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Un aniversario olvidado El Universal, domingo 26 de julio de 1998, p. 1-6 Todos los años, los franceses conmemoran el once de noviembre la victoria sobre Alemania en la Gran Guerra, como se la llamó hasta 1939. Uno de los héroes más aclamados de entonces fue Philippe Pétain, quien ganó allí el bastón de mariscal. Treinta años más tarde, ese mismo hombre de guerra fue condenado por traición a la patria, a causa de su desvergonzada política de colaboración con el ocupante alemán, en particular con su aporte al exterminio de la población judía de Francia. Pétain se salvó de una condena a muerte sobre todo por su avanzada edad, no porque la justicia francesa pensase que sus méritos de 1918 pudiesen contrabalancear su traición de 1940. Pero los franceses continúan celebrando el 11 de noviembre, por mucho que de ella no se pueda borrar la figura del traidor Pétain. La historia viene a cuento porque el martes pasado, 21 de julio, se cumplieron en Venezuela noventa y cinco años de la derrota de la Revolución Libertadora y nadie se acordó de ella. Vice-líder de la causaLa razón es muy simple, y bastante comprensible: el vencedor de la batalla de Ciudad Bolívar, que acabó con aquella revuelta, fue el general Juan Vicente Gómez, a la sazón vicepresidente de la República y ya vice-líder de "La Causa". No es que se trate de olvidar esa fecha como una especie de castigo de la memoria colectiva contra quien aterrorizó a los venezolanos durante casi tres décadas, sino que se trata de una reacción normal ante la propaganda que el gomecismo hizo en torno a este hecho específico. No tiene mucho sentido volver aquí sobre las toneladas de papel impreso en alabanza de Gómez bajo su mandato, como no sea para constatar que, muy voluminosas, esas parrafadas eran ridículas ante las recibidas por los grandes déspotas egomaníacos de este siglo; en el Caribe por Rafael Leonidas Trujillo y en Venezuela misma por Antonio Guzmán Blanco. Pero si hay algo que merece recordación, para entender el grado a que puede llegar la adulación, es la proposición hecha en Hamburgo por uno de sus más frenéticos partidarios, Rafael Paredes Urdaneta. A treinta años de la batalla de Ciudad Bolívar, propuso al general Gómez para el Premio Nobel de la Paz. De modo que el primer candidato al Nobel no ha sido Gallegos o Uslar Pietri, sino El Benemérito. El abuso propagandísticoEn la poca disposición de los venezolanos para celebrar la fecha natal de su paz, estaba pues ese abuso propagandístico de la tiranía, pero, además, el hecho de que ésta había logrado inscribir profundamente en la mentalidad venezolana la idea de que el único capaz de conservar la paz era el general Gómez, y, a su inevitable muerte, alguien que se le pareciese como su hermano gemelo. Pero la historia demostró con creces que eso no era así, o por lo menos no ha sido así a lo largo de este siglo pronto a fenecer el 31 de diciembre del año 2000, fecha en la cual la paz tendrá 97 años. Si comparamos los treinta y cinco años de las tiranías de Castro y de Gómez con los sesenta y dos años de la muerte de éste último, una conclusión se impone: la paz venezolana no ha dependido de la tiranía, sino que la ha sucedido y casi la dobla en años de permanencia. Cierto, para quienes son incapaces de encontrar consecuencias que no se refieran a una causa única, hay otra explicación para la paz venezolana: la aparición del petróleo. Es cierto que la prosperidad petrolera y sobre todo el proceso de urbanización que provocó, ha tenido mucha influencia en éste. Once años antes del Zumaque UnoPero, por una parte, no sólo la batalla de Ciudad Bolívar y con ella el fin de las guerras civiles tuvo lugar once años antes de la eclosión del pozo Zumaque Uno y diecinueve del reventón de Los Barrosos, sino que la existencia de petróleo no ha impedido, antes bien estimulado, guerras civiles y guerras nacionales en el Medio Oriente y en África. Mis desocupados lectores saben que he insistido sobre este tema casi obsesivamente. No se trata de una deformación profesional, ni mucho menos la inclinación de algún erudito ocioso que trata de redescubrir fechas olvidadas para contentamiento de su círculo académico. Lo hago porque se trata de un tema muy actual, actualísimo, el que más entre todos los que se dirimen en la presente circunstancia venezolana. Porque así como se dice, con mucha o poca razón, que nunca se había cotizado tan bajo el petróleo venezolano, de igual manera pocas veces se había cotizado tan bajo la mayor riqueza venezolana, la paz. Y por cierto, no es nada casual que quienes han optado por el camino de la guerra civil, los mayores enemigos de la paz ya centenaria, sean también los mismos que han desatado una feroz campaña para llevar a la ruina al petróleo nacionalizado.
Ver La «autocracia» de Guzmán Blanco |
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