//2 level Horizontal Tab Menu- by JavaScript Kit (www.javascriptkit.com), This notice must stay intact for usage, Visit JavaScript Kit at http://www.javascriptkit.com/ for full source code
|
|
|
|
|
Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR
Las constituciones norteamericanas El Nacional del jueves 31 de diciembre de 1998 Quienes dudan de la conveniencia de realizar una Constituyente citan frecuentemente el hecho de que Venezuela ha tenido muchas constituciones y que la mayor parte de ellas se hicieron para servir a los intereses de sus propulsores. Por fin con la Constitución de 1961, ha habido estabilidad en el documento básico que fija las reglas del juego democrático en Venezuela. Sus varios defectos podrían subsanarse con un número limitado de enmiendas, conservando así sus principios sin correr el peligro de que salgan de la caja de Pandora propuestas motivadas por grupos de presión ávidos de procurar sus incisos particulares. ¡Qué diferente la experiencia norteamericana, con su Constitución única, sencilla y flexible durante más de doscientos años! El único defecto de esta comparación es su falsedad, porque, de hecho, Estados Unidos ha tenido dos constituciones, aunque de la primera, ni los norteamericanos se acuerdan. El proceso por el cual se redactaron estas dos constituciones, una fracasada y otra exitosa, podría servir para iluminar nuestro camino en 1999. La primera constitución norteamericana se llamaba los "Artículos de Confederación". Fue redactada por los delegados de los estados en el Congreso Continental durante la Guerra contra Inglaterra, un año después de la Declaración de Independencia de 1776. Ya para 1781, había sido ratificada por todos los estados. Esta constitución reflejaba el temor de los estados frente al Poder Ejecutivo central, que se asociaba en la época con la autoridad del rey. Por eso, los estados retuvieron la mayor parte de sus competencias, dejando al gobierno nacional las funciones limitadas de llevar las relaciones exteriores, emitir dinero y contratar deuda pública, manejar el correo y ser árbitro en conflictos entre los estados. Las actividades ejecutivas se sujetaron al control de las comisiones legislativas. Este arreglo no funcionó. Las acciones de los estados tendieron a ser anárquicas, hubo emisiones inflacionarias de dinero, las inversiones extranjeras se detuvieron y brotaron por doquier disturbios violentos de deudores incapaces de pagar sus compromisos. Durante varios años, destacados estadistas hicieron llamados para la reforma, pero varias propuestas para enmiendas fueron desaprobadas. Por fin, Alexander Hamilton y James Madison lograron que se organizara una Constituyente en Filadelfia en 1787. Una vez más, los delegados a la Constituyente fueron escogidos por sus estados respectivos. Hubo 55 representantes y, a juzgar por su composición, fueron seleccionados de acuerdo con su educación y experiencia. Casi todos habían sido legisladores y más de la mitad ostentaba una educación universitaria -un porcentaje gigantesco para la época. Definitivamente, representaban una élite intelectual y económica, plenamente instruida en las teorías políticas de Europa y muy consciente de las consecuencias para el desarrollo industrial del país. Negociaron durante un verano inusitadamente caluroso y produjeron en unos cuatro meses un documento que reflejaba en cada artículo los conflictos entre ellos. Dominaron al final los centralistas que querían un ejecutivo fuerte, pero éste fue balanceado por los poderes legislativos y judiciales, así como por el rol todavía importante de los estados. Tomó cuatro años para la ratificación final de la Constitución en 1791, quizás el lapso más interesante de su gestación. Todavía existía mucha oposición a la cesión de poderes al gobierno nacional, a pesar de los defectos obvios de los Artículos de Confederación todavía vigentes. En la lucha en cada estado por su aprobación, jugaron un papel destacado tres panfletistas de lujo: Alexander Hamilton, James Madison y John Jay, quienes escribieron una serie de artículos de periódico defendiendo la Constitución: Los papeles federalistas, que todavía constituyen una fuente de reflexión para quienes se abocan a redactar una nueva ley fundamental. El pueblo norteamericano se hizo dueño de esta Constitución de 1791, no porque su proceso de redacción fuera plenamente participativo, sino porque sus términos fueron ampliamente debatidos en público durante el período de ratificación. El documento tuvo sus detractores importantes, quienes contribuyeron también al proceso al forzar la discusión y mejorar el producto final. A partir de la protesta de Tomás Jefferson y John Adams, se puso como condición al apoyo de sus estados la aprobación inmediata de diez enmiendas para la protección de los derechos humanos y políticos. La Constituyente de 1999 debería asegurar la participación de las mejores mentes del país, la transparencia de sus procesos con sesiones en televisión (una buena función para Vale TV) y amplias oportunidades para el debate público, reconociendo que son las diferencias explícitas de opinión las que tienden a permitir un resultado balanceado.
|
Buscador Bitblioteca
|
|
| ||||||||||||||||||||
|
Copyright © 1996 - 2011 por
Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado
de fuentes externas. |