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Curiosa sensibilidad El Universal, domingo 27 de setiembre de 1998, p. 1-6 Según el resumen que hace en su primera página El Nacional del 19 de septiembre, José Vicente Rangel sostiene que «La respuesta de Chávez ha sido muy honesta en el tema de los decretos del 4-F, porque no niega la existencia de los documentos, y me parece muy importante que un dirigente político asuma su responsabilidad. Eso indica que es sensible al tema de la libertad de expresión». Nada sería más fácil que burlarse de la curiosa concepción que del respeto a la libertad de expresión tiene el declarante; pero el asunto es para tomarlo en serio, porque en este país, y en cualquiera, la línea divisoria entre la tiranía y la democracia se traza en primerísimo lugar en el terreno de la libertad de prensa. Las ganar de reírDe modo que refrenaremos las ganas de reír, y por el contrario, buscaremos analizar lo más seriamente posible, por una parte, la declaración misma; y por la otra la actitud actual y reiterada del candidato de la extrema derecha en esta materia. El declarante parte del reconocimiento por Chávez de la veracidad del documento donde un eventual gobierno suyo formaría en todas partes comités de salvación pública («salvación» es la traducción correcta de salut, la palabra francesa tan empleada bajo el terror que llevó no sólo a los reyes, sino también a Dantón, a Robespierre y a Saint-Just a la guillotina). Para comenzar, que alguien reconozca la evidencia cuando se le atrapa con las manos en la masa, no indica ningún respeto ni sensibilidad por nada, pues por lo general no le queda otro remedio: es la historia eterna de las novelas policiales, donde el asesino deja la pistola humeante (la famosa smoking gun) con sus huellas muy nítidas junto al cadáver de la víctima; y así no le queda más remedio que confesar para que la pena le sea más leve. Ya esa confesión, innecesaria por ser la evidencia misma, le dio resultado al jefe del 4-F: su desafiante «por ahora» sirvió para ocultar que se había rendido sin disparar un tiro después de enviar a sus jóvenes soldados a la muerte. El célebre telegramaSi seguimos la línea de razonamiento de Rangel, debemos concluir que Laureano Vallenilla-Lanz hijo («Laureanito») respetaba como nadie en este país a los partidos políticos, pues en un célebre telegrama dirigido a los líderes de URD en 1952, los acusaba de ser responsables «del triunfo electoral de Acción Democrática y el Partido Comunista». Laureanito reconocía la evidencia: que la determinante mayoría de los votos de URD en 1952 estaba formada por quienes cuatro años antes habían votado masivamente por AD y en muchísimo menos grado, por el PC y la propia URD. La derrota era innegable, pero no se concluye de eso que la dictadura estuviese dispuesta a actuar en consecuencia: sólo dos días separan el 30 de noviembre del 2 de diciembre, en que, escamado de consultas populares, Pérez Jiménez declara la tiranía abierta...y se fabrica una Constituyente a la medida de su voluntad de poder incontrolado. Así, su defensor deja clara una sola cosa: que la «sensibilidad» en materia de libertad de expresión, la manifiesta el Héroe del Museo Militar referida, a la expresión propia: ¡Así cualquiera! Durante su primer año de gobierno, Gómez respetó la libertad de opinión, siempre que no se metieran con él... Vayamos al defendidoPero dejemos al defensor y vayamos al defendido. La actitud real de Chávez frente al tema de la libertad de expresión encontró un ejemplo brillante en sus maniobras para evitar que Diego Bautista Urbaneja estuviese entre quienes lo entrevistaban a propósito de la constituyente; y su imposición de un incondicional suyo como interlocutor. Esta es la más reciente y por denunciada, la más espectacular demostración de que el aspirante a dictador no soporta la contradicción. Pero eso no ha comenzado ni se detiene allí: prácticamente no existe un periodista independiente que no haya tenido que sufrir sus intemperancias; al punto de que el propio Rangel haya tenido que reconvenirlo. Por cierto, con un tono suavemente maternal y un si es no es alcahuete, extraño en alguien que, como Rangel, se ha hecho una reputación chillando contra los supuestos o reales ataques a la libertad que provengan de los partidos o personas que adversa políticamente u odia genéticamente. En tales condiciones ¿estaría demasiado alejado de la realidad quien pronostique que el fuego con que Chávez piensa calentar el aceite donde freirá las cabezas de «los adecos, copeyanos y convergentes» será alimentado con papel de periódico? |
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