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El operativo El Nacional del jueves 21 de setiembre de 2000 Expertos en el comportamiento del venezolano siempre señalan una característica muy particular del país: el rechazo de la rutina y el entusiasmo por los operativos. Esto se observa en casi todos los ámbitos, desde la acción comunitaria hasta las grandes corporaciones. La gente tira su basura por doquier en su vida cotidiana, pero se suma con energía al llamado a que todo el mundo salga para limpiar la calle. Los trabajadores flojean para cumplir con sus fechas de entrega, pero muestran una disposición total para colaborar cuando el jefe declara la crisis. Los motoristas ignoran los lapsos para cambiar sus placas, a sabiendas de que harán una gran cola en el operativo final. Algunos consultores sugieren que la mejor manera de asegurar la productividad en Venezuela es mediante una cuidadosa planificación de campañas regulares. Parece que el presidente Chávez ha aplicado el mismo consejo en su política económica al lanzar un plan de 100 días para dar un gran empuje a una economía que tarda en despertarse. Hay buenos operativos y malos operativos. Los malos no dejan huellas más allá del ratón del día siguiente porque carecen de aspectos que aseguren la continuidad del esfuerzo. La sobremarcha cansa tanto a los soldados que llegan agotados a la batalla. Una campaña forzada hace daño en la medida en que estorba los procesos normales y refuerza el hábito de descuidar el día a día. Los buenos, al contrario, forman parte de una estrategia de largo plazo para que sus efectos sean duraderos. Suponen planes posteriores para el seguimiento e inician procesos que tienden a perpetuarse en el tiempo. ¿Cómo clasificar este plan de emergencia del Gobierno? Los macroeconomistas tan vituperados por el Presidente seguramente enfatizarán el cortoplacismo de un plan que depende de unos ingresos no recurrentes como son las ganancias del Banco Central. En la medida en que los gastos asociados al plan requieren erogaciones permanentes en períodos posteriores, se corre el peligro de no poder mantener los logros alcanzados. El equipamento de ambulatorios con medicinas y el suministro de ácido fólico a las mujeres embarazadas con recursos financieros oportunistas, por ejemplo, no podrá continuar sin entrar más adelante en el presupuesto ordinario. El nivel de gasto asumido será sostenible sólo en presencia de un boom petrolero prolongado o una revolución fiscal para incrementar los ingresos del fisco. El macroeconomista dudaría de la probabilidad de estas dos condiciones. Por otra parte, el Presidente planteó su programa dentro de una filosofía que sí atiende el largo plazo, visto desde otro punto de vista. Su énfasis en el êndice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas indica su atención a acciones concretas que potencian a la gente para el futuro mediante el mejoramiento de la salud y la educación. El hijo de la mujer que recibe sus tabletas de hierro hoy tiene mayores posibilidades de ser sano el resto de su vida. La insistencia en el rescate de la infraestructura es un reconocimiento del papel del Estado en proveer la base necesaria para la inversión privada, un elemento imprescindible para el despegue. La implantación de un operativo eficaz requiere atención especial a la organización. El carácter informal y voluntarista de las campañas frecuentemente se asocia con el desorden, porque los ejecutores no saben exactamente qué hacer y el ritmo intensivo tiende a generar soluciones superficiales en aras de cumplir con la meta. El sector público es especialmente resistente al movimiento rápido y existen muchas trabas para que todo se haga según la ley. Es en este aspecto que el operativo económico de los próximos 100 días tiene mayor probabilidad de tropezar con dificultades. La propuesta en sí implica la aprobación de créditos adicionales en la Asamblea Nacional, donde algunos diputados estarán probando la disposición del Gobierno a someterse al control legislativo, por lo que la tentación de conceder una habilitación al Presidente será fuerte. No será un buen precedente para el parlamento. Los ministros enfrentarán el reto de mover sus burocracias con un esfuerzo sobrehumano, especialmente en Educación, donde se supone que una transformación de las escuelas seleccionadas ocurriría en plena época de clases. Sospechamos que la solución se encontrará en demoras y en cambios parciales, con una cierta dosis de corrupción e ineficiencia. El Gabinete será juzgado por su desempeño, tanto por el pueblo como por el jefe. La situación desesperada de muchos ciudadanos oprimidos por el desempleo y la pobreza justifica un plan de emergencia en estos momentos. Mientras tanto, esperamos todavía ver un plan de largo plazo que no sólo sugiera las metas concretas que el Gobierno propone, sino también su mecanismo de financiarse de manera sostenible. También esperamos recibir más adelante una evaluación de los resultados, porque los buenos operativos se someten a la lupa, mientras que los malos se olvidan. |
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