Roberto Hernández Montoya, Director
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¿Cuál es el apuro?
El Nacional, jueves 6 de setiembre de 2001
Caracas en La BitBlioteca
Alfredo Peña y Freddy Bernal tienen una diferencia de opinión sobre la mejor manera de organizar el Distrito Capital, que amenaza con dividir a los caraqueños. Peña quiere que el municipio Libertador se transforme en varios municipios, mientras que Bernal visualiza su división entre varias parroquias, cada una con su junta parroquial dotada de mayores responsabilidades. La discusión pública gira alrededor de las virtudes relativas de estas dos formas organizacionales, pero realmente están en juego otras cuestiones de corte netamente político. Sería una lástima que consideraciones de corto plazo dominaran en la solución escogida.
El poco tiempo que tiene este caso es el mismo que tienen los alcaldes en sus cargos actuales. Cualquiera pudo haber anticipado que el alcalde Bernal no vería la división del municipio Libertador con buenos ojos. De vez en cuando un político renuncia a su cuota de poder, pero el fenómeno es casi desconocido en la historia humana, salvo en casos de personas cuya salud no les permite seguir en el cargo o cuyo futuro político es tan oscuro que el orgullo recomienda una salida temprana. A todas luces, Bernal goza de un excelente estado de salud y suficiente popularidad como para tener esperanzas de supervivencia en esta República. Por otra parte, Peña tiene todas las ventajas en la subdivisión de Libertador, al afianzar su influencia sobre un grupo de alcaldes de peso menor y más o menos homogéneo.
Para desgracia del caraqueño, la lucha no se limita a una mera pugna personalizada entre los dos contrincantes. Está en juego también la solidez del chavismo en el electorado de Caracas, un pueblo volátil en sus lealtades. Si bien el alcalde mayor Peña se eligió como chavista según la clasificación del momento, gozando de la combinación notable de su popularidad personal y la bendición del líder de todos los chavistas, sería difícil no tomar en cuenta su independencia real y verbal, lo que dificulta que sea candidato del oficialismo en el futuro. Quien se burla de la revolución no es parte de ella. En cambio, el alcalde (¿menor?) Bernal se percibe como representante auténtico del movimiento, por lo menos mientras que no haya ningún percance impredecible. El resultado desafortunado es que las opiniones expresadas sobre el futuro de Caracas parecen ser determinadas de acuerdo con líneas partidistas: la oposición quiere más municipios y los únicos que se expresan a favor de la parroquialización de Bernal son conocidos chavistas. ¿Cómo salir de este rollo? Un aspecto positivo del estado actual del debate es que no todo el mundo ha escogido su posición. Todavía hay espacio para un debate sobre los méritos del caso si priva la sensatez. Al MVR a lo mejor no le conviene que surjan diferencias internas sobre la organización de la ciudad, por lo que podría ser conveniente no forzar la cuestión. Es más, podría ser peligroso imponer una solución que desagrade a sus militantes o aleje a sus simpatizantes. Peña también podría preferir una solución que disminuye el nivel de conflicto.
En este tipo de negociación, la clave está en buscar un arreglo que satisfaga a cada parte en sus demandas más importantes. Ciertamente, Freddy Bernal tiene el derecho de cumplir con su período sin que se le quite prematuramente el municipio y para el cual fue elegido legítimamente. Igualmente, Peña tiene el derecho de hacer una propuesta que sea considerada por el pueblo caraqueño, sin que una solución se dicte desde arriba. No hay apuro en que se lleve a cabo la división del municipio Libertador pronto. Si, mientras tanto, Bernal empieza a desarrollar las parroquias, el votante podría juzgar el éxito del intento, sin perjuicio a la creación posterior de municipios. Entonces, en la fecha de las próximas elecciones municipales, se podría hacer un referéndum en el cual los más afectados, los ciudadanos, escojan entre los dos modelos. Después, habría cuatro años adicionales para planificar la división en caso de ganar esta alternativa. Este método luce lento, pero seguro; participativo, según la inspiración del régimen; y conveniente para que las emociones y particularidades no determinen la decisión final.
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