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Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR Al maestro con cariño Roger Santodomingo Tal Cual, viernes 7 de abril de 2000 Luis Castro Leiva en La BitBlioteca
Pero, ¿no es paradójico que este pensador de la política reciba las mayores loas de los más duros críticos del régimen bolivariano y sea «la luz» de uno los más enigmáticos representantes de la revolución chavista? ¿No es una paradoja que este desmitificador del bolivarianismo (¿acaso el autor de De la patria boba a la teología bolivariana no construyó uno de los más honestos alegatos contra el bolivarianismo?) sea el faro de uno de los incondicionales de esta «revolución bolivariana»? ¿Acaso no es al menos sospechoso que este adalid de la ciudadanía, la libertad y la virtud política sea la inspiración del jefe de la policía política, la mal querida Disip? Tras el rostro de niño bueno de Eliécer Otaiza algunos han imaginado un animal sin escrúpulos, pero quizás es el haber sido atravesado por proyectiles de FAL y haber sobrevivido, lo que le da esa facilidad para hablar de la muerte sin escalofríos. «Estar cerca de la muerte, lejos de hacerme perder los escrúpulos me ha hecho ganarlos», confiesa. «Me hizo tolerante. Si algo aprendí es que la vida es única y tiene un sentido y quien no vive ese sentido la pierde». No se puede tomar a la ligera a Otaiza: él ha aprendido a vivir porque sabe que va a morir. Fue eso, o el fantasma de Castro Leiva, lo que le empujó a derribar los enormes muros alrededor del tabú y de las mafias del espionaje telefónico.
Siempre lo recuerdo. Muchas veces se me ha culpado por tratar de robar sus ideas. No pretendo creerme heredero del pensamiento de él ni de sus acciones. Tuve una relación muy intensa con él por cuatro años, eso me dio una vinculación. Por ello he sido blanco de críticas de algunos de los que se hacen llamar sus discípulos, pero que no lo son en realidad. ¿Por qué lo critican? Me han acusado de tener un merengue de Chávez con Castro Leiva, pero sólo quien no conoce el pensamiento de Luis opina de esa manera. Justamente una de las enseñanzas del profesor es respetar las opiniones de los demás. ¿Cómo lo conoció? Yo era un muchacho rebelde, acababa de salir de la cárcel y las rebeliones militares. Fui a terminar mi tesis de estudio en la Universidad Simón Bolívar. Entonces empezó una relación bien estrecha. Realmente lo conocí antes: en un programa de televisión que él hacía sobre deportes. El orientaba la conducta filosófica del deportista. Una vez habló sobre natación y la comparó con la filosofía estóica. Yo que era un nadador nunca había oído que alguien interpretara mi deporte de esa manera. Hasta ese momento entendí lo que en el fondo significaba nadar. El nadador va dando brazadas y no escucha nada: va y viene, va y viene otra vez. Resistir el agotamiento es un trabajo estoico. Los que nadamos sabemos esto, que no escuchas nada, que dependes de tu propia voluntad para el desarrollo de lo que estás haciendo. ¿Por qué se considera su discípulo? Nos hicimos amigos. Su labor de docente conmigo fue más allá de las aulas: corriendo en una montaña, trotando cada mañana, nadando juntos en una piscina. Luego, en su casa, preparaba unos churrascos con unas zanahorias. Teníamos discusiones a diario. Lo escuchaba y así comencé a entender su vida. ¿Cuál es su herencia? Me dejó una manera de pensar. Un instrumento que me ha permitido entender este proceso que estamos viviendo. Fue un hombre con una dimensión internacional, pero que siempre vivió acá lo cotidiano. Ese proceso de reflexionar de lo cotidiano para la trascendencia en filosofía política fue para mí muy significativo y me ha ayudado muchísimo a darle un sentido de trascendencia a mi desempeño como político. ¿Para qué le hace falta Castro Leiva? Al principio corregía todos mis ensayos porque los hacía un poco desproporcionados. Luego aprendí a hilar más fino. Siento mucho no contar con él. Lo despedí, como casi todos sus amigos y familiares y siempre lo esperé para la discusión final. También su ausencia me ayudó mucho a madurar. Estaba preparando mi tesis de grado en el doctorado, ya tenía algunos textos importantes, pero él nunca llegó. ¿Cuál es el tema de su tesis? Estaba trabajando sobre lo que es el pensamiento republicano y liberal desde la línea del mundo militar. Paré porque sin mi profesor sentí que había perdido el apetito intelectual. Sigo estudiando, claro, y estudiándolo a él. ¿Qué recomienda leer de él? Quizás su última obra: Sed un buen ciudadano, resume muy bien su pensamiento. El se manejaba muy fácilmente en todos los escenarios y siempre daba mensajes sobre lo que significaba el rescate de la moral y la confianza en política. Los que fuimos sus alumnos aprendimos a descifrar sus códigos y encontramos una visión intelectual muy poderosa y que tiene una vigencia a mi juicio significativa para todo este proceso que estamos viviendo. Por ejemplo... -En su último libro él plantea una discusión sobre las libertades republicanas y la virtud en política. Yo creo que eso está hoy en día en el tapete. Cuando uno ve los enfrentamientos entre los políticos uno entiende la importancia de su mensaje. En este proyecto que estamos haciendo manejamos un lenguaje republicano con algunos elementos liberales, tratando de buscar el equilibrio, esa era precisamente su búsqueda. En él encontramos ideas que tienen que ver con la necesidad de la virtud política. ¿Qué entiende por virtud política? Tiene muchas maneras de entenderse. Hay una perspectiva aristotélica sobre lo que es la práctica en política, sobre lo que es hacer las cosas bien en política. Es un concepto activo. Para otros la virtud viene dada más que por un comportamiento político, por una actitud mental. Creo en la participación y en el hacer las cosas de la mejor manera para el bien del colectivo. Él fue un luchador, luchó por hacer de Venezuela una verdadera república. Y como luchador que siguió este proceso fue una persona contundente que hacía respetar sus ideas. Conocía a Venezuela y podía hacer análisis muy precisos. ¿Cómo coinciden en usted el pensamiento de Luis Castro y el de Chávez? A Chávez lo conocí cuando estaba en la escuela y lo vi durante un proceso revolucionario. Me considero un admirador de Luis. Te confieso que tengo que leerlo constantemente para no irme a las simplificaciones en que caen otros. Luis deja en sus mensajes un truco. Si uno no sabe entender en el contexto las claves que él maneja te puede llevar a otras interpretaciones. Su pensamiento es contemporáneo y cotidiano porque él contaba en clases lo que escuchaba de la gente en la calle. De una manera sencilla él podía llevar lo cotidiano hacia la complejidad y viceversa. Esto me sirve a mí para entender y gerenciar el proceso político que vivimos. Sin límitesPienso llegar en este proceso revolucionario hasta el final, hasta donde me lleve. Creo en esta revolución. Aun muerto selguiría conspirando contra todo, seguiría tratando de orientar este país. O cuando mi país me diga que no soy necesario y que no debo seguir participando de este proceso, entonces me iría. Pero sería la propia conciencia colectiva la que decidiría, no sería yo. ¿La V República es una donde no hay equilibrio entre los poderes? No necesariamente en una República tiene que haber balance del poder. Depende de la interpretación de la libertad. ¿Cómo soy libre? ¿Dejándome hacer cosas o viviendo en una comunidad que pueda desarrollarse a plenitud? Aquí nunca hubo equilibrio y de hecho la Disip perdió su equilibrio y estamos tratando de rescatarla desesperadamente. Loco no¿Cree que le reprocharía? No sé. Pero conociéndome como me conoció... En una carta inédita que me dio -pero que quiero mantener así, para mi intimidad, porque temo que se desvirtúe-, deja bien claro su respeto por mí. Yo siempre tuve una actitud ante él que me daba pena conmigo mismo, pero aprendí también a respetarlo y a bajar la cabeza cuando tenía que hacerlo. El supo colocarse en un joven, en un alumno con ciertas dificultades y supo ser amigo de alguien que quería ser su amigo. No creo que él criticaría mi actuación. Creo que él me acompaña en mis tareas y me protege en mi trabajo, me orienta. Es mi luz. Y sí, pues, lo confieso, me lo robo. No me importa que me llamen bastardo por robármelo. Pero no estoy loco como algunos creen.
Ibsen Martínez, Algunos motivos en favor del «No»
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