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El retorno del fantasma Luis Cipriano Rodríguez El Nacional del domingo 31 de mayo de 1998 I Cuando se habla o se escribe acerca de Carlos Marx, parece imposible escapar de los radicalismos, subjetivismos y fanatismos que turban la conciencia. Igualmente imposible parece no caer en lugares comunes. Sin embargo, es difícil ignorar o silenciar sus ideas, u obviarlas en la vida y las luchas de hoy, cuando el mundo postmoderno y post soviético vive o muere en el marco de la globalización cuyo proceso inicial fue advertido precisamente por él hace más de un siglo. II ¿Cómo abordar de nuevo a este teórico y activista? ¿Cuál fue su preocupación fundamental? «Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos, pero de lo que se trata es de transformarlo», dijo. Independientemente de las diversas opiniones, sus investigaciones y reflexiones aportaron elementos para algunas teorías polémicas relativas a la explotación, la alienación y la acumulación. De igual manera, contribuyeron a entender la naturaleza del trabajo, la plusvalía y la mercancía con sus respectivos valores de uso y de cambio. No menos importantes fueron sus consideraciones para una teoría de la historia hecha por los hombres (y mujeres) bajo determinadas condiciones reales, en marcos de contradicciones, alianzas y luchas de clases e ideas. Todo construido como arma teórica para los intelectuales, obreros y campesinos que en la segunda mitad del siglo XIX luchaban en Europa y otras partes del mundo por transformaciones clasistas. III Pero, sobre todo, su aporte fue el método dialéctico que permite el tratamiento científico de las contradicciones y las síntesis, las tesis y las antítesis, la unidad y la lucha de los contrarios. Método que, a la vez, plantea los pasos cognitivos: desde lo abstracto a lo concreto, hasta el retorno a conceptualizaciones y categorías de análisis que construyen el marco teórico, base de la praxis concreta de los individuos, las clases y los pueblos. Esto bajo el criterio de totalidad-diversidad, donde son creativas y fluidas las relaciones entre la «base económica» y la «superestructura». Sin determinismos mecanicistas de aquélla sobre ésta (como desde 1880, con Paul Barth a la cabeza, ha pretendido manipular antimarxistamente la intelectualidad burguesa), sino en los términos planteados por Marx en El 18 Brumario, en reconocimiento del papel no subordinado que juegan lo ideopolítico, lo jurídico, lo religioso y lo ético en la dinámica de dicha totalidad. IV En el plano del debate teórico, más daño le han hecho a Marx los marxistas dogmáticos que los críticos de él; sobre todo, cuando dichos críticos reúnen las altas condiciones intelectuales e investigativas de Karl Popper y Jean Paul Sartre. Por ello, los marxistas auténticos están en la obligación de investigar, debatir y disentir, siempre basándose en los postulados claves de la metodología dialéctica. Una de las tragedias ocurridas al marxismo es la negligencia o la falta de libertad ideopolítica para ampliar el estudio de aspectos no resueltos por Marx y Engels (como sí lo hicieron creadoramente en distintos campos, Lenin, Mariátegui, Luckács, Gramschi, Bloch, Vigotski y Hauser). En este sentido, debemos tomar como permanente enseñanza, lo ocurrido en algunos niveles de la Unión Soviética. Allí, según Agdas Burganov, el burocratismo verticalista redujo el debate teórico, lo cual condujo a «la desintelectualización del Partido y a la desintelectualización de la sociedad». Esto lo asumimos como advertencia porque es necesario enriquecer el marxismo, y no secuestrarlo. Tal criterio debería regir la praxis de quienes hoy reivindicamos los aportes de Marx y de los marxistas autocríticos y creadores. Más allá de los antimarxistas y conversos, la lucha teórica sigue en pie, con exigencias y sin dogmas. Falta todavía recorrer un largo camino para redimensionar a Marx. Igualmente, es todavía largo el proceso para que, uniendo factores y socializando los medios y las fuerzas productivas, el mundo pueda democratizarse, liberarse de las necesidades y conquistar su redención; entendiendo, desde luego, que en este pórtico del siglo XXI, no será sólo el marxismo nuestra guía transformadora y emancipadora; también habrán de serlo las referencias cristianas de la «Teología de la Liberación» y los componentes bolivarianos de la integración anfictiónica, en un vasto cauce latinoamericano y caribeño multiétnico y pluricultural.
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