gratamente. Me siento más joven de lo que ya soy. Pero no estoy atrapado en la vejez, siento que aún no he llegado a ella. La vida otorga el tiempo y uno es quien tiene que hacer posible que esa entrega haya valido la pena. El asunto está en responder a las incitaciones del tiempo que a uno le toca vivir. A algunos les llamó la atención que usted fuera convocado, aunque fuese temporalmente, a responsabilizarse del Celarg, como si ya no hubiese hecho todo por el país, como si ya no esté haciendo todo por el país al frente de la Biblioteca Ayacucho. Ah, yo tengo una ligazón espiritual, que va mucho más allá de la celebración de aniversarios, con el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. He participado en cinco períodos del Celarg, formé parte del consejo directivo de esta nueva etapa. En fin, que no pude decir que no... Usted por lo visto no rechaza retos... Pues ahora que lo comenta verdad que no. (Risas). Mire, mi orgullo está formado por haber sido director de El Nacional, de haber dirigido al Papel Literario, de haber trabajado con Miguel Otero Silva... Sin querer ofenderlo, pero esa raza se está extinguiendo. ¡Esa es su opinión! (Risas). ¿Qué valores les hacen falta a los jóvenes de hoy? Sabe que no me gusta hablar de los jóvenes como si les faltara algo. No creo que les falte algo. Creo que lo tienen todo. Cada uno vive la etapa que le corresponde. No veo al joven del país desligado de su realidad. Por el contrario, hay un empeño juvenil que destaco en estas circunstancias históricas de Venezuela. ¿Pero en qué se están equivocando los jóvenes? Creo que debemos tener más fidelidad con el desarrollo histórico que ha tenido el país hasta estos días. Necesitamos ver hacia atrás afirmándonos en el presente para ir hacia el futuro. Pero no estamos ante la debacle, estamos ante un reto. Y usted ha descubierto conmigo que en lo que a mí respecta no eludo retos. Respondió incluyéndose entre los jóvenes. Aclarémoslo: ¿con cuál José Ramón Medina estamos conversando? ¿El de 20, el de 40 ó el de 80 años? No se confunda, habla con el José Ramón Medina que cumple 80 años ignorando deliberadamente que los está cumpliendo. Si no fuera por la experiencia, la cual no puede ignorarse, le diría que habla con el José Ramón Medina de 20 años. No queremos en esta entrevista dejar a un lado la palabra. ¿Acaso ella sí ha envejecido? ¿La palabra? ¡La palabra es fuente de acción de la persona! La palabra es el mejor medio para expresarse tal como se vive por dentro. Por eso no he fallado a los encuentros que ella me ha propuesto en todos estos años. Me he dado por entero a la escritura. No he dejado nunca de escribir. Caminando hacia aquí nos topamos con el graffitti: «Alquilo o vendo mi cuerpo». Si estuviera en esa situación, ¿qué sería lo que alquilaría o vendería de su vida? Ni alquilo ni vendo, yo entrego. |
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